Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Marcando estilo

Posted by Pele Camacho en 11 marzo, 2011

Recordando los orígenes comentados en la entrada anterior del género Erythromma (Charpentier, 1840), al que actualmente pertenece la especie de esta entrada, es claro que nada tiene que ver ese nombre con el intenso color azul turquesa de los ojos de machos de Erythromma lindenii  (Selys, 1840).  De hecho, su primer nombre de género fue Cercion, un nombre compuesto de dos nombres truncados: uno hacía referencia a la forma curva y horquillada, distintiva de los cercoides de esta especie y, el otro, a la semejanza de sus colores con aquellos del género Agrion de entonces, actualmente redenominado Coenagrion.  El género Cercion fue siempre monoespecífico, solo de esta especie, y ya se sabe que los géneros monoespecíficos están en el ojo del huracán, es decir, en los ojos de los entomólogos-investigadores, que buscan la posible asociación con otras especies para fundirlas en un género común.  Ni-que-decir-tiene que hay otros investigadores que buscan lo contrario, o sea, desasociar especies, tratando de encontrar suficientes características diferentes que justifiquen la separación en dos especies o, incluso, dos géneros, aunque esto cada día es más difícil.  No es la tendencia actual de los taxonomistas.

Los odonatos tienen un origen acuático y, por tanto, es normal que muchas escenas donde aparecen estos artistas del vuelo acrobático sean acuáticas; que lo hagan con más o menos originalidad, marcando estilo –que se dice- y que el fotógrafo capte esas curiosas escenas es, en buena parte, cuestión de suerte.  Los protagonistas de esta entrada son dos individuos machos de Erythromma lindenii, ya que dentro de la suerte que este fotógrafo ha tenido hasta ahora no hubo un encuentro fotográfico digno con sus verdosas hembras, tan estilizadas y hasta más bellas que ellos.

Macho de Erythromma lindenii (Selys, 1840), caminando peligrosamente sobre burbujas

En cuanto al nombre especifico lindenii (Selys, 1840), es en honor del entomólogo flamenco Pierre Leonard Vander Linden (1797-1831), de cuya corta vida son cortas o escasas las referencias al alcance del fotógrafo aficionado sin acceso fácil a la cultura de Flandes.  Resulta curioso que, tanto la denominación de la especie por Selys de Longchamp como la del género por Toussaint de Charpentier (1797-1847) fueran hechas en el mismo año 1840.  También resulta llamativo que, a pesar de la apariencia francesa de su nombre,  Herr Charpentier fue alemán, nacido en Freiberg,  Sajonia, que cae bastante lejos de Francia. Y no menos curioso que la entomología fuese para él un hobby, pues su profesión activa, en Alemania, fue la de geólogo e ingeniero de minas,  aunque escribio un importante tratado sobre libélulas, Libellulinae europaeae descriptae e depictae (1840)  y algún otro similar de ortópteros, Orthoptera descripta et depicta, subastado en Christie´s de Londres en 2004. También se interesó en mariposas y escribió una parte de Die europäischen Schmetterlinge. Por supuesto, también escribió sobre minerales y metalurgia, pero eso son otras historias…

Marcando estilo: Un macho de Erythromma lindenii posando en una balsa-flor de adelfa –Nerium oleander

No es frecuente ver odonatos posados en flores; parece como si no les gustasen los colores vivos de los pétalos y prefirieran los tonos pardos de tallos, los verdes clorofílicos de las hojas o el medio acuático y sus circunstancias más o menos singulares, como aquella costra de burbujas cuyo origen desconozco, aunque daban la sensación de estar a punto de estallar -lo que suele pasar a las burbujas- pensaba yo, por causa de las agudas garras que las patitas de los odonatos tienen en sus extremos.  No fue el caso: los lindenii deben saber cómo tocar en las burbujas sin que estallen, a diferencia de esos Homo sapiens que revientan burbujas y dan lugar a crisis globales.

Dado que las burbujas no suelen ser estéticamente atractivas -aparte pompas de agua jabonosa- ni hidrodinámicamente resistentes, el fotógrafo intentó espantar al lindenii para prevenir posibles estallidos y, para ello, acudió a lo que tenía más a mano, unas flores de adelfa  –Nerium oleander– que había junto a la charca; el lindenii aceptó lo que supondría invitación y saltó a ella, marcando un estilo infrecuente, para suerte del fotógrafo.

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