Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Juventud y senectud

Posted by Pele Camacho en 20 junio, 2013

En las pocas semanas de vida de las mariposas no es frecuente observar cambios de aspecto relevantes: pocos minutos después de eclosionar las crisálidas y estirar sus alas, las mariposas parecen tener todos los atributos y apariencia que mantendrían de adultas. Sin embargo, aunque a primera vista lo parezcan, ni todos los individuos de una especie son iguales, ni tampoco sus fisonomías se mantienen invariables: hay diferencias sutiles entre ellos que, en algunas especies, son más apreciables que en otras, con patrones o marcas que se repiten con cierta frecuencia dando pie a “variantes” de la forma “nominal” que, en algunos casos, se conocen con denominaciones particulares y en otros se admite la variabilidad, sin más comentarios.

IMGP7729_1200_1112KNGlaucopsyche melanops: Los azules destacan en el anverso y los ¿glaucos? en el reverso, aunque no los enseñe

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)  

Para ejemplo del asunto, las protagonistas de esta entrada son unas pequeñas “azuleantes” que llevan en su nombre recuerdos de “Aquellos griegos antiguos que tanto aquí dieron que hablar…” -parafraseando un famoso tanguillo carnavalero y chirigotero-  porque aquellos antiguos llamaban ψυχη a las “maris” -que romanizado sería algo como “psyché”- y de allí les viene el nombre a las Glaucopsyche melanops que, más o menos alegremente, podría traducirse como “mariposa con azul-verdoso y manchas negras”.

IMGP0798_1200_1275KNAnversos de una “morenita” de Glaucopsyche melanops: escasos azules sobre canela oscura

Dejando aparte las diferencias normales y frecuentes -los caracteres sexuales secundarios, que se dice- que identifican a los sexos de tantas especies -y ésta es una que puede servir de ejemplo-  en los ejemplares de Glaucopsyche melanops (Boisduval, 1828), ni sus colores predominantes son azules, ni los azules son totalmente verde-azulados o glaucos en los machos -porque en las hembras están casi ausentes- ni sus manchas o lunares son siempre negros -en caso de que los tengan, claro- porque para eso están las “variantes” y si no, sigan y vean…

IMGP6572_1200_1046KNOjos y ocelos negros, bordeados de blanco, en una morenita muy normal, con escamas de canela clara

Aunque el ejemplar típico muestra una serie de lunares u ocelos bordeados de una fina línea blanca, hubiera sido interesante poder seguir la evolución de las Glaucopsyche melanops de esta entrada pero, por las circunstancias ecológicas y fotográficas de cada caso, todas son individuos diferentes, captados en lugares distantes y momentos distintos; sin embargo, las diferencias en sus aspectos son notables y, diría yo, relacionados a su juventud o senectud, a su “edad”, tal vez expresable en unos pocos días que podrían ser la clave para ver que de esos días de vida depende la evolución de sus aspectos, porque todas ellas son de biotopos próximos, dentro de una cuadrícula geográfica de apenas 10 x 10 Kilómetros.

IMGP8486_1200_1067KNUna jovencita de principio de temporada: canela clara, con apuntes a lunares mayores

Sean “variantes” o no, es posible ver diferencias en esta especie -y en algunas otras-  que no son tan apreciables o distinguibles en la mayoría de las especies. Por si no fuera suficiente admitir el caso de “variantes”, cuando las variaciones son tan exageradas como para “dar que pensar”, entonces se dice que hay individuos “aberrantes”, posiblemente, por circunstancias que modificaron de forma excepcional los patrones que caracterizan a los individuos normales o con variaciones dentro de ciertos márgenes.

IMGP1675_1200_1284KN“… se adivina con mirarte que no te han querido bien… ”   Letra del tango “La última”  para un caso “aberrante”

Si antes cambié la letra de un alegre tanguillo de Cádiz, como pie para el ejemplar “aberrante” de la última foto puse, tal cual, una línea de un tango clásico: “La última” que, también, es el título de ese tango de letra triste y sublime pero, tangos aparte, siempre que veo un ejemplar veterano, con improntas que recuerdan aquel “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda, me vienen a la memoria unos versos inmortales, con más de cinco siglos, de un paisano que se llamó Jorge Manrique:

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?

Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

Una respuesta to “Juventud y senectud”

  1. Hola Pele;
    ¡Qué ilusión me ha hecho ver la primera imagen! porque mira por dónde, he reconocido en ella a una que fotografié este último domingo -o eso creo-
    Voy a enseñarte unas imágenes a ver qué me dices.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: