Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Posts Tagged ‘Anax imperator’

Protocolos de mojaculos

Posted by Pele Camacho en 14 octubre, 2014

Odonata es el nombre científico acuñado por Johan Christian Fabricius (1745-1808) al final del siglo XVIII para el “orden” que, dentro de la “clase” Insecta, engloba a libélulas y caballitos, nombres vernáculos ampliamente aceptados que surgieron por asociaciones de ideas con raíces muy antiguas. Aún así, es posible que haya sitios cercanos donde no sepan qué es “un caballito” ni, tal vez, qué es “una libélula”, pero tendrán otros nombres vernáculos para referirse a esos llamativos animalejos que son acuáticos en la mayor parte de sus vidas: frente a  las pocas semanas -pocos meses, como mucho- que dura su vida aérea como adultos o imagos, las primeras etapas de sus vidas son acuáticas y comienzan con la puesta de huevos u oviposición que, salvo escasas excepciones, las hembras de los odonatos llevan a cabo en medio acuático o muy cerca de él (*).

IMGP3867_1200_877KNUna pareja de Platycnemis acutipennis, iniciando una nueva generación

Frente a los nombres científicos de la nomenclatura binomial, utilizados en la ordenación o clasificación biológica de las especies, algunos nombres vernáculos son apelativos de rango corto y su significado suele perderse poco más allá de la zona donde surgieron. Son nombres antiguos, casi motes o apodos, transmitidos “localmente” de generación en generación y, solamente aquellos “mejor puestos”, los que casi no necesitan explicación, llegan a sobrepasar los límites geográficos del lugar donde surgieron. Este es el caso de “mojaculos”, un nombre poco científico que quizás usted conozca y, probablemente, bastante más antiguo que el de Odonata, además de ser mucho más comprensible y comunicativo.

IMGP3791_1200_1223KNUna pareja de Sympetrum fonscolombii, mostrando la presa inicial del protocolo reproductor

En el reino Animalia, término que acuñó Carlos Linneo (1707-1778) -maestro de Fabricius- para englobar a todos los animales, no hay ningún orden con especies dotadas de genitalias secundarias como las que tienen y usan los machos de odonatos. Como consecuencia de ello, el protocolo reproductor de los odonatos es único en la naturaleza y se desconoce completamente su evolución; es un “completo misterio”, como decía R.J. Tillyard , el gran experto en odonatos, en su obra “The Biology of Dragonflies”.

IMGP0967_1200_1219KNEl “tándem” exclusivo del Orden Odonata, mostrado con una pareja de Sympetrum fonscolombii

Pero, aunque todos los odonatos hacen ese peculiar “tándem copulativo”, no es única la forma de llevar a cabo las puestas de huevos: unas son endofíticas, es decir, los huevos se insertan en el tejido vegetal de algunas plantas, otras son epifíticas, y ponen los huevos en la superficie de plantas acuáticas y, finalmente, las exofíticas depositan los huevos en la tierra o el agua.

IMGP2011_1200_1398KNRefracción y reflexión de la luz, con una pareja de Anax parthenope, haciendo una puesta con presa

Las puestas más vistosas y espectaculares son, sin duda, las acuáticas: en algunas especies, el macho suele sujetar a la hembra hasta que deposita los huevos fecundados, evitando que otro macho haga tándem con ella y anule la fecundación anterior. Hay especies que hacen puestas en estado de reposo que, todo sea dicho, favorece la tarea de apunte y enfoque fotográfico…

IMGP2553_1200_802KNPareja de Sympetrum fonscolombii, mojando el final del abdomen con ritmo marchoso…

Otras veces, la puesta es dinámica y la pareja vuela dando una exhibición de ritmo y una precisión con la que intentan competir algunos aficionados a la fotografía de naturaleza viva…

IMGP1370_1200_1265KNHembra de Anax imperator, haciendo una puesta tranquila

En algunas especies, la hembra sigue ovipositando después de verse libre de la presa del macho, sumergiendo su ovipositor que está pocos milímetros más arriba que su apertura anal… pero eso es un detalle accidental, aunque sea el que les da ese nombre vernáculo de “mojaculos”, bien puesto donde los haya…

(*) Después de la oviposición, en algunas especies se inicia una diapausa o retraso del desarrollo embrionario que puede durar hasta cinco meses, para adaptarse a las estaciones y a una climatología favorable. En otras especies la maduración del embrión se inicia de modo inmediato, con una duración variable de 1 a 8 semanas que determina el inicio de la fase larvaria, cuando surge la prolarva al eclosionar el huevo.  Las prolarvas de aquellas especies que hacen puestas fuera del agua, buscan inmediatamente el medio acuático para desarrollarse como larvas y evolucionar en estadios sucesivos, con más de 10 mudas de cutículas o ecdisis que permiten el crecimiento de las larvas, en periodos que van desde 1 año hasta 3 en regiones frías, con excepciones de especies polivoltinas en zonas cálidas, donde puede haber más de una generación al año.

 

 

 

 

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Como Marcial

Posted by Pele Camacho en 29 junio, 2014

Una cosa es que me gusten los pasodobles toreros y otra sería que me gustara el espectáculo taurino que, respetando el gusto de los que sepan apreciarlo, solo me gusta en sus comienzos, cuando lo único rojo son los colores de los capotes; después me resulta difícil soportar la mezcla de sentimientos con otros rojos. Y así las cosas, al cuento de lo que va esta entrada, la letra de uno de los pasodobles más populares y escuchados en tardes de toros empieza así:

Voy a los toros

porque esta tarde Marcial torea,

que es el más grande…

 

Pues como Marcial, el maestro Marcial Lalanda, el más grande, los Anax imperator (Leach, 1815)  son los odonatos más grandes de por aquí, con alas y cuerpos de unos 8 cm. de longitud, de lo más largo que se ve en el orden Odonata y en la clase Insecta. A veces, cuando me encuentro con ellos me traen recuerdos de momentos musicales inolvidables, con personas que siempre recordaré, porque con bandurria, guitarra y voces, me enseñaron el estribillo del pasodoble que repite:

Marcial, eres el más grande…

rítmico y marchoso, pegadizo y hasta “marcial”, forzando la acepción del adjetivo e imaginando el paseillo de las cuadrillas.

IMGP8197_1200_983KNEl encuentro más frecuente con los Anax imperator

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

El vuelo de los Anax imperator, por su envergadura y filigranas, es un espectáculo de acrobacia y maestría difícil de explicar: rápido, con quiebros bruscos o paradas imprevisibles y “reprises” sorprendentes, de duraciones inimaginables y desesperantes para el fotógrafo que desea llevarse el recuerdo de esos ases del vuelo acrobático. No es fácil apuntar, enfocar y disparar con resultados fotográficos medianamente presentables, pero algunas veces hay suertecilla y se quedan medio parados en el aire, décimas de segundo, y si estabas preparado y esperando, algo queda para recordar.

IMGP4527_1200_974KNOjos claros, serenos… en un descanso cercano

Pero también descansan, algunas veces en un sitio cercano y accesible al que intenta llegar el fotógrafo sin dejar de mirarlos, echando los pies a ciegas, tropezando con pedruscos y agujeros hasta llegar a ellos con el máximo sigilo que el entorno permite, para empezar a disparar 10, 20, 30 fotos… las que nos deje hacerle, desde un ángulo, desde otro que parece mejor, hasta que se cansa de descansar y se va. Se acabó la suerte y la sesión de fotos, quizás hasta el año que viene y, mientras tanto, ¿qué es de ellos y ellas?

IMGP8044_1200_1212KNPuesta de una hembra de Anax imperator: el posible comienzo de una vida

A los Anax imperator les cabe el honor de haber sido objeto de amplio estudio, por ejemplo, la publicación “The Life-History of the Emperor Dragonfly Anax Imperator”, de Philip S. Corbet, una autoridad en odonatos, con publicaciones de referencia mundial, como “Dragonflies: Behavior and Ecology of Odonata” y “A Biology of  Dragonflies”, donde también dedica muchas páginas al emperador de las libélulas. Sus vidas empiezan con una puesta de huevos en medio acuático, donde estarán hasta dos años como ninfas devoradoras de bichejos, cambiando varias veces de cutícula en procesos de muda o ecdisis, hasta que la naturaleza les pide la emergencia necesaria para salir al medio aéreo.

IMGP7572_1200_876KN Una exuvia de Anax imperator: donde terminó una vida acuática y empezó otra aérea

Como recuerdo de la vida acuática, en alguna parte queda “el último traje”, la exuvia vacía de la que salió la libélula en algún amanecer, para estar apenas un par de horas estirando sus alas, como “calentando motores”, para iniciar sus impresionantes vuelos que pueden durar hasta poco más de dos meses, una corta vida aérea si se compara con la que tuvieron en la charca donde su madre hizo la puesta.

IMGP5521_1200_1139KNEl final de una hembra de Anax imperator

En los estudios de Philip Corbet se dice que los Anax imperator tienen escasos predadores; sus vidas terminan muchas veces por hambre, por no poder alimentarse en condiciones atmosféricas adversas que no les permitan cazar las presas que necesitan para subsistir, o en las luchas que tienen entre ellos, casi siempre relacionadas con los “enganches” de sus procesos reproductivos, por ejemplo, cayendo al agua de donde salieron y de la que les resulta muy difícil escapar cuando son adultos: cuatro alas grandes y un cuerpo en proporción requieren mucho esfuerzo para despegarse de la tensión superficial del líquido que les retiene. De adultos vuelan de manera maravillosa, pero de nadar, nada de nada…

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Serranillas y serranas

Posted by Pele Camacho en 12 mayo, 2014

Hace unos días intenté ver de nuevo las eclosiones de ninfas que presencié hace unos años, pero llegué unos días tarde y solo conseguí ver unos cuantos machitos jóvenes de Orthetrum cancellatum (Linnaeus, 1758), retozones ellos y rebosantes de la energía primaveral típica de estos ejemplares.  Conté, quizás, con unas hormigas como aliadas para poder hacer la foto de uno de aquellos machos jovencitos, distraído -aparentemente- con el displicente bulle-bulle de unas hormigas que parecían ignorar el peligro potencial de las mandíbulas amenazadoras o, tal vez, conscientes de que su ácido fórmico no las hace formar parte de una dieta fácil para los odonatos.

IMGP8531_1200_1361KNMachito joven de Orthetrum cancellatum, aún con trozos amarillos de cutícula sin pruína.

Apenas había media docena de jovencitos en la charca y, de vez en cuando, aparecía un Anax imperator patrullante que espantaba cualquier posible individuo en actitud o intención de descanso: aquello era como una exhibición de vuelo acrobático y un buen momento para practicar la fotografía de libes en vuelo.

IMGP8539_1200_968KNInstinto de protección:  la reacción frecuente al detectar a un fotógrafo

Así las criaturas y circunstancias, poco después volvía con más despecho que fotos y pensando en donde recalar para compensar los intentos fallidos.  Y entonces apareció ella, una hermosa “serrana” que me hizo recordar unos versos que inmortalizaron otros intentos fallidos, pero de amores no correspondidos.

IMGP7582_1200_1062KNHembra jovencita de Orthetrum cancellatum: alas impecables y cuerpo aún esbelto

Creo que recuerdo desde la primera vez que los leí aquellos versos de “Moça tan fermosa…”, una de esas poesías medievales conocidas como “serranillas”, diminutivo en honor de unas “serranas” que debieron ser, más bien, unas “moçarronas”, dicho en aumentativo macarrónico para describir algo mejor a unas señoras -supuestamente-  “de pelo en pecho” o “de armas tomar”, “dispuestas a todo” para poder cumplir con sus tareas de cobradoras del peaje -dicho en términos modernos- que se estilaba en aquellas vías o senderos que atravesaban las sierras medievales de nuestra geografía. Una de aquellas vías fue la “del Calatraveño a Santa María”, que aún andan los investigadores elucubrando por dónde pasaba, famosa desde que el Marqués de Santillana hiciera referencia a ella y a sus cuitas con la “fermosa de la Finojosa”… ¿recuerdan vuesas mercedes?

Moça tan fermosa

non vi en la frontera

com´una vaquera

 de la Finojosa.

Faciendo la vía

del Calatraveño

a Santa María,

vençido del sueño,

por tierra fragosa

perdí la carrera,

do vi la vaquera

de la Finojosa…

 

una rima sencilla y rítmica, como escrita con vaivenes a lomos de un caballo cansado ya de la agotadora vía fragosa…

IMGP7614_1200_991KNUna serena “serrana”,  posando como una fermosa dama

El camino “do vi a la fermosa” era un carril serrano que, si no llegaba a la categoría de “tierra fragosa”, no carecía de pedruscos y matojos para andar con tiento y no doblar tobillos. Pero la “serrana”, hermosota y tranquila, posó en plan vedette, como si quisiera detenerme y cobrar el peaje de aquel carril.

IMGP7623_1200_1035KNBien como riendo, dixo: «Bien vengades; que ya bien entiendo lo que demandades…”   Marqués de Santillana

Fueron las fotos de un buen día de safari fotográfico, fundamentalmente,  por la cooperación de la “serrana”.  Sin embargo, al  Marqués de Santillana parece que no le cuajó tan bien, si fue firme aquello de “… non es deseosa de amar, nin lo espera, aquessa vaquera de la Finojosa”, con que terminó la “serranilla”.

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Inmaduros madurando

Posted by Pele Camacho en 18 mayo, 2011

¿Cuánto viven los bishos, si ninguna incidencia rompe, más o menos bruscamente, el progresivo declive natural hacia el fin de sus vidas?

En el caso de los odonatos, desde su emergencia, más o menos primaveral, hasta su muerte, menos o más otoñal, pueden transcurrir varios meses, aunque haya especies que tienen procesos más largos que se inician, por ejemplo, en el verano y evolucionan lentamente, pasando el invierno como “inmaduros” y haciéndose adultos en la siguiente primavera, cuando alcanzan su madurez sexual.  Otros apenas viven más allá de dos o tres meses y, en consecuencia, su proceso de maduración se alcanza en un periodo breve, apenas una semana, adquiriendo muy pronto la capacidad reproductora que les acredita como adultos.

Macho infantil de Orthetrum cancellatum, con pocos minutos de vuelo  (30-04-2010)

Una de las primeras especies en aparecer y hacer patente su ser por el Sur peninsular es la Orthetrum cancellatum (Linnaeus, 1758).  Un día del año pasado tuve la suerte -que no se repite todos los años- de presenciar varias emergencias de ellas y obtener algunas fotos para el recuerdo. Con esas compuse la entrada que titulé “Eclosión de una ninfa”

Hembra jovencita de Orthetrum cancellatum,  con uno o dos días de edad   (04-05-2011)

Este año llegué uno o dos días tarde y me perdí las eclosiones y los vuelos iniciáticos; cuando vi las primeras ya volaban con cierta soltura, aunque se notaba su impericia, su bisoñez y su juventud, marcada por los colores de sus cutículas quitinosas, brillantes en las hembras y libres de pruina en los machos, aunque ya apuntaba el peculiar recubrimiento celeste de algunos de ellos.

Macho jovencito, al inicio de su pubertad,  quiero decir,  pruinosidad  (8-05-2011)

Pocos días después, ya era claramente visible el recubrimiento azul pruinoso de algunos machos y el ennegrecido extremo de su abdomen, aunque aún se veían muchos de los amarillos que fueron el color inicial de su cutícula, cuando para diferenciar machos de hembras era casi necesario mirar la forma de sus apéndices anales o cercoides.


Precoz parejita del paraje, mostrando su juvenil energía y su sorprendente madurez   (08-05-2011)

La sorpresa de aquel día fue ver que, los que aún parecían inmaduros adolescentes, a efectos prácticos y reproductivos, se comportaban plenamente como adultos y que, con pleno dominio del vuelo y de las acrobacias de enganches que les caracterizan, ellos eran ya capaces de enganchar los cogotes de ellas que, para no ser menos, sabían ya flexionar su abdomen con maestría y enganchar su espina vulvar a la genitalia secundaria de ellos. No habían transcurrido ni diez días desde que dejaron las exuvias vacías y… ya habían madurado, ya eran adultos y, al menos, en esas artes del enganche, ya lo parecían.

Joven macho, ya con “muescas” en su pruina, como marcas de adulto experto  (14-05-2011)

Una semana después fui de nuevo al mismo paraje y, como en años anteriores, las hembras habían desaparecido, ni una se dejaba ver, mientras los machos azulones, pruinosos y negrotes, con ligeros restos de manchas amarillas sin pruinar, volaban nerviosos, sobrados de fuerza y de potencia, quizás buscando a las adultas ausentes y esquivando con estilo los ataques de unos cuantos Anax imperator que, como siempre, ejercían su papel dominante de Terminator, dejando claro quién mandaba en la charca.

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La del alba sería…

Posted by Pele Camacho en 12 mayo, 2011

“La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo.”
                                                                                                    “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”    Capítulo IV

La del alba sería -gracias, Don Miguel- cuando las primeras libélulas empezaron a salir contentas, gallardas y alborozadas por verse ya libres, gozosas después de reventar el caparazón quitinoso de sus ninfas y dejar sus exuvias vacías. Precisamente, una de las primeras trazas libeluleras que he visto este año por aquí han sido las gigantescas exuvias de las Anax imperator, mientras ellas me veían a mi intentando hacerles alguna foto al vuelo.


Una exuvia de Anax imperator, casi 5 cm de camisa quitinosa

Es curioso -o a mi me lo parece- el sincronismo que creo observar en la aparición de los individuos de algunas especies, como si fueran la consecuencia lógica de una evolución perfectamente temporizada a lo largo de uno o, tal vez, dos años de una metamorfosis que inició algún día una de esas hembras a las que se ve volar y poner huevecillos rítmicamente, unas veces solas y otras “acogotadas” por algún macho preocupado de que fueran sus genes los que se propagaran en las futuras generaciones. Así, después de las pasadas lluvias de Abril y los primeros soles de Mayo, algunos días he visto esa rápida evolución de “recentales” de algunas libélulas -me resisto a escribir “teneral”- y parecía como si en algunos de aquellos días fuera cuando “tocaba” salir a una nueva especie: las primeras que vi fueron las Orthetrum cancellatum, que estaban casi solas, aunque las Anax imperator ya las marcaban de cerca; días después he visto las primeras Trithemis kirbyi, temblorosas y lentas, precisamente ellas, que pocos días después huyen nerviosas cuando uno se les aproxima a poco más de tres metros… y, finalmente, en el último safari fotero, el pasado 8 de Mayo pude ver como empezaba el baile de las Trithemis annulata, con su leeeentoooo abandono de la exuvia…


Exuvia de Trithemis annulata, recién abandonada por una bella “recental”

En algún caso me pudo la impaciencia y, cuando ya estaba claramente fuera de la exuvia, cogí a la libe suavemente y la observé de cerca mientras posaba en mis dedos, pero ni siquiera me dejó hacerle una foto: pocos segundos después inició su primer vuelo a una hierba cercana.


Recental de Trithemis annulata, una bella hembrita descansando después de su primer vuelo

Una vez perdido el miedo, el segundo vuelo es, en muchos casos, casi inmediato: basta con aproximarse a algunas de ellas o mover ligeramente la rama que las soporta para que su instinto las impulse a volar hacia algún lugar aparentemente más seguro… ¡Suerte, criatura!

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La pequeña sirena

Posted by Pele Camacho en 15 octubre, 2010

Los nombres populares de las especies siempre tienen alguna razón de ser y, en el caso del Anax parthenope, alias Lesser emperor en el mundo anglosajón, por ejemplo, es una referencia comparativa que rebaja un pelín su importancia en relación al Anax imperator, un poquito más grandote y, por tamaño y apellido, simplemente, “el emperador”.  Las comparaciones siempre fueron odiosas  -más para unos que para otros-  así que yo, mediterráneo de adopción, en lugar de llamarle emperador menor, le hubiera puesto pequeña sirena que me suena mucho mejor, en cualquier caso e imaginación. Luego lo explico.
 
El nombre científico de las especies, como en alguna otra entrada he comentado, muchas veces no tiene más razón de ser que el nombre popular, pero es el que se considera universalmente aceptado, o sea, por la comunidad científica y sus seguidores, hasta que venga algún otro científico y descubra algo nuevo que descoloque los taxones y mande al garete todas las nomenclaturas relacionadas. No sería la primera vez ni la última, pero de sabios es rectificar, siempre que no sean muchas las rectificaciones, claro, pero…  ¿Por qué los sabios de turno le pusieron Anax parthenope?

En el caso de esta brujita Anax, -lo de bruja lo dejamos para la emperatriz de las brujas-  si tiene alguna razón de ser lo de parthenope, quizás lo sea porque el lugar en que primero se la referenciara fuera Nápoles, cosa que no sé y que supongo por el caso de la brujita Orthetrum trinacria, cuyo nombre específico hace referencia al lugar donde primero se habló de ella,  la isla de Sicilia, muy cerca de Nápoles, que los antiguos llamaban Trinacria por su forma triangular, mientras que a la antigua Nápoles, los antiguos del lugar la llamaron Parténope, porque creció junto a la costa donde apareció ahogada la sirena Parténope, momento en el que empieza a mezclarse el encanto de uno de los mitos griegos más bellos y la realidad de la historia de Nápoles, transmitida por generaciones.

Parténope era la menor de tres hermanas, Leucosia, Ligea y Parténope,  sirenas hijas de la ninfa y musa Calíopela de la bella voz– don que heredaron de su madre y, cerca de unos arrecifes, cantaban seductoras melodías que hacían perder los puntos cardinales a los marineros que por allí pasaban, pereciendo en los arrecifes.  Intentaron camelar a Ulises con bellas canciones de amor cuando volvía para reencontrarse con su esposa Penélope, que tejía y tejía para frenar a los moscones que la importunaban, según cuentan la mayoría de las leyendas.  Ulises aguantó el envite de las sirenas porque, aleccionado por la bruja Circe, pidió a sus colegas que le ataran bien atado al palo mayor de la barca, pues no quería dejar de oír las arrebatadoras melodías de las tres sirenas. El obligó a sus marineros a ponerse taponcillos de cera en los oídos para no ser hechizados por las sirenas que, después del fracaso de sus cantos, se ahogaron de pena y rabieta, porque ellas, como sirenas que eran, debían nadar muy bien…  No me canso de admirar la belleza de una religión con dioses, semidioses y humanos aspirantes a la deidad, a los que les pasaban cosas tan alucinantes y la imaginación desbordante de aquellos antiguos mediterráneos que bordaron semejantes aventuras para que perduraran en múltiples culturas durante los siglos de los siglos .

El descanso del guerrero:  Macho de Anax parthenope en un inusual descanso

La pequeña sirena es una libélula muy hermosa, una de esas brujas Anax que vuelan incansables, pero alguna vez,  mayormente por razones de amor  -¡Ah, l’amour!, que decía Ninette–  hacen un alto en su vuelo y esperan la llegada de sus parejas o descansan de sus lances de amor con ellas.  En esos momentos es cuando les puedes hacer una foto, si has tenido la suerte de estar cerca.  C’est la vie, mon ami

Pero, con esa forma tan suya que tienen los Odonatos de enredarse en vuelo, los lances de amor acaban amerizando en algunas ramas de la charca cercana, para completar la función reproductora,  o en algunas ramas cercanas a la charca, por imprevistos de un vuelo alterado por las circunstancias.

Vuelo interrumpido: pareja de Anax parthenope encajadas entre dos frutos de adelfa

A pesar de su pericia en esos lances, normalmente bien resueltos después de una evolución de muchos millones de años  -250 dicen los sabios- , en el caso de las brujas Anax los lances dejan una impronta en la parte posterior de los ojos de la hembra, unas pequeñas marcas resultantes del roce, el apoyo o la presión que hacen en ellos las aristas de los apéndices del abdomen del macho que hace el agarre per collum, o sea, por el cuello o el cogote.
 

Marcas  post-tandem en la parte posterior de los ojos de una Anax imperator  (Corbet, 1957)

Eso, supongo, dañará la visión de los omatidios afectados por las marcas pero, habida cuenta del elevado número de omatidios que tienen las Anax en sus enormes ojos compuestos, probablemente tenga un efecto mínimo en la visión del individuo marcado. Y digo individuo, en el más amplio sentido de la especie, porque tales marcas se han encontrado tanto en machos como en hembras, como explica en sus libros Philip S. Corbet, entomólogo de reconocido y merecido prestigio y profundo conocedor de las libélulas. Al parecer, según Corbet y sus colegas, no siempre aciertan los machos Anax a distinguir si el individuo al que quieren hacer la presa per collum es un macho o una hembra. A saber si eso no provoca una efecto de aprendizaje en su proceso de evolución, una especie de  la próxima vez, cuando seas tú el de arriba, ten más cuidado que mira lo que pasa…
 

Hembra de Anax parthenope depositando huevos en un soporte típico de sus puestas

En el proceso de puesta en el agua de los huevos fecundados, es normal que los machos de Anax parthenope mantengan agarrada a la hembra, pero el efecto de la cópula parece ser mucho más duradero y, según referencias citadas por Corbet, hay hembras que continúan haciendo puestas varios días después de la cópula y, aún más, que la mayoría de las oviposiciones observadas no estaban inmediatamente precedidas por una cópula.  Juzgue el lector acerca de la eficiencia del proceso reproductivo y de quién lo hace mejor, si la hembra multiponedora o el macho unicopulador.

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La bruja Anax

Posted by Pele Camacho en 12 octubre, 2010

Es la más grande y la más impresionante de esas brujitas que parecen haber perdido sus caperuzas mientras vuelan con las patorras encogidas, como agarradas a los palos multicolores de sus escobas… Ésta es la “emperatriz” de todas las brujitas ibéricas: la bruja Anax imperator, tan grande como bella.

Va y viene sin parar, apenas la puedes seguir para apuntarle, la pierdes de vista, pero vuelve una y otra vez y tú aprietas el disparador con más fuerza que fe, intentas hacerle fotos pero…

Anax imparator, macho, patrullando como acostumbran

¿Qué puedes hacer cuando la bruja patrullea sin parar? En esas condiciones parece que tu visión de observador medio mareado, la rotación de la Tierra y todas las demás cosas que están por ahí dando vueltas influyen en las fotos y eso es lo que hay.

Cansado de intentarlo, dejas de apuntarle para admirar su acrobacia, su dominio del aire; la ves patrullar incansable, rítmica, como en un rápido movimiento perpetuo que me recuerda a este, de apenas 3 minutos:

Genio y figura de un maestro de leyenda: www.youtube_ Movimiento perpetuo

Y, de pronto…, de pronto hace un quiebro raro, empieza a volar distinto y se posa… ¡¡¡ se posa !!!, lejos, donde apenas la puedes ver, te acercas como puedes y… y ves que no está sola, que lleva agarrada una tierna y temblona Sympetrum fonscolombii, un “cucuruchito”, como dice el amigo Iñaki, al que le va cantidá el gore libelulero.

El “emperador de las brujas” y su “cucuruchito”: ha enganchado, al vuelo, una hembrita de Sympetrum fonscolombii

Como el cucuruchito era grande y el posadero incómodo, se cambió un par de veces y, con eso de “el que la sigue la consigue”, le hice varias fotos pero en ninguna me dejó ver mejor su “cucuruchito” y, aunque en alguna se viera más, no se veían mejor los azules turquesa del emperador de las brujas sin caperuza, algo muy especial que, difícilmente, se deja fotografiar muy pocos días.

En una pose más cómoda, para ella y para el fotógrafo, el “emperador” prosigue en su almuerzo

Las fotos fueron hechas cerca de unas charcas malagueñas, el 2 de Octubre de 2010, con la buena compañía del amigo Manuel, al que le gusta ver libélulas y otras brujitas malagueñas.

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Kirbyi azafranada y Colours

Posted by Pele Camacho en 21 junio, 2010

Los colores que observamos en el cuerpo o las alas de los insectos son debidos, en la mayoría de los casos, a pigmentos elaborados por las células ectodérmicas, es decir, las más superficiales de la zona coloreada. Esos colores cuticulares suelen ser permanentes, aunque pueden sufrir alteraciones con el tiempo o por efecto del medio ambiente. El color azafranado que tienen determinadas zonas de las alas de algunos odonatos son, por ejemplo, colores cuticulares causados en algún momento del desarrollo por pigmentos que afloran a la superficie, o visibles a través de una finísima capa protectora superficial en esas zonas coloreadas.

Trithemis kirbyi,  hembra madura,  mostrando las manchas azafranadas de sus alas (1)

Yellow is the colour of my true love’s hair,
In the morning, when we rise, In the morning, when we rise.
That’s the time, that’s the time,
I love the best.(*)

En la mayoría de los odonatos, las alas presentan un aspecto hialino, es decir, diáfano o transparente a la luz solar que las atraviesa sin dar sensación de color. Sin embargo, los colores que se aprecian en sus alas, a veces no son debidos a pigmentos sino el resultado de fenómenos de interferencia de la luz reflejada entre las capas transparentes que tiene el ala, pues las alas de los odonatos tienen, al menos, dos capas de grosor variable según las zonas, y cada una de esas capas tiene un índice de refracción diferente. Esto causa una combinación de efectos de refracción y reflexión de la luz que incide en ellas, que se acentúa para aquella radiación cuya longitud onda “resuena” en una de las capas cuyo espesor es un múltiplo de tal longitud de onda. Es un fenómeno físico perfectamente conocido que da lugar, por ejemplo, a esas coloraciones variables, o iridiscencias, que se aprecian en un suelo húmedo donde ha caído una capa fina de aceite o gasolina que, a medida que se van evaporando o disolviendo, provocan cambios en los colores de la irisación.  Algo parecido ocurre en la emergencia de los odonatos, cuando empiezan a estirar las alas se observan irisaciones variables causadas por una capa liquida que recubre las alas que se va evaporando progresivamente, mientras se funden las capas que darán la consistencia y aspecto hialino definitivo de las alas.

Sympetrum sinaiticum, hembra recental, mostrando irisaciones en sus alas (2)

Green’s the colour of the sparklin’ corn,
In the morning, when we rise, In the morning, when we rise.
That’s the time, that’s the time,
I love the best.
Mellow is the feeling that I get,
When I see her, m-hmm, When I see her, oh yeah.
That’s the time, that’s the time,
I love the best. (*)

Sin embargo, cuando las condiciones de luz son escasas y el ángulo de incidencia de la luz con el plano de las alas está dentro de un cierto rango, se pueden producir fenómenos ópticos sorprendentes por efecto de la refracción de la luz en las zonas hialinas entre las nerviaciones de las alas.

Anax imperator, macho maduro, al contraluz en un clarooscuro del bosque (3)

Blue’s the colour of the sky-y,
In the morning, when we rise, In the morning, when we rise.
That’s the time, that’s the time,
I love the best. (*)

(*) Letra de una preciosa canción titulada “Colours”, de un cantante escocés de los 70’s, llamado Donovan. 

Puedes escucharla aquí: www.youtube_Donovan_Colours

(1) Junio 2010 – P.N. Los Alcornocales – Cádiz
(2) Junio 2009 – P.N. Montes de Málaga – Málaga
(3) Agosto 2009 – P.N. Despeñaperros – Santa Elena – Jaén

 

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Emperaora

Posted by Pele Camacho en 27 abril, 2010

Las libélulas están entre los seres vivos con orígenes más antiguos. Hay fósiles de aspecto muy similar a las libélulas actuales que se remontan al periodo Carbonífero, hace unos 250 millones de años, mucho antes que aparecieran los dinosaurios y las aves, hace unos 150 millones de años, día más, día menos. Es famoso el fósil del protodonato Meganeura monyi del periodo Pérmico, con una envergadura alar de 70-75 cm. frente a los 19 cm de la mayor libélula actual, la Anax strenuus, una especie endémica de las islas Hawai. Sin ir tan lejos, en España tenemos la Anax imperator (Leach, 1815) que, sin ser tan grande, con su envergadura alar de casi 9 cm. es una de las más grandes de Europa, que no es poco.

¿Y quién le puso ese nombre tan “biensonante”?  Pues fue un zoólogo inglés, William Elford Leach (1790-1836) el que primero se fijó en ella con intención de bautizarla, cosa que hizo en 1815, por lo que cuando se nombra a la criatura con su nombre científico, como es costumbre, se incluye a Mr. Leach y el año en que lo hizo.

¿Y de qué va lo de Anax?  En la mitología griega Anax era un gigante, hijo de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra). Hesíodo, uno de los principales mitógrafos, considera a los gigantes seres divinos que surgieron de la sangre que Urano derramó sobre la Tierra cuando su hijo Crono (Saturno) lo castró con una hoz.  Como “el que a hierro mata, a hierro muere”,  el todopoderoso Zeus, hijo de Crono y un mal bicho, lo destronó y lo mandó al Tártaro, o sea, al infierno.
Así que, dentro de lo que cabe, el nombre científico que le puso Mr. Leach a nuestra libélula, se puede decir que, aparte de “biensonante”, estuvo bastante bien puesto, comparado a lo que se suele ver en otros insectos.

La criatura de la foto es una hembra de Anax imperator que estaba tomando el solecito plácidamente en un arbusto al borde de una laguna, descanso que suelen abandonar apenas para comer -son voraces predadoras de otros bichejos-, copular y ovipositar, como muestra la siguiente foto.

Ni ovipositar ni oviponer son palabras reconocidas por la RAE, pero son las que se usan, casi exclusivamente, para referirse al acto con el que los insectos, libélulas en nuestro caso, depositan sus huevecillos de los que algún día emergerán las ninfas -otro nombre mitólógico prestado a los insectos- que pasan su vida sumergidas en alguna charca, devorando otros bichejos, hasta que de ellas emerjan las libélulas de la siguiente generación. Fascinantes…

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