Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

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Cosas de lentiscos

Posted by Pele Camacho en 4 marzo, 2017

El lentisco es un arbusto silvestre de porte mediano, un “todoterreno” poco melindroso que se adapta fácilmente a casi cualquier terruño  -aunque prefiere secarrales a humedales- por lo que es frecuente verlo en nuestros campos, aislado o revuelto con chaparros, coscojas, aladiernos, labiérnagos… y todo tipo de matorrales. Dentro de la ordenación taxonómica actual, su nombre botánico es Pistacia lentiscus, del género nombrado en honor al pistacho, o Pistacia vera, aunque su pariente más conocido y parecido es el Pistacia terebinthus, alias terebinto o cornicabra.

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Racimo de drupas de un lentisco a mediados de Septiembre

Su carta de presentación más vistosa es la veraniega, cuando algunas plantas -remarcando el  femenino- muestran sus racimos de pequeñas drupas rojas, que recuerdan a los racimos de bayas de grosellas y más de una persona se pregunta si serán comestibles. Ya en otoño se vuelven tintas, casi negras, y algunas aves se las comen, pero las semillas soportan la agresión de sus procesos digestivos y terminan dispersas muchos kilómetros más allá de donde salieron.

imgp3338_1200_knInflorescencias femeninas de un lentisco, en el inicio de su floración

¿Y de las flores, qué?  Pues poca cosa si hablamos de tamaño, y muchas cosas si lo hacemos de números y colores: el lentisco es una especie dioica, con ejemplares femeninos -los que dan frutos- y masculinos que solo dan polen; cada tipo tiene sus propias inflorescencias, en racimos pequeños a simple vista, pero impresionantes cuando se las mira con algún instrumento que magnifique su observación.

imgp3154_1200_knInflorescencias masculinas de lentisco mostrando el polen

Los meses de Febrero y Marzo, incluso Abril, según la altitud y latitud de la comarca, son los meses ideales para buscar y observar sus flores.

imgp3382_1200_knInflorescencias femeninas de lentisco con dos o tres días de vida

Cuando maduran, las flores masculinas estallan y liberan el polen que contienen, quedando algunas veces las carcasas vacías y secas. El proceso de polinización es mayormente anemófilo, es decir, se lleva a cabo por el viento y, precisamente por esto, cualquier población de lentiscos necesita de pies masculinos y femeninos relativamente cercanos para ser estable en el tiempo. Los racimos femeninos van creciendo y las flores polinizadas evolucionan y crecen hasta convertirse en drupas esféricas de unos 6-8 mm. de diámetro.

imgp3141_1200_knYemas de inflorescencias masculinas de un lentisco y carcasas vacías de la campaña anterior.

Como en los campos abiertos “todo es de todos”, las drupas de los lentiscos alimentan aves y las hojas, a veces, dan cobijo a criaturas diminutas, como  pulgones casi invisibles que encuentran en las hojas de los lentiscos un habitat idóneo para depositar su huevecillos y dejar que evolucionen “a su bola”, dentro de una agalla que crece como una deformación de la hoja, primero verde, después rosada y, finalmente, de tonos granates, hasta que los pulgones de la nueva generación alcanzan el tamaño y la capacidad para abrir un agujerito en la agalla foliar, saliendo a vivir, probablemente, una corta vida.

imgp3127_1200_knAgalla del pulgón Aploneura lentisci, en una hoja de lentisco

También los troncos tienen sus cosas, porque con el tiempo y las circunstancias, los troncos llegan a agrietarse y dejan salir resinas, savias y líquidos para los que siempre hay alguna criatura a la que sus aromas y sabores le molan lo suficiente para llegar al embeleso.

imgp2734_1200_1129knAnverso de una mariposa Nymphalis polychloros, con su espiritrompa aspirando un jugo de lentisco

Cuando bishos que no se dejan fotografiar fácilmente se detienen en un sitio durante un tiempo que “no es normal”, algo le pasa al bisho o algo tiene el sitio, más aún si hay bishos de naturalezas muy distintas que se disputan el emplazamiento para buscar allí algo que los atrajo desde lejos. Ese es el caso en algunos troncos de lentiscos viejos que conozco y que suelo visitar cuando paso por los parajes donde están, con la casi certeza de que encontraré algún premio a la visita.

igp2569_1200_knVespa crabro, un avispón de casi 30 mm, usando sus mandíbulas en una corteza de lentisco

Dicen las crónicas internáuticas que algunas regiones griegas y turcas del oriente mediterráneo, aún siendo vecinos mal avenidos comparten costumbres ancestrales como la de extraer de los lentiscos una resina que, después de secarla convenientemente, mastican a modo de chicle, o sea, que también algunos homosapiens sacan alguna cosa de los lentiscos. Pero esas son otras cosas, otras historias que caen lejos en el tiempo y la distancia.

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Asuntos espinosos

Posted by Pele Camacho en 8 noviembre, 2014

Hay temas muy relacionados con creencias y sentimientos que, según la vehemencia con la que se plantean o discuten, podrían calificarse como temas “espinosos”, porque “pinchan” la sensibilidad de ciertas personas y les hacen “saltar”. Uno de esos temas es el relacionado al origen y evolución de las especies.

La evolución biológica de las especies es un hecho constatado e incontestable, formulada como una teoría por algunos filósofos griegos hace más de veinte siglos y, más recientemente, planteada como una hipótesis por científicos de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, el “evolucionismo” surge con la publicación en 1859 de la obra “El origen de las especies” de Charles Darwin (1809-1882), que considera causas naturales para la evolución de las especies por fenómenos que podrían resumirse en mutaciones genéticas. De esos conceptos se deriva la actual teoría científica de la evolución biológica, que colisionó frontalmente con los planteamientos religiosos englobados en lo que se denomina “creacionismo” que, ante cualquier asunto con origen desconocido o sin una explicación científica convincente, atribuye la acción divina de un Ser superior que crea seres o cosas. Crea usted  lo que le parezca mejor y no intente discutirlo conmigo, porque no voy a entrar aquí en ese asunto espinoso. Punto.

IMGP7046_1200_1183KNOruga de Zerynthia rumina con una mutación particular: es hipocrómica ¿por qué? ¿cómo afectó al imago que surgió de ella?

Una especie de evolución biológica evidente y en corto plazo es la que se puede observar en las metamorfosis, unos cambios profundos que, a partir del desarrollo embrionario, afectan a muchísimas especies conocidas: en los insectos hay ejemplos de metamorfosis hemimetábola -en tres etapas- como es el caso de los odonatos, y de metamorfosis holometábola o completa, con las cuatro fases que se observan en los lepidópteros. Hasta donde yo sé -muy poco, realmente-  hay fases cuyos cambios no tienen aún ninguna teoría científica que justifique o explique los procesos de esa evolución o transformación, pero el reto atrae como moscas a muchos científicos ávidos de descubrimientos que en el futuro serán, probablemente, merecedores de algunos premios Nobel.

IMGP4919_1000_1021KNCrisálida de Zerynthia rumina: apenas se intuye la forma de la larva y, mucho menos, de la mariposa

Resulta especialmente enigmática la transformación que se produce en la tercera fase de las metamorfosis holometábolas, es decir, el cambio que tiene lugar dentro de una crisálida que, en un estado de aparente reposo, sin alimentarse siquiera, transforma una voraz larva u oruga con aspecto poco amigable, en un imago o individuo adulto de admirable belleza dotado de espiritrompa chupadora.

IMGP0566_1200_1068KNImago de Zerynthia rumina: ¿Qué fue de aquellas espinas,  patas y aparato masticador de su oruga?

Dentro de la crisálida tienen lugar complejos y desconocidos procesos de apoptosis, palabra moderna con raíces griegas antiguas, para referirse a destrucciones celulares programadas o previstas dentro de ciertas células que desaparecen porque en la nueva fase son innecesarias, siendo absorbidos sus restos de manera natural para constituir nuevas células con funciones completamente diferentes pero necesarias en la fase sucesiva.

IMGP6775_1200_658KNLarva de Nymphalis polychloros, erizada de agudas púas que no invitan a acercarse a ella

Muchas orugas o larvas de lepidópteros están recubiertas de espinas o agudas púas que les dan un aspecto amenazador: es su única defensa ante predadores que podrían atacarles o devorarlas si no tuvieran esa apariencia. Sin embargo, la mariposa en la que se transforman después de su fase de crisálida es una criatura de aspecto frágil e inocente, sin ninguna clase de espinas ni elementos defensivos: las células de las espinas o púas han desaparecido, se han disuelto, han muerto y han sido absorbidas para transformarse ordenadamente en no se sabe qué órganos, células o elementos del nuevo individuo que vuela en lugar de arrastrarse…

IMGP1729_1200_997KNReverso de un individuo adulto de Nymphalis polychloros

La apoptosis puede entenderse como una muerte celular con beneficio, necesaria para el éxito de la evolución y continuidad de la vida: las células de los seres vivos no son de vida ilimitada, necesitan renovarse de manera ordenada, sin que la desaparición de unas dificulte la acción de las nuevas.

IMGP1508_1200_1374KNEl éxito de una evolución con apoptosis: anverso de un imago de Nymphalis polychloros

El avance del conocimiento, en su acepción o sentido más amplio, es el resultado del estudio, la observación, la investigación… después de muchos años de relacionar ideas y, a veces, también, de serendipias, de encuentros casuales, de descubrir algo que no se buscaba pero de lo que se supo ver su relevancia porque ya se tenían otros conocimientos para juzgarlo de interés. El premio Nobel de Medicina de 2002 fue concedido a los científicos Sydney Brenner, Robert Horvitz y John Sulston por sus descubrimientos en relación al “desarrollo de órganos y muerte celular programada”.

Otro asunto espinoso es, también, la reducción de recursos para la investigación. No hace falta ir muy lejos para ver gobiernos y ministros erizados de púas y enrocados como crisálidas, que redujeron los presupuestos de investigación para sufragar los derroches y corrupciones de sus afines. Pero esas son otras historias que ustedes ya conocen…

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Ninfas que surgen al calor

Posted by Pele Camacho en 11 febrero, 2012

Lo que existe son individuos y especies; todo lo demás son creaciones del hombre”.  Así de claro y contundente lo dijo el profesor D. Antoni Prevosti Pelegrín (1919-2011), catedrático de Genética en la Universidad de Barcelona y pionero en ese campo de la biología. Y es verdad, de la buena, que si observamos vegetales, animales y hasta incluso homosapiens, encontraremos variedades, subespecies, individuos, razas, etnias… que con más o menos acierto, algunos clasificaron y otros siguen reclasificando, es decir, “creando” con criterios que cambian a medida que aumenta el conocimiento, corrigiendo supuestas equivocaciones anteriores.

Si hay especies de mariposas que hibernan como huevos, en la primera fase de su metamorfosis  -los Satyriums de la entrada anterior- hay otras que lo hacen como imagos, en la última fase, aunque sean una minoría de apenas un 1%.  Pero cada especie lo hace a su manera, como le guía su instinto, adaptándose al entorno y circunstancias con su capacidad de supervivencia, o sea, que intentar clasificar mariposas según los procesos o modos de hibernación sería otra posible creación humana, pero probablemente confusa. Cada especie que hiberna lo hace con sus “matices específicos” condicionados por sus metabolismos y organismos que, en muchos casos, son casi desconocidos. Mejor observar, estudiar y describir como hibernan esas especies, sin olvidar variaciones individuales o apreciaciones subjetivas que, con algo de estadística, podrían parecer verdades buenas. Pero no es fácil seguir esos pasos de mejora…

Dentro de la muy extensa familia Nymphalidae, o de los ninfálidos -una creación humana evocando a las etéreas y míticas ninfas creadas, también, por la imaginación de los antiguos griegos- hay especies que hibernan como adultos, pero ¿cómo y dónde?, porque no es lo mismo hibernar que invernar, ni hacerlo en Escandinavia o en Andalucía, por ejemplo…

Vanessa cardui, todo-tiempo y todo-terreno, emigrante y  sin diapausa, vista en Marzo

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

La Vanessa cardui (Linnaeus, 1758) es una especie de distribución muy amplia, en África, Europa y América. Es polivoltina en las zonas suficientemente cálidas donde no tiene diapausa, donde no hiberna; pero en zonas más frías recurre a migraciones observadas y descritas en abundancia, así que “hiberna” donde inverna, medio escondida no se sabe bien dónde, saliendo cuando hace bueno a echar unos vuelos de dudoso destino y razón. Sus plantas nutricias son los cardos, en un sentido amplio, pero sin hacerle ascos a muchas otras especies vegetales, lo que explica su extensa distribución y voltinismo. Hace dos años, ellas fueron por aquí casi una plaga, pero en el pasado año escasearon… ¿problemas de emigración? ¿de invernada? ¿de entorno?… misterios a los que no llego.

Vanessa atalanta, emigrante de altos vuelos, con las marcas del esfuerzo en sus alas, vista en Noviembre

La Vanessa atalanta (Linnaeus, 1758), que ya fue protagonista en la entrada “Esperando la primavera” es una emigrante de altos vuelos. Por aquí pasan algunas sus inviernos y se las ve muchos días revoloteando cuando ninguna otra lo hace. No es extraño que sus alas muestren un desgaste que parece acusar la dura tarea que han soportado en sus migraciones de miles de kilómetros y semanas de duración.

Nymphalis polichloros, emigrante de vuelos cortos e hibernante a su modo, vista en Junio

La Nymphalis polychloros (Linnaeus, 1758), si es univoltina, como dice Tolman en su “Guía de mariposas”, tiene ciclos de duración muy variable, alargados en zonas cálidas como el sur de Andalucía, donde la he visto volar de Mayo a Agosto, pero también en Noviembre, Enero y Marzo, aunque quizás la podría haber visto en otros días soleados del invierno, pues hiberna como adulto entre los árboles de los bosques del sur de Andalucía, de donde sale dejando ver su anverso anaranjado y sorprendiendo con su enorme capacidad de cripsis, de camuflarse en el entorno donde se oculta o hiberna.

Nymphalis polychloros, en pose de cripsis, libando almáciga de un lentisco, vista en Noviembre

El reverso de sus alas imita de manera casi perfecta a una viruta o corteza de madera vieja, siendo muy difícil distinguirla cuando posa en la corteza de los árboles. Tiene también comportamiento migratorio, con una distribución que se extiende desde el Norte de África hasta el sur de Escandinavia y Asia occidental. Entre sus plantas nutricias están los olmos, los sauces, los álamos, espinos, cerezos, ciruelos, manzanos… en fin, que sus orugas no son muy exigentes a la hora de alimentarse, pero… ¿por qué no se las ve más al oriente?… ¿por el frío que rasca por allí? o, tal vez, porque su capacidad migratoria, la potencia de su vuelo y la distancia de las estepas del Asia central sean incompatibles con sus preferencias de hibernar como adultos cerca de las costas mediterráneas, camuflada entre grietas de cortezas de árboles y libando néctares inimaginables, como la almáciga, una resina que rezuman los lentiscos.

Polygonia c-album, hibernante si a su generación le toca hacerlo, vista en  Junio

Y para terminar estas muestras de la variedad y matices en las hibernaciones de algunos ninfálidos adultos, la Polygonia c-album (Linnaeus, 1758), una especie de curioso perfil alar con múltiples entrantes y salientes de aspecto peculiar, con colores y detalles anaranjados y negros que recuerdan a la Nymphalis polychloros en el anverso y también en los detalles de “madera vieja “ de su reverso, aunque no he tenido la suerte de poder captarla así. Su distribución es también muy similar a la de Nymphalis polychloros, pero bivoltina en regiones del norte y oeste de Europa y trivoltina por el sur de los Balcanes y Grecia.  Hay, por tanto, generaciones estivales que no entran en diapausa invernal, mientras las generaciones tardías si lo hacen, como adultos, en fechas adaptadas al fotoperiodo del lugar donde están cuando se desarrollan sus larvas y pupas.

Con esas cuatro ninfálidas, creo que hay suficiente para ver qué razón tenía el profesor Prevosti Pelegrín al referirse a especies e individuos: buscar igualdad o semejanza fuerte, generalizar en algunos aspectos o detalles biológicos más allá del nivel de los individuos en muchos casos y especies, probablemente, es imposible, o falso, o una verdad a medias…

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Sátiros que surgen del frío

Posted by Pele Camacho en 6 febrero, 2012

Con el  frío que corre en estos días, no está fuera de lugar ni de momento reflexionar un poco acerca de cómo sobreviven en semejantes circunstancias algunos animales de nuestro gélido entorno. Así, de muchos insectos se dice que entran en diapausa, un estado de dormancia que no siempre supone los mismos procesos para todas esas especies que pasan a un estado de hibernación donde reducen su metabolismo a niveles mínimos. Otros, en vez de hibernar, emigran a regiones más cálidas donde pasan el invierno -como de vacaciones, vamos- aunque puedan estar un tanto adormilados mientras invernan, pues esa es la diferencia con hibernar, lo que supone una suspensión de la actividad nutricia y metabólica por parte del insecto que queda en un estado de vida latente.

Satyrium esculi (Hübner, 1804),  que hiberna como huevo en encinas, posando en hojas de Phlomis purpurea

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Según el orden y la especie de insectos, esa diapausa la pasan en alguna de las fases de su metamorfosis y así, en el orden de los lepidópteros, parece que la gran mayoría, un 66% lo hace en estadio de oruga, un 29% en la fase de crisálida, casi un 4% en la forma de huevo y un mínimo 1% lo hace en estado de adulto. Pero la causa que induce a entrar en diapausa varía de unas especies a otras e incluso depende del lugar y sus condiciones climáticas, observándose que algunas especies como las Gonepteryx, Vanessa atalanta y Nymphalis polychloros que diapausan como adultos, lo hacen de una forma tan poco profunda que les permite salir a echar un vuelecito en esos días en los que luce un sol poco invernal.

Satyrium spini (Denis & Schiffermüller, 1775), la Blue-Spot Hairstreak, otra hibernante como huevo

Un ejemplo de las que hibernan en estado de huevo son las especies europeas del género Satyrium (Scudder 1876), clasificado dentro de la familia de los Lycaenidae, o de los licénidos,  con unas 60 especies, de las que solo siete vuelan por Europa y cinco por la península ibérica, pero con distribuciones algo restringidas para cuatro de ellas.  Aunque el nombre de su género recuerde a los satirinos, no están dentro de ese grupo que antes constituyó la familia Satyridae, actualmente subfamilia Satyrinae dentro de la familia Nymphalidae.

La False Ilex Hairstreak, posando en una auténtica hoja de Quercus ilex,  de encina

Las Satyrium son también una parte de las mariposas conocidas en el argot “mariposil” anglosajón como Hairstreaks, las “pelijosas”, por sus mechones o vellosidades en la base de las alas y, además, la mayoría de ellas son mirmecófilas, amigas de ciertas hormigas que las atienden en sus fases de huevo o crisálida, a cambio de alguna sustancia azucarada generada como atractivo premio para sus hormigas cuidadoras. Pero también son amigas de los árboles, como dicen sus nombres específicos: spini, esculi, ilicis, de las encinas… donde sus pequeñas orugas de aspecto delicado se alimentan de hojas duras, casi coriáceas…

Pareja de Satyrium spini,  suspendidas en cálido reposo de una umbela de Thapsia villosa

Precisamente, más en estos días fríos, es agradable recordar aquellos días en que el campo rebosaba calor, vida y actividad, en flora y fauna, cuando no solo los Satyriums recordaban a los sátiros que les dieron nombre. A veces, cuando las veo tan vivarachas en verano, me recuerdan una vieja película que me gustó, “Sorge, el espía que surgió del frío”,  pero sería largo explicar por qué…


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Nombres al gusto

Posted by Pele Camacho en 19 abril, 2010

Cuando existen, los nombres populares de animales y plantas varían de región a región y, más que vías de entendimiento son sendas de confusión, por ejemplo, el jilguero, alias “colorín”, “cavernera”, “cardelina”… tiene más nombres que colores, porque destaca su belleza y personalidad cantaora, pero ¿Qué ocurre cuando el bicho o hierba es más discreto y pasa desapercibido para los curiosos? Pues que da igual el nombre que se le ponga, porque la mayoría de los que lo vean, ni lo conocen, ni lo recuerdan, ni les importa el nombre que tenga.

Nymphalis polychloros – “Olmera”- “Large tortoiseshell”-  Familia: Nymphalidae- Subfamilia: Nymphalinae

Por otra parte, los nombres científicos de muchas especies tienen un origen más anecdótico que científico.  Si se piensa en los millones de especies a clasificar y denominar, algunas de ellas con más semejanzas que diferencias, lo probable es que se agoten los recursos del conocimiento antes de darles nombre; o que el uso y utilidad del nombre científico diferenciante quede limitado a un reducido grupo de expertos que, para el caso, viene a ser lo mismo: la gran mayoría de humanos que lean el nombre de tal especie se quedarán “a dos velas”.  Pero como la comunidad científica se siente responsable de identificar y denominar a las especies, hay que seguir la iniciativa de Linneo, tradicional y mundialmente aceptada,  y parir un nombre de familia, subfamilia, género y especie, con más o menos lógica, simpatía o afinidad y esperar que el resto de la comunidad lo reconozca y acepte. O que lo cambie.

Vanessa cardui – “Cardera”- “Painted lady”- Familia:Nymphalidae – Subfamilia: Nymphalinae

En el caso de los nombres de algunas mariposas -pero no todas-, por su notoriedad y belleza, tanto el pueblo soberano – aunque no se sepa quien fue- como la comunidad científica les ponen nombres y, tantos unos como otros, tienen tantas razones como sinrazones para justificar o rechazar el apelativo imaginado. El pueblo recurre, supongo,  a cualquier asociación de ideas que, en base a la observación más o menos repetida, justifique el nombre y, así, ha puesto nombres tan bonitos como “olmera”, “cardera”, “saltacercas”,“velada de negro”, etc., etc., claro está que,  igual que con el jilguero, los nombres cambian a más o menos kilómetros, y pasan a llamarse, por ejemplo, “large tortoiseshell”, “painted lady”, “wall brown”,“dusky heath”, etc., etc., que no son precisamente traducciones literales, sino asociaciones de ideas totalmente diferentes, con tanta razón y justificación en Albión como en Hispania.

Lasiommata megera – “Saltacercas”- “Wall brown”- Familia: Nymphalidae – Subfamilia: Satyrinae

De manera similar, la belleza de las mariposas ha inducido a los naturalistas a “bautizar” a algunas de ellas con nombres clásicos de personajes “míticos”. Los mitos tienen el encanto de las primeras culturas de la civilización, con todo el derroche de imaginación de aquellas gentes que no tenían escapes en pasatiempos tecnológicos como los de hoy. Quizás por eso haya llegado su influencia hasta nuestros días, supongo yo… y así, dentro del orden Lepidoptera  y el suborden Rhopalocera, por ejemplo, encontramos la familia Nymphalidae o de los ninfálidos, con una docena de subfamilias tan “familiares” para los mariposeros como la Nymphalinae y la Satyrinae… ¡qué bien!

Coenonympha dorus – “Velada de negro”- “Dusky heath”- Familia: Nymphalidae- Subfamilia: Satyrinae

Y empiezan las preguntas con y sin respuesta:
¿Quienes pusieron los nombres científicos de cada especie?  Pues si se busca en esa excelente web ,  Insectarium virtual,

www.insectariumvirtual.com/galeria

cada foto suele llevar el nombre de la especie, el del naturalista que la bautizó y el año en que lo hizo, pero no por qué lo hizo con tal nombre.

¿A quiénes se le ocurrieron esos nombres de familias, subfamilias, géneros  y por qué?  Pues no lo sé y, además, ahí empieza lo anecdótico, con más sorpresa que lógica porque, por ejemplo,  ¿Qué razones hubo para asociar unas mariposas a ninfas y otras a sátiros? Me lo expliquen, por favor… unas deberían ser bellas y encantadoras, mientras los otros serían feos y rijosos. Y las únicas referencias que hay son la imaginación de quienes las describieron, esculpieron o pintaron, pero que nunca las vieron, porque existir, lo que se dice “existir”, nunca existieron…

Y aquí, por ejemplo,    www.artrenewal.org/pages/artwork.php?artworkid=25&size=large

en el mismo cuadro se ve lo feo y lo bello y una explicación de ello.  Que ustedes disfruten viendo y leyendo.

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Lucy in the sky…

Posted by Pele Camacho en 14 abril, 2010

Sorprende ver mariposas en invierno, cuando ni siquiera hay flores donde puedan libar de vez en cuando, pero haberlas, haylas… , como esta Nymphalis polychloros que vagaba solitaria por el PN Montes de Málaga, un sábado 16 de Enero 2010 en el que no llovió.

En el mundo mariposil se encuentran especies que entran como adultos en una situación de “dormancia”, un estado biológico en el que la actividad física queda en suspenso. Eso supone una fuerte reducción del metabolismo y, en consecuencia, una conservación de la energía que el organismo “dormante” tiene al entrar en ese estado que, en el caso de los insectos, se suele denominar “diapausa”. La RAE no recoge aún las palabras “dormancia” y “diapausa”, pero existir, existen… y se usan; diapausa, especialmente, en relación a insectos que durante los solsticios no soportan bien las temperaturas extremas de los lugares donde habitan y, si no tienen costumbres migratorias, lo que hacen es “diapausar”, una forma de dormancia, para ponerse a salvo de las temperaturas extremas que su organismo no soportaría.

Hibernar y estivar son formas de dormancia que se usan, a veces, para describir esos comportamientos mariposiles, pero el sentido más preciso de esas dos palabras supone un comportamiento predictivo del animal, cuyo organismo se prepara, por ejemplo, con acumulación de grasas, para entrar más tarde en ese estado de metabolismo minimizado que supone importantes cambios fisiológicos, como reducción del ritmo cardíaco, bajada de la temperatura corporal, etc., etc.,  ese mecanismo es el que siguen muchos roedores y algunos otros mamíferos, pero no es exactamente lo mismo en las mariposas y otros insectos. La diapausa está prefijada genéticamente y es inducida por estímulos específicos, tanto en su inicio como en su fin, y en ésto es diferente de la hibernación o estivación. Punto.

Como el invierno de 2009-10 fue húmedo y largo, las especies que empezaron a despertar de sus diapausas allá por Enero, quizás lo fueron haciendo hasta allá por Marzo, como esta Nymphalis polychloros que aunque vista por su reverso no lo parezca, pero lo es, volaba por los mismos parajes malagueños que aquella que mostraba su anverso en Enero. Se la veía espabilada y con vuelo firme, libando no-sé-qué en fisuras del tronco de una encina o entre los líquenes que por allí había. Hay detalles difíciles de ver cuando se enfoca a un bisho que raramente deja que te acerques a él en horas en las que está despierto y espabilado; pero luego, al ver las fotos en un monitor se aprecian detalles sorprendentes que evocan recuerdos lejanos.

Allá por los años 60, The Beatles compusieron una canción de extraño título, “Lucy in the Sky with Diamonds”, con esas LSD que evocaban “viajes” profundos a mundos multicolores donde había una “girl with kaleidoscope eyes”, ojos difíciles de imaginar pero, tal vez, fueran parecidos a los de esa Nymphalis polychloros que, posiblemente, no hacía mucho que salió de su diapausa invernal y revoloteaba, como un poco perdida, en un “viaje” con poco sentido y en un tiempo y un lugar en el que apenas había ni flores ni individuos de su especie con los que compartir nada de nada…

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