Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Gomphus con plus

Posted by Pele Camacho en 24 agosto, 2010

Hay un plus que destaca en este género en cuanto se le echa la vista encima;  sí, eso que, junto a los amarillos y negros de su cuerpo, le da un aspecto que recuerda alguna de esas estrambóticas maquinarias de mover peñascos y ñoscos.

Onychogomphus forcipatus, macho adulto, mostrando su genitalia secundaria y apéndices

De esos tres apéndices anales -por su proximidad a ese orificio final- les viene el primer medio nombre: Onycho, en griego clásico latinizado, que en sentido amplio quería decir “uña”, admitiendo que uñas son también las garras de cualquier rapaz, por ejemplo. Por  tamaño relativo al abdomen, en el mundo odonatero no hay otras parecidas ni de lejos  y, si el uso exclusivo de tales pinzas es agarrar entre los ojos a las hembras de su especie a modo de “abrazo amoroso”, con machos tan bien dotados, probablemente los de estas especies sean de los abrazos más temibles, a menos que sean también de los más precisos.

En nuestra geografía hay tres especies de Onychogomphus:  la más escasa en tiempo  -apenas dos meses al año-  y en espacios es la Onychogomphus costae, sin ningún trazo negro, casi toda ella en colores amarillos y pardos claros, según dicen los libros, porque yo no he tenido la suerte de verla todavía por mis espacios de ojeo.

Onychogompus forcipatus, macho adulto, sobre floripondio de Datura stramonium

Más frecuentes, fáciles de encontrar y confundir a primera vista, son los Onychogomphus forcipatus, cuyo tórax tiene líneas o zonas amarillas más anchas que las negras, así como en los últimos segmentos del abdomen donde predominan los amarillos y, finalmente,  amarillas son las “tenazas” – forceps en latín- que dan nombre a la especie: las dos superiores, o cercoides,  hacen un par simétrico y la inferior,  o lámina supraanal,  angulosa en su inicio y terminada en punta torcida en su final, con un tono amarillo-ambarino. La subespecie hispana es la “unguiculatus”, con esos amarillos predominantes que se han descrito.

Onychogomphus uncatus, macho adulto, mostrando sus zonas negras características

La tercera especie de nuestras  latitudes es la Onychogomphus uncatus, que tiene más negros y menos amarillos que la forcipatus spp. “unguiculatus”, tanto en las suturas del tórax como en los últimos segmentos del abdomen. La “uña” inferior  es negra y su forma de gancho curvado, –uncatus, en latín- , sin ángulo inicial ni torcimiento final, es el origen de su nombre específico. Esta especie está catalogada VU –vulnerable- en el Libro Rojo de los Invertabrados de España.

Onychogomphus uncatus, macho adulto, mostrando los ojos separados y abdomen típicos de “Gomphus”

Las vistas cenitales de las dos especies son casi idénticas, con su forma de clavo –gomphus-, con las diferencias de anchura y abundancia de los trazos negros, que en los uncatus interrumpen la continuidad del “collar” amarillo que tienen en la parte delantera del tórax dorsal, mientras que en los forcipatus la línea del “collar” es continua.  Además, éstos tienen una pequeña mancha amarilla en el vertex -zona más o menos trapezoidal entre los ojos, sobre la frente-  que no existe en el vertex totalmente negro de los uncatus.

Aunque los odonatos sean invertebrados y sea normal en ellos hacer unas flexiones que pocos vertebrados pueden imitar, resulta difícil imaginar cómo, en pleno vuelo, son capaces de doblar su largo abdomen en un ángulo de casi 180º y acoplar la uña inferior, por delante, entre los ojos de la hembra y las dos uñas superiores por detrás de cada ojo, sin que los resultados del “pinzamiento” sean un elevado número de hembras tuertas después de tales proezas, tanto más cuanto mayor es el tamaño de esos apéndices anales. Quizás las hembras, al ver lo que se les viene encima, coloquen su cabeza, o sea, sus ojos, en la posición adecuada para que el agarrón sea todo lo correcto y efectivo que la evolución de 250 millones de años ha permitido a estos artistas del vuelo acrobático y la cópula en vuelo, o al vuelo.

Onychogomphus forcipatus, hembra adulta, mostrando sus reducidos apéndices anales

Las hembras, por el contrario, tienen unos apéndices anales de lo más normales, si así se admite que es el procedimiento de acoplarlos a los ganchos y cavidades que los machos tienen cerca del tórax, al inicio de su abdomen,  para que la genitalia de la hembra  -en su segmento abdominal S8-  entre en contacto con el segmento S2 del macho, donde están los órganos de su genitalia secundaria, un detalle exclusivo del que no se encuentra nada similar en todo el reino animal.  El proceso previo que habrá realizado el macho para la “recarga” de  la genitalia secundaria -en el segmento S2-  con el esperma generado en el poro espermático de la genitalia primaria  -en el segmento S9-  resulta, tal vez, más fácil de imaginar ya que no requiere la participación de la hembra, aunque la flexión del abdomen para que S9 contacte y transfiera el esperma a S2 requiere un esfuerzo de flexión aún mayor que el de la cópula.  Como la reproducción de los odonatos es un proceso complejo, solo hago una reflexión simple acerca de unas flexiones complejas.

Hay también matices “negros” en ese posadero-floripondio azul-lila clarito a punto de abrir, al que no se le puede negar atractivo visual, pero sí olfativo. Es una flor de estramonio -Datura stramonium- , también conocida como “higuera del infierno”,  donde estaban felices como diablillos algunos forcipatus.  Como muchas otras plantas tóxicas, ha tenido usos medicinales y veterinarios de los que se han derivado otros menos ortodoxos y mucho menos recomendables. Entre las historias “negras” que se oían por los pueblos de la España profunda, había una de alguien que fumó hojas secas de estramonio, a modo de sucedáneo del tabaco; parece que “lo contó”, pero que no le quedaron ganas para repetir y, desde eso, cómo no,  a las brujerías o “aliños” propios del “vudú” europeo y mediterráneo de tiempos pasados, en los que las solanáceas tóxicas dieron mucho juego y disgustos, por envenenamientos de toda índole y condición.

Entre el cocktail de alcaloides tóxicos que contiene esa mata que puede matar, está la atropina, cuyo nombre deriva de aquella Parca de las tijeras que los griegos temían nombrar, y también la escopolamina, utilizada como primer “suero de la verdad”, alias “burundanga” en Sudamérica, donde se cita su uso y abuso en refinados actos delictivos de malajes y malevos. Como para plantarla en el jardín…

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2 comentarios to “Gomphus con plus”

  1. ceci said

    Buenísimo este post… es un placer leerte

  2. guadarramistas said

    Desfile de modelos con fotos para la próxima temporada. Un placer Pele.

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