Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

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Lobos miméticos

Posted by Pele Camacho en 17 enero, 2012

Las “lobas bailaoras” de la última entrada me hicieron recordar unos “lobos” de impresionante aspecto que he visto algunas veces por pura casualidad: la Hogna radiata (Latreille, 1817), un licósido, de la familia Lycosidae (Sundevall, 1833), nombre derivado del antiguo griego ”λύκος” que significa lobo. Es un miembro de la familia de “arañas lobo” que incluye a las tarántulas que provocan respeto y escalofríos a quienes sienten algún tipo de aracnofobia. Son arañas relativamente grandes -hasta 25mm. de envergadura, sin contar la longitud de sus ocho patas- que, a pesar de su temible aspecto, no son tan fieras como se las imaginan: pueden morder si se las acosa y provoca, pero su reacción ante los homosapiens no es atacar, sino huir. La mordedura puede ser dolorosa, pero poco más. Hay por estos pagos bishos y mordeduras mucho más tóxicas y dañinas que las de estos lobitos de ocho patas y ocho ojos: cuatro en una fila frontal, dos más hermosotes algo más arriba, a modo de faros frontales, y otros dos menos visibles algo más atrás, casi en el lateral de su cefalotórax, esa parte de sus cuerpos sin cuello de donde salen los cuatro pares de patas y otro par frontal que parecen patitas y que no lo son, los pedipalpos, responsables de otras funciones vitales ajenas al desplazamiento.

  En Septiembre, al levantar una piedra, se puede encontrar una Lycosa fasciiventris

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Dicen los expertos en visión biológica que hay dos funciones básicas de percepción: una es estática, o casi, que consiste en la apreciación de formas, colores o, si se quiere, las características del objeto que normalmente permiten reconocer, por ejemplo, a una araña lobo que aparece al levantar una piedra;  la otra percepción es dinámica, la detección visual que capta ‘algo’ móvil sobre un fondo más estático, por ejemplo, un bisho que se mueve rápido y, aunque no se llegue a reconocer lo que es, el cerebro puede activar un proceso de seguimiento del objeto móvil o ‘mirada selectiva’, con movimientos rápidos, o sacádicos, de los globos oculares o la cabeza. Esos procesos de visión dinámica suelen arrancar respuestas en los organismos vivos denominadas reacciones presa-predador, disparando cadenas de procesos complejos para defensa, ataque, u otros similares como girar la cabeza, mover el enfoque-zoom, apretar un disparador, etc.

La capacidad humana para percibir de una forma u otra es variable, aunque parece que somos más sensibles para detectar movimientos:  “… El ojo humano percibe los movimientos mucho antes que las formas y las siluetas.  Muévete despacio cuando estés reconociendo el terreno…”, dice, por ejemplo, el capitán Adolfsson,  en la pág. 474 de Los hombres que no amaban a las mujeres, –primer volumen de la trilogía Millennium de Stieg Larsson  Tal vez por eso, algunos seres vivos intentan pasar desapercibidos quedándose quietos. A otros, la evolución les ha permitido desarrollar formas y colores de su exoesqueleto que hacen difícil su detección en el entorno donde están mimetizados, pero sus movimientos pueden delatarlos, como a otros con peores intenciones que practican la mímesis con traje de camuflaje…

En Octubre, una detección por exceso de confianza en un supuesto mimetismo de una Hogna radiata

Los sistemas de visión artificial intentan emular los procesos biológicos de ataque-defensa, pero cuando toda esa ristra de procesos encadenados se intenta realizar en un robot, por ejemplo, la cosa presenta dificultades muy gordas pues se requieren sistemas complejos de sensores electrónicos, cachivaches, hardware, software… que suelen ser caros, lentos, voluminosos o una mezcla de esos tres defectos. Cuando se piensa en la rapidez e inteligencia de una araña o de una mosca que huyen de algo que las amenaza, se manifiesta lo poco que se sabe de cómo son y cómo funcionan unos cerebros que podemos considerar pequeños y lo difícil que es imitarlos con cachivaches artificiales. La cadena percepción-reacción se suele llamar Visión Activa, un área donde la ciencia tiene mucho camino por delante, aunque no siempre con intenciones pacíficas y en favor de la humanidad, porque algunos homosapiens pueden ser unos bishos muy peligrosos, aunque no muerdan, algo que los latinos expresaban con un “Homo homini lupus“, que en castizo sería algo como “El hombre es un lobo para el hombre“.

Que ustedes perciban y detecten bien y que reaccionen rápidamente ante cualquier lobo “malo de verdad”, los realmente peligrosos, mucho más que los Canis lupus o las Hogna radiata.

Los lobos de esta entrada fueron vistos, por casualidad, en el otoño del PN Montes de Málaga

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Reina de España

Posted by Pele Camacho en 1 septiembre, 2011

De la Issoria lathonia (Linnaeus, 1758) casi todo en sus nombres es raro y misterioso: Issoria es un nombre de género desgajado del género Argynnis(*) en el que estuvo integrada durante mucho tiempo…  ¿Por qué se separó esta especie de las otras que quedaron dentro del género Argynnis?…  pues no lo sé, pero lo cierto es que en algunas publicaciones se dice que Issoria y Argynnis son equivalentes, escribiendo Issoria (Argynnis), quizás, porque el género Issoria es monoespecífico a nivel europeo y, según alguna referencia no muy conocida, solo hay otras tres Issorias en las profundidades del África tropical.

 Vista dorsal de Issoria lathonia (Linnaeus, 1758), con sus muchos lunares iguales

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Lo de Issoria parece que viene a significar algo como “muchos iguales”, tal vez por los abundantes lunares negros casi idénticos que se aprecian en el anverso de sus alas, y digo eso tras un esfuerzo de mi imaginación para encontrarle sentido al sintagma.  En cuanto al nombre específico, lathonia parece que fue un oscuro personaje mitológico del que ha quedado poca memoria en nuestra cultura moderna.

Suele posar con sus alas abiertas “de par en par”, casi perfectamente alineadas en un plano mostrando la vista dorsal o de los anversos de sus alas, pero cuando se “distrae” o se concentra en algo importante para ella, como libar en los pocos cardos que todavía hay abiertos en el mes de Julio, entonces deja ver lo más sorprendente y brillante de ella: las manchas plateadas de sus reversos…

Entusiasmada con el chupeteo en los cardos de Julio, casi deja ver sus reversos

Más curioso es aún el nombre vernáculo que algunos le dan: los angloparlantes la llaman Queen of Spain Fritillary e incluso el famoso libro de Mr. Tolman -“Guía de las mariposas de España y Europa”- la llama Sofía, tal vez por abreviar, pero con error, digo yo… porque, indudablemente, la mariposa revoloteaba por aquí en tiempos muy anteriores a la llegada de S.A.R. Doña Sofía de Grecia, y por tanto, si se acepta lo de Reina debería referirse a alguna Isabel, María de las Mercedes, Victoria Eugenia… o yo qué sé cuál de sus majestades de tiempos pretéritos, a menos que se la deje, simplemente y sin más nombre, como reina dentro del reino de las maris de España…

 ¡Por fin! Con su ansia libadora, casi me dejó mirarme en los brillantes  espejos de sus reversos

Desde luego la criatura es bella  como una reina de esas que se eligen en los carnavales y festivales de misses; el hechizo de las enormes manchas plateadas del reverso de sus alas es casi único en el mundo mariposil,  pero de eso a llamarla “reina”… raro, raro, porque en España tenemos varias maris con tanto derecho como la Issoria lathonia a merecer ese apelativo. Todo puede ser por la remota tradición monárquica de los súbditos de su graciosa majestad de la Gran Bretaña, que realzaron el nombre y la gracia de la Issoria, tal vez, deslumbrados por los reflejos de sus escamas especulares que apenas se ven por el Reino Unido, mientras revolotean con relativa abundancia por zarzas y cardos de España. Más de un país de Europa la incluye en su respectivo Libro rojo de especies vulnerables, pero por el PN de Despeñaperros, cerca de Santa Elena  (Jaén), donde estaban las de estas fotos, suelen verse desde Junio hasta Agosto, hasta que se agostan las últimas flores de los cardos.

 Fritillaria lusitánica, una joyita primaveral en el PN Montes de Málaga

En cuanto a lo de Fritillary o Fritillaria, pues es otro nombre con una justificación muy forzada y orígenes remotos:  las mariposas de la familia Nymphalidae  –las mariposas que con solo cuatro patas visibles siguen siendo miembros de la clase Insectos o hexápodos se agrupan en subfamilias y tribus -como la Arginnini– donde están las Fritillaries, mariposas grandotas, anaranjadas y con lunares múltiples, pero… ¿Qué le recuerdan a usted tantos lunares casi iguales y próximos? Al que usó por primera vez lo de “fritillary” –tal vez, antes en Botánica que en Entomología-  le recordó la vista de un cubilete, mostrando un buen número de “puntos” negros igualitos en sus cinco dados… y a esos cubiletes, según dicen, en tiempos remotos los latinos los llamaron “fritillus”… pero eso ya son otras historias.

(*) Argynnis es uno de los sobrenombres que se dieron a la diosa Afrodita o Venus, paradigma de la belleza y sensualidad entre los personajes mitológicos, un nombre que encaja bien con la belleza y sensualidad de esas reinas de los campos de Julio.

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Las Tetas de Málaga

Posted by Pele Camacho en 14 abril, 2011

Hay lugares cuya orografía parece provocar a la imaginación, y siempre hay quien tiene de sobra para  entrar al trapo y tener una ocurrencia. En este caso, parece que fueron algunos marineros quienes acuñaron el topónimo “Las Tetas de Málaga”, con el que muchos malagueños llaman al Monte de San Antón, que es el nombre más legal que figura en planos y mapas.

Cuando los barcos arriban a Málaga desde Levante, apenas 3 Km en línea recta al norte de las playas del popular barrio de El Palo, se aprecia la atractiva silueta del Monte de San Antón con sus dos cumbres casi gemelas, la de Poniente con 491 metros y la de Levante con 508 metros  s.n.m. , separadas entre sí poco más de 400 metros.   En España hay, al menos, otros dos lugares con la misma referencia anatómica: es normal, diría yo, habida cuenta de la condición de mamífero del homosapiens.

Las Tetas de Málaga, vistas desde abajo, subiendo desde El Palo (picar en las imágenes para mayor resolución)

En el año 2007, después de realizar un extenso y detallado estudio de flora, fauna, geología y de otros aspectos del entorno en que se encuentra el Monte de San Antón,  se presentó una Memoria para solicitar su declaración como Monumento natural.  No se merece menos, porque es un lugar muy apreciado por los malagueños, un paisaje que gusta contemplar no solo por su singular belleza, magnitud y cercanía sino, quizás, también por las vistas que se pueden disfrutar desde aquellas cumbres: mirando al Sur, la vista se pierde en el horizonte del Mediterráneo, con un impresionante ángulo de casi 150º; mirando al norte, el contraste de los picos y laderas del PN Montes de Málaga; podría decirse que, desde las Tetas de Málaga,  se mire a donde se mire, se suspira…

Las Tetas de Málaga, vistas desde arriba, subiendo al PN Montes de Málaga

La escena desde más arriba de “las Tetas”, cuando se sube por la A-7000 al PN Montes de Málaga, ofrece el horizonte del Mediterráneo como si fuera un nivel para comparar las alturas de las dos cimas en el paisaje de mar y cielo que hace de fondo.  En cualquiera de las dos vistas principales, el Monte o Cerro de San Antón -que también lo llaman así- es un relieve que llama la atención, y por esto se puede calificar como un hito paisajístico.

La bahía de Málaga, vista desde la “Teta de Poniente

Y si se quiere tener una buena y amplia vista de la bahía de Málaga, nada mejor que subir a la “Teta de Poniente“.  La escena desde allí es de esas en que, aun viendo tanto, se deja de ver mucho de aquello que de cerca no gusta ver.  En fin, una subida para repetir y un sitio para recordar.

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Tres fases y una flor

Posted by Pele Camacho en 7 abril, 2011

Se podría decir que la reproducción de aves, reptiles y peces pasa por dos fases, utilizando el huevo como fase previa. Sin embargo, no se habla de metamorfosis en esos animales, aun siendo innegable que entre las dos fases hay una profunda transformación, que es lo que quiere decir metamorfosis. Tal vez, solo se merece la palabra cuando al menos hay tres fases o estadios, como en los Odonatos, a los que se denomina hemimetábolos para indicar que su metamorfosis es incompleta, frente a los holometábolos que tienen metamorfosis completa, es decir, cuatro fases que culminan en la de adulto o imago con la capacidad bíblica del “Creced y multiplicaos”, reiniciando esa primera fase que algunos llaman “ovoposición” y otros “oviposición”, aunque ni la RAE ni los diccionarios ingleses recogen palabras con ese sentido, como si fuera suficiente con lo de “ovíparo”.
Los lepidópteros son insectos holometábolos y sus huevecillos son diminutos, difíciles de ver y encontrar, si no se tiene la suerte y referencia de alguna hembra en la típica actitud de puesta con el abdomen curvado. Muchas de ellas suelen hacerlo en horas y lugares impropios para la fotografía. Son, por tanto, infrecuentes los encuentros con la primera fase; por el contrario, los individuos de la segunda fase suelen ser fáciles de ver y llamativos, tanto en su aspecto como en su comportamiento.

Oruga de  Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), sobre una hoja de Aristolochia, su planta nutricia

Las orugas o larvas de lepidópteros se desplazan con relativa lentitud, siendo presa fácil de sus depredadores. Es una fase en la que se alimentan vorazmente de sus respectivas plantas nutricias, para alcanzar en poco tiempo el tamaño y madurez necesarios para cambiar a la siguiente fase; mientras tanto, muchas de ellas suelen adoptar formas repelentes, cubriéndose de pelos urticantes, de espinas múltiples y, frecuentemente, mostrando coloraciones aposemáticas que ahuyentan a posibles depredadores, como se comentó en la entrada anterior, “Veneno en la piel“. No se puede negar que su aspecto parece anunciar posibles disgustos gastronómicos y digestivos.

“Candilillo”, flor de Aristolochia baetica, planta nutricia de muchas Zerynthias hispanas

En la protección aposemática, además del color está el sabor y, quizás, hasta el olor adquirido de algunas plantas nutricias que contienen sustancias tóxicas que la oruga metaboliza manteniendo la toxicidad que, supuestamente, debe producir algún disgusto a más de un predador potencial. Es el caso de las orugas de Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), cuyas plantas nutricias casi exclusivas son las del género Aristolochia, ricas en aristoloquina, un tóxico irritante de mucosas que, probablemente, desagrade a más de un pajarillo aficionado a incluir orugas en sus dieta. Y, por si fuera poco, también tienen alcanfor, esa sustancia de olor fuerte que ahuyenta a perros y gatos “meones” y, posiblemente, a más de un pajarillo.

Crisálida de Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), entre hojas de Aristolochia baetica

Los encuentros con la tercera fase son infrecuentes; antes de transformarse en crisálidas, las oruguitas suelen esconderse en algún lugar al abrigo de sol intenso, lluvias o, simplemente, depredadores. “Encuentros en la tercera fase” fue la traducción de título que aquí dieron a la segunda película de Steven Spielberg, con un tema también infrecuente por aquella época. Luego lo completó, más o menos, con “ET”, para mi gusto, mucho mejor película, aunque nos dejó con la duda de cuantas fases tenía la especie de ET. La crisálida de las Zerynthias es, como todas las de mariposas, sorprendentemente pequeña para contener, aunque sea muy bien plegado, el imago que saldrá de ella. Observándola cuando falta poco para la eclosión, a través de esa especie de tapadera traslúcida se perciben detalles del futuro imago.

Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), la Arlequín, un nombre popular tan bello como ella

Los imagos de Zerynthia rumina -mariposa Arlequín, la llaman por ahí- tienen una aspecto aposemático indudable. De hecho, parece que no le atacan los pájaros insectívoros. Pero, dejando aparte matices nutricionales, la mariposa Arlequín es, además de hermosota, sobre todo las hembras, una de las más bellas de nuestras latitudes. Hace pocas semanas han empezado a volar las primeras. La de la foto lo hacía el pasado 1 de Abril, en el PN Montes de Málaga.

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In illo tempore

Posted by Pele Camacho en 18 marzo, 2011

In illo tempore, hace ya, como no había interné y casi no había TV, los chavales nos divertíamos jugando con los amiguetes y leyendo.  Uno de los primeros libros que leí fue “Veinte mil leguas de viaje submarino”, de Julio Verne.  Se desbocaba la imaginación con libros como aquel;  recuerdo que me impresionaron aquellas descripciones del capitán Nemo, “nadie” en latín, y el submarino “Nautilus”, de nombre latino, empitonando a otros barcos con un espolón de proa que yo imaginaba como el “pincho” de un pez espada…

Libythea celtis (Laicharting, 1782),  unos ojos enigmáticos  y un morrito de espolón

In illo tempore, hace casi dos años, tuve la suerte de ver por vez primera y hasta ahora única, a la Libythea celtis  (Laicharting, 1782), la única representante en Europa de la subfamilia Libytheinae (Boisduval, 1833), que antes se conocía como Libytheidae. Me impresionó ver su famoso morrito prominente y me acordé del espolón del “Nautilus”.  En la portada de la “Guía de Mariposas de España y Europa“, el famoso libro de Mr. Tolman, sobre el título del libro está el dibujo que Mr. Lewington hizo de ella.  Categoría que tiene la criatura.  Dentro del libro, se dice de ella que es “muy esporádica y normalmente rara”, como su morrito y su nombre, digo yo; el apellido mucho menos,  muy bien puesto y bonito como el árbol del que lo tomó, el Celtis australis o almez, su planta nutricia preferente. Creo que le hubiera sentado muy bien que le hubieran puesto Nautilus celtis, por ejemplo, mucho más que el nombre de género que tiene, un nombre insípido que no dice nada.  Johann Nepomuk von Laicharting (1754-1797), entomólogo austriaco, fue quien les dio nombre. El año pasado intenté volverla a ver por los mismos sitios del PN Montes de Málaga donde entonces la vi, pero solo había madroños, con un sabor fuerte, único, exclusivo, que me recuerda las sierras y bosques a donde iba con mis amiguetes a coger castañas, bellotas, majoletas, algarrobas, madroños… no estoy seguro de lo qué nos gustaba más, si las frutas silvestres o si escaparnos al campo, quizás por aquello del placer de lo prohibido.

In illo tempore, gustara o no, era obligatorio estudiar Latín en el bachillerato. A más de uno, aquello de la lengua muerta le costó esfuerzos y alguna colleja, pero ningún trauma. Ninguno. Los traumas, escasos, si acaso, al caerse de algún árbol mientras se intentaba alguna proeza recolectora de frutos o de bishos.

Libythea celtis, en bellota, a cuatro patas, como corresponde a su carácter de ninfálida

Su morrito, palpos labiales exclusivos que ninguna otra mariposilla de por aquí iguala, su reverso parduzco de alas “repicoteadas” con perfil atípico y aspecto de hoja seca que las mimetizaría de manera perfecta si se estuvieran quietas, su excéntrica presencia y ocurrencia que las convierte casi en trofeo fotográfico, les dan un carácter de brujitas del bosque, poco menos que de ninfas de coleccionista. Sin embargo, su anverso con manchas anaranjadas es más alegre y delata su presencia que, después de todo, en la corta experiencia de mi encuentro con un par de ellas, me pareció que fueran algo más tolerantes con el fotógrafo, tranquilas a un nivel por encima de la media de su familia de Nymphalidae (Swainson, 1827), la de las cuatro patitas, del orden de Lepidópteros.

Libythea celtis,  brujita y ninfa de los bosques, la de alas “repicoteadas”

In illo tempore, hoy hace un año, lancé a las nubes de interné la primera entrada de este blog.  Me ha divertido seleccionar y recordar bishos y paisajes, escenas y sensaciones del campo donde me olvido de cosas que, a veces, traumatizan sin caer de ningún árbol, aunque pueda tener sentido aquello de caerse del árbol… Si, además, las entradas hubieran servido de entretenimiento y divertimento de internautas, amantes de la naturaleza y de sus bishos, poco más podría pedir, después de desear que sigan viéndolas y  “pasando buenos tempores” que, con mi escasos recuerdos de Latín, no sé como se diría in illo tempore.

 

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