Sorpresas y paisajes

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Ponerse coloradas

Posted by Pele Camacho en 26 septiembre, 2016

Hace pocas semanas, mientras miraba y enfocaba algunos bishos que muestro más abajo, recordé una cancioncilla pegadiza y marchosona que, hace ya unos pocos años, con cimbreos y acordes andalusíes, media docena de danzarinas requeterepetían en la tele:

“…aunque parezca mentira 
me pongo colorada cuando me miras
me pongo colorada cuando me miras
me pongo coloraaaaada”

(puedes requeteescuchar la cancioncilla si requetepicas →“aquí” )

Ponerse colorao  como un tomate”, ruborizarse, es algo que pasa a personas vergonzosas, pero el colorao desaparece pronto, como si fuera mentira, y poco después de parecer un piel roja vuelven a tener el rostro pálido. Todo lo contrario pasa en algunas libélulas que “se ponen coloradas” de manera permanente porque, marchosas ellas y amantes del sol, consiguen cambios de color por la pruina que generan sus cuerpos con la calor, como una capa protectora que progresa adecuadamente y les dura hasta el fin de sus días. De la pruina trataba la entrada  “Pruina y pruinosos”picar para ver– que ahí se enlaza por si fuera de interés.

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Macho recental de Trithemis kirbyi- Selys 1891, con pálida cutícula sin mancha de rojo alguno

La mayoría de los odonatos emergen de su fase de ninfas con una cutícula de un lustroso color marfileño y algo reluciente, como el que muestra la foto de ese recental de Trithemis kirbyi – Selys 1891 .  A las pocas semanas de eclosionar rompiendo la cutícula de sus larvas,  según la especie y el sexo, evolucionan hacia unos colores céreos que varían en tono e intensidad, según su edad y el tiempo que han pasado al sol.

Generalmente, con su continuo “patrulleo” en busca de comida y pareja, los machos están al sol mucho más tiempo que las hembras y, en consecuencia, necesitan una mayor protección solar que ellas. A lo largo de millones de años, la evolución les ha dotado de un mecanismo de autogeneración de la pruina, una capa polivalente que actúa como filtro solar con el factor de protección adecuado. El color de la pruina varía de unas especies a otras, pero en esta entrada elegí como fundamental el rojo-colorado, para ser coherente con la canción y el título.

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Un adulto colorado de Trithemis kirbyi – Selys 1891: un color conseguido con mucha calor

Para ver lo que supone “ponerse colorada”, se pueden comparar las fases de adulto y recental de un macho de la libélula Trithemis kirbyi – Selys 1891: lo único que casi no ha cambiado de una etapa a la siguiente es el color casi negro de los pterostigmas, la forma de las celdillas de sus alas y las posiciones de las manchas ambarinas de las bases alares que, junto con las venas frontales, también han evolucionado hacia colorados más intensos.

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Macho recental de Crocothemis erythraea – Brullé 1832, con muy pocos días de vuelo

Quizás el enrojecimiento más brutal en la familia Libellulidae o de los libelúlidos, es el que se observa en los machos de Crocothemis erythraea – Brullé 1832.  Sus recentales, a los que no es fácil ver ni distinguir de las hembras jóvenes por el color,  son también de tonos marfileños que se van poniendo acaramelados a los pocos días de vuelo, pero se ponen rojos hasta los ojos al completar la fase de adulto, como muestra la foto de abajo. Parece que mientras son jóvenes suelen estar lejos de los adultos: no se les ve cerca de las charcas donde revolotean los veteranos.

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Macho adulto de Crocothemis erythraea – Brullé 1832, un veterano con muchas horas de vuelo

Entre las hembras de los odonatos no hay muchas que se “pruinicen” poniéndose coloradas, pero siempre hay excepciones, por ejemplo, en algunas especies de zigópteros  -caballitos- hay hembras que tienen trazos de algún color que les hace parecerse a los machos de su especie y, por eso, se las denomina andromorfas, es decir, con aspecto de machos. En relación a formas, colores y comportamientos, entre las hembras de Homo sapiens con rostro pálido también hay excepciones: algunas nunca se ponen coloradas como dice la cancioncilla ut supra, ni aunque a veces se “pongan de rojo” con chaqueta, falda, bolso… posiblemente, porque no son vergonzosas y, por eso, como no tienen vergüenza, el rubor no va con ellas. Son criaturas excepcionales en muchas cosas y casos.

Como en el orden de los odonatos los hay de muchos colores, también hay especies que de jovencitos son casi blancos y de adultos se ponen verdes. Un ejemplo está en el caballito Lestes viridis – Vander Linden 1825, quizás uno de los caballitos más grandes dentro de ese suborden con reminiscencias hípicas poco justificadas.

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Hembra jovencísima de Lestes viridis – Vander Linden 1825, apenas una hora después de eclosionar su ninfa-madre

La pruina es de tonos céreos en muchas especies, pero también hay ejemplos suficientes en los que muestran un brillo metálico que -no me extrañaría- puede suponer una reflexión de la luz y la calor solar que los ilumina, abrillanta y acalora. Desconozco si hay estudios que hayan analizado cómo puede disminuir la temperatura de tejidos anatómicos subyacentes, recubiertos por una pruina metalizada o por otra cérea de igual espesor y densidad. Yo los hubiera hecho, desde luego, pero dejando aparte tendencias científicas frustradas, en la foto siguiente se muestra una hembra madura de Lestes viridis, con su impresionante y resplandeciente verde metalizado. Por cierto, es otro ejemplo más, como aquellos de la reciente entrada “Una de caballitos”, donde se puede ver que muchos zigópteros posan con las alas separadas del cuerpo, pero casi siempre juntitas. Excepciones aparte, claro.

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Hembra madura de  Lestes viridis – Vander Linden ,1832,  vestida de verde y oro, con finura y elegancia torera

Recordando otros ambientes y colores, me viene a la memoria cierta clase -que algunas tribus llaman “casta”- de la especie Homo sapiens, que suelen pasar la mayor parte de su tiempo remunerado en “poner verdes” a otros de su clase y condición, citando operaciones que van desde el “blanqueo” hasta otras que suponen operar en o con algo “black” -o sea, negro – referencias, en fin, que a la mayoría de los “paganos” que les remuneran para parlotear menos y trabajar más, les supondrían cambios de coloración, por palidez o rubor. Pero todas esas clases, castas, clanes, tribus o lo que sean, como mucho, muestran algún tic nervioso de párpados, labios, dedos, piernas…, pero casi nunca rubor. Será porque tienen tan poca vergüenza como ganas y capacidad para trabajar en lo que deberían, supongo yo.  Pero esas son otras historias para “alucinar en colores”.

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Ofrenda a unas diosas

Posted by Pele Camacho en 7 junio, 2013

En los orígenes de la mitología griega, de la unión de Urano -el Cielo- y Gea -la Tierra- nacieron seis titanes y seis titánides. Una de las titánides era Themis, responsable de mantener el orden, las leyes y las buenas costumbres en el entorno divino.  En aquel grupo tan reducido, dioses y diosas se emparejaron a gogó, y así, el todopoderoso Zeus, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, se emparejó con su tía Themis (*) y nació Dice, a la que los romanos llamaron Iustitia, y así llegó a nuestra cultura la enemiga de todas las falsedades y defensora de las leyes y de la Justicia a la que dio nombre.

Con aquella mezcla de divinidades tan prêt-a-porter, cada mitógrafo contó el asunto a su manera y, en nuestros días, parece que el concepto romano de Justicia se asocia a la diosa Themis, mientras que Iustitia y Dice han quedado en un segundo plano.

Desde la noche de los tiempos, los homosapiens han querido estar a bien con dioses y diosas. Para ello, según los tiempos y culturas, ofrendaron a sus dioses desde doncellas y donceles hasta modestos cestos con frutas y flores… y hasta fotografías de libélulas hembras, que llevan el nombre de Themis, como un honor a la dignidad de los objetivos que representa esta titánide o diosa titánica.

(*) En la mitología hebrea  -hasta donde yo sé- Caín y Abel no tenían hermanas, ni tías ni primas, entonces… ¿cómo se continuó la especie?

IMGP4781_1200_729KN_SM A  Themis, diosa madre, una hembra madura de  Crocothemis erythraea

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Como si fuera la más hembra de todas las libélulas, en las hembras de Crocothemis erythraea (Brullé, 1832) hay un elemento que destaca al final del abdomen: la prominente espina vulvar con la que se enganchan a la genitalia secundaria de sus machos. Es una libélula rubia y llamativa, hermosa y fuerte, como podría imaginarse a Themis.

El origen del sufijo “-themis” en el nombre de algunas libélulas no está claro: es posible que se aplicara a un género concreto con el origen mitológico comentado y que se continuara en otros géneros con algunas características comunes, como se aplicaron, por ejemplo, los sufijos “etrum” o “cnemis” a otras familias.

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A  Iustitia, la diosa romana con venda en los ojos, una hembra joven de Brachythemis leucosticta

Se suele representar a la Justicia como una dama con ojos vendados para no dejarse influir por el aspecto de los “presuntos”. Las hembras de Brachythemis leucosticta  (Burmeister, 1839) presentan en sus ojos unas bandas que recuerdan, en su aspecto y en su grafía, la venda que cubre los ojos de la Justicia. Podría servir como ofrenda para aquella diosa romana de segunda generación.

IMGP8919_1200_1432KN_SMA Dice, diosa de la justicia en el mundo humano: una hembra de Selysiothemis nigra sobre una dura roca

Las  hembras de Selysiothemis nigra (Vander Linden, 1825) posan frecuentemente en el duro suelo o en hierbas casi rastreras, como si buscaran su sustento a baja cota, un hecho comprobado en sus primas Brachythemis;  “Dura lex, sed lex”, dice un latinajo clásico en muchos recintos donde fiscales, jueces y juezas, supuestamente, deben preparar e impartir la Justicia: “La Ley es dura, pero es la Ley”, como si de una roca se tratara.  Pero, injustamente, en el mundo humano parece que la ley no es igual de dura para todos: es más dura para algunos y, sobre todo, muy leeeeentaaaaa… para otros, tan lenta que, a veces, el delito prescribe o el “presunto delincuente” se muere sin terminar de ser juzgado, después de mucho-marear a la Justicia aunque ésta llevara venda.

En sus representaciones artísticas, Themis tiene una balanza en una mano para medir el desequilibrio del hecho a juzgar y una espada en la otra mano para castigar a los delincuentes.  Ya referí en una entrada anterior que libélula viene del latín libellula, un diminutivo de libella que era, a su vez, diminutivo de libra, la balanza de dos platos que lleva la Justicia. Parece que el nombre original de libellula se le puso a los odonatos porque, como las balanzas, son capaces de mantenerse en equilibrio en el aire, batiendo sus alas sin desplazarse.

IMGP9949_900_828KN_SMMacho joven de Trithemis annulata, manteniendo en equilibrio la posición de obelisco

Las poses en obelisco de algunas libélulas, como las Trithemis annulata (Palisot de Beauvois, 1807),  permiten observar una simetría, un equilibrio que recuerda el de una balanza en reposo, pero no es fácil para mi imaginación encontrar una imagen de libélula que evoque a la espada de la Justicia.

Como ser un dios debe ser chollo, algunos mortales de la variedad homolistos, con aspiraciones ambiciosas y sobrados de soberbia se endiosaron a sí mismos y, al socaire de ciertas organizaciones, surgieron individuos de “medio pelo”, aunque algunos con bigotes, patillas, melenas o medio calvos que, saltando sobre las buenas costumbres y las leyes, intercambiaron ofrendas tan variopintas como caudales públicos, coches, viajes, trajes, bolsos, “gramitos de caviar”… y hasta confetis. En estos tiempos, años después de los hechos -“en diferido”, que dicen por ahí- la Justicia, dando muchas vueltas, les busca las vueltas con su espada desenfundada, pero esas son otras historias.

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La Roja, los rojillos y otros importantes

Posted by Pele Camacho en 3 julio, 2012

No hace mucho, un presi dijo “…vamos a superar a Alemania e Italia…”, y añadió “en renta per cápita” y se pasó de optimista, claro, porque si hubiera dicho “con la Roja” habría hecho un pleno, pues parece que la Roja es casi lo único capaz de dar alegrías colectivas a este país pluriengañado y pluscuamrecortado. Sí, hacía tiempo que este país no disfrutaba un alegrón colectivo como el del domingo con la Roja; casi desde los mundiales de Sudafrica, diría yo… que apenas soy futbolero, porque en aquellos tiempos de burbujas sin reventar, la euforia rebosó con los rojillos y hasta los odonatos subieron de tono en una entrada que titulé ”La Roja y una roja -pica para verla-”.

El día de la final de la Eurocopa 2012, la emoción y los nervios también estaban en rojo, subiendo un punto más cuando a los 13 minutos Silva marcó el primero de los rojillos, de un cabezazo, como si fuera un Ceriagrion tenellum que, mirando a derecha e izquierda, hubiera visto como el balón le venía de Cesc y donde tenía que ponerlo. Y lo hizo. El primero: 1-0.

Ceriagrion tenellumSilva, minuto 13, de cabeza, ¡1-0!

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

El segundo se retrasó hasta los 41 minutos, con un pase magistral de Xavi a Jordi Alba, una centella que hizo un sprint por la zurda, superó al defensa italiano y se coló en picado ante el portero “azzurro”, como si fuera un Sympetrum sinaiticum. Imparable de velocidad y puntería. ¡Hala, al descanso con un 2-0 en la mochila!

Sympetrum sinaiticum: Jordi Alba, minuto 41, como una imparable centella roja   ¡¡ 2-0 !!

Los azzurros salieron peleones al segundo tiempo y San Iker  tuvo que revalidar su prestigio. Empezaron los cambios para mantener el impulso y el niño Torres entró cuando apenas quedaban 15 minutos de partido. El “niño” va sobrado de eso que en Física se conoce como “cantidad de movimiento”, el producto de la masa por la velocidad: es como un Crocothemis erythraea, grandote y con reprise; Xavi le pasó un torpedo y  Torres se puso “a bola de pichichi” de la Eurocopa con el 3-0.  Quedaban menos de 10 minutos y aquello estaba cantao: las gradas rojas berreaban de gustirrinin.

Crocothemis erythraea: niño Torres, minuto 83, su tercero es el  ¡¡¡ 3-0 !!!

Y entró Mata cuando apenas quedaban 5 minutos; parecía que era una entrada “testimonial”, pero le puso empeño y el niño Torres, con un toque mágico de tobillo, le pasó un regalo redondo a pocos metros. Y Mata remata dos minutos después de entrar al campo, Torres cede su pichichi y la roja consigue el 4-0. Es la guinda del partido, roja como un Pyrrhosoma nymphula.

Pyrrhosoma nymphula: Mata remata, minuto 87, la guinda del  ¡¡¡¡ 4-0 !!!!

La UEFA, organizadora del evento, proclamó ayer a Iniesta como el mejor jugador de la Eurocopa, ¡qué mostruo, el Andresito! como la Trithemis kirbyi, que en apenas cinco años ha conquistado media peninsula. 

Trithemis kirbyi: Andrés Iniesta, el mejor de la Eurocopa según la UEFA

¡Ah! pero no todos eran rojillos: alguien tenía que llevar el gualda de la enseña nacional y ese era Casillas, San Iker, que parecía un Sympetrum sinaiticum jovencito, de amarillo casi dorado. No se le puede negar que -penalties portugueses aparte- suyo es el mérito de los 0’s -ceros- conseguidos por los contendientes. Una suerte contar con él.

Sympetrum sinaiticum jovencito: Casillas, rápido como un relámpago. Portero de grana y oro.

Y no voy a cerrar esta entrada sin citar a Don Vicente del Bosque, tranquilo él, maestro de rojillos y, en buena parte, responsable de los éxitos de la Roja desde que el Madrid no le renovara por considerar sus “métodos obsoletos”.  Como el Mister en el campo suele vestir de gris oscuro, casi negro, la única libe que medio puede representarlo es el macho de Diplacodes lefebvrei, así que  ¡va por usted, maestro!

Diplacodes lefebvrei: Don Vicente del Bosque, el Mister, el Man for President

Dice hoy un “medio” que el Nobel de Economía Paul Krugman ha felicitado a España por la victoria y, también, que la “felicidad” que siente la población con un acontecimiento de este tipo puede ayudar a que se gaste un poco más y se experimente mayor “autoconfianza”. Sería el mejor remate: la Roja, el brote verde verdadero que necesitaba el país para romper la racha del “cuesta abajo y sin frenos”. 

Y en este contexto, le diría yo al Mister: “Don Vicente ¿por qué no se presenta a presidente?… no, por favor, no me diga que es hombre de pocas palabras, porque eso, como poco, indicaría que oiríamos menos mentiras de las que últimamente estamos oyendo, aunque ya no nos engañen, porque no es igual mentir que engañar… preséntese, señor, que votos no le faltarán, sacaría más votos que los “profesionales” de la mentira y, total, las cosas importantes que tendría que decidir en su mandato, las van a ordenar desde Bruselas o Berlín…” Menos mal que ganamos la Eurocopa, porque en lo demás, vamos apañaos…

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Rojo y gualdas

Posted by Pele Camacho en 19 febrero, 2011

El rojo es un color que abunda en los odonatos.  Hay varias especies cuyos machos tienen un intenso color rojo que les hace destacar entre los colores del entorno donde se mueven. De todos ellos, quizás, el más notable es el macho de Crocothemis erythraea (Brullé, 1832) que, con un abdomen ancho y una envergadura que se acerca a los 45mm, luce un rojo intenso y vivo, extenso “de cabo a rabo”, es decir, de cabeza a patas y cercoides anales.  Como si fueran conscientes de su tamaño, suelen tener un vuelo “suficiente”, agresivo, rápido… como muy seguro de sus capacidades. Para darles un toque aún más atractivo, en la parte posterior de sus ojos resalta una fina línea azul clarita, que contrasta agradablemente con los rojos circundantes, y en la base de sus alas hialinas tienen unas transparencias azafranadas no muy extensas, pero suficientes para ser visibles a simple vista y para darles nombre: “crocus” es el nombre latino del azafrán que, en griego latinizado, fue “crocos”; lo de “themis”, como en las otras especies de odonatos con ese mismo sufijo que ya comenté, es la evocación del equilibrio en el aire de las libélulas, del signo Libra, de la balanza de dos brazos símbolo de una diosa de la Justicia… en fin, un animal precioso hasta en el nombre.  Los angloparlantes les llaman “scarlet”, escarlata, un nombre bien puesto, tan bello como su color.

Rojo a tope,  un macho maduro de Crocothemis erythraea  (Brullé, 1832)

Como en otras especies de odonatos, las hembras de Crocothemis tienen colores más discretos, marcando diferencia con sus machos en un dimorfismo sexual que sería casi increíble si no lo demostraran con sus rápidos tándems amorosos, que ejecutan en vuelo con una maestría asombrosa y que, en su combinación de colores, recuerdan los ”rojo y gualda de la enseña nacional”.  Si yo tuviera que ponerles un nombre vernáculo y celtibérico, posiblemente, les llamaría “españolas”, por evocación y porque sí.

“Gualdas” en evolución, amarillos en una hembra adulta de de Crocothemis erythraea

Lo de “gualda” es un color que, mayormente, los hispanos asociamos al amarillo de nuestra bandera, pero antes que el de la bandera,  “gualda” era, como-todo-el-mundo-sabe, el nombre vernáculo de la Reseda luteola, una planta silvestre de la que, al parecer, se sacaban tintes amarillos antes de que la síntesis química arrasara las costumbres ancestrales… De suyo, luteola, como el adjetivo lúteo, viene del latín “luteus”, que significaba amarillo, y es una raíz latina que se aplica a muchas palabras y conceptos relacionados al amarillo, por ejemplo, la “mácula lútea” que aloja la fóvea con la que distinguimos los colores.  El amarillo de nuestra bandera, sin tonos ni detalles, se definió allá por tiempos de Carlos III, a finales del siglo XVIII, pero en lo de “gualda” me “pieldo”, o sea, que no sé a quién se le ocurrió…

“Gualdas pálidos”,  en una hembra jovencita de Crocothemis erythraea

Pero, sabido es, el color de los odonatos es algo cambiante, normalmente, más en ellos que en ellas, que también.  Los “gualdas” de las hembras de Crocothemis son unos amarillos que, de jovencitas, como en tantas otras libélulas, son pálidos, unos tonos marfileños que,  poco a poco, evolucionan a medida que sus cutículas se tintan con los pigmentos que generan en su hipodermis y van oscureciéndose, de forma que, cuando pasan a ser Crocothemis muy maduras y veteranas, cuando en castizo se dice que “saben latín”, parece que aumentara su belleza;  sus colores son más intensos, sus ojos más azules, y después de tanto sol veraniego parecen haberse bronceado y su color cuticular pasa a ser un amarillo tostado, un color indefinido que habría que identificar por alguna referencia del catálogo Pantone, para no confundir.

La culminación de los “gualdas”, amarillos oscuros en una hembra veterana de Crocothemis erythraea

De manera inconfundible, a simple vista, lo que desde jovencitas permite identificar a cualquier hembra de Crocothemis y distinguirlas de otra hembra de libélula que pudiera parecérsele, es su prominente lámina o apéndice vulvar, casi perpendicular al segmento S9 donde acaban.  En castizo, se podría decir también que las hembras de Crocothemis, son unas hembras “de bandera”.

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Terrible, pero no siempre…

Posted by Pele Camacho en 8 octubre, 2010

La Orthetrum trinacria tiene fama de ser una criatura voraz y a ello, posiblemente, coopere su aspecto un tanto tétrico, como una daga de espadachín, o incluso de espadachín, envuelto en atuendo negro, cual capitán pirata o pistolero de leyenda, que aguardara escondido a la incauta víctima inocente que pasará  por allí sin haberlo visto.

Coenagrium scitulum, macho, posando impunemente delante de un Orthetrum trinacria macho

Durante un tiempo suficientemente largo, estuve esperando captar  la “tragedia” de un momento a otro, pero no llegó.  El Coenagrium scitulum, con su vuelo suave, hizo unas cuantas poses y espantadas, lo mismo que hizo el Orthetrum trinacria, pero en ningún momento vi una intención agresiva.  Se ignoraron olímpicamente.

Crocothemis erythraea, macho, tranquilo ante la mirada de dudosa intención del Orthetrum trinacria

Hasta el momento en que el hambre apremia, parece haber sitio para todos,  “Tóo er mundo e’ güeno…”  y, hasta rojos y azules, a diferencia de sus imágenes de homasapiens ibéricos,  parecen vivir en armonía.

En la naturaleza  -salvo en la del homosapiens–  rara vez se usan los recursos “porque sí”; porque en la naturaleza existe el “ocio”, pero no el “negocio”, y lo que a vista de homosapiens podría ser considerado como una oportunidad de negocio o un placer gastronómico gratuito, para un depredador natural no pasa de ser un “elemento observable” que solo excita sus feroces instintos si sus necesidades lo requieren para vivir.

Atrevimiento y displicencia

Pero cuando el instinto dice “aquí estoy yo”, ese mundo de paz franciscana se transforma en algo terrible, casi diabólico, donde todo vale y donde la realidad supera a la imaginación.

Predadores y presas: algo natural para la supervivencia y el equilibrio ecológico

El ataque a la presa suele ser rápido y certero, como corresponde a unos maestros del vuelo acrobático, guiados por un sistema de visión sofisticado que les permite cazar al vuelo como si fueran las rapaces de su medio. Una vez que la presa ha caído entre las espinas de sus patas, entra en acción el sistema triturador con la fuerza de sus mandíbulas de Odonato.  Los ojos y la cabeza de la víctima serán lo primero en desaparecer. Impresionante…

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No es bueno que estén solos…

Posted by Pele Camacho en 27 septiembre, 2010

Después de la entrada anterior, solo de machos, me dije que la siguiente debía ser solo de hembras, porque las hembras, sean de libélula o no, son tan importantes como los machos en la naturaleza, o incluso más, si se piensa en la partenogénesis o los inventos y clones de la biología moderna.

Pensé un “Falta algo si los machos están solos…” y me acordé de aquella frase bíblica “No es bueno que el hombre esté solo…del origen de la creación, según dice el Génesis, libro anónimo y primero del Antiguo Testamento, cimiento común de la religión hebrea y la cristiana.  La frase, supuestamente pronunciada por el creador del hombre, parece decir que el creador hubiese dejado algo pendiente en su primera faena –como el autor de estas entradas-  aunque  ¿le dijo alguien a los anónimos autores que la frase fue dicha por el creador o se lo inventaron ellos? ¿Por qué el hombre fue creado antes que la mujer? con lo fácil que habría sido que la primera mujer pariera al primer hombre o hacer a los dos de una tacada y del mismo barro, en lugar de aquello de la costilla de Adán de la que salió Eva… pero como no quiero meterme en barrizales dejó el asunto bíblico aquí. Amén.  Pero la famosa frase tiene su aquel y se ha “clonado” en novelas, películas, canciones…como aquella de Víctor Manuel que decía:

No es bueno que el hombre esté solo
se vuelven igual que los lobos
que caigan, que crezcan, que sangren, que duela
que no se sometan, que escapen, que metan.


Y parece que a los libélulos también les va la letrilla de la canción porque, cuando están solos, se enredan en grescas que, probablemente, no serían tantas si por allí tuvieran compañeras con las que hacer sus “ruedas del amor”, esos tándems únicos en la naturaleza conocida desde los tiempos del Génesis. Por cierto, menos mal que la RAE define tándem como “Conjunto de dos elementos que se complementan”, porque antes de leer eso solo me sonaba a bicicleta de dos plazas.

Si es fácil la confusión de machos al intentar identificarlos por sus colores, no lo es menos con las hembras, pues ellas suelen tener colores menos intensos que los machos maduros de sus respectivas especies.  Compare el lector algunas fotos de la entrada anterior con las respectivas de ésta y verá…

Crocothemis erythraea, hembra adulta, mostrando su espina vulvar en el extremo del abdomen

Así surge de nuevo la relevancia identificadora de las genitalias, prominencias que los machos muestran en los bajos de sus segmentos S2, mientras que las hembras parecen ocultar las suyas, las espinas vulvares, entre S8 y S9.

Crocothemis erythraea, hembra de emergencia reciente, mostrando ya su espina vulvar prominente

Algunas hembras, como las de Crocothemis erythraea,  muestran su espina prominente desde muy jovencitas. Casi recuerda un gatillo disparador. Podría decirse que es una espina vulvar “conspicua”, muy conspicua…

Hembra adulta de Sympetrum meridionale, con espina vulvar apenas visible

En otras especies, como la Sympetrum meridionale, apenas se aprecia en sus hembras un mínimo relieve de sus genitalias, lo que también es suficiente para identificar “por omisión” u “ocultación”. Tienen una espina vulvar “inconspicua”, o sea, casi inapreciable, como si no tuvieran…

Hembra adulta, vieja, de Sympetrum striolatum, mostrando una espina vulvar de tamaño mediano

Y entre esos máximos y mínimos, toda una gama de espinas vulvares con tamaños, formas y colores difícilmente apreciables a simple vista y, muchas veces, invisibles en las fotos.

Hembra joven, de  Sympetrum striolatum, muy diferente de la anterior, pero casi igual espina vulvar

Pero dado que parecen conservar la forma y el tamaño relativo de la espina vulvar, desde sus primeros días hasta su vejez, aunque sus colores difieran de manera que induzcan a pensar que son especies diferentes, la observación de ese apéndice, junto con algún otro dato de color o forma, puede ser la clave complementaria para identificar la especie, sobre todo en fases juveniles que es cuando más despistan.

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A propósito de obeliscos

Posted by Pele Camacho en 30 agosto, 2010

Un obelisco “de los de antes” era un bloque pétreo, alto y esbelto; un monumento por el que tenían debilidad los antiguos faraones que querían pasar a la historia contando las suyas con jeroglíficos grabados en las cuatro caras del supermonolito.  Los antiguos egipcios tallaban los bloques en las mismas canteras de donde salían, pero el transporte horizontal y la colocación vertical del obelisco tenían tanto o más mérito que la talla, porque entonces no había autovías, ni grúas, ni multinacionales que pusieran obeliscos verticales, lo que debía tener su morbo, pues cualquier inclinación-torre de Pisa podía terminar con el obelisco en el suelo. Esa verticalidad conlleva que todos los obeliscos proyecten una sombra en el suelo que cambia a lo largo de las horas y los días, como sabía el homosapiens desde aquellos tiempos de los egipcios, por lo menos, y las libélulas, desde mucho antes.

Las libélulas, con eso de estar casi todo el día al sol, necesitan algo que, de vez en cuando, reduzca las calorinas que tienen que soportar. Lo mejor que podrían hacer sería ponerse a la sombra, cosa que suelen hacer las hembras, listas ellas, pero si los machos hicieran lo mismo perderían dominio de territorio de caza y “pesca”, así que, puestos a sufrir, lo que hacen es levantar su abdomen apuntando al sol, como poniendo el culete respingón, para minimizar la incidencia de radiaciones en sus cuerpos, haciendo que los rayos solares les pasen paralelos o casi, y que su abdomen quede en una especie de “sol y sombra”.

Trithemis kirbyi, macho maduro, con pose de “obelisco” en un brote de adelfa – Nerium oleander

Cuando algunas libélulas adoptan esa curiosa postura, que recuerda un poco aquello de “hacer el pino”, se dice que están haciendo el “obelisco”, una expresión conceptualmente incorrecta y que induce a una confusión de cómo es esa postura inteligente, porque los obeliscos de piedra no apuntan al sol, sino que siempre lo hacen al cenit del lugar donde están empinados y, por eso, dan una sombra móvil, como la varilla de los relojes de sol.

Trithemis annulata, macho maduro, “haciendo el pino”, o en postura “obelisco”

Las libélulas que posan con esa intención termoreductora, permiten ver que la sombra que proyecta su cuerpo en el posadero es mínima, casi del mismo tamaño que la sección de su tórax, sin que su largo abdomen proyecte sombra alguna fuera del tórax por estar alineado con él y apuntando al sol, esté donde esté en ese momento, sin que el cenit del lugar tenga nada que ver en el apuntamiento.

Vista ventral de otro macho maduro de Trithemis annulata, minimizando sombras

La postura “obelisco”, a ciertas horas, permite ver fácilmente la parte ventral de las libélulas y observar su particular anatomía que, aunque no tenga la belleza simple de la zona dorso-abdominal, muestra mejor las estructuras ventrales y la disposición de las genitalias, que quedan relativamente ocultas en otras poses.

Vista ventral de un macho maduro de Crocothemis erythraea, con abdomen respingón

Este recurso de “hacer el pino” inteligentemente no es utilizado por todas las libélulas pero, en aquellos géneros que lo practican, mayormente los libelúlidos o Libellulidae, suelen hacerlo tanto los machos como las hembras, cuando éstas salen a tomar el sol.

Crocothemis erythraea,  hembra inmadura, en una vista ventral de aspecto extraño.

Aunque no tenga punto de comparación con las flexiones de sus proezas copulativas, la postura “obelisco” es algo forzada e implica una curvatura del abdomen respecto al tórax al que da sombra, perdiendo el alineamiento normal de las poses típicas. A veces adoptan posturas con una orientación casi cenital, pero la cabeza parece levantarse algo respecto al tórax, para mantener una mirada más horizontal que no mantendría si estuviese alineada con el tórax colocado casi vertical.

Trithemis kirbyi, macho maduro, con abdomen respingón, proyectando sombra impropia de obelisco típico

En esa postura “forzada” no siempre se apunta al sol y, a veces, se puede ver que el abdomen proyecta sombra, o sea, que el sol le está dando “de plano”. ¿Por qué curvan el cuerpo, si no es para reducir la radiación recibida?  Pues igual es para que alguna ligera brisilla les refresque por aumento de la convección del calor, como los homosapiens que se ponen a “tomar el fresco” o se abanican… pero de eso no hago apuestas.

Entonces, si lo de “obelisco” no es correcto ¿Cómo debería decirse?. Pues mire usté, desde antiguo se sabe del heliotropismo de los girasoles, por ejemplo, pero aunque el nombre de postura “girasol” fuera bonito, las libélulas con esta pose recuerdan más a un obelisco que a un girasol, o sea, que se seguirá diciendo lo de obelisco.

Los obeliscos modernos son huecos, se construyen in situ con grúas, hierro y hormigón. Son otra cosa, aunque algunos parezcan obeliscos altos, pero no esbeltos, como Obélix

Cuando hice las fotos de estas libes, volaban y retozaban felices por zonas cercanas a la Costa del Sol malagueña.  Sus poses en obelisco estuvieron, sin duda, muy justificadas.

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Trithemis kirbyi malagueña

Posted by Pele Camacho en 24 mayo, 2010

La libélula Trithemis kirbyi (Selys, 1891) es originaria de zonas áridas de África. Se la ha visto en lugares tan distantes como Namibia, Egipto, Arabia y hasta incluso en India.  El nombre que tiene se le asignó en honor de William Kirby, (1759-1850), un humilde clérigo inglés al que se considera como el fundador de la Entomología moderna. Su principal trabajo fue Monographia Apum Angliae, un estudio sobre las abejas en Inglaterra, escrito con una orientación científico-religiosa, que le introdujo en el mundo científico relacionado con los insectos. Es igualmente famosa su “Elementary Text-book on Entomology”, una excelente colección de más de 650 dibujos de insectos, entre los que apenas hay libélulas, publicada en 1885, así como “An introduction to Entomology”, un libro de 555 páginas, publicado en 1818.

Al parecer, es la última libélula que se ha incorporado a la lista de las 78 especies del orden Odonatos de la península ibérica. Hasta no hace mucho su presencia era casi desconocida y apenas existían referencias de ella en España, donde se la cita por primera vez en 2007. Posteriormente, los entomólogos españoles Cano Villegas y Conesa García, en 2009, en el número 44 del Boletin de la SEA, publican un artículo sobre la Expansión de la Trithemis kirbyi en la provincia de Málaga.  Cabe decir que, consecuentemente, apenas hay fotografías de la especie tomadas en nuestro país.

Los machos adultos tienen su tórax y abdomen de un color rojo intenso que recuerda al del macho de la Crocothemis erythraea, aunque son algo más pequeños y más esbeltos que los machos de ésta última especie. Sus elementos diferenciadores más significativos son las amplias manchas ambarinas en la base de sus cuatro alas, mayores en los machos que en las hembras, y los pterostigmas relativamente pequeños y de color negro.
Como cabía esperar, la evolución del color de su cutícula depende de la edad y del espesor del recubrimiento de pruina.  En las fotos adjuntas de un macho inmaduro, se puede apreciar que pasan por un color anaranjado que, en un par de semanas, llegará a ser de un rojo vivo. Las fotos  fueron tomadas cerca de Málaga, el 22 de Mayo de 2010, a las 11:50 horas.  No se vieron más individuos de esta especie en un tiempo de exploración de casi dos horas.

Fue el baron Michel Edmond de Sélys Longchamps (1813-1900), un rico aristócrata nacido en París, pero de nacionalidad belga, quien asignó el nombre científico de la Trithemis kirbyi en 1891 en honor a William Kirby.
Sélys fue considerado el principal experto en libélulas de su tiempo, siendo el autor, entre otras obras, de Monographie des Libellulidées d’Europe (1840) y Revue des Odonates d’Europe,(1850). Fue uno de los creadores de la Sociedad belga de Entomología en 1856, viajero incansable por Europa y miembro de honor de muchas sociedades entomológicas de su tiempo. Tuvo una enorme colección de Neurópteros y Ortópteros y asignó nombre científico a más de 1000 especies, lo que posteriormente causó confusión porque los criterios de aquel tiempo no tenían la corrección que se ha conseguido con estudios posteriores.
Llegó a ser presidente del senado belga en el periodo 1880-1884.  Es admirable la capacidad que tienen algunas personas para organizar y aprovechar su tiempo y hacer tantas cosas en su vida…

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