Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

¿De dónde… y a dónde…?

Posted by Pele Camacho en 4 abril, 2010

La expresión-título de la última entrada –¿Qué fue antes…?– es, posiblemente, una derivación de la pregunta-duda existencial ¿De dónde venimos y a dónde vamos? a la que todas las culturas y religiones han intentado dar respuestas. La antigua Grecia, por supuesto, las tenía en los conocidos como “mitos de la creación” que Robert Graves relata con detalle en su libro “Los mitos griegos”. Uno de ellos, resumido, diría algo así:

En el principio Eurínome, la Diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en qué apoyar los pies y, en consecuencia, separó el mar del firmamento y danzó solitaria sobre sus olas. Danzó hacia el sur y el viento puesto en movimiento tras ella pareció algo con que poder empezar la creación. Se dio la vuelta y se apoderó de ese viento, lo frotó entre sus manos y surgió la gran serpiente Ofión. La Diosa bailó para calentarse, cada vez más agitadamente, hasta que Ofión se sintió lujurioso, se enroscó alrededor de los miembros divinos y se ayuntó con la Diosa, que quedó encinta y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. De ese huevo salieron todas las cosas que existen: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes.

¿De dónde vienen y a dónde van las Danaus plexippus? A principios del otoño, en procesos migratorios que afectan a tres generaciones, decenas de millones de ellas bajan desde Canadá y Estados Unidos hasta Michoacán, en Méjico. Allí hibernan y desde allí suben al comenzar la primavera, en una sucesión de generaciones similar a la que tuvieron al bajar. Pero algunas de ellas imitaron a la Diosa de Todas las Cosas y, en un no-se-sabe-cómo, aprovechando vientos favorables y buscando zonas cálidas, danzaron sobre las olas del océano y llegaron a los archipiélagos atlánticos y a España, donde establecieron colonias en las que cada año repiten sus ciclos reproductivos y así, en un par de semanas, aquellas voraces orugas de cuerpo rayado evolucionan a crisálidas de un verde intenso que parecen anunciar la eclosión de algún “bicho verde”, pero no…

Al cabo de unos 10-12 días, de las cápsulas de poco más de 2cm de largo, de manera casi increíble, como si de un parto se tratara, surge lentamente una mariposa que, entre temblores, estira su cuerpo y despliega sus alas de casi diez centímetros, hasta que se siente con fuerza e instintivamente inicia su vuelo, como una diosa capaz de cruzar un océano.

Su vida como adultos, o imagos, parece que raramente supera las 6 semanas, pero pronto empiezan sus ciclos reproductivos, depositando diminutos huevecillos blancos sobre las plantas nutricias de las futuras orugas, preferentemente una originaria de America tropical, la Asclepias curassavica, o Asclepias “de Curaçao“, que también se adaptó a muchas regiones de climas cálidos y tropicales. A la derecha se ve una vaina abierta de la Asclepias, con sus múltiples semillas provistas de sutiles penachos pilosos, o vilanos, dispuestos para que cualquier viento las disperse. Y allí había también unas chinches ayudando a ello.

Asclepias, monarcas y chinches disfrutaban del calorcito del otoño tropical de la Costa del Sol malagueña

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