Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Vuelos y libélulas

Posted by Pele Camacho en 16 noviembre, 2011

Como es bien conocido en el mundillo del motor, las siglas 4WD -abreviatura de 4 Wheel Drive– indican “tracción a las cuatro ruedas” en vehículos con un solo motor, pero pensando en libélulas, me gusta imaginar que significa 4 Wing Drive para referirme al sistema de “tracción directa a las cuatro alas” que tienen los odonatos: cuatro alas con conexión directa a cuatro “motores” independientes. Parece obvio que un sistema así pueda hacer juegos malabares con el cuerpo que lo soporta, es decir, que la libélula pueda hacer maravillas a la hora de volar, porque en ese sistema de “motores” independientes radica la potencia, la técnica, la variedad… la gracia, en suma, del vuelo pluscuamperfecto de las libélulas. A ese sistema motriz me refería al final de la entrada anterior, cuando decía que hay algo más que alas…

Los “motores” alares de un macho jovencito de Trithemis kirbyi

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Cuando se observan desde cerca los “motores”, es decir, el sistema muscular que acciona las alas de una libélula, lamentablemente, apenas se ve nada más allá de unos mazacotes musculares con cubierta quitinosa, pero sí se ve que cada ala tiene el suyo propio en la misma base del ala, un conjunto de “transmisiones directas independientes” que, lógicamente, serán muy efectivas y eficientes a la hora de hacer ese malabarismo volador que caracteriza a las libélulas: son capaces de despegar bruscamente, de volar con rapidez y potencia en cualquier sentido, de cambiar de dirección de manera casi instantánea, de quedarse “quietas” como si estuvieran suspendidas en el aire, de aterrizar suavemente… ¿qué más se puede pedir a un sistema volador?

Los “motores” alares de un macho de Trithemis annulata

Lo que no se ve sin hacer una disección anatómica es la forma en que los músculos alares accionan las alas, ni cuántos músculos son. Sería prolijo entrar en detalles anatómicos más allá del conocimiento del que escribe, y aunque haya ocho músculos -algunos cuentan nueve- actuando sobre cada ala, puede imaginarse que cada “motor” tiene dos músculos principales que actúan de forma opuesta: cuando un músculo tira o se contrae, el otro se estira o cede -para no decir “empuja”- y así, el ala se mueve como resultado de los tirones y empujones. El maestro R.J. Tillyard, en su libro “The biology of dragonflies”,  hizo un sencillo dibujo para describir, clarísimamente, el funcionamiento del conjunto de un ala y sus dos músculos alares principales.

Esquema de Tillyard para el “motor” de un ala de libélula

Los músculos actúan por contracción, es decir, tirando. El ala “w” está apoyada en una axila “ax” o punto de apoyo donde el ala pivota, mientras los dos músculos, “el” y “dp” tiran en el sentido de las flechas, pero no simultáneamente: cuando la libélula quiere elevar el ala “w”, el músculo elevador “el” tira y el músculo depresor “dp” cede; cuando desea bajar el ala, el músculo depresor tira en el sentido de su flecha, mientras el músculo elevador cede: facilísimo, casi vemos moverse el ala, flap, flap, flap

Una vez se sabe cómo se mueve un ala, falta saber cómo se mueven las cuatro alas: pues, mire usté, depende, sí, depende de lo que el odonato quiera hacer, porque no es lo mismo el esfuerzo para volar tranquilamente que el necesario para despegar rápidamente de un posadero al que, por ejemplo, se acerca demasiado un molesto fotógrafo que quiere hacer una foto supermacro de los “motores” alares.

La sensacional fuerza del despegue de un macho de Calopteryx virgo

En este caso, el odonato asustado acciona sus cuatro “motores” para que todos tiren de él a la vez y le hagan despegar como si de un helicóptero se tratara: todas las alas actúan de forma síncrona y simétrica, el par delantero y el par trasero suben y bajan sus alas a la vez, y la fuerza del despegue es tanto más grande cuanto más lo sea la velocidad o batido de las alas: es normal oír un “chuuuummm…”, un zumbido de alas batientes, mientras la criatura se aleja rápidamente del fotógrafo, después de hacer un esfuerzo máximo con sus cuatro alas.

Sin embargo, cuando las libélulas desarrollan un vuelo tranquilo -que no lento- como aquellos de las Anax imperator patrullantes, por ejemplo, -mientras el fotógrafo las mira y desespera de esperar a que se paren- o como el de cualquier pareja de aquellas a las que gusta multiplicarse enganchadas, sin prisas -mientras hacen rítmicos descensos de contacto con la superficie de una charca, casi imposibles de seguir y enfocar- entonces, sus formas de mover las alas son muy diferentes de las que tienen en un despegue, porque como conscientes de la importancia de ahorrar energía y reducir esfuerzos, las libélulas vuelan con relativa lentitud, en una especie de “ralentí”: mueven las alas de manera desfasada, en contrafase, cuando un par sube el otro par baja; la razón ha sido analizada teóricamente y, también, de forma práctica, con cachivaches aerodinámicos simulando a las libélulas, para concluir que el efecto del desfase es un aumento en la fuerza de sustentación, porque la turbulencia que crean las alas delanteras al bajar provoca sustentación suplementaria en las alas traseras de la libélula… pero mejor no entrar en más detalles que solo entienden los expertos en aerodinámica.

Un tándem ovipositante de Sympetrum sinaiticum  -y sus reflejos- batiendo alas en contrafase

Si prefieren algo más explicativo e impactante que unas palabras, aquí tienen un video sobre “Vuelos de libélulas” de Mr. Attenborough, todo un maestro de documentales de naturaleza: observen el cambio de fase en el movimiento de las alas y las curvaturas que adquieren según el tipo de vuelo que realizan.

Y queda el proceso de parada o aterrizaje, con referencia conocida: cuando un avión baja su velocidad, por las leyes de la aerodinámica se reduce la fuerza de sustentación y empieza a perder altura, efecto al que coopera cualquier freno aerodinámico que actúe, por ejemplo, sacando hacia abajo los flaps que hay en el borde trasero del ala, pues de esa forma se frena la aeronave y se aumenta el perfil alar y la sustentación, para que el avión aterrice como si fuera planeando, suavemente, sin entrar  “en pérdida” y sin caer “a plomo”.

Un machito de Trithemis kirbyi recién aterrizado, con las alas en planos verticales

Las libélulas aterrizan sin flaps, pues ni los tienen ni los necesitan con sus versátiles sistemas alares: cuando se acercan al posadero, como muestra la parte final del video de Mr. Attenborough, por la acción de algunos de esos seis músculos que no hemos comentado alabean más sus alas y las ponen casi verticales -como si fueran flaps- para frenar su velocidad de acercamiento al sitio donde van a aterrizar, disminuyen la frecuencia de su aleteo, sacan su tren de aterrizaje estirando las patitas para agarrarse y… ¡pluscuamperfecto!.

Señoras y señores, hemos llegado al fin de este vuelo.  Gracias por volar con “bishoverde”.

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5 comentarios to “Vuelos y libélulas”

  1. Caballa said

    ¡Pele, cómo me ha gustado este post! ¡Eres un crack!
    A ver si fructifican de esta maravillosa forma nuestras próximas tertulias junto a buen café…
    Un abrazo
    Arturo “Caballa”

    • Amigo Arty
      Creo que te han picao algunos bishos y tienes dentro el aguijón: la próxima primavera te tienes que venir de safari fotero algún día para quitarte ese mono del lomo
      Y, por lo demás, ya sabes que lo mejor de un buen café es… ¡la charla!
      Un abrazo, “caballero”

  2. Fantásticos estos artículos sobre las alas y vuelo de las libélulas, que magnífico trabajo Pele, que no puedo dejar pasar sin mi humilde reconocimiento. Si uno ya está enganchado a estas maravillosas criaturas, cuando leo estos artículos tuyos, acabo ansioso de volver al campo a encontrarme con ellas.

    Un abrazo.

    Antonio.

    • Permíteme felicitarte por ese enganche: pasarás buenos ratos disfrutando de las afortunadas que por tu tierra vuelan, en periodos más largos de los que nos ofrece el clima de aquí con sus “primas” peninsulares.
      A ver si memorizas más de esas nigrifemur y arteriosas que ya has mostrado por ahí, para envidia de celtiberos.
      Un abrazo

  3. Gudrun said

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