Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Pruina y pruinosos

Posted by Pele Camacho en 14 mayo, 2010

Dice el Diccionario de la RAE:

Pruina: Tenue recubrimiento céreo que presentan las hojas, tallos o frutos de algunos vegetales.
Pruinoso: Recubierto de pruina.

Quizás la imagen-recuerdo que pueda resultar más familiar de esa pruina es la capa blanquecina-azulada que recubre a las ciruelas, las endrinas y a otros frutos de algunos árboles del genero Prunus de donde, posiblemente, derive el nombre de “pruina”. En inglés usan “pruiniscence” y “pruinosity”, que invitan a traducirlas literalmente a palabras como “pruiniscencia” y “pruinosidad” inexistentes en castellano. Así que, deberíamos manejar sólo pruina y pruinoso, pero yo me voy a permitir el uso del verbo “pruinar” y sus tiempos.

Robin J. Tillyard (1881-1937), famoso entomólogo y uno de los primeros estudiosos de las libélulas, dice en su libro “The biology of dragonflies” que la “pruiniscence” es una pigmentación exudada de origen mesodérmico, más propia de los machos que de las hembras y resultado de una maduración sexual que afecta a las células hipodérmicas que segregan el pigmento a través de la cutícula del exoesqueleto.

Macho joven de Orthetrum cancellatum que aún deja ver el color de su cutícula bajo la ligera capa de pruina

El concepto de pruina-vegetal se ha extendido al mundo de los insectos y, particularmente, al del Orden de Odonatos o libélulas que suelen recubrir su tórax y abdomen con una capa de brillo céreo que varía de espesor y color según las especies y la edad de los individuos, una especie de barniz mate que se ralla y descascarilla. Cuando emergen de sus ninfas, el exoesqueleto de las libélulas suele tener tonos marfileños, casi translúcidos, que pronto evolucionan hacia los colores característicos de cada especie, variables según el sexo y la edad.

Macho maduro de Orthetrum cancellatum.  Sin apenas transparencia en la capa de pruina abdominal

Como en la Madre Naturaleza todo tiene una razón de ser, probablemente la pruina es resultado de la evolución de las libélulas durante más de 250 millones de años para facilitar su existencia y comportamiento. La pruina refleja la luz ultravioleta (UV) y se sospecha que el sistema visual de los odonatos, entre otras muchas capacidades, tiene la de distinguir esos reflejos, diferenciando los niveles de madurez en los individuos pruinosos o “pruinados”. Como consecuencia de esa especie de filtración solar, la pruina actúa como termorregulador y, tal vez por ello, la pruina es más intensa en aquellas partes del cuerpo de los odonatos que están más expuestas al sol. Se piensa que ésta puede ser la razón por la que los machos “aguantan” más al sol, disputándose los territorios mientras que las hembras, menos pruinosas, se quedan a la sombrita y salen lo justo.

Macho veterano de  Orthetrum cancellatum con capa pruinosa intensa y oscurecida

Es precisamente en los machos donde suele ser más gruesa la capa de pruina, y en sus abdómenes se puede apreciar claramente el rayado que provocan, entre otras causas, el agarre de las patas de las hembras en la cópula, con sus “enganches” únicos en el mundo animal.

Hembra veterana de  Orthetrum cancellatum con capa pruinosa intensa y oscurecida

Si bien las hembras no suelen ser pruinosas, parece que en algunas especies se “pruinan” rápidamente cuando envejecen, y acaban pareciéndose a los machos en su coloración final. Las hembras de Orthetrum cancellatum son algunas de las libélulas en las que se aprecia ese fenómeno en las últimas etapas de sus intensas vidas de apenas un par de meses.

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2 comentarios to “Pruina y pruinosos”

  1. Román said

    Andaba yo de correrías cartográficas y planeando por el paisaje desde el Sigpac, consuelo de los prisioneros… Seguía pistas y carriles de las montaraces riscas de Fuertescusa, en la Serranía Alta de Cuenca. Pasaba imaginando que el aire, serrano y helado, azotaba mi cara, que calmaba mi sed en la Fuente de Verdinalejo. Cuando de golpe he caído en lo más hondo de un desconocido topónimo. “Barranco Pruipinarejo” se llama. Lesionado en el amor propio, y humillado por la ignorancia, rápido me he dispuesto a buscar una, mínimamente plausible, explicación etimológica y así buscando PRUI-***, he dado con un señor que osa conjugar la pruina “verbalizada”. Además… este señor comparte una afición conmigo!!! le gusta la macrofotografía!!! y además los odonatos!!! Como a mí…!! aunque, según veo, a él le salen perfectas y a mí desenfocadas y ruidosas, hasta “empruinás” podría decirse que me salen. He saltado caprichoso y encantado por su blog y ahora no puedo pasar sin suscribirme a bishoverde a ver si se me pega algo de técnica y conocimientos.

    Muchas gracias Sr P. Camacho. Desde ahora, tienes un buen amigo que, cuando logre salir de este Barranco Pruipinarejo, se leerá con placer todos tus artículos.

    Un primer afectuoso saludo.

    Román.

    • P. Camacho said

      Hola, Román
      😉 😉 con estas calendas tan poco propicias, el Sigpac y el Google Earth son casi lo único que permite salir al campo… Bueno, hay energías suplementarias en cuerpos más juveniles, pero no es mi caso…
      Me alegro de esas coincidencias y espero que las pruinas foteras se superen en la próxima campaña. No es difícil, aunque la cámara, el monopie -por lo menos- y alguna experiencia son siempre convenientes, o necesarias, si se quiere ser muy exigente en los objetivos.
      Si puedo ayudarte, te daré una opinión de simple aficionado, que es a lo que llego…
      Saludos cordiales y gracias por tu interés y comentario

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