Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Bioindicadores libeluleros

Posted by Pele Camacho en 29 octubre, 2012

No ha sido un buen año libelulero por aquí abajo… los ”recortes” de aguas naturales -quiero decir las sequías- han provocado una situación rara que se ha plasmado en una escasez de libélulas, al menos en los sitios donde solía ir a buscarlas en campañas anteriores. Sin embargo, una de las que no ha faltado fue la rojilla kirbyi de alas ambarinas, de reciente incorporación al elenco libelulero peninsular.

Un macho adulto de Trithemis kirbyi, visto desde abajo por el fotógrafo

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Y es que, como dicen por ahí, “No se le pueden poner puertas al campo”, lo que en un contexto libelulero se puede interpretar casi al pie de la letra, es decir, las especies se mueven por razones que, en muchos casos, se desconocen y hacen perder el significado de especies autóctonas y especies alóctonas: las especies son de donde están, que vaya usté a saber -sin necesidad de saber mucho- si no están, simplemente, más que por aquello de “La oveja no es de donde nace, sino de donde pace”, que vale tanto para las ovejas como para las libélulas y, desde la noche de los tiempos, hasta para los Homo sapiens de todas las etnias y coloraciones.

 Un macho adulto de Trithemis kirbyi, viendo a un fotógrafo desde arriba

En nuestro entorno peninsular, al que algunos llaman “encrucijada de culturas” con cierta rimbombancia cursilona, también se le podría llamar, simplemente, zona de paso entre continentes separados por distancias que, a estos efectos, poco indica referirlas en unidades de longitud, porque, más bien, es una cuestión de tiempo, del tiempo necesario para cruzar con éxito de un lado a otro, lo que está en función de los medios y las reservas energéticas disponibles para hacerlo.

Hembra adulta de Trithemis kirbyi,  alejada de sus acosadores machos

El género de las Trithemis es para los peninsulares celtibéricos un género migratorio al que estamos viendo avanzar de forma rápida: la Trithemis annulata  -la violeta escarlata– fue avistada por primera vez allá por 1980 en el río Guadalmellato y, hasta donde yo he leído, ha llegado ya por el sur de Francia: si se hace una media sale un avance de apenas 40 Kilómetros por año y… ¿qué es eso para una libélula?

Hembra adulta de Trithemis kirbyi, descansando en un gamonito seco de Septiembre tardío

La Trithemis kirbyi,  nuestra rojilla de alas ambarinas, ha sido avistada ya, al menos, en toda Andalucía, Sur de Extremadura y el Levante español. El primer avistamiento hispano de ella fue en el río Manilva, en Málaga, allá por 2007, según citaban Chelmick y Pickess en 2008. Mes más o mes menos, por la Italia insular se presumía de ser el primer sitio de Europa donde se la había visto: Trithemis kirbyi, una specie NordAfricana ed Indiana, è stata segnalata per la prima volta in Europa, in Sardegna. Un esemplare machio è stato raccolto presso il torrente Oridda (Comune Villacidro, provincia del medio Campidano). La scoperta è stata pubblicata da Holusa (2008), según cita la Società italiana per lo studio e la conservazione delle libellule.

 Macho joven de Trithemis kirbyi, aprendiendo a vivir en otoño

Todas las que aparecen en esta entrada, macho jovencito incluido, revoloteaban felices el pasado 22 de Septiembre en los alrededores de Málaga, lo que parece indicar que los tiempos más frescos del otoño no son ningún obstáculo para su permanencia y aclimatación por estos pagos y que “aquí están porque han venido” y si no lo habían hecho antes era porque… ¿por qué no lo habían hecho antes?

Macho joven de Trithemis kirbyi, a escasos colores y días para ser adulto

Quizás, porque antes no había tantos cruces de los estrechos, ni tantos ferrys, ni tantas pateras… o, quizás, porque ese cambio climático, calentamiento global o como se le quiera llamar, no había permitido o empujado a las especies a emigrar hacía lugares donde se encuentren mejor o menos mal: en contextos medioambientales se habla de bioindicadores, de seres vivos que informan de parámetros del medio donde viven. Las libélulas son, probablemente, buenos bioindicadores. La Trithemis arteriosa, -la roja y negra de nuestras Islas afortunadas– otra de la familia, merodea ya por países del Magreb; viendo la historia reciente de sus parientas annulata y kirbyi, no parece arriesgado suponer que, cualquier verano, con un buen viento de popa, da un saltito por sus propios medios en vía aérea o, simplemente, coge un ferry o una patera y se aclimata en un plis-plas. Y, si no, al tiempo…

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6 comentarios to “Bioindicadores libeluleros”

  1. Klaus said

    Hola Pele. Muy guapa esta especie. Por aquí aún no la he visto. Excelentes las fotos, y acertadas, a mi limitado entender, tus consideraciones sobre los movimientos de las susodichas. Un abrazo – Klaus

    • Hi, Klaus
      Pues llegarán, llegarán… son duras y peleonas, marchosas y alegres, les va la marcha…
      A veces me preguntopor qué se mueven en una dirección y no en otras o, tal vez, ¿por azar? con tantos pelillos y sensores de los que poco conozco o se conoce,la orientación puede ser algo misterioso de lo que cada vez que oigo-leo algo me parecen cosas increíbles…
      Un abrazo y buen otoño
      P. C.

  2. hola!
    Yo que iba a pedirte que no publicases ese comentario… y llegué tarde
    ¡Cómo me gusta la cuarta foto!

    • Solo un poco tarde… 😉 😉 Ojalá otras cosas fueran tan fáciles.
      Gracias por tu comentario y opinión: sí, esas florecillas desenfocadas le dan un toque especial al que algunos llaman “bouquet” de la foto.
      Saludos y buen otoño

  3. Hola Pele. Una cosa que me parece fascinante es como se las apañan las especies invasoras. Mosquitos tigre que llegan a través del agua estancada en los neumáticos importados; mejillones que atascan compuertas de embalses y se propagan por medio de las botas y aparejos de pesca de los pescadores… “La vida se abre camino” como decían en la peli de los dinosaurios. Enhorabuena por las fotos, por lo que cuentas y como lo cuentas.

    • El día 1, el único soleado del pasado finde, vi la primera Vanessa atalanta de este año, quizás una de esas que vienen huyendo del frío escandinavo, cosa que hacen volando a una altura en la que despistan a los radares meteorológicos ¿? y sin congelar sus cuerpecillos de hemolinfa fría y color verdoso…
      Con los bishos, la realidad supera a la imaginación.
      Salud y buena lumbre

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