Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Calopteryx virgo: una especie brillante

Posted by Pele Camacho en 4 julio, 2010

Hace unos días estuve en un lugar casi idílico, un bosque de esos con perfumes y silencios que solo se encuentran en sitios apartados. Algunos de los bichejos que por allí se pueden ver son también de avistamiento poco habitual fuera de esos parajes, quizás porque buena parte de ellos son exigentes de una calidad de vida que no se encuentra en cualquier sitio, porque la especie Homo sapiens los fue reduciendo poco a poco, quizás también, sin darse cuenta de lo que se está cargando en sus procesos de civilización del medioambiente.

Calopteryx virgo, macho maduro, en su pose típica con las alas juntas

Los Calopteryx virgo, probablemente unos de los animales con más bellos y atractivos colores, parecen ser de esos bichejos que, como diría Fray Luis,  “huyen del mundanal ruido y se van por las escondidas sendas  -en su caso arroyos-  a donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido…” y, como algunos otros odonatos de “alto standing”, quiero decir difíciles de encontrar, ver y fotografiar en sitios normales,  viven su corta vida de apenas cinco semanas, en el caso de los machos,  un poco más ocultos que los otros odonatos.
Los colores de tonos metálicos verdes y azules de los machos adultos les hacen llamativos en reposo y aun más cuando se les ve volar con un estilo diferente a la mayoría de odonatos pues, quizás por el tamaño y forma de sus espectaculares alas, recuerda más el vuelo de las mariposas que el de las libélulas. Los machos jóvenes, o inmaduros, suelen vivir aparte su periodo de maduración sexual que se alcanza a la  ¿temprana?  edad de nueve o diez días. Tienen coloraciones que parecen más de hembras que de machos, algo relativamente frecuente entre los odonatos.

Calopteryx virgo, hembra adulta, con sus colores y pose más típicos

Las hembras adultas tienen, al parecer, una vida algo más corta que los machos y unos colores bastante diferentes de los de aquellos.  Destacan en ellas, no solo por el tamaño sino también por el color, las alas de tono acaramelado que parecen hacer juego con el color superior de sus ojos bicolores, mientras la vena del borde de sus alas, la costal,  de color verde claro, contrasta con el tono ambarino que tinta sus alas, donde se aprecian unos pteroestigmas blancos, ausentes en los machos, otra rareza en las alas de este género de odonatos.
Las Calopteryx virgo  -de cuyo significativo nombre no he conseguido saber nada acerca de su origen-  como todas las especies, intentan perpetuar la suya a su manera y…  ¿qué mejor manera de llamar la atención de sus posibles parejas que aireando esas alas de las que casi cualquier animal volador, o sin alas, sentiría admiración?  Porque si con las alas cerradas ya son de una belleza suma, cuando posando las despliegan, casi un parpadeo alar de apenas un par de segundos, los reflejos que dejan ver casi hipnotizan.

Macho de Calopteryx virgo, mostrando sus alas abiertas en una pose poco habitual

Al parecer, esta belleza de sus alas no solo atrae a las hembras de su especie sino que también lo hace con hembras de otra especie similar, la Calopteryx splendens, que no vuela por las latitudes ibéricas -una autentica pena- y lo hace más allá de los montes Pirineos que nos separan de Francia, donde también lo hace la C. virgo. Hay publicaciones recientes que afirman la existencia de una apreciable hibridación entre las especies de Calopteryx, particularmente entre la C. splendens y la C. virgo.  La hibridación es principalmente atribuida a las hembras, como sexo que elige pareja y cuya cooperación es necesaria para una cópula exitosa, pero también depende de la disposición o decisión de los machos para realizarla o forzarla. En este aspecto, los investigadores afirman que en un estudio de siete casos, con un ratio de cinco a dos, los machos de C. splendens son menos restrictivos que los machos de C. virgo, o sea, más propensos a hibridar, algo que parece ser coherente con los que K. Dijkstra dice en su famoso libro “Field guide to the Dragonflies of Europe”, acerca de las numerosas variaciones conocidas de la C.  splendens.  No obstante, parece que una de las causas de hibridación es una reducida capacidad de reconocimiento por parte de ambos cooperantes a la hora de distinguir entre individuos conespecíficos, o sea, de la misma especie, y heteroespecíficos, es decir, de la especie a la que confunden con la suya.  Y como el que suscribe no es una especialista, sino un simple observador o lector sorprendido, el asunto de la hibridación queda así, como una sorpresa más en algún paisaje de los que cada día hay menos…

Estas preciosas criaturas fueron vistas el 26 de Junio de 2010, en un bosque en los confines de la provincia de Málaga.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: