Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Posts Tagged ‘Despeñaperros’

Casi sin papeles

Posted by Pele Camacho en 19 septiembre, 2016

Podría decirse que la protagonista de hoy, la  Aeshna affinis – Vander Linden, 1820, vuela por ahí casi “como sin papeles”.  El nombre del género Aeshna, puesto en 1775 por el naturalista danés Johan Christian Fabricius (1745-1808), tiene un origen desconocido, como si Fabricius o alguien posterior hubiera “perdido los papeles” descriptores  donde estarían los motivos o razones para ese nombre del género, del que derivaría el de la familia Aeshnidae, o de los ésnidos,  definido por J.P. Rambur en 1842. Quizás el eslabón perdido lo fue por la juventud de Fabricius en 1775, porque se conservan como joyas otros muchos documentos suyos posteriores, como el que definió el orden de los odonatos en 1793.

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Un macho de Aeshna affinis, descansando, por fin…

Algunos investigadores modernos dicen que Aeshna podría derivar de una fusión de dos palabras griegas  –α, prefijo privativo y ισχνós, extenuado, cansado- con el significado final de “incansable”, un adjetivo que encaja perfectamente con su vuelo patrullador y cansa-fotógrafos.

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Macho de Aeshna affinis, patrullando y retando a fotógrafos 

Y con respecto al nombre específico de “affinis”, no puede decirse que Vander Linden estuviese muy inspirado para nominar su Aeshna cuando dijo para ella que era “afín”, o sea, “parecida” a la Aeshna mixta -Latreille, 1805. Si el parecido es en las características comunes, todas las especies de Aeshna serían affinis, pero quizás Vander Linden desconocía en 1820 que había otras Aeshnas identificadas con anterioridad a su affinis  y todas ellas tienen rasgos específicos suficientemente diferentes, o sea, que el “papel” descriptor de affinis, como irrelevante o inútil; miren, si no, la foto siguiente de un macho de Aeshna mixta, en su pose característica como colgando de la ramita que le vino bien.

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Macho adulto de Aeshna mixta-Latreille 1805, en una pose típica de esta especie

Solamente hay cinco Aeshnas celtibéricas, pero con una distribución geográfica muy irregular: únicamente la Aeshna mixta tiene cobertura peninsular; la Aeshna affinis ha sido vista mayormente en la mitad norte, en zonas disjuntas y, ocasionalmente, algún fotógrafo ha tenido la suerte de verla por Despeñaperros el pasado Julio.

Para no entrar en las “afinidades” mixta-affinis,  yo resaltaría una diferencia que pude constatar: los machos de Aeshna affinis retienen a sus parejas de cópula hasta que efectúan la oviposición, mientras que las hembras de otras Aeshnas realizan las puestas aisladamente, según afirman los expertos y observadores, es decir, sus machos se desentienden de ellas después de la fecundación.

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Pareja de Aeshna affinis, en descanso post-fecundación, pendientes de oviposición

En la foto anterior puede verse, con un pequeño esfuerzo, el detalle de la pinza que montan los cercoides del macho para agarrar la cabeza de la hembra: el cercoide central que se observa en la primera foto -llamado lámina supraanal-  se sitúa entre los ojos de la hembra sujetando por delante, mientras los cercoides laterales, también llamados apéndices anales superiores, sujetan por detrás de los ojos haciendo una pinza de precisión que, normalmente, no daña los ojos de la hembra.

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Volando hacia atrás, en un intento de desenganche con más fuerza que éxito

Pero una cosa es que la presa ocular no dañe los ojos -que alguna vez, sí- y otra que sea cómoda para ellas porque, a veces, se ve como ellas intentan desengancharse volando y tirando hacia atrás, doblando el abdomen del macho pero no su voluntad de mantener el tándem. Después de ver la duración de tales agarres “oculo-occipitales” y sus arrastres en vuelos supuestamente sincronizados, no extraña que sea difícil ver hembras a su libre albedrío: posiblemente, se esconden y sólo salen para comer o por el puro instinto de perpetuar la especie, porque en aquel arroyo solo eran visibles machos patrullando o parejas con hembra prisionera.

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Pequeña ninfa de cuerpo rojo

Posted by Pele Camacho en 4 julio, 2011

Algo parecido al título de esta entrada podría ser la traducción de Pyrrhosoma nymphula (Sulzer, 1776), posiblemente, uno de los primeros nombres que, utilizando el sistema binomial de Carl Linnaeus, acudió a dioses y semidioses famosos de la mitología griega para denominar con ellos a libélulas y otros semovientes, pues Johann Heinrich Sulzer (1735-1813), contemporáneo de Linnaeus,  fue un entomólogo suizo que adoptó el sistema binomial en dos libros que escribió sobre insectos, dándole el visto bueno al sistema y el paso a la fama futura a Linnaeus, por haber ideado un sistema para nombrar a toda clase de bishos y yerbas.

Nymphulo, aburrido sin nymphula,  posando sobre unas yerbas en el borde de un arroyo

Nymphula es una especie de diminutivo cariñoso que Sulzer empleó para denominar binomialmente a unos simpáticos bichejos que debieron recordarle a aquellas diosas menores, las ninfas, que en la imaginación de los antiguos griegos, alegraban la naturaleza con sus danzas, sus cantos y otros encantos; la imaginación de artistas, escritores y, por lo que parece, también la de entomólogos, se desbordó especialmente con ellas y, desde tiempos remotos, las ninfas han sido imágenes de la belleza y la sensualidad. Todo un honor para la Pyrrhosoma nymphula haber sido etiquetada con ese nombre.

  Por una mirada, un mundo…

En el campo, cerca de los arroyos por donde merodean, es fácil confundirlas con la Ceriagrion tenellum de la entrada anterior: las dos se suelen ver por las mismas fechas y los mismos sitios, ambas son rojillas y casi de igual tamaño -algo más grandecitas y agresivas las Pyrrhosomas –literalmente, cuerpo rojo- pero cuando se las enfoca con el macro enseguida se aprecian los identificadores de las Pyrrhosomas: los anillos negros que separan los segmentos del abdomen y las marcas en los segmentos finales de los machos;  en las hembras destaca la mirada enigmática de sus ojos rayados con líneas contrastadas, que también tienen los ojos de los machos, pero no tan llamativos como en las hembras.

  Por una sonrisa,  un cielo…  (Gustavo Adolfo Becquer)

Como los rojillos de la entrada anterior, se lo pasaban pipa mientras confundían al fotógrafo frente al fondo pardo de un arroyo, un día del último fin de semana de Junio, cerca de Despeñaperros, en Santa Elena, Jaén.

Y mientras tanto, también, los pobres griegos contemporáneos nuestros lo pasan mal, posiblemente, por olvidar algunos personajes de su mitología y algunas enseñanzas de sus antiguos filósofos… ojalá salgan pronto del arroyo donde están o los han metido, echando una imaginación como la que echaron sus antepasados con los mitos…  ¡Suerte, griegos!

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Rojillos

Posted by Pele Camacho en 29 junio, 2011

Los Ceriagrion tenellum  (Villers, 1789) son criaturas de aspecto delicado, con una longitud de unos 30 mm. y un  finísimo abdomen que les da un aspecto frágil, del que viene su nombre específico: tenellum es un diminutivo de tenero, que significa tierno, blando, delicado…

Macho de Ceriagrion tenellum  (Villers, 1789),  posando en un junco

Casi todo en ellos es de un rojo más bien intenso: ojos, patas, pterostigmas, abdomen…, se podría decir de ellos que son rojillos, como el color del rostro de los fotógrafos que intentan memorizarlos mientras soportan las calores del verano. Ellas, más coquetas, suelen tener colores variables que van desde un color crema claro en la zona ventral, hasta un negruzco dorsal (forma melanogastrum), pasando por un rojillo (forma erythrogastrum) casi igual al de los machos.

   Tandem de Ceriagrion tenellum,  reposando abrazadas en un junco

Su habitat son los juncales, pues en ese entorno cercano a los arroyos es donde se les suele ver en los meses de verano, destacando los colores de su anatomía como complementarios del verde de los juncos; entre juncos viven y perpetúan la especie, haciendo tandems de duración larga, mantenida hasta incluso en el momento de ovopositar, cuando los celosos machos aseguran la transmisión de sus genes sujetándolas por el cuello, mientras ellas sumergen el extremo de su abdomen en el agua de las charcas, y de ahí les viene otro nombre popular a las libélulas: mojaculos, en Jaén, al menos, un nombre simpático y bien puesto donde los haya…

Las protagonistas de esta entrada posaban y reposaban, plácidamente, hace pocos días, cerca de Despeñaperros, en Santa Elena,  Jaén.

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Volando voy…

Posted by Pele Camacho en 25 abril, 2011

       “Volando voy, volando vengo                    

por el camino, yo me entretengo… “

                                                                                                           (Disco  “La leyenda del tiempo”, Camarón de la Isla, 1979)

Las Anax ephippiger (Burmeister, 1839) parecen pasarse la vida volando; hay quienes dicen -pero no sé si exageran- que vuelan hasta de noche, pero lo normal es verlas de día, hasta el atardecer, patrullando de manera casi permanente, incluso en “tandems”, con apenas las interrupciones mínimas necesarias para hacer sus puestas en algunas de las charcas y lagunas que encuentran en sus periplos.

Volando voy…

El nombre del género Anax  -“señor, individuo con mando…”- hace honor al tamaño de las especies y a su carácter dominante, agresivo, un tanto chulesco, aprovechando la suficiencia que les debe dar su porte y circunstancia. El nombre de la especie, ephippiger, aunque suena como alemán, parece derivar de una combinación del vocablo griego “ephippion”, que significaba “silla de montar”, y el sufijo latino “ger”, indicativo de “llevar”:  con la combinación de ambos se resalta lo llamativo de la mancha azul que llevan los machos en la parte dorsal del segundo segmento abdominal, como si fuera una “silla” para algún jinete imaginario que pudiese montarla.

…volando vengo…

Tienen una distribución muy amplia por toda África, de Este a Oeste y de Norte a Sur, e incluso Asia, pero es una especie de marcado carácter migratorio y hay frecuentes citas de su paso por oleadas de cientos, quizás miles, de ejemplares que al comienzo de la primavera vuelan hacia el Norte. En España se la ve  -con distribución errática- desde Febrero hasta Octubre, aunque, excepcionalmente, se las puede ver también casi todo el resto del año. Si bien es difícil apreciar detalles de su anatomía en vuelo, es característico el brillo ligeramente dorado de sus alas al ser atravesadas por la luz solar.

Por el camino…

Al parecer, suelen aprovechar vientos sureños africanos, como el siroco, que les impulsan hacía Europa, empalmando por ahí arriba con vientos atlánticos que las llevan incluso hasta Islandia, hasta donde no llega ninguna otra libélula. El nombre popular anglosajón es Vagrant Emperor, emperador vagabundo, precisamente por su carácter de especie migratoria, porque bien podría decirse de ella que es una especie a la que “le va la marcha”.

... yo me entretengo

Sin mucho riesgo de exagerar -diría yo- es más probable hacer una foto de ellas en vuelo que en reposo, circunstancia coyuntural poco frecuente para el fotógrafo que las observa; pero aunque solo sea en cortos intervalos, el instinto de propagación de la especie -y la suerte- permite, alguna rara vez, ver una quietud en parejas que es casi imposible a nivel de individuos. Las que aparecen en estas fotos volaban, aparentemente felices, inquietas e incansables, hace apenas una semana, en unas charcas cerca de donde el río Despeñaperros se junta con el río Guarrizas, camino de los primeros embalses de la cuenca del Guadalquivir.  Vaya usté a saber, camino de donde volaban ellas…

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Despeñaperros, por Enero 2011

Posted by Pele Camacho en 7 enero, 2011

La última vez que lo fotografié, un día del pasado Agosto en el que todos por allí estaban en plena faena, apenas faltaban por encajar cien metros de dovelas en la que será la rama norte del viaducto más largo de la nueva A-4, el que pasa sobre el Arroyo del Rey y el antiguo puente del mismo nombre.  No sé qué nombres pondrán a los nuevos puentes o viaductos de Despeñaperros, pero viendo la curvatura de éste, más horizontal que vertical, prefiero decir que éste parece ser allí el arco más largo do pasarán vuesas mercedes

Viaducto – puente del Arroyo del Rey:  a falta de asfaltar

-Picar en las imágenes para verlas con mayor resolución-

Ya desmontaron la mastodóntica nave que había al otro lado de Santa Elena y también los armatostes que dentro de ella transformaban hierro y hormigón en una especie de gigantescos trapezoides huecos -las dovelas- aunque no estoy seguro de que esas piezas de los nuevos viaductos mantengan aquel viejo nombre que recuerda piedras y claves de arcos y bóvedas de aquellos puentes de tiempos pasados. Un aparatoso cachivache, a modo de grúa horizontal, parecía estirarse y arrastrarse para ir pegando aquellos trapezoides, uno a uno, y dejar como testigo la línea oscura en la que se fundieron con geométrica y precisa monotonía.  Ya están puestos casi todos los quitamiedos, las vallas que daba miedo imaginar cómo se pondrían en los bordes donde empieza el vacío.

Mirando al sur: los primeros tramos de la nueva A-4,  a cielo abierto

Mirando al sur, los tramos a cielo abierto parecen estar en pleno proceso de recubrimiento asfáltico, como si ya hubieran iniciado la fase de acabado que debería culminar en algún momento de 2011, si todo va según lo previsto y no lo retrasa el mal fario o la mala sombra de alguna de las “lumbreras” financieras -europeas o yanquis, da lo mismo- que con tan poco fuste hablaron y, como aquellos duros antiguos de la chirigota gaditana, tanto dieron que hablar en 2010.  Se puede apreciar la anchura de las dos ramas de la nueva autovía, frente a la estrechez de los actuales tramos de la A-4 que culebrean y parecen jugar al escondite por debajo y a los lados del nuevo trazado, que ha crecido entre y sobre los antiguos sin más molestias que las de algunas sombras, pero buenas.

Mirando al norte:  el río Despeñaperros, los túneles  y las vías hacia Castilla – La Mancha

Mirando al norte, desde las cimas del Parque Natural se ve el inicio del paisaje manchego, más sereno y suave que el de los barrancos y lomas de la subida que baja hacia el sur. En la foto, a la derecha del tramo sur de la actual A-4, cruzando sobre el arroyo que ya es río Despeñaperros -unión de los arroyos Magaña y Cabezamalo–  está el puente metálico de la vía de ferrocarril que aparece a la salida del último túnel manchego y, a su derecha, el viaducto y el último túnel de la actual A-4 norte que seguirá en uso con la futura autovía, pero en dirección sur, porque el futuro último túnel de la nueva A-4 norte es único, aunque más ancho, y sale a un nuevo viaducto, relativamente corto, que empalmará con la actual rama norte de la autovía, ya en la provincia de Ciudad Real, bordeando por la izquierda al área de servicio de la estación de Venta de Cárdenas y serpenteando después mientras sube a la meseta que se inicia al fondo, donde el horizonte todavía deja ver las casas de Almuradiel.

En la  curva donde acaba la sombra, el mirador de “Los Órganos”, un lugar donde todo lo que se ve parece enorme

Los viajes por Despeñaperros serán más rápidos, las operaciones retorno serán, previsiblemente, más fluidas y, en los reportajes que la DGT seguirá elaborando, se hablará menos de la muy alta y muy serena villa de Santa Elena.

El impacto medioambiental -aunque no el visual- será menor que el de la actual autovía A-4,  y la cuidadosa observación del paisaje de Despeñaperros no será algo casi forzoso y, a veces, peligroso para conductores y conducidos, sino todo un privilegio opcional para los que quieran disfrutar de la naturaleza de manera más serena.

Los túneles que podríamos llamar el lado oscuro, o mejor, la parte sin sol de la nueva autovía, parecen guardar el secreto de la posible fecha de apertura, con cintas, tijeras, sonrisas, palmas y otras alharacas que merecidas serán, porque bien estará todo si todo bien acaba, pero…  ¿cuándo?  Pronto, imagino, unos cuantos meses; probablemente, antes de que acabe la crisis, pero mucho después de cuando sus causantes, que siguen sueltos y ocultos en el lado oscuro de ella, debieron ser puestos, sin opción, a una sombra más oscura y serena que la crisis que ellos, como fieras financieras provocaron.  Una vez oí una maldición gitana que decía: Ojalá se lo tengan que gastar en “endiciones”…, y es que, a veces, se entiende más el caló por el sentido que por las palabras.  Pero esas son otras historias…

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Morena clara

Posted by Pele Camacho en 22 noviembre, 2010

Por nuestras latitudes ibéricas, casi todas las libélulas de color azul suelen ser machos de alguna especie del género  Orthetrum, nombre que hace referencia a su abdomen recto, tieso…  según se mire y si están en condiciones de reposo porque, como libélulos que son, primero lo arquean para recargar la genitalia secundaria con el esperma generado en la primaria, y después, para agarrar a sus parejas de tándem por el cogote, o por la nuca, si se asocia la anatomía de la libélula a la humana.

Tándem de Orthetrum brunneum

Una de esas especies de machos azules es la Orthetrum brunneum (Fonscolombe, 1837), con un nombre que viene a indicar una morenez cuya posición, tono y origen no están claras. No he podido encontrar ningún documento que dijera de forma explícita por qué uno de los primeros libeluleros que en el mundo han sido, Monsieur  Etienne Laurent Joseph Hippolyte Boyer de Fonscolombe (1772-1853), le puso tan oscuro nombre a la criatura.  Otros libeluleros posteriores, merecidamente y en su honor, nominaron fonscolombii a una SympetrumBoyeria al género de una irene que, al menos,  muchos conocemos.

Macho joven de Boyeria irene

Los machos de Orthetrum brunneum, al contrario de lo que dice su nombre, son los que llegan a tener un azul más pálido; parece como si la pruina exterior de sus exoesqueletos, además de llegar a recubrirlos casi por completo, venas alares incluidas, perdiese coloración a medida que alcanzan su etapa de machos veteranos.

Macho veterano de Orthetrum brunneum

Detrás de su morrete azul muy claro, casi blanco, los ojos seniles pierden los tonos azulados juveniles  y adquieren una coloración oscura, achocolatada, quizás lo único que deviene moreno en sus anatomías, donde el contraste de tonos parece darles un empaque y belleza sobresalientes, como las de aquella “Morena clara” que puedes oír en:

Morena clara… Plácidamente

Para la caracterización e identificación de las libélulas se recurre frecuentemente a la estructura de sus venas alares,  y en muchos glosarios y documentos de Odonatología suelen incluir a las Rspl, unas venas que, a veces, permiten identificar diferencias entre especies parecidas.  La abreviatura Rspl corresponde a Radial suplementaria, una denominación que me recuerda a esas autopistas radiales de peaje, a cuyas concesionarias, de manera solidaria, parece que vamos a tener que pagarles entre todos un “peaje suplementario”,  por el arte de la mala gestión y la gracia de la buena ingeniería financiera.   En la familia de los libelúlidos hay cuatro venas Rspl, una en cada ala, a las que podríamos llamar R2, R3, R4 y R5, como las cuatro autopistas radiales de los madriles, aunque no son ésas las únicas suplementarias de concesionarias deficitarias, pues aún hay más dislates viarios y dispendios innecesarios que, salvo milagros o remilgos eurocomunitarios, puede que acabemos pagando usuarios y no-usuarios, víctimas propiciatorias de avaricias bancarias y especulatorias .

Estructura alar de los géneros  Libellulidae

Macho adulto de Orthetrum brunneum, mostrando ostentosamente todas sus venas alares, Rspl incluidas

Saliendo de las autovías y volviendo a las alas de los odonatos, las venas Rspl subtienden  -verbo rarillo-, es decir, abarcan o rodean por abajo a unos conjuntos de celdillas alares que en algunas especies son dobles o múltiples, por ejemplo, en el centro del tercio extremo de cada ala de las Orthetrum brunneum,  cada Rspl forma una especie de huso  cuyo vértice final parece apuntar al comienzo del pterostigma del ala.  Dentro de tal huso, limitado arriba por la vena interradial 3 -abreviada IR3-, se puede apreciar una sucesión de celdillas dobles, en número variable entre 5 y 9, que en los extremos del huso vuelven a ser celdillas simples. Aunque hay discrepancias, parece que las celdillas dobles son un identificador de la especie cuando se puede observar el plano de sus alas, cuyos pterostigmas son algo más oscuros -morenos-  y también algo más pequeños que los anaranjados de sus primos Orthetrum coerulescens, con los que frecuentemente se confunden.  Tal vez, de aquellos pterostigmas surgiera lo de brunneum, pero no apuesto nada en el supuesto. Otro identificador en una vista dorsal, es el ensanchamiento-aplastamiento de los segmentos centrales de su abdomen, ausente en los coerulescens.

Las Orthetrum brunneum de esta entrada fueron vistas por algún paraje de Despeñaperros, en Santa Elena, Jaén, donde suelen ser fruta de agosto en los escasos arroyos y charcos que quedan a esas alturas del verano.

Salud y cálido disfrute de los tiempos fríos.

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Despeñaperros… do pasarán vuesas mercedes

Posted by Pele Camacho en 16 agosto, 2010

Breves apuntes históricos

La historia de las vías de comunicación entre Andalucía y la meseta castellana se inicia a mediados del siglo XVIII, cuando se apreciaron las dificultades para llevar a Madrid los productos procedentes de las colonias americanas que, en buena parte, entraban por el puerto de Cádiz.  Por aquellos tiempos, en Sierra Morena sólo existían cañadas pecuarias y caminos por los que apenas podían circular carros, con el suspense añadido de los bandoleros de la época. Para facilitar el tránsito, el ingeniero Joaquín Iturbide propuso el arreglo del camino del Puerto del Rey que, según la leyenda, fue el que enseñó el pastor Martín Halaja a las tropas cristianas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa, pero las fuerzas de los animales que tiraban de los carros cargados de mercancías eran incapaces de subir las pendientes de aquellos atajos. Iturbide pensó como alternativa en un camino más llano por el desfiladero de Despeñaperros, el único paso natural entre Andalucía y la meseta castellano- manchega, pero implicaba una difícil obra de ingeniería  en una garganta estrecha entre farallones de paredes verticales sobre el río Despeñaperros, que entonces se llamaba Magaña.  Hoy, el Magaña y el Cabezamalo se unen para iniciar al Despeñaperros, poco antes de su entrada en Andalucía.

Pocos años después, el ingeniero Carlos Lemaur realizó un Mapa general del camino proyectado entre Valdepeñas y Anduxar pasando por Despeña Perro, a la orilla del río Magaña evitando toda cuesta y particularmente las del Puerto del Rey. El mapa supuso la construcción entre 1778 y 1780 de una carretera para las diligencias de la época, de 34 Km de longitud, 11 metros de anchura y un coste de 2 millones de reales.  El proyecto de Lemaur  fue calificado por sus coetáneos de “magnifico y unos de los más difíciles y mejor trazado de Europa”. Casi un siglo después, en 1866, se construyó el viaducto del ferrocarril Manzanares-Córdoba, que fue el único entre la meseta y Andalucía hasta que se inauguró la línea del AVE para la Expo 92.

El Plan General de carreteras de 1877 fijó el trazado de la carretera N-IV que, con el Plan de Circuitos de Firmes Especiales aprobados en 1926 y un presupuesto de 227 millones de pesetas para el arreglo de 4.000 Km en todo el país, dejó la carretera como estuvo hasta que se iniciaron los desdoblamientos para la autovía A-4. El primer tramo del actual desdoblamiento de la N-IV, entre Santa Elena y Las Correderas, se terminó en 1983 y el segundo, entre Las Correderas y Venta de Cárdenas, en 1984, para un tráfico que se estimaba entonces de 8000 vehículos diarios, siendo camiones un 31% de ellos. La longitud total del desdoblamiento fue de 17,5 Km. y el coste estimado de las obras fueron 2.200 millones de pesetas, de las de entonces, claro.

Trazado actual de los tramos de la Autovía de Andalucía A-4, con marcas del nuevo trazado en construcción.

(Picar en las imágenes para verlas con mayor resolución)

Sobre el mapa topográfico se puede ver el trazado actual de las dos ramas de la A-4 y estimar el desnivel que tendrá la nueva autovía en construcción, desde la salida de Santa Elena  -760 m.s.n.m.-  hasta las entradas a 585 m. de los primeros túneles  que atravesarán el macizo oriental del desfiladero. Unos 175 metros y una longitud en línea recta de casi 5 Km, que, considerando las curvas del tramo real de viaductos y estimando una longitud de 6 Km, permiten estimar una pendiente media del 3%, desde los túneles hasta Santa Elena.

Despeñaperros, desde Santa Elena

La magnitud y belleza de algunas de las formaciones rocosas de Despeñaperros, como “Los Órganos” y el “Salto del Fraile“, en un área protegida y declarada Monumento Natural, son dignos de contemplar, pero no es fácil ni conveniente desde la autovía A-4 actual ni con su densidad de tráfico, que exigían desde hace tiempo una renovación de infraestructura vial que, afortunadamente, se acometió hace poco más de cuatro años.
A la derecha se ven los últimos tramos de los nuevos viaductos cuyas ramas se separan para adaptarse a las entradas de los primeros nuevos túneles  -380m.de longitud-.  Los segundos  túneles  -1.900m.-  coinciden en su entrada con el “desconchón” de una antigua cantera de áridos para la RENFE y atraviesan el macizo donde están los farallones de “Los Órganos”.  En el macizo de la izquierda, junto al Collado de la Aviación, se ven los roquedos que algunos llaman “Cabeza de la mujer muerta”,  por la forma del relieve del horizonte desde allí hasta cerca del Cerro de la Estrella, el punto más alto  -1.258m.- de Sierra Morena, casi a 9 Km. en línea recta hacia el oeste.

El nuevo trazado

Desde la “muy alta” -770 m.s.n.m-, y “muy serena” villa de Santa Elena hasta el cauce del río Despeñaperros, que pasa por el fondo del desfiladero, hay un desnivel de unos 250 metros y una distancia en línea recta de apenas 7 Kilometros, pero eso sí, con frecuentes lomas y barrancos abruptos que forzaron un trazado de carretera zigzagueante de unos 15 Km. que empezó a ser problemática hace medio siglo.

 

 El nuevo trazado sobre los actuales tramos A-4 Sur y A-4 Norte

La actual autovía A-4, parcialmente construida en sus dos ramas sobre la anterior N-IV, es una de las seis radiales que salen de Madrid. En 1993 se empezaron a considerar posibles mejoras que la crisis post-92 y la política/políticos de entonces fueron dejando para mejor ocasión.  Para “marear la perdiz”, en 2002 se anunció un proyecto alternativo y megalómano de la A-41, tramo Puertollano-Córdoba, que no pasó del  bla-bla-bla, entre otras razones porque las únicas poblaciones cercanas eran algunas de las pocas que quedaban del lince ibérico. En 2004 se llegó a adjudicar un “arreglo” de la autovía actual, un “parche” que ya se consideraba insuficiente, y en 2006, por fin, se decidió “borrón y cuenta nueva”, o sea, un nuevo proyecto con nuevos trazados completos y paralelos de tres carriles en cada dirección y algo más de 9 Km. desde Santa Elena hasta pasado Despeñaperros, acortando en casi 4 Km. el trazado de la actual A-4.
El nuevo trazado tiene cuatro viaductos que cubren el descenso desde Santa Elena hasta llegar a los primeros túneles, poco después  de Las Correderas y del actual enlace con la carretera A-6200 que sube hacia Aldeaquemada, pasando cerca de la Cueva de los Muñecos  y por el Collado de los Jardines, desde donde se tienen las mejores vistas del Parque Natural de Despeñaperros.

La construcción de la nueva Autovía de Andalucía

La ingeniería utilizada es de las que impresionan y merecen un aplauso: no cabe duda de que en nuestro país se sabe proyectar y hacer carreteras difíciles. La técnica empleada en los viaductos se basa en utilizar una especie de gigantescas dovelas de forma trapezoidal, con unas aletas laterales que dan el ancho de los tres carriles que tendrá cada ramal de la nueva autovía.

La técnica y grúa de montaje de dovelas en viaductos

Las dovelas son unas estructuras de hormigón armado que se fabrican en una nave construida exclusivamente para el proyecto, al otro lado de Santa Elena, desde donde se transportan, una a una y a lo largo, en camión especial, hasta el lugar donde se van a colocar y, con una compleja estructura metálica, a modo de grúa tumbada, se van colocando y uniendo a las anteriores, construyendo así los tramos que van soportados sobre los gigantescos pilares previamente construidos, con una precisión sorprendente para el profano en Ingeniería civil. En la foto siguiente se pueden apreciar las uniones entre dovelas.

El segundo viaducto, sobre un arco de la actual A-4 Norte, vistos desde una curva de la A-4 Sur

En cuanto al impacto medioambiental, sinceramente, no sé cómo se mide o se expresa de forma objetiva para algo así, pero comparando el nuevo trazado con las dos ramas del actual, desde un punto de vista de molestias a la fauna y contaminación, supongo que mejora con el nuevo trazado.  Y en cuanto al “impacto” visual, pues cada cual tendrá su respetable opinión. La mía es que el nuevo trazado es una magnífica obra de ingeniería, de gran belleza y que, aunque en estos casos, se haga lo que se haga, viaductos, puentes, túneles, etc. siempre alteran el medio natural y el paisaje, ese es el pago para evitar las retenciones kilométricas, las penosas operaciones retorno, los fatales accidentes y otras penitencias de nuestra vida moderna.  Y hablando de otros “pagos”, pues unos 200 millones de euros, según dicen los periódicos.  No es poco, pero si se hubiera hecho antes hubiera costado menos y se hubieran ahorrado muuuchos millones de litros de gasofa y muuuchas horas de viaje.  Hay por ahí obras, de mucha menos envergadura, duración y dificultad, que han costado proporcionalmente mucho más de lo que dicen que va a costar ésta. ¡Lástima que no se hubiera hecho muuucho antes!

El último tramo de viaducto, en la rama Norte del viaducto-3, sobre el Arroyo del Rey

Se espera que esté inaugurada antes de 2012 y, visto cómo está en Agosto 2010, es perfectamente posible, creíble y conveniente. Hay elecciones generales en 2012 y una cosa así da puntos, o sea, votos. En este caso, si todo termina bien, muy merecidos.  Supongo que serán muchos los viajeros que apreciarán la diferencia.

Despeñaperros. Un bello paisaje agreste, con mucha historia y con un nombre chocante cuyo origen no está muy claro: algunos lo relacionan a lo escarpado de algunos de sus “despeñaderos”, pero otros dicen que, tras la batalla de las Navas de Tolosa, los vencedores cristianos arrojaron por el desfiladero a los musulmanes vencidos, considerados en aquella época como “perros”. Me cuesta creer esta versión, por la orografía y la distancia de los “despeñaderos” a los parajes donde fue la batalla. Para los supuestos “despeñadores”, imagino que habría sido más fácil y rápido aplicar otros métodos para terminar la contienda. En la época actual parece que algunos musulmanes llaman “perro” al cristiano al que quieren insultar, y bordan el acto si le tiran un zapato, como si fuera un chucho. Por unos y por otros se puede entender aquella frase de Lord Byron: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.

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