Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Posts Tagged ‘Pandora’

Bishoverde 100

Posted by Pele Camacho en 1 enero, 2012

Dando por buenos los contadores de categorías del margen izquierdo, con este suman 100, aunque no todos los bishos fueron verdes…

Así pues, buscando algún representante suficientemente verde para esa circunstancia tan redonda, recordé a una criatura injustamente olvidada en los recovecos del disco duro: la Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758), una verdosa con un bonito nombre genérico, casi tanto como ella, pues significa “de bellas cejas”, que en su caso serían esos bordes blancos de sus negros ojos. El apellido específico se refiere al género de una de sus plantas nutricias, las “Rubus”, plantas de la familia de las rosáceas, con tallos espinosos como las zarzamoras, frambuesos y otras de estilo pinchoso. Aunque con ese verdor no lo parezca, es una auténtica “todoterreno”: su área de distribución es una de las más extensas de los Lepidópteros, cubriendo toda Europa, Norte de África y parte de Asia, tal vez, porque su gama de plantas nutricias es tan amplia como su geografía, adaptándose a tantos sitios con una especie de “donde quiera que fueres, come lo que hubieres”.  Por nuestra geografía más cercana solo existe otra “de bellas cejas”, la Callophrys avis, que tiene las cejas rubias, de un color ladrillo, pero es muy escasa ella, tal vez por ser muy melindrosa, pues parece que sus plantas nutricias se reducen al madroño Arbutus unedo y muy pocas más.

Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758),  vista por babor

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Siempre posan con las alas plegadas, dejando ver ese color verde casi exclusivo del género Callophrys y ocultando sus anversos mucho menos vistosos, de un pardo casi uniforme que apenas se ve cuando revolotean. Los angloparlantes, aficionados ellos a dar un nombre popular a cualquier bisho, la llaman Green Hairstreak, es decir, “pelijosa verde”, o “mechones verdes”, aunque los pelillos de sus mechones sean blanquecinos y lo verde sean escamas. Ese color verde del que presumen y muestran en las fotos, suele cambiar de tono con la edad y con el ángulo de incidencia de la luz que las ilumina o la que reflejan, porque las escamas que recubren sus alas tienen una estructura semitransparente que da lugar a efectos ópticos de refracción y reflexión, dependientes de esos ángulos de la luz que permite observarlas.

Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758) , vista por estribor

A pesar de su amplia distribución y su pertenencia a la extensa familia Lycaenidae o de los licénidos, famosos en su mayoría por su peculiar mirmecofilia o simbiosis con hormigas, las larvas u orugas de Calloprhys no tienen esa característica en común con otras especies de la familia de remembranza lobuna; sin embargo, parece que la crisálida o pupa sí tiene una extraña relación con ciertas hormigas por estridulación  -generación de sonidos chirriantes y, posiblemente, desgradables- y por la secreción de sustancias dulzonas que atraen a unas hormigas golosas que, después de rechupetearlas, entierran a las crisálidas, tal vez para que dejen de dar el “cante”, al tiempo que les proporcionan así una especie de protección frente a posibles predadores.  Verdaderamente, qué complicado es todo eso del equilibrio ecológico, mucho más que el económico… pero esas son otras historias.

Libres de predadores de cualquier clase, disfruten felices en este bisiesto 2012 recién iniciado y, si algún bisho malo aparece en lontananza, no olviden ni pierdan aquel bishito verde que quedó en la caja de Pandora que, también, hasta el nombre tenía bonito: Esperanza

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La bella Pandora

Posted by Pele Camacho en 12 septiembre, 2011

El destino era Pandora…”, con esa frase en off se dice a donde iba la impresionante nave espacial del comienzo de “Avatar”, la película ganadora de tres oscars en 2010… pero  ¿qué o quién era Pandora?.  Pandora es un personaje mítico de uno de los muchos mitos cuya influencia perdura en ciencias, artes y religiones desde hace casi 30 siglos; Pandora y su caja son parte del mito de Prometeo, el creador de la humanidad, el que se burló de Zeus y al que éste se la juró, como describe Robert Graves en su libro “Los mitos griegos”(*):

“…ordenando a Hefesto que hiciera una mujer de arcilla, a los cuatro Vientos que le insuflaran vida y a todas las diosas del Olimpo que adornaran a esta mujer, Pandora , la más bella jamás creada,… y así preparó Zeus un regalo envenenado, pues hizo a Pandora  “tan tonta, malévola y perezosa como bella, la primera de una larga casta de mujeres como ella…, que abrió una caja que debía permanecer cerrada, según había advertido Prometeo, por contener todos los Males que podían infestar a la humanidad, como la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión, que al verse libres atacaron a la raza de los mortales”.  Pero la Esperanza engañosa, un pequeño bishoverde, se quedó en la caja de Pandora y disuadió con sus mentiras a los mortales, evitando que cometieran un suicidio general…”

Siglos más tarde surgió el relato bíblico en el que una mujer única y, por tanto, de incomparable belleza, pero algo tonta -pues se dejó engañar por una serpiente malévola- arrastró a la humanidad a sufrimientos y males imperdonables, todo por comer unas manzanas prohibidas, algo de lo que había sido oportunamente advertida…

Bella hembra de Argynnis pandora, mostrando sus verdes encantos

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

En el ámbito de los lepidópteros, la Argynnis pandora (Denis & Schiffermüller, 1775), es una bella ninfálida, hermosa y vistosa con sus cuatro patitas, que vuela de Julio a Septiembre, libando nerviosa en las inflorescencias de los cardos hasta que las primeras tormentas anuncian el otoño.

Macho de Argynnis pandora, no muy distinguible de sus compañeras

La belleza de la criatura se resalta de forma mítica, tanto en el nombre de la especie como en el del género: el origen de Argynnis se remonta a un erómeno, es decir, un bello adolescente llamado Argynnus, del que Agamenón, uno de los famosos de la guerra de Troya, se enamoró al verlo bañarse en un río donde nadaba y nadaba, hasta que terminó ahogándose después de tanto nadar. Agamenón erigió en su recuerdo un templo a Afrodita, diosa del amor, la belleza y otras cosas, templo que fue llamado de Afrodita Argynnis.

Macho de Argynnis pandora, mostrando unas abultadas líneas de androconias

Hembras y machos de Argynnis pandora no presentan coloraciones muy diferentes, pero sí se aprecian claramente en los anversos de las alas de los machos las androconias, unas escamas alares con células glandulares segregadoras de las feromonas utilizadas por los machos de lepidópteros durante el cortejo. En la Argynnis pandora aparecen como un par de líneas casi paralelas, con mechones o abultamientos, casi en el centro de cada una de las alas delanteras.

(*) Robert Graves, “Los mitos griegos”,  Vol. 1,  Cap. 39,  Alianza Editorial, 2ª ed, Madrid, 1986

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