Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Posts Tagged ‘Lestes barbarus’

Una de caballitos

Posted by Pele Camacho en 12 septiembre, 2016

Caballitos del diablo, un apelativo cuyo origen no he sabido o podido encontrar. Debió ser idea -imagino yo-  de un personaje medieval, quizás un fraile aficionado a los bishos y con cierto temor al “más allá” donde diablos con cuernos y cola puntiaguda aguardan a mortales pecadores.

Podría haber titulado “Una de zigópteros”, nombre que acuñó Selys de Longchamp en 1854 para el suborden de los odonatos que posan “con las alas juntas”, pero las modelos de esta entrada no posan así, aunque son “zigópteros” por otras razones. Y tampoco me pareció apropiado traducir los vocablos “damselflies” o “demoiselles” que usan angloparlantes y francoparlantes para referirse a las especies del suborden citado, porque “Una de señoritas” podría tener interpretaciones sesgadas. Y así quedó el título en “caballitos”, sin ese diablo inventado por algunos antecesores de los que hoy dicen que el maligno no existe.

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Pareja de Lestes dryas en equilibrio digital

A la vista del tamaño y esbeltez de la pareja que se muestra en el soporte “digital” de la foto anterior, no me parecen desafortunados los apelativos ingleses y franceses: no se puede negar la elegancia y fino talle de las protagonistas, capaces de contorsionarse en una postura que solo podrían emular practicantes de gimnasias olímpicas.

La especie Lestes dryasKirby 1890 no es muy frecuente por debajo de los Pirineos, y menos aún por debajo de Despeñaperros, donde el pasado Julio fueron avistadas las que se muestran en esta entrada. Son escasas las citas de la especie por aquí abajo, pero haberlas, haylas.

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Macho de Lestes dryas entre juncos

Como en otras muchas especies de odonatos, los machos de Lestes dryas son más espectaculares y llamativos que las hembras: sus ojos azules resaltan en las zonas umbrosas donde suelen volar y posarse sigilosamente entre hierbas bajas y juncos de ribera, retando al fotógrafo a enfoques, ajustes y contorsiones que hubieran sido más fáciles al sol.

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Hembra de Lestes dryas  haciendo ejercicio de barra en junco

Si las hembras de Lestes no son más escasas que los machos lo aparentan, porque están ocultas y dan la impresión de que solo se levantan con la presencias de machos o fotógrafos inoportunos. No tienen rasgos identificadores que permita diferenciarlas a simple vista de las hembras de otras especies de Léstidos de tamaño similar;  o quizás sea la falta de experiencia de algún fotógrafo por la escasez de encuentros con ellas.

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Hembra de Lestes barbarus

No es raro que después de un safari fotero, al intentar separar y clasificar las fotos nos cuelen algún gol por las escasas diferencias que comentaba antes. Cuando aparece una especie que era minoritaria donde otras fueron las protagonistas, es fácil llevarla a la misma carpeta y, casualmente, encontrarla por algún rasgo que resalta en la pantalla del ordenata y que apenas era observable entre hierbas y sombras. En este caso, el aviso lo dieron los pterostigmas, esas “manchas alares” situadas casi en las puntas de las alas. Observen las diferencias entre los pterostigmas de la Lestes barbarus con las de las Lestes dryas.

Los pterostigmas, según concluyen algunos investigadores, tienen una función estabilizadora del vuelo en determinadas condiciones: son celdillas que, aparte del color, tienen un espesor y peso diferente de otras celdillas del ala. Parece que actúan como contrapesos estabilizadores y, aunque sea difícil de imaginar, ayuda ver ejemplos como las pastillas de plomo que se fijan en las llantas de los coches para evitar vibraciones a cierta velocidad. Otro ejemplo menos conocido son los contrapesos de uranio empobrecido que llevaban -no sé si aún los llevan- en algunas partes móviles de las alas y colas de aviones como el Jumbo 747, o para evitar vibraciones de flaps, slats o alerones a las velocidades de vuelo de esas fortalezas voladoras. Se supo de esos trozos de Uranio 238 -70% más denso que el plomo- al encontrarlos  entre los restos de varios accidentes de Jumbos. Pero esas son otras historias.

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“Kim”

Posted by Pele Camacho en 3 octubre, 2010

Kim” fue una preciosa perrita boxer que regalaron a mis hijos. Le pusimos “Kim” porque sus morretes recordaron, no sabría decir cómo, a los de Kim Bassinger. Fue uno más de la familia y nos dejó recuerdos que aún perduran. Tenía carácter pero no ladraba casi nunca, salvo cuando yo regañaba a alguno de mis hijos; entonces se enfadaba conmigo y me lanzaba unos cuantos ladridos, cosa que me enfadaba a mí, ella se enfadaba aún más y, finalmente, tenía que ser yo quien cediera y la acariciara pidiéndole disculpas. Me “perdonaba” y se iba con mi hijo “regañado”, después de haber puesto paz entre nosotros.

Como en cualquier boxer, el mayor defecto de “Kim” era su forma de comer o beber. Con su narizota chata -la “trufa”- , su mandíbula prognata y su boca grandota, siempre fue un espectáculo verla engullir o tragar lo que fuera y, hasta “Marco Polo”, nuestro gato, con el que nunca se llevó mal, parecía alucinar cuando la veía beber agua haciendo un ruido increíble.

Lestes barbarus, macho maduro, en una pose típica de la familia Lestes, con alas abiertas

La criatura de esta entrada es un macho maduro de  Lestes barbarus, un “caballito del diablo” al que solo he visto una vez, allá por los confines septentrionales de la provincia de Málaga. Volaba y posaba tranquila, como hacen normalmente la mayoría de sus parientes zigópteros.

16:48:04    Hubo suerte. La merienda ha comenzado

Los odonatos, con sus morretes potentes, chatorros y mazacotes como los de un boxer,  me recuerdan a “Kim”.  La forma de devorar a sus presas, con un ansia asombrosa, como si temieran que alguien se los fuera a quitar, les da un aspecto feroz, como los de algunos seres “superiores” y, supuestamente, más inteligentes.

 
16:48:10   Progresa y engulle adecuadamente

La seguía, saltando yo entre los pedruscos del lecho de un arroyo, mientras ella parecía revolotear de manera indolente de un pincho a otro, sin que la presencia del fotógrafo pareciera importarle lo más mínimo.

16:48:20   Entró, entró… Rico, rico…, en la naturaleza no hay desperdicios

En el último salto vi que hacía un quiebro extraño, pero de nuevo posó y pude notar que movía algo su cabeza  de forma casi imperceptible.  Al buscar el plano lateral de su perfil pude ver que había pillado la pitanza de su merienda y que la engullía con fruición.


16:48:36   Otro empujoncito y… ya está

Desde la primera a la última foto que hice de su merienda  transcurrieron menos de 50 segundos.  Mi  atención concentrada en ella, como un “Marco Polo” cualquiera, saltaba de observar fascinado su monótona voracidad a mantener el plano de enfoque.  Un episodio alucinante, natural y brutal como cualquier cacería de la sabana africana, aunque el “agente” protagonista aquí, el Lestes barbarus, no llega a los 50mm.

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