Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Con pocos vuelos

Posted by Pele Camacho en 2 junio, 2011

La Trithemis annulata  (Palisot de Beauvois, 1807) es una especie multivoltina: tiene varias generaciones en el mismo año, siendo una de las primeras especies en aparecer por los paisajes malagueños y, también, una de las que más tardan en desaparecer. El hecho de ser multivoltina permite que algunos días del verano se puedan contemplar ejemplares muy veteranos, con claros signos de haber tenido una vida intensa, al tiempo que se pueden observar individuos muy jóvenes -“recentales” o “tenerales“- recién emergidos, que posan lánguidamente mientras sus alas adquieren la consistencia que les permitirá ejercer sus acrobacias.

 Hembra recién emergida de Trithemis anulata, en el proceso de estiramiento de sus alas, sobre una rama de granado

Quizás, por ser multivoltinas, parece lógico que ambos sexos aparezcan en escena simultáneamente, frente a los casos de protandria y protoginia -aparición de machos antes que hembras o viceversa- que se observan en algunas especies, aunque éstas sean una minoría cuyo comportamiento y maduración sexual encaja perfectamente con esos retrasos de un sexo respecto al otro; en la Naturaleza las cosas no pasan porque sí, o parafraseando a Einstein, “La Madre Naturaleza no juega a los dados”.

Macho de Trithemis annulata con pocas horas de vuelo, descansando casi agotado en un brote de coscoja

Al principio de la temporada -que puede tener variaciones de más de un mes por causa de la climatología- cuando aparecen las primeras generaciones se encuentran ejemplares de ambos sexos con coloraciones casi idénticas que, a veces, apenas recuerdan a la de los individuos adultos, especialmente en los machos que son los que suelen tener variaciones de aspecto más acusadas por los recubrimientos de pruina que afectan a muchos de ellos. Cuando ese recubrimiento no se ha producido aún, la coloración de machos y hembras puede ser tan parecida que podría dar pie a errores de identificación si no se atendiera a otros detalles de su anatomía.

 De las hojas del granado al capullo de granada recién abierto, con casi la misma vida que ella

Los detalles que permiten una diferenciación más fácil de ambos sexos son, lógicamente, los relacionados directamente a sus genitalias: la forma de los apéndices abdominales superiores, los cercoides, relativamente cortos, paralelos y laterales en las hembras de Trithemis, cuyo abdomen carece de la protuberante genitalia secundaria observable en los jóvenes machos -según el ángulo de observación, claro- , o los cercoides más largos y la lámina supraanal que utilizarán con maestría casi increíble para agarrar con precisión el cogote de sus parejas.

Solo se ven sus cercoides alargados, pero las venas doradas de sus alas son una marca inconfundible

No obstante, los ángulos de observación y la incidencia de la luz en sus anatomías ponen de manifiesto otros detalles que también serían suficientes para diferenciar sexos: los jovencísimos machos de Trithemis, cuando apenas tienen unas horas de vida y sus cortos vuelos delatan su inexperiencia, ya muestran un precioso tono dorado en las principales venas de sus alas recién estiradas, como anticipo del color cobrizo del que empezarán a presumir pocos días más tarde, toda una exhibición de brillos metálicos alares que no abundan en el orden de los Odonatos.

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