Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

A propósito de obeliscos

Posted by Pele Camacho en 30 agosto, 2010

Un obelisco “de los de antes” era un bloque pétreo, alto y esbelto; un monumento por el que tenían debilidad los antiguos faraones que querían pasar a la historia contando las suyas con jeroglíficos grabados en las cuatro caras del supermonolito.  Los antiguos egipcios tallaban los bloques en las mismas canteras de donde salían, pero el transporte horizontal y la colocación vertical del obelisco tenían tanto o más mérito que la talla, porque entonces no había autovías, ni grúas, ni multinacionales que pusieran obeliscos verticales, lo que debía tener su morbo, pues cualquier inclinación-torre de Pisa podía terminar con el obelisco en el suelo. Esa verticalidad conlleva que todos los obeliscos proyecten una sombra en el suelo que cambia a lo largo de las horas y los días, como sabía el homosapiens desde aquellos tiempos de los egipcios, por lo menos, y las libélulas, desde mucho antes.

Las libélulas, con eso de estar casi todo el día al sol, necesitan algo que, de vez en cuando, reduzca las calorinas que tienen que soportar. Lo mejor que podrían hacer sería ponerse a la sombra, cosa que suelen hacer las hembras, listas ellas, pero si los machos hicieran lo mismo perderían dominio de territorio de caza y “pesca”, así que, puestos a sufrir, lo que hacen es levantar su abdomen apuntando al sol, como poniendo el culete respingón, para minimizar la incidencia de radiaciones en sus cuerpos, haciendo que los rayos solares les pasen paralelos o casi, y que su abdomen quede en una especie de “sol y sombra”.

Trithemis kirbyi, macho maduro, con pose de “obelisco” en un brote de adelfa – Nerium oleander

Cuando algunas libélulas adoptan esa curiosa postura, que recuerda un poco aquello de “hacer el pino”, se dice que están haciendo el “obelisco”, una expresión conceptualmente incorrecta y que induce a una confusión de cómo es esa postura inteligente, porque los obeliscos de piedra no apuntan al sol, sino que siempre lo hacen al cenit del lugar donde están empinados y, por eso, dan una sombra móvil, como la varilla de los relojes de sol.

Trithemis annulata, macho maduro, “haciendo el pino”, o en postura “obelisco”

Las libélulas que posan con esa intención termoreductora, permiten ver que la sombra que proyecta su cuerpo en el posadero es mínima, casi del mismo tamaño que la sección de su tórax, sin que su largo abdomen proyecte sombra alguna fuera del tórax por estar alineado con él y apuntando al sol, esté donde esté en ese momento, sin que el cenit del lugar tenga nada que ver en el apuntamiento.

Vista ventral de otro macho maduro de Trithemis annulata, minimizando sombras

La postura “obelisco”, a ciertas horas, permite ver fácilmente la parte ventral de las libélulas y observar su particular anatomía que, aunque no tenga la belleza simple de la zona dorso-abdominal, muestra mejor las estructuras ventrales y la disposición de las genitalias, que quedan relativamente ocultas en otras poses.

Vista ventral de un macho maduro de Crocothemis erythraea, con abdomen respingón

Este recurso de “hacer el pino” inteligentemente no es utilizado por todas las libélulas pero, en aquellos géneros que lo practican, mayormente los libelúlidos o Libellulidae, suelen hacerlo tanto los machos como las hembras, cuando éstas salen a tomar el sol.

Crocothemis erythraea,  hembra inmadura, en una vista ventral de aspecto extraño.

Aunque no tenga punto de comparación con las flexiones de sus proezas copulativas, la postura “obelisco” es algo forzada e implica una curvatura del abdomen respecto al tórax al que da sombra, perdiendo el alineamiento normal de las poses típicas. A veces adoptan posturas con una orientación casi cenital, pero la cabeza parece levantarse algo respecto al tórax, para mantener una mirada más horizontal que no mantendría si estuviese alineada con el tórax colocado casi vertical.

Trithemis kirbyi, macho maduro, con abdomen respingón, proyectando sombra impropia de obelisco típico

En esa postura “forzada” no siempre se apunta al sol y, a veces, se puede ver que el abdomen proyecta sombra, o sea, que el sol le está dando “de plano”. ¿Por qué curvan el cuerpo, si no es para reducir la radiación recibida?  Pues igual es para que alguna ligera brisilla les refresque por aumento de la convección del calor, como los homosapiens que se ponen a “tomar el fresco” o se abanican… pero de eso no hago apuestas.

Entonces, si lo de “obelisco” no es correcto ¿Cómo debería decirse?. Pues mire usté, desde antiguo se sabe del heliotropismo de los girasoles, por ejemplo, pero aunque el nombre de postura “girasol” fuera bonito, las libélulas con esta pose recuerdan más a un obelisco que a un girasol, o sea, que se seguirá diciendo lo de obelisco.

Los obeliscos modernos son huecos, se construyen in situ con grúas, hierro y hormigón. Son otra cosa, aunque algunos parezcan obeliscos altos, pero no esbeltos, como Obélix

Cuando hice las fotos de estas libes, volaban y retozaban felices por zonas cercanas a la Costa del Sol malagueña.  Sus poses en obelisco estuvieron, sin duda, muy justificadas.

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