Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Posts Tagged ‘lámina supraanal’

Casi sin papeles

Posted by Pele Camacho en 19 septiembre, 2016

Podría decirse que la protagonista de hoy, la  Aeshna affinis – Vander Linden, 1820, vuela por ahí casi “como sin papeles”.  El nombre del género Aeshna, puesto en 1775 por el naturalista danés Johan Christian Fabricius (1745-1808), tiene un origen desconocido, como si Fabricius o alguien posterior hubiera “perdido los papeles” descriptores  donde estarían los motivos o razones para ese nombre del género, del que derivaría el de la familia Aeshnidae, o de los ésnidos,  definido por J.P. Rambur en 1842. Quizás el eslabón perdido lo fue por la juventud de Fabricius en 1775, porque se conservan como joyas otros muchos documentos suyos posteriores, como el que definió el orden de los odonatos en 1793.

imgp6792_1200_kn

Un macho de Aeshna affinis, descansando, por fin…

Algunos investigadores modernos dicen que Aeshna podría derivar de una fusión de dos palabras griegas  –α, prefijo privativo y ισχνós, extenuado, cansado- con el significado final de “incansable”, un adjetivo que encaja perfectamente con su vuelo patrullador y cansa-fotógrafos.

imgp6775_1200_kn

Macho de Aeshna affinis, patrullando y retando a fotógrafos 

Y con respecto al nombre específico de “affinis”, no puede decirse que Vander Linden estuviese muy inspirado para nominar su Aeshna cuando dijo para ella que era “afín”, o sea, “parecida” a la Aeshna mixta -Latreille, 1805. Si el parecido es en las características comunes, todas las especies de Aeshna serían affinis, pero quizás Vander Linden desconocía en 1820 que había otras Aeshnas identificadas con anterioridad a su affinis  y todas ellas tienen rasgos específicos suficientemente diferentes, o sea, que el “papel” descriptor de affinis, como irrelevante o inútil; miren, si no, la foto siguiente de un macho de Aeshna mixta, en su pose característica como colgando de la ramita que le vino bien.

imgp9427_1200_kn

Macho adulto de Aeshna mixta-Latreille 1805, en una pose típica de esta especie

Solamente hay cinco Aeshnas celtibéricas, pero con una distribución geográfica muy irregular: únicamente la Aeshna mixta tiene cobertura peninsular; la Aeshna affinis ha sido vista mayormente en la mitad norte, en zonas disjuntas y, ocasionalmente, algún fotógrafo ha tenido la suerte de verla por Despeñaperros el pasado Julio.

Para no entrar en las “afinidades” mixta-affinis,  yo resaltaría una diferencia que pude constatar: los machos de Aeshna affinis retienen a sus parejas de cópula hasta que efectúan la oviposición, mientras que las hembras de otras Aeshnas realizan las puestas aisladamente, según afirman los expertos y observadores, es decir, sus machos se desentienden de ellas después de la fecundación.

imgp6512_1200_kn

Pareja de Aeshna affinis, en descanso post-fecundación, pendientes de oviposición

En la foto anterior puede verse, con un pequeño esfuerzo, el detalle de la pinza que montan los cercoides del macho para agarrar la cabeza de la hembra: el cercoide central que se observa en la primera foto -llamado lámina supraanal-  se sitúa entre los ojos de la hembra sujetando por delante, mientras los cercoides laterales, también llamados apéndices anales superiores, sujetan por detrás de los ojos haciendo una pinza de precisión que, normalmente, no daña los ojos de la hembra.

imgp6565_1200_kn

Volando hacia atrás, en un intento de desenganche con más fuerza que éxito

Pero una cosa es que la presa ocular no dañe los ojos -que alguna vez, sí- y otra que sea cómoda para ellas porque, a veces, se ve como ellas intentan desengancharse volando y tirando hacia atrás, doblando el abdomen del macho pero no su voluntad de mantener el tándem. Después de ver la duración de tales agarres “oculo-occipitales” y sus arrastres en vuelos supuestamente sincronizados, no extraña que sea difícil ver hembras a su libre albedrío: posiblemente, se esconden y sólo salen para comer o por el puro instinto de perpetuar la especie, porque en aquel arroyo solo eran visibles machos patrullando o parejas con hembra prisionera.

Posted in Odonatos | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | 2 Comments »

Pinzas

Posted by Pele Camacho en 10 octubre, 2011

El sistema reproductor de los machos de odonatos es tan exclusivo que no existe nada parecido en el reino animal: aunque la ubicación de la genitalia primaria al final del abdomen es similar al de la mayoría de insectos,  la situación casi al principio del abdomen de la genitalia secundaria  -la operativa en el acoplamiento- hace que el tándem tan característico de los odonatos  sea también exclusivo y sorprendente.

  Macho de Trithemis annulata mostrando sus atributos

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Tras unos orígenes que se remontan a 250 millones de años, no se conoce un proceso evolutivo de los odonatos que explique ese extraordinario detalle anatómico de la genitalia secundaria y las consecuencias de su función en los acoplamientos, realizados con la ayuda de otros elementos de su anatomía que no son parte activa en la reproducción: los apéndices anales o pinzas con las que los machos sujetan la cabeza de las hembras de libélulas o el protórax de las hembras de caballitos.  Es de suponer que las formas de los apéndices son también resultados de ese desconocido proceso evolutivo de las especies originales en las que, al no haber genitalia secundaria, tampoco habría unos apéndices adaptados a la función que desarrollan en las especies que conocemos.

    Macho de Anax ephippiger,  ejercitando sus apéndices anales

En los machos de anisópteros, o libélulas, existen dos apéndices anales superiores o cercoides y uno inferior, cerco o lámina supraanal, situado detrás del poro genital que corresponde a la genitalia primaria, situada en el segmento 9, anterior al segmento 10 del que salen los apéndices anales. La forma de los apéndices es casi específica:  Selys, el padre de la Odonatología moderna, describe en su libro “Monographie des libellulides d’Europe” que los apéndices pueden ser  “ lanceolés, pointus, arrondis, cylindriques, coniques, contournés, filiformes, tuberculés, dentelés, fourchus, ciliés, hérissés, glabres, courts, allongés , semi-circulaires, etc.”  Tillyard,  en su magnífico libro “The biology of dragonflies”, sin entrar en más detalles, dice que la diversidad de formas es inmensa y que, salvo en un par de excepciones genéricas, las especies pueden ser identificadas de manera inconfundible por la forma de los apéndices que, además, al servir como elementos de acoplamiento preciso en la precópula, hacen que la hibridación sea muy rara entre diferentes especies de odonatos.

Apéndices superiores presionando en el occipucio de una hembra de Sympetrum fonscolombii

La forma en que los machos sujetan la cabeza de las hembras es casi inimaginable por la precisión que implica un evento que, normalmente, se realiza en pleno vuelo de los dos protagonistas. Considerando la probable dificultad o incapacidad del macho para dirigir visualmente la acción de los apéndices, hay que admitir como cierto que son las hembras las que, después de aceptar al macho, acercan sus ojos y su cabeza a los apéndices que van a sujetarla: los dos apéndices superiores o cercoides se sitúan detrás de la cabeza, en el occipucio, y presionan hacia delante en la hendidura que tiene la cabeza sobre el cuello que la une al tórax.

Vista trasera de la cabeza de una hembra de Sympetrum fonscolombii

La pinza se completa con el apéndice inferior, o cerco, que se sitúa por la parte delantera, entre los ojos, presionando hacia atrás en sentido opuesto a como lo hacen los apéndices superiores, al tiempo que los segmentos finales del abdomen del macho, aprovechando su carácter invertebrado,  se curvan casi 180º de manera inverosímil, causando una aprensión casi dolorosa en cualquier vertebrado homosapiens que observe el ejercicio…

El apéndice inferior del macho, presionando entre los ojos de un hembra de Anax ephippiger

Imagino que no es fácil hacer una estadística de los ojos de hembras que pueden resultar dañados en el intento, pero en eso, supongo, reside el éxito del supuesto proceso evolutivo y, además, los ojos compuestos de las libélulas, quizás, se pueden permitir el dispendio de perder la visión de una pequeña fracción de sus omatidios, como refería Philip Corbet, otro gurú de la Odonatología moderna, en su libro “A biology of dragonflies”, en un dibujo ilustrativo que copié en la entrada que titulé “La pequeña sirena”.

Posted in Odonatos | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , | 3 Comments »

Con pocos vuelos

Posted by Pele Camacho en 2 junio, 2011

La Trithemis annulata  (Palisot de Beauvois, 1807) es una especie multivoltina: tiene varias generaciones en el mismo año, siendo una de las primeras especies en aparecer por los paisajes malagueños y, también, una de las que más tardan en desaparecer. El hecho de ser multivoltina permite que algunos días del verano se puedan contemplar ejemplares muy veteranos, con claros signos de haber tenido una vida intensa, al tiempo que se pueden observar individuos muy jóvenes -“recentales” o “tenerales“- recién emergidos, que posan lánguidamente mientras sus alas adquieren la consistencia que les permitirá ejercer sus acrobacias.

 Hembra recién emergida de Trithemis anulata, en el proceso de estiramiento de sus alas, sobre una rama de granado

Quizás, por ser multivoltinas, parece lógico que ambos sexos aparezcan en escena simultáneamente, frente a los casos de protandria y protoginia -aparición de machos antes que hembras o viceversa- que se observan en algunas especies, aunque éstas sean una minoría cuyo comportamiento y maduración sexual encaja perfectamente con esos retrasos de un sexo respecto al otro; en la Naturaleza las cosas no pasan porque sí, o parafraseando a Einstein, “La Madre Naturaleza no juega a los dados”.

Macho de Trithemis annulata con pocas horas de vuelo, descansando casi agotado en un brote de coscoja

Al principio de la temporada -que puede tener variaciones de más de un mes por causa de la climatología- cuando aparecen las primeras generaciones se encuentran ejemplares de ambos sexos con coloraciones casi idénticas que, a veces, apenas recuerdan a la de los individuos adultos, especialmente en los machos que son los que suelen tener variaciones de aspecto más acusadas por los recubrimientos de pruina que afectan a muchos de ellos. Cuando ese recubrimiento no se ha producido aún, la coloración de machos y hembras puede ser tan parecida que podría dar pie a errores de identificación si no se atendiera a otros detalles de su anatomía.

 De las hojas del granado al capullo de granada recién abierto, con casi la misma vida que ella

Los detalles que permiten una diferenciación más fácil de ambos sexos son, lógicamente, los relacionados directamente a sus genitalias: la forma de los apéndices abdominales superiores, los cercoides, relativamente cortos, paralelos y laterales en las hembras de Trithemis, cuyo abdomen carece de la protuberante genitalia secundaria observable en los jóvenes machos -según el ángulo de observación, claro- , o los cercoides más largos y la lámina supraanal que utilizarán con maestría casi increíble para agarrar con precisión el cogote de sus parejas.

Solo se ven sus cercoides alargados, pero las venas doradas de sus alas son una marca inconfundible

No obstante, los ángulos de observación y la incidencia de la luz en sus anatomías ponen de manifiesto otros detalles que también serían suficientes para diferenciar sexos: los jovencísimos machos de Trithemis, cuando apenas tienen unas horas de vida y sus cortos vuelos delatan su inexperiencia, ya muestran un precioso tono dorado en las principales venas de sus alas recién estiradas, como anticipo del color cobrizo del que empezarán a presumir pocos días más tarde, toda una exhibición de brillos metálicos alares que no abundan en el orden de los Odonatos.

Posted in Odonatos | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | Leave a Comment »

Gomphus con plus

Posted by Pele Camacho en 24 agosto, 2010

Hay un plus que destaca en este género en cuanto se le echa la vista encima;  sí, eso que, junto a los amarillos y negros de su cuerpo, le da un aspecto que recuerda alguna de esas estrambóticas maquinarias de mover peñascos y ñoscos.

Onychogomphus forcipatus, macho adulto, mostrando su genitalia secundaria y apéndices

De esos tres apéndices anales -por su proximidad a ese orificio final- les viene el primer medio nombre: Onycho, en griego clásico latinizado, que en sentido amplio quería decir “uña”, admitiendo que uñas son también las garras de cualquier rapaz, por ejemplo. Por  tamaño relativo al abdomen, en el mundo odonatero no hay otras parecidas ni de lejos  y, si el uso exclusivo de tales pinzas es agarrar entre los ojos a las hembras de su especie a modo de “abrazo amoroso”, con machos tan bien dotados, probablemente los de estas especies sean de los abrazos más temibles, a menos que sean también de los más precisos.

En nuestra geografía hay tres especies de Onychogomphus:  la más escasa en tiempo  -apenas dos meses al año-  y en espacios es la Onychogomphus costae, sin ningún trazo negro, casi toda ella en colores amarillos y pardos claros, según dicen los libros, porque yo no he tenido la suerte de verla todavía por mis espacios de ojeo.

Onychogompus forcipatus, macho adulto, sobre floripondio de Datura stramonium

Más frecuentes, fáciles de encontrar y confundir a primera vista, son los Onychogomphus forcipatus, cuyo tórax tiene líneas o zonas amarillas más anchas que las negras, así como en los últimos segmentos del abdomen donde predominan los amarillos y, finalmente,  amarillas son las “tenazas” – forceps en latín- que dan nombre a la especie: las dos superiores, o cercoides,  hacen un par simétrico y la inferior,  o lámina supraanal,  angulosa en su inicio y terminada en punta torcida en su final, con un tono amarillo-ambarino. La subespecie hispana es la “unguiculatus”, con esos amarillos predominantes que se han descrito.

Onychogomphus uncatus, macho adulto, mostrando sus zonas negras características

La tercera especie de nuestras  latitudes es la Onychogomphus uncatus, que tiene más negros y menos amarillos que la forcipatus spp. “unguiculatus”, tanto en las suturas del tórax como en los últimos segmentos del abdomen. La “uña” inferior  es negra y su forma de gancho curvado, –uncatus, en latín- , sin ángulo inicial ni torcimiento final, es el origen de su nombre específico. Esta especie está catalogada VU –vulnerable- en el Libro Rojo de los Invertabrados de España.

Onychogomphus uncatus, macho adulto, mostrando los ojos separados y abdomen típicos de “Gomphus”

Las vistas cenitales de las dos especies son casi idénticas, con su forma de clavo –gomphus-, con las diferencias de anchura y abundancia de los trazos negros, que en los uncatus interrumpen la continuidad del “collar” amarillo que tienen en la parte delantera del tórax dorsal, mientras que en los forcipatus la línea del “collar” es continua.  Además, éstos tienen una pequeña mancha amarilla en el vertex -zona más o menos trapezoidal entre los ojos, sobre la frente-  que no existe en el vertex totalmente negro de los uncatus.

Aunque los odonatos sean invertebrados y sea normal en ellos hacer unas flexiones que pocos vertebrados pueden imitar, resulta difícil imaginar cómo, en pleno vuelo, son capaces de doblar su largo abdomen en un ángulo de casi 180º y acoplar la uña inferior, por delante, entre los ojos de la hembra y las dos uñas superiores por detrás de cada ojo, sin que los resultados del “pinzamiento” sean un elevado número de hembras tuertas después de tales proezas, tanto más cuanto mayor es el tamaño de esos apéndices anales. Quizás las hembras, al ver lo que se les viene encima, coloquen su cabeza, o sea, sus ojos, en la posición adecuada para que el agarrón sea todo lo correcto y efectivo que la evolución de 250 millones de años ha permitido a estos artistas del vuelo acrobático y la cópula en vuelo, o al vuelo.

Onychogomphus forcipatus, hembra adulta, mostrando sus reducidos apéndices anales

Las hembras, por el contrario, tienen unos apéndices anales de lo más normales, si así se admite que es el procedimiento de acoplarlos a los ganchos y cavidades que los machos tienen cerca del tórax, al inicio de su abdomen,  para que la genitalia de la hembra  -en su segmento abdominal S8-  entre en contacto con el segmento S2 del macho, donde están los órganos de su genitalia secundaria, un detalle exclusivo del que no se encuentra nada similar en todo el reino animal.  El proceso previo que habrá realizado el macho para la “recarga” de  la genitalia secundaria -en el segmento S2-  con el esperma generado en el poro espermático de la genitalia primaria  -en el segmento S9-  resulta, tal vez, más fácil de imaginar ya que no requiere la participación de la hembra, aunque la flexión del abdomen para que S9 contacte y transfiera el esperma a S2 requiere un esfuerzo de flexión aún mayor que el de la cópula.  Como la reproducción de los odonatos es un proceso complejo, solo hago una reflexión simple acerca de unas flexiones complejas.

Hay también matices “negros” en ese posadero-floripondio azul-lila clarito a punto de abrir, al que no se le puede negar atractivo visual, pero sí olfativo. Es una flor de estramonio -Datura stramonium- , también conocida como “higuera del infierno”,  donde estaban felices como diablillos algunos forcipatus.  Como muchas otras plantas tóxicas, ha tenido usos medicinales y veterinarios de los que se han derivado otros menos ortodoxos y mucho menos recomendables. Entre las historias “negras” que se oían por los pueblos de la España profunda, había una de alguien que fumó hojas secas de estramonio, a modo de sucedáneo del tabaco; parece que “lo contó”, pero que no le quedaron ganas para repetir y, desde eso, cómo no,  a las brujerías o “aliños” propios del “vudú” europeo y mediterráneo de tiempos pasados, en los que las solanáceas tóxicas dieron mucho juego y disgustos, por envenenamientos de toda índole y condición.

Entre el cocktail de alcaloides tóxicos que contiene esa mata que puede matar, está la atropina, cuyo nombre deriva de aquella Parca de las tijeras que los griegos temían nombrar, y también la escopolamina, utilizada como primer “suero de la verdad”, alias “burundanga” en Sudamérica, donde se cita su uso y abuso en refinados actos delictivos de malajes y malevos. Como para plantarla en el jardín…

Posted in Odonatos | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , | 2 Comments »