Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

La pequeña sirena

Posted by Pele Camacho en 15 octubre, 2010

Los nombres populares de las especies siempre tienen alguna razón de ser y, en el caso del Anax parthenope, alias Lesser emperor en el mundo anglosajón, por ejemplo, es una referencia comparativa que rebaja un pelín su importancia en relación al Anax imperator, un poquito más grandote y, por tamaño y apellido, simplemente, “el emperador”.  Las comparaciones siempre fueron odiosas  -más para unos que para otros-  así que yo, mediterráneo de adopción, en lugar de llamarle emperador menor, le hubiera puesto pequeña sirena que me suena mucho mejor, en cualquier caso e imaginación. Luego lo explico.
 
El nombre científico de las especies, como en alguna otra entrada he comentado, muchas veces no tiene más razón de ser que el nombre popular, pero es el que se considera universalmente aceptado, o sea, por la comunidad científica y sus seguidores, hasta que venga algún otro científico y descubra algo nuevo que descoloque los taxones y mande al garete todas las nomenclaturas relacionadas. No sería la primera vez ni la última, pero de sabios es rectificar, siempre que no sean muchas las rectificaciones, claro, pero…  ¿Por qué los sabios de turno le pusieron Anax parthenope?

En el caso de esta brujita Anax, -lo de bruja lo dejamos para la emperatriz de las brujas-  si tiene alguna razón de ser lo de parthenope, quizás lo sea porque el lugar en que primero se la referenciara fuera Nápoles, cosa que no sé y que supongo por el caso de la brujita Orthetrum trinacria, cuyo nombre específico hace referencia al lugar donde primero se habló de ella,  la isla de Sicilia, muy cerca de Nápoles, que los antiguos llamaban Trinacria por su forma triangular, mientras que a la antigua Nápoles, los antiguos del lugar la llamaron Parténope, porque creció junto a la costa donde apareció ahogada la sirena Parténope, momento en el que empieza a mezclarse el encanto de uno de los mitos griegos más bellos y la realidad de la historia de Nápoles, transmitida por generaciones.

Parténope era la menor de tres hermanas, Leucosia, Ligea y Parténope,  sirenas hijas de la ninfa y musa Calíopela de la bella voz– don que heredaron de su madre y, cerca de unos arrecifes, cantaban seductoras melodías que hacían perder los puntos cardinales a los marineros que por allí pasaban, pereciendo en los arrecifes.  Intentaron camelar a Ulises con bellas canciones de amor cuando volvía para reencontrarse con su esposa Penélope, que tejía y tejía para frenar a los moscones que la importunaban, según cuentan la mayoría de las leyendas.  Ulises aguantó el envite de las sirenas porque, aleccionado por la bruja Circe, pidió a sus colegas que le ataran bien atado al palo mayor de la barca, pues no quería dejar de oír las arrebatadoras melodías de las tres sirenas. El obligó a sus marineros a ponerse taponcillos de cera en los oídos para no ser hechizados por las sirenas que, después del fracaso de sus cantos, se ahogaron de pena y rabieta, porque ellas, como sirenas que eran, debían nadar muy bien…  No me canso de admirar la belleza de una religión con dioses, semidioses y humanos aspirantes a la deidad, a los que les pasaban cosas tan alucinantes y la imaginación desbordante de aquellos antiguos mediterráneos que bordaron semejantes aventuras para que perduraran en múltiples culturas durante los siglos de los siglos .

El descanso del guerrero:  Macho de Anax parthenope en un inusual descanso

La pequeña sirena es una libélula muy hermosa, una de esas brujas Anax que vuelan incansables, pero alguna vez,  mayormente por razones de amor  -¡Ah, l’amour!, que decía Ninette–  hacen un alto en su vuelo y esperan la llegada de sus parejas o descansan de sus lances de amor con ellas.  En esos momentos es cuando les puedes hacer una foto, si has tenido la suerte de estar cerca.  C’est la vie, mon ami

Pero, con esa forma tan suya que tienen los Odonatos de enredarse en vuelo, los lances de amor acaban amerizando en algunas ramas de la charca cercana, para completar la función reproductora,  o en algunas ramas cercanas a la charca, por imprevistos de un vuelo alterado por las circunstancias.

Vuelo interrumpido: pareja de Anax parthenope encajadas entre dos frutos de adelfa

A pesar de su pericia en esos lances, normalmente bien resueltos después de una evolución de muchos millones de años  -250 dicen los sabios- , en el caso de las brujas Anax los lances dejan una impronta en la parte posterior de los ojos de la hembra, unas pequeñas marcas resultantes del roce, el apoyo o la presión que hacen en ellos las aristas de los apéndices del abdomen del macho que hace el agarre per collum, o sea, por el cuello o el cogote.
 

Marcas  post-tandem en la parte posterior de los ojos de una Anax imperator  (Corbet, 1957)

Eso, supongo, dañará la visión de los omatidios afectados por las marcas pero, habida cuenta del elevado número de omatidios que tienen las Anax en sus enormes ojos compuestos, probablemente tenga un efecto mínimo en la visión del individuo marcado. Y digo individuo, en el más amplio sentido de la especie, porque tales marcas se han encontrado tanto en machos como en hembras, como explica en sus libros Philip S. Corbet, entomólogo de reconocido y merecido prestigio y profundo conocedor de las libélulas. Al parecer, según Corbet y sus colegas, no siempre aciertan los machos Anax a distinguir si el individuo al que quieren hacer la presa per collum es un macho o una hembra. A saber si eso no provoca una efecto de aprendizaje en su proceso de evolución, una especie de  la próxima vez, cuando seas tú el de arriba, ten más cuidado que mira lo que pasa…
 

Hembra de Anax parthenope depositando huevos en un soporte típico de sus puestas

En el proceso de puesta en el agua de los huevos fecundados, es normal que los machos de Anax parthenope mantengan agarrada a la hembra, pero el efecto de la cópula parece ser mucho más duradero y, según referencias citadas por Corbet, hay hembras que continúan haciendo puestas varios días después de la cópula y, aún más, que la mayoría de las oviposiciones observadas no estaban inmediatamente precedidas por una cópula.  Juzgue el lector acerca de la eficiencia del proceso reproductivo y de quién lo hace mejor, si la hembra multiponedora o el macho unicopulador.

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