Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

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Pequeña ninfa de cuerpo rojo

Posted by Pele Camacho en 4 julio, 2011

Algo parecido al título de esta entrada podría ser la traducción de Pyrrhosoma nymphula (Sulzer, 1776), posiblemente, uno de los primeros nombres que, utilizando el sistema binomial de Carl Linnaeus, acudió a dioses y semidioses famosos de la mitología griega para denominar con ellos a libélulas y otros semovientes, pues Johann Heinrich Sulzer (1735-1813), contemporáneo de Linnaeus,  fue un entomólogo suizo que adoptó el sistema binomial en dos libros que escribió sobre insectos, dándole el visto bueno al sistema y el paso a la fama futura a Linnaeus, por haber ideado un sistema para nombrar a toda clase de bishos y yerbas.

Nymphulo, aburrido sin nymphula,  posando sobre unas yerbas en el borde de un arroyo

Nymphula es una especie de diminutivo cariñoso que Sulzer empleó para denominar binomialmente a unos simpáticos bichejos que debieron recordarle a aquellas diosas menores, las ninfas, que en la imaginación de los antiguos griegos, alegraban la naturaleza con sus danzas, sus cantos y otros encantos; la imaginación de artistas, escritores y, por lo que parece, también la de entomólogos, se desbordó especialmente con ellas y, desde tiempos remotos, las ninfas han sido imágenes de la belleza y la sensualidad. Todo un honor para la Pyrrhosoma nymphula haber sido etiquetada con ese nombre.

  Por una mirada, un mundo…

En el campo, cerca de los arroyos por donde merodean, es fácil confundirlas con la Ceriagrion tenellum de la entrada anterior: las dos se suelen ver por las mismas fechas y los mismos sitios, ambas son rojillas y casi de igual tamaño -algo más grandecitas y agresivas las Pyrrhosomas –literalmente, cuerpo rojo- pero cuando se las enfoca con el macro enseguida se aprecian los identificadores de las Pyrrhosomas: los anillos negros que separan los segmentos del abdomen y las marcas en los segmentos finales de los machos;  en las hembras destaca la mirada enigmática de sus ojos rayados con líneas contrastadas, que también tienen los ojos de los machos, pero no tan llamativos como en las hembras.

  Por una sonrisa,  un cielo…  (Gustavo Adolfo Becquer)

Como los rojillos de la entrada anterior, se lo pasaban pipa mientras confundían al fotógrafo frente al fondo pardo de un arroyo, un día del último fin de semana de Junio, cerca de Despeñaperros, en Santa Elena, Jaén.

Y mientras tanto, también, los pobres griegos contemporáneos nuestros lo pasan mal, posiblemente, por olvidar algunos personajes de su mitología y algunas enseñanzas de sus antiguos filósofos… ojalá salgan pronto del arroyo donde están o los han metido, echando una imaginación como la que echaron sus antepasados con los mitos…  ¡Suerte, griegos!

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Tres fases y una flor

Posted by Pele Camacho en 7 abril, 2011

Se podría decir que la reproducción de aves, reptiles y peces pasa por dos fases, utilizando el huevo como fase previa. Sin embargo, no se habla de metamorfosis en esos animales, aun siendo innegable que entre las dos fases hay una profunda transformación, que es lo que quiere decir metamorfosis. Tal vez, solo se merece la palabra cuando al menos hay tres fases o estadios, como en los Odonatos, a los que se denomina hemimetábolos para indicar que su metamorfosis es incompleta, frente a los holometábolos que tienen metamorfosis completa, es decir, cuatro fases que culminan en la de adulto o imago con la capacidad bíblica del “Creced y multiplicaos”, reiniciando esa primera fase que algunos llaman “ovoposición” y otros “oviposición”, aunque ni la RAE ni los diccionarios ingleses recogen palabras con ese sentido, como si fuera suficiente con lo de “ovíparo”.
Los lepidópteros son insectos holometábolos y sus huevecillos son diminutos, difíciles de ver y encontrar, si no se tiene la suerte y referencia de alguna hembra en la típica actitud de puesta con el abdomen curvado. Muchas de ellas suelen hacerlo en horas y lugares impropios para la fotografía. Son, por tanto, infrecuentes los encuentros con la primera fase; por el contrario, los individuos de la segunda fase suelen ser fáciles de ver y llamativos, tanto en su aspecto como en su comportamiento.

Oruga de  Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), sobre una hoja de Aristolochia, su planta nutricia

Las orugas o larvas de lepidópteros se desplazan con relativa lentitud, siendo presa fácil de sus depredadores. Es una fase en la que se alimentan vorazmente de sus respectivas plantas nutricias, para alcanzar en poco tiempo el tamaño y madurez necesarios para cambiar a la siguiente fase; mientras tanto, muchas de ellas suelen adoptar formas repelentes, cubriéndose de pelos urticantes, de espinas múltiples y, frecuentemente, mostrando coloraciones aposemáticas que ahuyentan a posibles depredadores, como se comentó en la entrada anterior, “Veneno en la piel“. No se puede negar que su aspecto parece anunciar posibles disgustos gastronómicos y digestivos.

“Candilillo”, flor de Aristolochia baetica, planta nutricia de muchas Zerynthias hispanas

En la protección aposemática, además del color está el sabor y, quizás, hasta el olor adquirido de algunas plantas nutricias que contienen sustancias tóxicas que la oruga metaboliza manteniendo la toxicidad que, supuestamente, debe producir algún disgusto a más de un predador potencial. Es el caso de las orugas de Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), cuyas plantas nutricias casi exclusivas son las del género Aristolochia, ricas en aristoloquina, un tóxico irritante de mucosas que, probablemente, desagrade a más de un pajarillo aficionado a incluir orugas en sus dieta. Y, por si fuera poco, también tienen alcanfor, esa sustancia de olor fuerte que ahuyenta a perros y gatos “meones” y, posiblemente, a más de un pajarillo.

Crisálida de Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), entre hojas de Aristolochia baetica

Los encuentros con la tercera fase son infrecuentes; antes de transformarse en crisálidas, las oruguitas suelen esconderse en algún lugar al abrigo de sol intenso, lluvias o, simplemente, depredadores. “Encuentros en la tercera fase” fue la traducción de título que aquí dieron a la segunda película de Steven Spielberg, con un tema también infrecuente por aquella época. Luego lo completó, más o menos, con “ET”, para mi gusto, mucho mejor película, aunque nos dejó con la duda de cuantas fases tenía la especie de ET. La crisálida de las Zerynthias es, como todas las de mariposas, sorprendentemente pequeña para contener, aunque sea muy bien plegado, el imago que saldrá de ella. Observándola cuando falta poco para la eclosión, a través de esa especie de tapadera traslúcida se perciben detalles del futuro imago.

Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), la Arlequín, un nombre popular tan bello como ella

Los imagos de Zerynthia rumina -mariposa Arlequín, la llaman por ahí- tienen una aspecto aposemático indudable. De hecho, parece que no le atacan los pájaros insectívoros. Pero, dejando aparte matices nutricionales, la mariposa Arlequín es, además de hermosota, sobre todo las hembras, una de las más bellas de nuestras latitudes. Hace pocas semanas han empezado a volar las primeras. La de la foto lo hacía el pasado 1 de Abril, en el PN Montes de Málaga.

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Ojos de caramelo

Posted by Pele Camacho en 25 marzo, 2011

La familia Libellulidae, o de los libelúlidos, es la más numerosa dentro del orden de Odonatos.  Dicen que tiene más de 1000 especies, porque comprende subfamilias -o géneros- tan importantes y famosísimas como las Sympetrum, Crocothemis, Trithemis… y así, hasta 15, entre ellas la subfamilia Libellula (Linnaeus, 1758), una de las más antiguas y de recio abolengo, como corresponde y merece el patriarca Carl Linnaeus (1707-1778) que la apadrinó.

Libellula depressa (Linnaeus, 1758), macho adulto, mostrando una gruesa capa de pruina resquebrajada

Con sus cuatro especies en Europa, se podría decir que la subfamilia Libellula sería familia numerosa, pero en España no llegaría al mínimo exigible porque solo dos de tales especies tienen representantes en la peninsula:  Libellula quadrimaculata (Linnaeus, 1758), la más escasa, que se encuentra mayormente bordeando cordilleras y aledaños, allende la ancha franja de Galicia a Cataluña, y Libellula depressa (Linnaeus, 1758), ampliamente distribuida por la península ibérica, pero aquende Andalucía, hay bastante zonas  donde no se la ve.

El mismo ejemplar macho de Libellula depressa, mostrando más en planta su ancho abdomen

Su nombre describe lo que parece: una señora libélula de anchas caderas y mucho carácter. Es una Libellula más bien grandota, con un abdomen ancho, como aplastado, o sea, depressa, dicho en latín paladino. También parece que, consciente de su envergadura, tiene un carácter peleón, de pocos amigos, como para disfrutar espantando a cualquier pariente que pueda haber en las proximidades del posadero que haya elegido; porque, aunque no sea exclusivo de ella, suele actuar en sus patrulleos de forma repetida:  permanece vigilante…, levanta vuelo…, vuelve al mismo sitio…, y repite la secuencia  varias veces, y aunque la ruta del patrulleo varíe, el posadero queda como punto fijo en propiedad, hasta que se cansa de demostrar que aquel entorno es suyo y lo deja con su vuelo rápido y potente.

Macho de Libellula depressa vigilando desde un junco, donde parece disfrutar meciéndose

En lo de “posadero” -ya lo dije en la entrada Azul oscuro, casi negro –  la RAE mantiene pose y pierde paso: no tenemos sustantivo para referirnos al lugar donde se realiza la acción del verbo “posar” que es, “dicho de un ave u otro animal que vuela, o de un avión o un aparato astronáutico: Situarse en un lugar o sobre una cosa después de haber volado”, y aunque el mal-usado “posadero” suene a dueño de posada -lugar de reposo-, posiblemente, será mejor entendido que el sustantivo “percha” que ya he leído varias veces al describir lo que, en sentido libelulero, llamo “posadero”.  ¿De dónde salen o están esas “perchas”?  pues, mire usté, qué casualidad, supongo que vienen de “Percher”, nombre que algunos angloparlantes dan, precisamente, a las especies de la familia Libellulidae, sustantivando el verbo “to perch” que significa “posarse”, y aunque “perch” también signifique “percha”, las libélulas posan, o se posan, pero no se cuelgan como una camisa, una falda…, o sea, que lo de “percha”, como que no… aunque también me queda una duda:  ¿Cómo se referirán tales angloparlantes a las libélulas que “se posan”,  pero que no son “perchers”?

Ojos de caramelo, manchas alares de color café… un bisho sugerente

Con su cuerpo azul-pruinoso  y sus ojos, pardos y brillantes, como de caramelo, los machos de Libellula depressa recuerdan a los adultos veteranos de Orthetrum brunneum -entrada Morena clara -;  pero su ancho corpachón no engaña,  y sobre todo, las manchas de la base de sus alas, como restos de un café derramado en ellas, son suficientes para identificarla de manera inconfundible.   Es un bisho hermoso, precioso y con personalidad… de esos a los que gusta ver volar… y posar.

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