Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Protocolos de mojaculos

Posted by Pele Camacho en 14 octubre, 2014

Odonata es el nombre científico acuñado por Johan Christian Fabricius (1745-1808) al final del siglo XVIII para el “orden” que, dentro de la “clase” Insecta, engloba a libélulas y caballitos, nombres vernáculos ampliamente aceptados que surgieron por asociaciones de ideas con raíces muy antiguas. Aún así, es posible que haya sitios cercanos donde no sepan qué es “un caballito” ni, tal vez, qué es “una libélula”, pero tendrán otros nombres vernáculos para referirse a esos llamativos animalejos que son acuáticos en la mayor parte de sus vidas: frente a  las pocas semanas -pocos meses, como mucho- que dura su vida aérea como adultos o imagos, las primeras etapas de sus vidas son acuáticas y comienzan con la puesta de huevos u oviposición que, salvo escasas excepciones, las hembras de los odonatos llevan a cabo en medio acuático o muy cerca de él (*).

IMGP3867_1200_877KNUna pareja de Platycnemis acutipennis, iniciando una nueva generación

Frente a los nombres científicos de la nomenclatura binomial, utilizados en la ordenación o clasificación biológica de las especies, algunos nombres vernáculos son apelativos de rango corto y su significado suele perderse poco más allá de la zona donde surgieron. Son nombres antiguos, casi motes o apodos, transmitidos “localmente” de generación en generación y, solamente aquellos “mejor puestos”, los que casi no necesitan explicación, llegan a sobrepasar los límites geográficos del lugar donde surgieron. Este es el caso de “mojaculos”, un nombre poco científico que quizás usted conozca y, probablemente, bastante más antiguo que el de Odonata, además de ser mucho más comprensible y comunicativo.

IMGP3791_1200_1223KNUna pareja de Sympetrum fonscolombii, mostrando la presa inicial del protocolo reproductor

En el reino Animalia, término que acuñó Carlos Linneo (1707-1778) -maestro de Fabricius- para englobar a todos los animales, no hay ningún orden con especies dotadas de genitalias secundarias como las que tienen y usan los machos de odonatos. Como consecuencia de ello, el protocolo reproductor de los odonatos es único en la naturaleza y se desconoce completamente su evolución; es un “completo misterio”, como decía R.J. Tillyard , el gran experto en odonatos, en su obra “The Biology of Dragonflies”.

IMGP0967_1200_1219KNEl “tándem” exclusivo del Orden Odonata, mostrado con una pareja de Sympetrum fonscolombii

Pero, aunque todos los odonatos hacen ese peculiar “tándem copulativo”, no es única la forma de llevar a cabo las puestas de huevos: unas son endofíticas, es decir, los huevos se insertan en el tejido vegetal de algunas plantas, otras son epifíticas, y ponen los huevos en la superficie de plantas acuáticas y, finalmente, las exofíticas depositan los huevos en la tierra o el agua.

IMGP2011_1200_1398KNRefracción y reflexión de la luz, con una pareja de Anax parthenope, haciendo una puesta con presa

Las puestas más vistosas y espectaculares son, sin duda, las acuáticas: en algunas especies, el macho suele sujetar a la hembra hasta que deposita los huevos fecundados, evitando que otro macho haga tándem con ella y anule la fecundación anterior. Hay especies que hacen puestas en estado de reposo que, todo sea dicho, favorece la tarea de apunte y enfoque fotográfico…

IMGP2553_1200_802KNPareja de Sympetrum fonscolombii, mojando el final del abdomen con ritmo marchoso…

Otras veces, la puesta es dinámica y la pareja vuela dando una exhibición de ritmo y una precisión con la que intentan competir algunos aficionados a la fotografía de naturaleza viva…

IMGP1370_1200_1265KNHembra de Anax imperator, haciendo una puesta tranquila

En algunas especies, la hembra sigue ovipositando después de verse libre de la presa del macho, sumergiendo su ovipositor que está pocos milímetros más arriba que su apertura anal… pero eso es un detalle accidental, aunque sea el que les da ese nombre vernáculo de “mojaculos”, bien puesto donde los haya…

(*) Después de la oviposición, en algunas especies se inicia una diapausa o retraso del desarrollo embrionario que puede durar hasta cinco meses, para adaptarse a las estaciones y a una climatología favorable. En otras especies la maduración del embrión se inicia de modo inmediato, con una duración variable de 1 a 8 semanas que determina el inicio de la fase larvaria, cuando surge la prolarva al eclosionar el huevo.  Las prolarvas de aquellas especies que hacen puestas fuera del agua, buscan inmediatamente el medio acuático para desarrollarse como larvas y evolucionar en estadios sucesivos, con más de 10 mudas de cutículas o ecdisis que permiten el crecimiento de las larvas, en periodos que van desde 1 año hasta 3 en regiones frías, con excepciones de especies polivoltinas en zonas cálidas, donde puede haber más de una generación al año.

 

 

 

 

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Angelitos negros

Posted by Pele Camacho en 21 septiembre, 2014

… Pintor de santos de alcoba 

siempre que pintas iglesias

pintas angelitos bellos

pero nunca te acordaste

de pintar un ángel negro

                                                        (De “Angelitos negros”,  Antonio Machin, 1903-1977)

En el tema de los ángeles hay algo de confusión. Parece que hubo “angeólogos” que estudiaron “la naturaleza y ordenación de los ángeles”, pero no dejaron claro el aspecto o los colores de los ¿nueve? órdenes, grados o coros angélicos; de ahí, posiblemente, la polémica entre artistas del pincel y de la música. Entre los órdenes angélicos, los angeólogos establecieron que los máximos niveles jerárquicos corresponden a querubines y serafines, que yo imaginaba rubitos y pequeñines -no sé por qué, quizás por la rima- , mientras que los niveles más bajos eran los de ángeles y arcángeles, que en ciertas representaciones son suficientemente corpulentos como para blandir espadas e imponer su autoridad angelical a los humanos o a otros ángeles malos  -también llamados “ángeles caídos”- que algunos artistas representan en color negro o rojo y, a veces, con alas de murciélago, cuernos, tridente y cola acabada en punta de flecha, de donde, quizás, sale ese dicho de “cuando el demonio no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo” …y como mis conocimientos de Angeología son, prácticamente, nulos, dejo aquí  esta introducción al título de esta entrada.

IMGP1956_1200_1007KNEl Orthetrum trinacria, casi negro, se dejó caer como un ángel exterminador y devoró la mosca en apenas un minuto

En algunas épocas y culturas, también las libélulas han soportado el estigma de animales malignos o demoníacos y, aunque parezcan creencias superadas, algunos restos de ellas deben quedar en los subsconscientes, si no ¿por qué se me ha ocurrido este título?…quizás porque tienen alas y porque algunas especies son negras o casi…y, tal vez, porque tienen un vuelo “diabólico”, en su sentido o acepción figurada de complejo, difícil, inimitable…mezclado con el concepto más estricto y relativo al “diablo”, el ángel caído y negro por excelencia, “achuscarrado” de estar en los infiernos por maligno… aunque ya no sé, tampoco, si esa idea del maligno terrorífico es aún mantenida por los herederos de aquellos que la crearon.

IMGP1467_1200_1131KNNegro por excelencia, un macho de Diplacodes lefebvrei, el angelito más negro de todos, en su medio preferido de hierbas acuáticas

Las Diplacodes lefebvrei (Rambur, 1842) son pequeñitas, unos 25 mm. de longitud y “negras como un zapato”, expresión cuyo origen desconozco.  El nombre genérico Diplacodes significa “con dos láminas”, en referencia a la forma de sus apéndices genitales, difícilmente apreciables en las fotos que se dejan hacer en vivo y en directo, porque parece que tuvieran sobredimensionado su aparato volador en relación al peso y dimensiones del cuerpo: su vuelo es rápido, imprevisible y, aparentemente, inagotable, como si fueran incapaces de permanecer quietas durante unos pocos segundos; me refiero a los machos, porque de las hembras apenas puedo decir que creo haber visto un par de ellas, aunque de lejos. El nombre específico “lefebvrei” es en honor del entomólogo francés Alexander Lefebvre (1797-1868).

IMGP1980_1200_1037KNDiplacodes lefebvrei jovencito, con restos de colores recentales

Otros “angelitos negros” son los machos adultos de Selysiothemis nigra (Vander Linden, 1825), pertenecientes a un género monoespecífico nombrado en honor del barón Edmond Selys de Longchamp (1813-1900), entomólogo belga que desarrolló una enorme actividad en el orden de Odonatos. El nombre especifico, nigra, justifica por sí solo parte del título de esta entrada. Es una especie atípica, al menos, en su distribución geográfica, pues está ausente en zonas próximas de características, supuestamente, muy similares a las de aquellas zonas donde se las suele ver. También cabe decir que, aparentemente, desaparece de algunas zonas por periodos de decenas de años, sin que haya hechos o circunstancias que pudieran explicar el fenómeno.

IMGP1575_1200_878KN

 La hermosa cabezota, los ojazos, de un macho adulto de Selysiothemis nigra

Parecidas, de lejos, a las Diplacodes lefebvrei, las Selysiothemis son también pequeñitas, entre 25 y 30 mm. pero tienen una característica particular: su gran cabezota, es decir, sus enormes ojos de un color granate oscuro, muy grandes en relación a su delgado cuerpo de un color azul oscuro por efecto de la pruína que suele recubrirlos, que en las hembras se queda en unos tonos pardos que solo se aprecian en días de mucha suerte fotográfica.

IMGP1851_1200_742KNMacho de Selysiothemis nigra, sobre un brote de adelfa Nerium oleander, un arbusto maligno por su toxicidad

Para terminar con algo relacionado al inicio de esta entrada, citaré un episodio que presencié, personalmente, en una pescadería  de un mercado, donde se mostraban unas magníficas japutas, un pescado sabroso de aspecto negruzco, que suscitó el interés de dos monjas que pasaban por allí y mantuvieron con el pescadero el diálogo que sigue:

  • Pónganos dos “angelitos negros”,  dijo una de ellas mientras señalaba con el dedo a las japutas
  • ¿Dos de estos? ,  dijo el pescadero con una sonrisa que no sabría calificar
  • Sí, sí… dos de esos,  afirmó la monja

Y el pescadero les vendió las dos japutas.

En fin, que el concepto de “angelitos negros” es muy amplio, incluso en ámbitos “angelicales” que yo imaginaría más exclusivos.

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Remirando en diferido

Posted by Pele Camacho en 3 septiembre, 2014

Lo de remirar no quiere decir que mirara dos o tres veces cuando las vi, porque fueron muchas más, bastantes más… y lo de “en diferido” –sintagma que antes apenas se usaba más que en retransmisiones futboleras y que hoy es sinónimo de confusión-  lo uso ahora porque he vuelto a remirar algunas fotos primaverales cuando ya raya el otoño.

IMGP7068_1200_781KNSerapias lingua “despeñapérrica”, en una vista lateral

Hacer fotos de flores es un reto que me hace dudar, me confunde y me lleva a “diferir” la acción de echar a la papelera unas fotos que nunca sé si rayan el umbral de aceptables.

IMGP7130_1200_865KNSerapias lingua “despeñapérrica”, en una vista casi cenital

Cuando tropiezo con una belleza de poco más de un centímetro que no sale corriendo o volando, la miro, la remiro por delante, por detrás, por arriba… y foto va, foto viene, sin saber cual quedará “mejor” porque, en muchos casos, no solo hay que enfocar una zona sino también desenfocar otras, para que el fondo no destaque mucho o desgraciar pétalos vecinos porque la óptica no da para más.

IMGP5508_1200_739KNOrchis papilionácea “malagueña” e hipocrómica, en una vista lateral

Y eso de presentar desenfocada una parte que podía ser protagonista, deja una cierta sensación de impotencia fotográfica.  Chungo.

IMGP5440_1200_797KNOrchis papilionácea “malagueña” e hipocrómica, en una vista casi cenital

Las orquídeas ibéricas  -tengo dudas, también, de la necesidad o idoneidad del calificativo geográfico- son un caso particular de las dificultades fotográficas que me plantea la flora: muchas de ellas apenas levantan 10 cm. sobre el suelo, están entre otras hierbas que conviene apartar para que no salgan en la foto y, además, aguantar las chinas o los chinorros, los ñoscos o los peñascos que hay en la zona donde se ha de practicar el “tumbing”, para poner los cachivaches foteros a la altura de las protagonistas.

IMGP6901_1200_840KN Cephalanthera longifolia “despeñapérrica”,  de unos 20 cm de altura

Algunas de ellas aparecen aisladas, o casi, otras en un mogollón apretado donde unas parecen arropar a otras y, finalmente, aparecen en racimos más o menos “sueltos” que, si se quieren ver enteros, es necesario alejarse para dar una perspectiva de la planta, sacando unas fotos en las que se ve todo, o casi todo, dejando las bellezas individuales  “difuminadas en la lontananza” que deja fuera el macro.

IMGP6867_1200_815KNDetalle macro de una Cephalanthera longifolia

Cuando se desea ver detalles hay que acudir al “macro”, recortar el encuadre y dejar desenfocada alguna parte para que resalten otras que, a simple vista, nuestros ojos no pueden apreciar.

IMGP6296_1200_1150KNOrchis champagneuxii “despeñapérrica”,  una variante de la Orchis morio

Otra cosa es “la color”, el color, los colores, las luces y las sombras, con o sin flashes que no me gusta usar,  mantener esa sensación de lo natural que siempre pierde “algo” en las fotos que aparecen en “mi” cámara y que, luego, en la pantalla de “mi” ordenata cambian otro “algo”, y ya no sé lo que se perderá en la nube, hasta que lleguen a las pantallas de otros ordenatas como ese en el que estás leyendo esto…

IMGP6313_1200_1010KNOrchis “no sé qué”, quizás morio hipocrómica y “despeñapérrica”

 … y todo eso sin entrar en las pérdidas naturales de pigmentos que se engloban en un concepto de “hipocromía” de amplio espectro, porque así es el espectro de los colores “blancos” donde hay tantísimos colores.

Por eso dije antes que lo de “en diferido” supone confusión, tanto por parte de quien lo dice o dijo, el momento en que lo dijo, la intención con que lo hizo y la forma en que parece o aparece.

Que ustedes tengan buen otoño y disfruten de bellas flores -que también las hay- y de ricas setas, que suele haber si llovió como debió…

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Conocer sin placer

Posted by Pele Camacho en 8 agosto, 2014

“Encantado de conocer…” y “Es un placer…” son expresiones formales, algo protocolarias, relativas al hecho de conocer a una persona en el sentido más habitual del verbo, porque lo del “encanto” o “placer” puede ser más o menos sincero, según el caso o la persona. En sentido figurado, lo de conocer personas puede extenderse a conocer vegetales o animales y, en lo del “placer”, mejor sustituirlo por “interesante” o “importante”, por ejemplo, un amigo muy aficionado a las setas me decía: “Es muy importante conocer la Amanita phalloides, para “reconocerla” y evitar las posibles consecuencias de cogerla”. Y con algunos bichejos se podría decir lo mismo, porque hay poco placer con ellos, como es el caso con el protagonista que esta entrada pretende presentarles para que lo conozcan y puedan reconocerlo, si llega el caso.

IMGP0635_1200_922KNUn macho errante de Loxosceles rufescens, (Dufour, 1820), mostrando sus ocho patas y sus dos pedipalpos

Entre las arañas celtibéricas, quizás la más “importante” sea la Loxosceles rufescens (Dufour, 1820) que, sin ser una de las más “impresionantes” por su tamaño o color, sí podría serlo por su “picor”. Su cuerpo mide algo menos de 10 mm. y sus patitas extendidas unos 40 mm., o sea, que no pasa desapercibida cuando se deja ver, pero es huidiza y le gusta estar oculta por escondrijos domésticos porque, según dicen por ahí, es una de esas arañas que pueden calificarse de “caseras”, aparte de peligrosas.

IMGP9935_1200_635KN

¡Ténganse todos,  todos envainen,  todos se sosieguen,  óiganme todos,  si todos quieren quedar con vida! 

(“El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Tomo I, Capítulo XLV)

Las Loxosceles rufescens  tienen un color tostado variable, que suele ser algo oscuro en sus cefalotórax o prosomas,  y a veces, algo más claro en sus abdómenes u opistosomas.  Las patitas son relativamente gruesas y algo más cortas que  las de esas otras arañas patilargas, pero inofensivas, que suelen verse por algunos rincones de las casas. La llaman araña violín, porque dicen que la parte más oscura de su cefalotórax recuerda ¿? la forma de ese instrumento. Precisamente, en el extremo delantero de ese supuesto “violín” es donde están ocultos los quelíceros…

IMGP0674_1200_768KN Un violín entre dos pinchos alarmantes, aunque no son los peligrosos

¿Y cómo de peligrosa puede ser la criatura?  Pues, mire usté, depende de en qué parte “pique”,  o de cómo “muerda” -que así dicen algunos-  con sus quelíceros casi imposibles de ver en cualquier foto que se haga a una araña viva, porque las uñas ponzoñosas están ocultas en esos quelíceros retraídos delante de la boca de la araña: sólo se pueden ver y fotografiar con óptica especial -normalmente microscopios- y con la araña preparada al efecto, es decir, anestesiada o muerta. Hay personas muy sensibles a las picaduras de algunos invertebrados pero, en cualquier caso, las picaduras de las Loxosceles pueden ser problemáticas, aunque no mortales, ni mucho menos, con las rufescens que se encuentran en España.  Si ustedes leen por la interné -como están haciendo ahora-  pueden encontrar informaciones alarmistas y sacar conclusiones equivocadas relativas a especies americanas, de mayor tamaño que éstas, y de las que aquí no hay ningún registro porque nadie las ha visto.

IMG_P1070238_1200_1422KNEntre luces y sombras, una hembra muestra sus pedipalpos sin extras engañosos.

Esas “uñas” de aspecto terrorífico que se ven en esas como patitas delanteras -los pedipalpos– mucho más cortas que cualquiera de las auténticas patitas de los cuatro pares posteriores, no son más que “órganos copuladores” solo presentes en los machos, con los que inyectan su esperma a las hembras que, lógicamente, carecen de tales apéndices a cambio de tener unos receptáculos adaptados a aquellos inyectores.

En fin, ha sido un placer mostrar esas fotos de un bisho que conviene conocer, aunque sin placer, por si acaso le place aparecer.

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Los Trinacria

Posted by Pele Camacho en 13 julio, 2014

Los Trinacria tienen algo en común con los Soprano y los Corleone: sus orígenes sicilianos, por lo menos.

Hollywood y la interné han difundido ampliamente, hasta un nivel exotérico, las historias de las dos últimas familias, pero no ha ocurrido lo mismo con la primera, aunque su nombre toponímico es tan antiguo como las culturas mediterráneas en las que surgió lo de Trinacria que, según dicen, significa “con tres esquinas o picos”, como algo triangular. Eso fue así porque, ya en aquellos tiempos remotos de hace más de veinte siglos, sin satélites ni instrumentos sofisticados, los tres cabos o abombamientos en la geografía de Sicilia fueron detectados por los navegantes de entonces: el situado al sur no tiene ciudades o parajes relevantes, pero sí los tienen el occidental, donde está Marsala -“Scallopini Marsala”-  y el oriental de Mesina, que da nombre al estrecho que la separa de Calabria, la punta de la peninsular bota italiana donde residen los calabreses, algunos de los cuales compiten con los sucesores de Sopranos y Corleones.

IMGP9771_1200_1047KNUn capo di capi: Un macho en plenas facultades

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Los trinacrias de esta entrada -a nivel odonatológico Orthetrum trinacria, (Selys, 1841)– fueron identificados por primera vez en Sicilia y de ahí les cayó el nombre que, aparte de biensonante, les da matices esotéricos más o menos creíbles. Sus tamaños destacan por encima de la media libelulera; son superestilizados, con un abdomen delgado y  largo, y unas alas que, por el contrario, son largas y relativamente anchas, lo que les confiere una capacidad de vuelo sobresaliente. En cuanto a su aspecto, sobre todo el de los machos, y el color azul oscuro de todo su cuerpo, les da un matiz algo siniestro, como de matones o de “pistoleros libeluleros”…

IMGP9744_1200_936KNUna mamma:  “Se adivina con mirarla que no la han querido bien… ” (Tango porteño)

Las hembras, como en la mayoría de las especies de libelúlidos, permanecen en un “segundo plano”, apartadas de las exhibiciones de vuelo de sus machos. Son más difíciles de ver -y no digamos de fotografiar- porque apenas se las ve si no es en los momentos de cópulas o sus “desenganches”; son más claritas, tienen manchas amarillentas en sus libreas y sus ojos más glaucos, aunque no menos bellos que los impresionantes ojos azules de los machos.

IMGP8132_1200_797KN Il ragazzo:  Jovencito mostrando aún parte de sus colores marfileños

Como en casi todos los odonatos jovencitos, hembras y machos de la misma especie se parecen, dejando aparte los detalles de las genitalias secundarias -los apéndices anales– que marcan diferencias desde sus emergencias.

Y retomando aquello de los matices esotéricos de las Trinacrias, se podría empezar por el símbolo o icono –la Trinacria– que figura en la actual bandera de Sicilia: una cabeza femenina que parece ocultar un cuerpo del que surgen tres piernas que apuntan un triángulo superpuesto a los triángulos rojo y gualda de la bandera. Indudablemente, el icono tiene “gancho”, porque también figura en la bandera de la isla de Man, pero con menos gracia que en la siciliana, “como-no podía-ser-de-otra-manera”

IMGP9821_1200_1024KNOcchi sbarrati di capo:  ojos descomunales de un jefe. De su visión dependen muchas cosas…

Más allá en la simbología relacionada a “trinacrias” y triángulos, están los “ojos que todo lo ven”, donde se mezclan dioses, mitologías y sectas que la literatura esotérica ha utilizado con no poco éxito comercial, aunque con dudosa veracidad, pues por y para eso es esotérica.

IMGP9750_1200_896KNOjos glaucos de una mamma:  “Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar…  (Gutierre de Cetina)

Yo no sé cuánto, cómo y qué ven los ojos de los trinacria, pero cuando veo sus colores y sus facetas,  se me quedan cortas las ópticas con las que yo los miro y los guardo para recuerdo.

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Como Marcial

Posted by Pele Camacho en 29 junio, 2014

Una cosa es que me gusten los pasodobles toreros y otra sería que me gustara el espectáculo taurino que, respetando el gusto de los que sepan apreciarlo, solo me gusta en sus comienzos, cuando lo único rojo son los colores de los capotes; después me resulta difícil soportar la mezcla de sentimientos con otros rojos. Y así las cosas, al cuento de lo que va esta entrada, la letra de uno de los pasodobles más populares y escuchados en tardes de toros empieza así:

Voy a los toros

porque esta tarde Marcial torea,

que es el más grande…

 

Pues como Marcial, el maestro Marcial Lalanda, el más grande, los Anax imperator (Leach, 1815)  son los odonatos más grandes de por aquí, con alas y cuerpos de unos 8 cm. de longitud, de lo más largo que se ve en el orden Odonata y en la clase Insecta. A veces, cuando me encuentro con ellos me traen recuerdos de momentos musicales inolvidables, con personas que siempre recordaré, porque con bandurria, guitarra y voces, me enseñaron el estribillo del pasodoble que repite:

Marcial, eres el más grande…

rítmico y marchoso, pegadizo y hasta “marcial”, forzando la acepción del adjetivo e imaginando el paseillo de las cuadrillas.

IMGP8197_1200_983KNEl encuentro más frecuente con los Anax imperator

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

El vuelo de los Anax imperator, por su envergadura y filigranas, es un espectáculo de acrobacia y maestría difícil de explicar: rápido, con quiebros bruscos o paradas imprevisibles y “reprises” sorprendentes, de duraciones inimaginables y desesperantes para el fotógrafo que desea llevarse el recuerdo de esos ases del vuelo acrobático. No es fácil apuntar, enfocar y disparar con resultados fotográficos medianamente presentables, pero algunas veces hay suertecilla y se quedan medio parados en el aire, décimas de segundo, y si estabas preparado y esperando, algo queda para recordar.

IMGP4527_1200_974KNOjos claros, serenos… en un descanso cercano

Pero también descansan, algunas veces en un sitio cercano y accesible al que intenta llegar el fotógrafo sin dejar de mirarlos, echando los pies a ciegas, tropezando con pedruscos y agujeros hasta llegar a ellos con el máximo sigilo que el entorno permite, para empezar a disparar 10, 20, 30 fotos… las que nos deje hacerle, desde un ángulo, desde otro que parece mejor, hasta que se cansa de descansar y se va. Se acabó la suerte y la sesión de fotos, quizás hasta el año que viene y, mientras tanto, ¿qué es de ellos y ellas?

IMGP8044_1200_1212KNPuesta de una hembra de Anax imperator: el posible comienzo de una vida

A los Anax imperator les cabe el honor de haber sido objeto de amplio estudio, por ejemplo, la publicación “The Life-History of the Emperor Dragonfly Anax Imperator”, de Philip S. Corbet, una autoridad en odonatos, con publicaciones de referencia mundial, como “Dragonflies: Behavior and Ecology of Odonata” y “A Biology of  Dragonflies”, donde también dedica muchas páginas al emperador de las libélulas. Sus vidas empiezan con una puesta de huevos en medio acuático, donde estarán hasta dos años como ninfas devoradoras de bichejos, cambiando varias veces de cutícula en procesos de muda o ecdisis, hasta que la naturaleza les pide la emergencia necesaria para salir al medio aéreo.

IMGP7572_1200_876KN Una exuvia de Anax imperator: donde terminó una vida acuática y empezó otra aérea

Como recuerdo de la vida acuática, en alguna parte queda “el último traje”, la exuvia vacía de la que salió la libélula en algún amanecer, para estar apenas un par de horas estirando sus alas, como “calentando motores”, para iniciar sus impresionantes vuelos que pueden durar hasta poco más de dos meses, una corta vida aérea si se compara con la que tuvieron en la charca donde su madre hizo la puesta.

IMGP5521_1200_1139KNEl final de una hembra de Anax imperator

En los estudios de Philip Corbet se dice que los Anax imperator tienen escasos predadores; sus vidas terminan muchas veces por hambre, por no poder alimentarse en condiciones atmosféricas adversas que no les permitan cazar las presas que necesitan para subsistir, o en las luchas que tienen entre ellos, casi siempre relacionadas con los “enganches” de sus procesos reproductivos, por ejemplo, cayendo al agua de donde salieron y de la que les resulta muy difícil escapar cuando son adultos: cuatro alas grandes y un cuerpo en proporción requieren mucho esfuerzo para despegarse de la tensión superficial del líquido que les retiene. De adultos vuelan de manera maravillosa, pero de nadar, nada de nada…

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Tres cosas de Inés

Posted by Pele Camacho en 4 junio, 2014

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso.    

                                                                                                        (Baltasar de Alcazar,  1530- 1606)

IMGP1251_1200_1155KNLa primera: el reverso de una Melanargia ines  que parece mirar con ocelos acaramelados

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

 

Mis recuerdos de aquella Inés de Baltasar de Alcázar (1530-1606) se refrescan algunas veces cuando veo alguna Ines como esta Melanargia ines (Hoffmannsegg, 1804) revoloteando por esos campos.  Los versos donde aparece Inés me suelen transmitir una sensación de la felicidad y buen vivir que, posiblemente, disfrutó don Baltasar en buena parte de sus 76 años de vida, muy por encima de la media de aquellos tiempos del siglo XVI.  A lo que parece, debió ser un buen “triperas”, una persona aficionada al buen yantar que -imagino yo- compartió con la Inés de sus versos

…pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta…

 porque los placeres suelen ser mayores cuando son compartidos, aunque no sé si Inés fue esposa, compañera, hermana…  o una Dulcinea gastronómica a la que recurría en muchas de sus poesías, como en aquella de la famosa “cena jocosa”.

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La segunda: el anverso “medioluto” de una Melanargia ines descansando sobre una roca de sílice

La Melanargia ines es una mariposa que revolotea por buena parte de la península ibérica y parte del Magreb. Es bastante inquieta, con un vuelo que parece inagotable, aunque si se la observa durante un tiempo se ve que suele repetir posadero y permitir que el fotógrafo le haga algún retrato, por usar como referencia otros versos de don Baltasar:

Mostróme Inés, por retrato
de su belleza los pies;
yo la dije: –Eso es, Inés,
buscar cinco pies al gato.
Rióse, y como eran bellos,
y ella por extremo bella,
arremetí por cogella,
y escapóseme por ellos   (“Salir por pies”)

Sin embargo, las sesiones fotográficas con la Melanargia ines suelen terminar pronto porque la protagonista, como es lógico,  suele escaparse “por alas” cuando el fotógrafo “arremete por cogella”.

IMGP5989_1200_913KNLa tercera:  “medioluto” sobre la cromática sensualidad de una Scabiosa atropurpurea

 

Y en fin, para terminar esta entrada, como hizo don Baltasar,  llamo de nuevo a Inés…

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

De la “ines” con alas  -y sin acento- ya comenté algo en un cuento pasado que titulé “Melanargias mediterráneas… (picar para ver)” en el que, mirando hacia atrás con gusto, veo que salieron matices gastronómicos, quizás, por influencia de los versos de don Baltasar, sevillano de nacimiento y –diría yo- de sentimientos.  Sin embargo, el nombre de la alada tiene origen granadino, pues allí la vio el entomólogo Herr Hoffmannsegg que, influenciado por otra Inés que le acompañaba, inmortalizó su nombre en esta criatura.

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Serranillas y serranas

Posted by Pele Camacho en 12 mayo, 2014

Hace unos días intenté ver de nuevo las eclosiones de ninfas que presencié hace unos años, pero llegué unos días tarde y solo conseguí ver unos cuantos machitos jóvenes de Orthetrum cancellatum (Linnaeus, 1758), retozones ellos y rebosantes de la energía primaveral típica de estos ejemplares.  Conté, quizás, con unas hormigas como aliadas para poder hacer la foto de uno de aquellos machos jovencitos, distraído -aparentemente- con el displicente bulle-bulle de unas hormigas que parecían ignorar el peligro potencial de las mandíbulas amenazadoras o, tal vez, conscientes de que su ácido fórmico no las hace formar parte de una dieta fácil para los odonatos.

IMGP8531_1200_1361KNMachito joven de Orthetrum cancellatum, aún con trozos amarillos de cutícula sin pruína.

Apenas había media docena de jovencitos en la charca y, de vez en cuando, aparecía un Anax imperator patrullante que espantaba cualquier posible individuo en actitud o intención de descanso: aquello era como una exhibición de vuelo acrobático y un buen momento para practicar la fotografía de libes en vuelo.

IMGP8539_1200_968KNInstinto de protección:  la reacción frecuente al detectar a un fotógrafo

Así las criaturas y circunstancias, poco después volvía con más despecho que fotos y pensando en donde recalar para compensar los intentos fallidos.  Y entonces apareció ella, una hermosa “serrana” que me hizo recordar unos versos que inmortalizaron otros intentos fallidos, pero de amores no correspondidos.

IMGP7582_1200_1062KNHembra jovencita de Orthetrum cancellatum: alas impecables y cuerpo aún esbelto

Creo que recuerdo desde la primera vez que los leí aquellos versos de “Moça tan fermosa…”, una de esas poesías medievales conocidas como “serranillas”, diminutivo en honor de unas “serranas” que debieron ser, más bien, unas “moçarronas”, dicho en aumentativo macarrónico para describir algo mejor a unas señoras -supuestamente-  “de pelo en pecho” o “de armas tomar”, “dispuestas a todo” para poder cumplir con sus tareas de cobradoras del peaje -dicho en términos modernos- que se estilaba en aquellas vías o senderos que atravesaban las sierras medievales de nuestra geografía. Una de aquellas vías fue la “del Calatraveño a Santa María”, que aún andan los investigadores elucubrando por dónde pasaba, famosa desde que el Marqués de Santillana hiciera referencia a ella y a sus cuitas con la “fermosa de la Finojosa”… ¿recuerdan vuesas mercedes?

Moça tan fermosa

non vi en la frontera

com´una vaquera

 de la Finojosa.

Faciendo la vía

del Calatraveño

a Santa María,

vençido del sueño,

por tierra fragosa

perdí la carrera,

do vi la vaquera

de la Finojosa…

 

una rima sencilla y rítmica, como escrita con vaivenes a lomos de un caballo cansado ya de la agotadora vía fragosa…

IMGP7614_1200_991KNUna serena “serrana”,  posando como una fermosa dama

El camino “do vi a la fermosa” era un carril serrano que, si no llegaba a la categoría de “tierra fragosa”, no carecía de pedruscos y matojos para andar con tiento y no doblar tobillos. Pero la “serrana”, hermosota y tranquila, posó en plan vedette, como si quisiera detenerme y cobrar el peaje de aquel carril.

IMGP7623_1200_1035KNBien como riendo, dixo: «Bien vengades; que ya bien entiendo lo que demandades…”   Marqués de Santillana

Fueron las fotos de un buen día de safari fotográfico, fundamentalmente,  por la cooperación de la “serrana”.  Sin embargo, al  Marqués de Santillana parece que no le cuajó tan bien, si fue firme aquello de “… non es deseosa de amar, nin lo espera, aquessa vaquera de la Finojosa”, con que terminó la “serranilla”.

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Individuales y conjuntas

Posted by Pele Camacho en 7 mayo, 2014

En estos tiempos primaverales -que también son fiscales- una parte importante del personal anda perseguido por el recuerdo y la amenaza encubierta del eslogan “Hacienda somos todos” que, aunque siempre fue falso, nunca lo fue de manera tan pública y notoria como después de hacerse “en diferido” el reventón de esas sagas de sobres, dineros B, evasión fiscal y otras historias de mafias y chorizos protegidos por unas siglas. Circunstancias aparte, la perfección informática reconcentrada en un programa llamado “Padre” -“Pater fiscalis”, podría llamarse en nomenclatura binomial- permite dos modalidades fiscales que, posiblemente, ustedes ya conocen: individuales y conjuntas. Los nombres son tan genéricos y comprensibles que también pueden aplicarse a la vida y fotos de los bishitos y, si no, sigan y vean…

Los protagonistas de esta entrada son unos cuantos individuos e individuas de  Pyrrhosoma nymphula (Sulzer,1776),  a los que dediqué la entrada “Pequeñas ninfas de cuerpo rojo” , unos preciosos animalejos que dejan ver sus cuerpos rojos entre los primeros verdes primaverales. Como zigópteros que son, tienen un vuelo rápido y silencioso, y un cuerpo superesbelto, más ellos que ellas, porque las funciones maternales requieren unos volúmenes innecesarios en los atléticos cuerpos de los machos.

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

IMGP6442_1200_1236KNMacho joven de  Pyrrhosoma nymphula , buscándose la vida a su modo y manera, por instinto.

 En el mundo animal, los individuos se rigen por instintos para la supervivencia y la propagación de las especies. Ya lo dijo -a su manera- el Arcipreste de Hita, en la perla literaria que tituló “Libro del Buen Amor”:

“Como dise  Aristóteles, cosa es verdadera,

el mundo por dos cosas trabaja: la primera

por aver mantenençia; la otra era

por aver juntamiento con fembra placentera…”

Para “la primera“, machos y hembras de Pyrrhosoma nymphula se buscan la vida como pueden, o sea, individualmente, en una especie de seguimiento instintivo del latinajo “primum vivere, deinde philosophari“, mientras desarrollan su cuerpo y habilidades para “la otra” que, también instintivamente, llevan a cabo con ayuda de las feromonas.

IMGP7198_1200_996KNMacho maduro de Pyrrhosoma nymphula recuperando fuerzas para el patrulleo

Cuando ya son mayorcitos y la hemolinfa les transmite las calores feromónicas, los machitos de Pyrrhosoma nymphula se ponen rojos y, como individuos maduros, van de allá para acá, se dejan ver y no dejan de mirar para ver si ven alguna fembra placentera, como decía aquel “perla”  del arciprestazgo .

IMGP6664_1200_1281KNHembra joven de Pyrrhosoma nymphula ,  variante f. melanotum  con ligeros toques de rojos

Las hembras de esta especie, con colores más apagados que los machos, presentan variantes cromáticas no siempre fáciles de ver, porque el escapismo natural de las hembras -salvo cuando el instinto “maternal” las hace más “sociales”- hace difícil su fotografía, ya sea por lo intrincado de los lugares donde se posan o por el tiempo en que lo hacen, sin apenas permitir al fotógrafo adaptar sus cachivaches a las  circunstancias de tiempo y espacio.

IMGP6462_1200_827KNHembra de Pyrrhosoma nymphula, variante f. melanotum,  sin apenas rojos en su oscura librea

Como se puede observar en muchas especies de odonatos, los dos sexos parecen llevar vidas individuales, separadas o disjuntas, siendo más notoria la presencia de los machos que parecen competir por el dominio del área de influencia a la que, en algún momento, llegarán las hembras que no parecen pelear entre ellas, viviendo y volando a su bola y apareciendo cuando la naturaleza y el instinto les demandan hacer el ”juntamiento” que decía el arcipreste, es decir, hacer vida conjunta. Ya salió la palabra…

P4300454_1200_1341KNVista quasi cenital de una conjunta de Pyrrhosoma nymphula,  con hembra de la variante  f. fulvipes   (foto de Vicente Camacho)

Las circunstancias del ayuntamiento o cópula -que muchas veces se produce en vuelo con una precisión impecable- les hace volar de manera conjunta con menos gracia y soltura, por lo que después de algunos vuelos normalmente cortos aterrizan o, más bien, se “dejan caer” de mala manera en lugares extraños, lo que unido a las dimensiones de la conjuntada pareja hace aún más difícil la fotografía del  tándem, que requiere un posicionamiento óptimo del fotógrafo respecto a los conjuntados, como en la foto de Vicente Camacho. La causa del problema fotógrafico es, fundamentalmente, la necesidad de una “profundidad de campo”o “profundidad de enfoque”  muy por encima del límite que permite la óptica: hay que elegir qué parte se enfoca y aceptar, o tragarse, el desenfoque de las partes que se alejan de la zona enfocada.

IMGP6686_1200_1012KNEnfoque al  1  y desenfoque en el 2:  “profundidad de enfoque” centrada en el macho de Pyrrhosoma nymphula  

Para evitar la falta de “profundidad de campo”, aparte del posicionamiento correcto del fotógrafo, hay “remedios” técnicos que consisten en hacer una serie de fotos con enfoques a lo largo de una línea que recorre a la pareja conjuntada y, posteriormente, con ayuda de un programa informático que no es, ni mucho menos, gratuito, hacer un “apilamiento” -una especie de “ayuntamiento”- de las fotos individuales obtenidas antes, para tener una foto conjunta en la que todo sale enfocado. Desde un punto de vista técnico e informático, la obtención de esa especie de foto “panorámica en profundidad” es una maravilla, pero desde el punto de vista fotográfico o artístico es, más bien, un engaño, una superchería…

IMGP6687_1200_1040KNEnfoque al  2 y desenfoque en el  1 :  “profundidad de enfoque” centrada en la hembra de Pyrrhosoma nymphula

El programa “Padre” sí es gratuito aunque, como posiblemente saben ustedes, pueden no serlo sus resultados, a veces ni en individuales ni en conjuntas. Eso, como los desenfoques, hay que tragárselo.  Sin embargo -y sin vergüenza ni dignidad- los chorizos lo “remedian” con sobres y maletines. Pero eso son otras historias de engaños y supercherías.

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Vanessa volcánica

Posted by Pele Camacho en 2 abril, 2014

La Vanessa vulcania (Godart, 1819) es una especie endémica, es decir, exclusiva, de las islas Canarias y Madeira, pero como las verdades absolutas y tan puntuales son algo bastante raro, hay expertos que dicen que las “vulcanias” son una variante de la Vanessa indica a la que llaman Vanessa indica vulcania, a pesar de que no hay “vulcanias” en esa India donde abundan las “indicas”, como tampoco hay “vulcanias” en todas las islas Canarias, por muy volcánico que sea el aspecto de alguna de ellas. Y como en el mundo científico siempre hay opiniones múltiples, también otros expertos han estudiado las cuatro fases de la metamorfosis de las “vulcanias”, concluyendo que es una especie aparte. Y punto.

IMGP4252_1200_1044KN Buscando contrastes cromáticos, sería difícil mejorar las alas y la pose de esta Vanessa vulcania

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

El origen del nombre genérico de las mariposas Vanessa (Fabricius, 1807) no está nada claro; dicen las crónicas que el nombre Vanessa apareció por primera vez en 1726, en un poema de Jonathan Swift (1667-1745), autor de los fantásticos “Viajes de Gulliver”. Swift creó el nombre como pseudónimo del de una alumna por la que estuvo profundamente “colado”. Desde el lado entomológico, parece raro -pero no imposible- que el danés Johan Christian Fabricius (1745-1808) pudiera conocer en 1807 el libro de Swift, ya que las ediciones y traducciones de libros no eran frecuentes por aquellos tiempos; él solía asignar nombres mitológicos originales a los bishos que iba clasificando y lo más parecido a Vanessa era Phanessa, derivada de Phanes, un padre de todos los dioses relativamente desconocido y creado por la corriente órfica, una especie de secta religiosa de la antigua Grecia. Para saber más de esto habría que adentrarse en los arcanos documentos entomológicos de Fabricius, cosa difícil, así que pasamos al nombre específico de las vulcania, que parece más fácil.

IMGP4929_1200_1060KNRojos de fuego volcánico sobre un resto de lava fría

Cuando se observa la orografía y aspecto de las Islas Canarias, es fácil imaginarse las enormes vomiteras volcánicas que por allí se dieron. Las últimas llamaradas fueron las del volcán Teneguía en 1971, en la isla de La Palma y, recientemente -algo más suaves, por ser submarinas- las de la isla de El Hierro, en 2011.  Viendo y pisando los restos de lava que llaman “malpaís”, queda claro que las Islas Afortunadas fueron en sus orígenes unas muestras de la fragua de Vulcano, dios latino del fuego, la fragua, los metales fundidos y los enfriados. Vulcano asumió las funciones de Hefesto, el dios griego feo y cojo que hizo pareja con la bella y sensual Afrodita que, lógicamente, no se conformó con el fuego de Hefesto y provocó los ardores de Ares, alias Marte latino, que dio nombre al planeta rojo. Rojo y fuego, se mire por donde se mire. Así pues, está más que justificado el nombre especifico que el lepidopterólogo francés Jean Baptiste Godart (1775-1825) les asignó en 1819, a la vista de sus manchas de un rojo fuerte, como de lava ardiente, sobre un fondo negro, como de lava fría. Sus congéneres Vanessa atalanta tienen rojos anaranjados y las Vanessa indica, muy parecidas a las Vanessa cardui, ocres anaranjados, que envidian al rojo vivo de las “vulcanias”… ¿Que cómo o cuándo aparecieron las Vanessa vulcania en las Islas Canarias?  Como con tantos endemismos de aquellas islas, esa es una pregunta “de millón”…

IMGP4808_1200_1201KNEndemismo sobre endemismo: Vanessa vulcania  sobre un penacho de Echium callithyrsum, o tajinaste azul 

Si las lectoras o lectores de esta entrada desean ver en vivo y en directo la belleza de las Vanessa vulcania, tendrán que intentarlo, por ejemplo, en la isla de Gran Canaria, donde yo las vi muy cerca de Las Palmas de Gran Canaria. Por allí vuelan, al parecer, durante casi todo el año: ventajas de un clima excepcional que, a veces, los vientos alisios matizan con unas nubes bajas que algunos llaman “panza de burra o de burro” que ocultan el espléndido sol de aquellas latitudes, suavizan la temperatura  y hacen la vida más agradable, aunque con menos luz. Cuando se observa ese fenómeno -espectacular al hacerlo desde las alturas de sus montañas salpicadas de “roques”-  los que quieran más sol pueden coger el coche -o la guagua- y viajar algo más al sur para hartarse de sol y ponerse rojos, como los guiris, como algunos godos, como los metales de la fragua de Vulcano o las manchas de las Vanessas volcánicas.

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