Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

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Brujas y sirenas

Posted by Pele Camacho en 5 septiembre, 2013

La influencia de la mitología en la Biología se remonta a los comienzos de la nomenclatura de Linneo,  que utilizó nombres de personajes mitológicos para nominar a las especies con el sistema binomial que propuso. No había entonces más razones para usar aquellos nombres que las que haya hoy para hacerlo -como se ha hecho- con personajes de ”La guerra de las galaxias” o “El señor de los anillos”: el objetivo era, y es, clasificar organismos asignándoles un nombre que, normalmente, no detalla características del género o la especie nominada. Los detalles prolijos son objeto de la clasificación taxonómica, que supone conocimientos profundos de las especies y de sus agrupamientos dentro del reino animal o vegetal.

En uno de mis recientes safaris  -fotográficos, se entiende-  encontré, por azar, unas criaturas cuyos nombres recuerdan a personajes fabulosos que oí por primera vez, hace ya muchos años, en películas que ya no se hacen: Ulises, Circe, las sirenas… unas fantasías que, después de 25 siglos, siguen hechizando a científicos que igual ponen sus nombres a estrellas y constelaciones que a mariposas.

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Brintesia circe,  posando en tierra, sin miedo,  a cuatro patas

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Primero me salió al paso -quizás, la espanté- una Brintesia circe (Fabricius, 1775), una mariposa espectacular, grande, de vuelo rápido con sus alas de colores blancos y grises o pardos oscuros, que resaltan sus contrastes frente a los pálidos secarrales del campo de Agosto. Y recordé las odiseas de Ulises y sus compañeros con Circe, la diosa hechicera que encontraron en su viaje de vuelta a casa, después de pasar diez años en la guerra de Troya, según imaginaron sus mitógrafos.  Circe, como buena bruja que era, preparaba pócimas con fórmulas secretas -como la Coca Cola- con las que convertía a sus visitantes en animales más o menos domésticos, hasta que se le escapó uno y se chivó a Ulises que, provisto de un antídoto que le regaló Hermes, obligó a Circe a reconvertir a sus compañeros de cerdos a humanos. Pero Circe debía ser una bruja con muchos recursos, como ilustra una pintura de J.W. Waterhouse, porque Ulises y sus compañeros se quedaron por allí unos cuantos años, dejando descendientes y sentimientos antes de partir hacia su casa, donde Penélope le esperaba haciendo punto. Circe, que por ser bruja debía saber de muchas cosas, dijo a Ulises cómo debía actuar para librarse del embrujo de los cantos de las sirenas.

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Posando en las alturas, ocelo avizor, agarrada a una hoja de encina con sus cuatro patas

La Brintesia circe, también, como cualquier buena bruja, no suele mostrar sus secretos: es muy difícil ver sus anversos, que solo muestra durante sus vuelos, muy llamativos por el tamaño de sus alas. Es una mariposa relativamente confiada, que casi siempre posa con las alas plegadas, pero cuando nota que algo se aproxima a ella, suele desplazarlas para mostrar el ocelo apical de sus alas delanteras, como si observara con ellos o quisiera asustar al intruso. Entre sus dotes de pequeña bruja está su capacidad de emitir sonidos –estridular– otro secreto que muy pocas mariposas tienen.

 Las Brintesias pertenecen a la familia Nymphalidae, o de los ninfálidos, en la que hay clasificadas casi 6000 especies, aunque no todas son “ninfas”, porque en la última ordenación taxonómica se le añadieron las especies de la antigua familia Satyridae, o de los “sátiros”, quedando algo revueltos sátiros y ninfas, como en un famoso cuadro de Bouguereau.  Así, podría decirse -por aquello de las ninfas- que en la nueva familia hay muchas bellezas, “salvo algunos casos” que se dice últimamente, -por aquello de los sátiros- y, por cierto, todos los ninfálidos que se muestran en esta entrada, antes de “ninfálidos” fueron “satíridos”, pero como la Taxonomía es una ciencia en constante evolución…

IMGP0217_1200_786KNLa belleza de una ninfa aérea: Nymphalis polychloros (Linnaeus, 1758)

Las sirenas mitológicas eran unas ninfas marinas a las que muchos artistas han imaginado con su medio cuerpo inferior en forma de cola de pez, en lugar de las piernas que tenían las ninfas normales. En ese detalle, las sirenas imitan una de las características de los ninfálidos, que tienen dos patitas atrofiadas, aunque esa falta pasa desapercibida ante la belleza del resto que en nada recuerda a los peces. Las sirenas, entre otros encantos, tenían el de sus cantos; con ellos hechizaban a los navegantes, o sea, los embrujaban, atrayéndolos hacia unos arrecifes y acantilados donde encallaban y eran devorados por las sirenas. Mal asunto era, y sigue siendo, ese de los cantos de sirenas.

_IGP2574_1200_1256KNNymphalis polychloros, en su papel de sirena asomada al acantilado de una pequeña roca 

Ninfas mitológicas había para todos los gustos: algunas eran buenas y muy bellas, por lo que hacían como de azafatas en las reuniones de dioses y diosas mayores. Modernamente, aquellas reuniones han pasado a ser eventos que, con el nombre de asambleas, congresos, comisiones, etc., etc.,  siguen montando algunos homosapiens que se creen semidioses y gustan de amenizarlos con azafatas a las que suelen vestir  con uniformes de poco gusto, para que no les quiten protagonismo a los semidioses, supongo yo…

IMGP0877_1200_1094KNCoenonympha dorus, una de las ninfas bellas, con su banda plateada que recuerda a Misses o billetes

Entre las ninfálidas normales de nuestros campos, cabe mencionar las Coenonymphas, nombre que indica eso, que son ninfas comunes, que están casi en cualquier parte y son fáciles de ver, como la Coenopnympha dorus (Esper, 1782), nominada así en honor de una bella ninfa oceánica , o la Coenonympha pamphilus (Linnaeus, 1758), cuyo nombre de especie no indicaba que fuera “pánfila”, sino “bondadosa”, “siempre amistosa”, lo que derivó en el genuino significado de “pánfilos” que se da a aquellos que se pasan de bondadosos a cándidos.

IMGP5119_1200_1314KNCoenonympha pamphilus,  pequeña e inocente, polivoltina, cándida y amigable

En nuestras latitudes apenas hay ninfálidos dañinos, que lleguen a ser plaga de especies vegetales, un aspecto negativo que se llevan casi en exclusiva las orugas, que algunos llaman ninfas, de ciertas especies de la familia Pieridae o de mariposas heteróceras  o polillas.  Los ninfálidos  y sus ninfas son inofensivos, pacíficos y se limitan a llamar la atención de los que gustan de mirar la naturaleza y admirar la belleza de algunas de sus criaturas, aunque tengan nombres de sirenas, de ninfas o de brujas, porque…  ¿quién no conoce alguna bruja buena, aunque de vez en cuando se enfurezca?

Hace unos cuantos siglos, inquisidores y guardianes de la ortodoxia hicieron pasar muy malos ratos a las brujas, quemándolas en vivo y en directo en eventos que montaban con hogueras en las plazas públicas para librar al pueblo de hechizos y malaventuras. En los tiempos modernos surgieron otras brujas y hechiceros que, con modernos cantos de sirenas, engañaron al pueblo de manera directa y siguen intentándolo, también, en forma diferida. Está por ver si los inquisidores modernos serán capaces de librar al pueblo de tales encantadores, antes de que los hechos diferidos prescriban como resultado de las modernas técnicas de embrujo, miento y encantamiento. Pero esas son otras historias…

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Las cínicas

Posted by Pele Camacho en 7 marzo, 2012

Después de la muerte del maestro Sócrates, sus discípulos llamados “socráticos menores” montaron por allí sus propias escuelas filosóficas. Así fue como Antístenes creó la escuela cínica, un apelativo que nada tiene que ver con el adjetivo que merecen esos cínicos modernos que, cursis y encorbatados, trincan cuota de pantalla en todos los telediarios y otras cosas fuera de ellos. El origen del nombre de aquellos cínicos no está muy claro: unos lo relacionan a Cinosarges, lugar donde los primeros cínicos conversaban, mientras otros dicen que a Antístenes se le llamó cínico por vivir toda su vida “como un perro”, que en griego antiguo se escribía “κυνικος” y se pronunciaba parecido a “cínicos”.

Aquel cinismo, más que una escuela filosófica, fue un estilo de vida. El cinismo actual, en cierto modo, también lo es. Lo de vivir “perramente” -con aspecto harapiento- ha sido una corriente contracultural que ha surgido varias veces en la historia de la humanidad: cínicos, bohemios, clochards, beatniks, hippies… tuvieron algo común en sus vestimentas desaliñadas y en su forma de pensar, un deseo primordial de Libertad por encima de todo, libres de condicionamientos impuestos por la sociedad de su tiempo. Ese era el principio filosófico básico de la escuela cínica, uno de cuyos más famosos representantes fue Diógenes, el que vivía dentro de un tonel. De él se cuentan múltiples anécdotas, como su encuentro y corto diálogo con Alejandro Magno:

– Yo soy Alejandro Magno ¿Quién eres tú?
      – Diógenes el Perro
– Pídeme lo que desees
      – Que te apartes, que me tapas el sol …

Casi un siglo después de Diógenes, aparecen en la Historia los últimos cínicos famosos: Crates, Hiparquia y Metrocles, marido, mujer y cuñado en una familia de cínicos. Hiparquia -la única filósofa de aquellos tiempos- debía ser bella, pero renunció a todos sus pretendientes y a los lujos que le ofrecían por tal de estar con el maestro Crates, mucho mayor que ella, de aspecto mugriento y “cínico a tope”, máxima aspiración de Hiparquia, que pasó su cínica vida enfundada en un saco andrajoso lleno de lamparones. Como Diógenes, la cínica pareja dio mucho que hablar por aquel entonces. Los cínicos modernos  también, pero de forma más asquerosa que sus homónimos de hace veinticuatro siglos.

 Hipparchia statilinus (Hufnagel, 1766), en su pose de cripsis sobre un suelo pedregoso

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

De aquella filósofa cínica, cuyo nombre en griego se escribía Ιππαρχια y en latín pasó a Hipparchia, salió el nombre de un género de mariposas de colores pardo-grisáceos, poco glamourosas ellas, pues viven casi en la sombra, preferentemente, buscando un efecto de camuflaje en el terreno y posando en troncos de árboles o en el suelo, antes que en las flores donde suelen posar otras especies de su orden. Son casi veinte especies de las que algunas han sido cambiadas de un género a otro recientemente. Ahora están clasificadas dentro de la de la familia Nymphalidae, como subfamilia Satyrinae, que no hace mucho fue familia Satyridae. Todas muestran solo cuatro patas, porque el par delantero está oculto, como atrofiado. Su distribución es muy variable y solo cinco de ellas vuelan en algunas sierras de España que, como era de esperar, no son siempre las mismas.

Hipparchia statilinus, tomando el sol sobre una roca recubierta de líquenes

La Hipparchia statilinus (Hufnagel, 1766), de amplia distribución en España y otros países mediterráneos, es una especie cuya oruga se alimenta de gramíneas silvestres. Suele volar en los meses de más calor y, dados sus colores más bien oscuros, no es extraño que se resguarde entre sombras de árboles, para resguardarse de posibles calentones y hacer más difícil su fotografía, casi siempre con las alas plegadas. Cuando se hace preciso el uso del “flash”, su reacción al fogonazo suele ser desplazar las alas delanteras para mostrar el ocelo presente en ellas, como tratando de asustar al intruso que la molesta. El nombre statilinus era un diminutivo latino de Stator, uno de los sobrenombres que en la mitología romana se le dio a Zeus, el de los rayos y las centellas.

Hipparchia semele (Linnaeus,1758), una especie en honor de la madre del dios Baco

La Hipparchia semele (Linnaeus, 1758) es la cínica que tiene una distribución más amplia en Europa, pero no en Grecia, aunque su nombre, cómo no, tiene origen griego: Semele era una amante del todopoderoso Zeus, pero Hera, su siempre celosa esposa, además de poderosa y truculenta, hizo dudar a Semele de quien era su amante, animándola a pedirle a Zeus que se mostrara ante ella con todo su esplendor divino. Aunque Zeus se resistió, la insistencia de Semele debió ser tan grande como pequeña su inteligencia y, cuando Zeus se puso en plan dios, los rayos y relampagos que emitió abrasaron a Semele. Dado que estaba entonces embarazada de Dioniso, los efectos colaterales habrían sido terribles para los amantes del vino si no hubiese intervenido Hermes, que lo extrajo de Semele con una especie de cesárea, insertándolo después en un muslo de Zeus de donde nació meses después y de ahí viene ese nombre de Dioniso -nacido dos veces- para ser luego el simpático dios del vino. Está claro que lo de “tener padrinos” era ya válido en aquellos tiempos de los antiguos griegos.

Según observaciones de expertos, el ritual del cortejo de la Hipparchia semele es particularmente interesante, por ello, fue objeto de los estudios de Etología del profesor Nikolaas Tinbergen, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1973, compartido con los profesores Konrad Lorenz y Karl von Frisch, considerados padres de ese campo científico que estudia el comportamiento animal.

Hipparchia alcyone (Denis & Schiffermüller, 1775), en una pose soleada entre pedruscos

La Hipparchia alcyone (Denis & Schiffermüller, 1775)  tiene colores más contrastados que su “primas” statilinus y semele, y un comportamiento y envergadura alar muy similar, unos 50 mm, que casi nunca despliega porque suele posar con alas plegadas, un estilo muy cínico. Aunque quizás no sea la Hipparchia más bella, posiblemente sea la de nombre más bello, un nombre mítico que gustó y sigue gustando. Alcyone era una de las siete Pléyades, hijas de la ninfa Pléyone y del titán Atlas y, por eso, ninfas Atlántidas, nombres que evocan montañas, islas, océanos…

Hipparchia alcyone, con un nombre de cuatro estrellas

Si queremos ver a Alcyone tenemos que hacer algo que arranca suspiros: mirar a las estrellas del cielo y buscar a las Pléyades, un cúmulo de unas 200 estrellas a la derecha de la constelación de Tauro.  A simple vista, las Pléyades son poco más que una mancha brillante, pero con unos prismáticos sencillos ya se ven separadas las siete ninfas y sus dos progenitores. Alcyone es la más brillante de las nueve, porque no es una simple estrella, sino una estrella cuádruple, un alineamiento o superposición de cuatro estrellas cuyos brillos se suman para dar esa sensación de estrella mayor.  Es una estrella de “cuatro estrellas”.

Hipparchia fidia (Linnaeus, 1758), posiblemente, la más glamourosa de todas las cínicas

La Hipparchia fidia (Linnaeus, 1767) es, quizás, la más hermosota y vistosa de todas ellas, con unos colores contrastados relativamente claros en los reversos de sus alas, que son los que suele mostrar. Tienen una envergadura alar de casi 60mm. que solo se intuyen cuando se las ve volar, porque posan casi siempre con las alas plegadas. Su distribución se limita a la península ibérica -salvo zona cantábrica- Francia mediterránea y el Magreb. Se la puede ver en Julio-Agosto y, como mostré en la entrada “Néctares de bellotas”, le gusta volar alto, entre encinas y alcornoques, donde posa para libar lo que pille por allí, aunque sus plantas nutricias son gramíneas silvestres y otras hierbas de baja altura. A la vista de sus colores y comportamiento, podría decirse que es la menos “cínica” de todas. Posiblemente, le pusieron su nombre en honor de Fidias, el célebre escultor de dioses, diosas, griegos y griegas.

La quinta cínica hispana es la Hipparchia fagi (Scopoli, 1763), de aspecto muy similar a sus otras “primas” peninsulares, aunque reserva sus vuelos ibéricos a escasas zonas del tercio norte del país, aledañas a los Pirineos que nos separan de Francia. Como no he ido tan lejos a fotografiar mariposas, no la he visto nunca.

 

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Sátiros que surgen del frío

Posted by Pele Camacho en 6 febrero, 2012

Con el  frío que corre en estos días, no está fuera de lugar ni de momento reflexionar un poco acerca de cómo sobreviven en semejantes circunstancias algunos animales de nuestro gélido entorno. Así, de muchos insectos se dice que entran en diapausa, un estado de dormancia que no siempre supone los mismos procesos para todas esas especies que pasan a un estado de hibernación donde reducen su metabolismo a niveles mínimos. Otros, en vez de hibernar, emigran a regiones más cálidas donde pasan el invierno -como de vacaciones, vamos- aunque puedan estar un tanto adormilados mientras invernan, pues esa es la diferencia con hibernar, lo que supone una suspensión de la actividad nutricia y metabólica por parte del insecto que queda en un estado de vida latente.

Satyrium esculi (Hübner, 1804),  que hiberna como huevo en encinas, posando en hojas de Phlomis purpurea

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Según el orden y la especie de insectos, esa diapausa la pasan en alguna de las fases de su metamorfosis y así, en el orden de los lepidópteros, parece que la gran mayoría, un 66% lo hace en estadio de oruga, un 29% en la fase de crisálida, casi un 4% en la forma de huevo y un mínimo 1% lo hace en estado de adulto. Pero la causa que induce a entrar en diapausa varía de unas especies a otras e incluso depende del lugar y sus condiciones climáticas, observándose que algunas especies como las Gonepteryx, Vanessa atalanta y Nymphalis polychloros que diapausan como adultos, lo hacen de una forma tan poco profunda que les permite salir a echar un vuelecito en esos días en los que luce un sol poco invernal.

Satyrium spini (Denis & Schiffermüller, 1775), la Blue-Spot Hairstreak, otra hibernante como huevo

Un ejemplo de las que hibernan en estado de huevo son las especies europeas del género Satyrium (Scudder 1876), clasificado dentro de la familia de los Lycaenidae, o de los licénidos,  con unas 60 especies, de las que solo siete vuelan por Europa y cinco por la península ibérica, pero con distribuciones algo restringidas para cuatro de ellas.  Aunque el nombre de su género recuerde a los satirinos, no están dentro de ese grupo que antes constituyó la familia Satyridae, actualmente subfamilia Satyrinae dentro de la familia Nymphalidae.

La False Ilex Hairstreak, posando en una auténtica hoja de Quercus ilex,  de encina

Las Satyrium son también una parte de las mariposas conocidas en el argot “mariposil” anglosajón como Hairstreaks, las “pelijosas”, por sus mechones o vellosidades en la base de las alas y, además, la mayoría de ellas son mirmecófilas, amigas de ciertas hormigas que las atienden en sus fases de huevo o crisálida, a cambio de alguna sustancia azucarada generada como atractivo premio para sus hormigas cuidadoras. Pero también son amigas de los árboles, como dicen sus nombres específicos: spini, esculi, ilicis, de las encinas… donde sus pequeñas orugas de aspecto delicado se alimentan de hojas duras, casi coriáceas…

Pareja de Satyrium spini,  suspendidas en cálido reposo de una umbela de Thapsia villosa

Precisamente, más en estos días fríos, es agradable recordar aquellos días en que el campo rebosaba calor, vida y actividad, en flora y fauna, cuando no solo los Satyriums recordaban a los sátiros que les dieron nombre. A veces, cuando las veo tan vivarachas en verano, me recuerdan una vieja película que me gustó, “Sorge, el espía que surgió del frío”,  pero sería largo explicar por qué…


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Rey moro

Posted by Pele Camacho en 6 septiembre, 2011

En el reino animal hay muchos reyes y reinas; unos son “Reales”, o sea, de verdad, y otros son inventados que, en realidad,  de “realeza” solo tienen el nombre. Como ejemplos, en la última entrada presenté una mari a la que algunos llaman reina de España, y aquí va otra a la que otros llaman rey moro sin estar claro en honor de qué Real personaje la llamaron así, porque reyes o reyezuelos moros hubo muchos, sobre todo con aquello de los reinos de taifas, parecidos a las autonomías, pero a lo bestia, pues todas las taifas tenían reyezuelos.

     Rey moro macho, con tonos pardo-oscuros y banda clara, sobre roca con líquen soleado

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Si hubo su aquel con los nombres de la mari reina de la España mariposil, con los del rey moro pasa lo mismo o más, aunque este nombre vernáculo, al parecer, es de origen y extensión pura y exclusivamente hispana, porque esa denominación no se usa ni traducida en los países de nuestro entorno, quizás, porque en ellos fue escasa o nula la influencia de la cultura árabe que afectó a la antigua Hispania durante ocho siglos y dejó en la nueva España muchas palabras y recuerdos.

En realidad, el nombre actual del rey moro es Brintesia circe (Fabricius, 1775), una mariposa de tamaño grande, por encima de la media, que suele volar en Julio-Agosto cuando más calor hace, descansando en la sombrita de algún árbol después de revolotear sobre los matorrales donde las hembras dejan caer los huevos fecundados mientras vuelan, de forma que la oviposición recuerda un bombardeo aéreo. Las peculiares hembras del rey moro suelen estridular, es decir, producir un sonido audible frotando las alas que hacen vibrar cuando se les acerca algún macho y ellas no están receptivas por estar ya fecundadas; a la estridulación siguen empujones con sus patas mesotorácicas, como “dándole patadas” al macho insistente, según se ha observado en estudios científicos de tal fenómeno. Por lo demás, la diferencia entre machos y hembras es más bien poca, muy difícil de distinguir en el campo y no muy fácil de adivinar en las fotografías que se dejan hacer, raramente con las alas abiertas que dejan ver una ancha banda blanca sobre un fondo casi negro, de donde viene el nombre vernáculo más internacional: Great banded grayling.

Hembra de rey moro, algo más clara que los machos y con colores menos contrastados

Con los nombres científicos de la Brintesia circe ha habido un buen baile: sus primeros nombres fueron Aulocera circe (Fabricius, 1775) y Brintesia proserpina (Denis and Schiffermüller, 1775), renombrado el género como Kanetisa (Moore 1893) y de nuevo redefinido como Brintesia (Fruhstorfer, 1911); en cualquier caso, siempre han sido géneros monoespecíficos, porque la criatura debe tener detalles que la diferencian del resto de la familia Satyridae, donde siempre estuvo hasta que pasó a integrarse como subfamilia Satyrinae en la gran familia Nymphalidae, o sea, que actualmente la subfamilia de los “sátiros” es parte de la gran familia de las “ninfas”… , no obstante, en libros tan modernos como el Tolman,  “Guía de mariposas de España y Europa“, editada en 2002,  se sigue usando Kanetisa, aunque los orígenes de todos los nombres de géneros por los que ha pasado la especie están igual de oscuros. Como ninfálidos que son, se puede observar en estas fotos que los reyes moros parecen ir  a cuatro patas, pues el par delantero que les corresponde como insectos o hexápodos lo tienen atrofiado, siendo las patas delanteras que muestran las mesotorácicas utilizadas por las hembras para alejar machos muy “sátiros”.

Sin embargo, parece que el nombre de la especie siempre fue en honor de la bella maga Circe, salvo el citado sinónimo específico de Proserpina, nombre latino de la griega Perséfone, reina del inframundo a donde fue llevada por Hades o Plutón, el dios mitológico de lo subterráneo en esas fascinantes historias del Olimpo…

   Macho de rey moro, posando al sol sobre otros líquenes

Circe, diosa menor, hechicera de argonautas, pintores y escultores, fue quien engatusó a Odiseo cuando volvía a su reino de Ítaca, mientras la reina consorte Penélope tejía y destejía para mantener a raya a los moscones que la acosaban creyendo que Ulises estaba muerto… y no estaba muerto, que no, que estaba con Circe, con la que tuvo tres hijos. Un mito fabuloso, una odisea fantástica, de película, vamos…

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Lobas livianas

Posted by Pele Camacho en 15 junio, 2011

Para hoy se anuncia eclipse de Luna y he recordado esas escenas de cielo azul oscuro y perfiles de lobos con el cuello estirado, cantando o aullando como homenaje a una Luna brillante… ¿Qué harán o sentirán los lobos cuando hay un eclipse de Luna?  Parece que los eclipses ponen nerviosos o asustan a los animales que perciben que ocurre algo raro…

Desde tiempos remotos ha existido un cierto “magnetismo” entre humanos y lobos,  tal vez, por su inteligencia animal, o por su afinidad con el mejor amigo del hombre, por su mirada profunda o, quizás, simplemente, por su porte, por su belleza… recuerdo con gusto aquellos lobos del amigo Félix en “El hombre y la Tierra”, saltando y aullando a la Luna, con o sin eclipse.

Las referencias a los lobos en el orden de los Lepidópteros son numerosas, empezando por la familia Lycaenidae o de los licénidos, la más amplia dentro de las mariposas diurnas, con unas 6000 especies identificadas, entre las que, sin embargo, no están los “lobitos” de los géneros Pyronia e Hyponephele, ni las “lobas” del género Maniola, a cuya especie jurtina va dedicada esta entrada.  Las “lobas” y “lobitos” del mundo mariposil pertenecen a otra gran familia, la Nymphalidae o de los ninfálidos, que hasta no hace mucho fue la Satyridae, o de los satíridos, pero…  qué más da entre lobos, ninfas o sátiros, si tanto unos como otras solo son o fueron asociaciones de ideas y criaturas, reales o míticas, pero famosas y populares, para recordar…

 Macho de Maniola jurtina, (Linnaeus, 1758), “el Lobo“, posando en una coscoja serrana

La Maniola jurtina (Linnaeus, 1758), a la que se puede ver desde primavera hasta otoño, es una especie de difusión amplia en Europa, como lo fue el lobo antes de que se convirtiera en el objetivo y trofeo de muchos loberos, que llegaron a descastarlo de muchas regiones donde era una amenaza para el ganado, las Caperucitas y las abuelitas… es una especie vivaracha, activa de aspecto incansable, incluso las que llegan a otoño con las alas a jirones, hechas unos “zorros”, más que unos lobos

   Macho de  Maniola jurtina, “el Lobo” mostrando el lomo, su anverso y sus androconias feromoniferas

¿Y por qué la llamaron “la Loba”?… pues, ni idea; lo único que se me ocurre como origen de esa asociación de nombres es el tono pardo de los anversos de los machos, donde se dejan ver unas marcadas androconias, una especie de mechones de escamas, más o menos alargados, que contienen las células glandulares encargadas de segregar las feromonas, el perfume con el que, no solo las mariposas, atraen a sus parejas para intentar la propagación de la especie.

   La primavera, las feromonas altera…

No es frecuente ver los anversos pardos de los machos y, menos aún, los de las hembras de Maniola jurtina pero, parece que en algunos días, quizás relacionados con los periodos más convenientes para su actividad reproductora, es posible observar esos anversos casi imposibles de ver en otros momentos del cálido ambiente en el que les gusta revolotear. Distinguir machos de hembras no es fácil en el campo y, a veces, tampoco después de ver la foto aislada del lobo o loba, pero cuando se les ve amorosamente juntos, es relativamente fácil saber quién es quién: ella, normalmente, más gordita, más entrada en carnes, con el abdomen algo más grueso; él, más enjuto, más ligero, más preparado para buscarlas esparciendo feromonas por ahí… ley de vida, que dicen algunos.

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Melanargias mediterráneas, cocina, música y teatro

Posted by Pele Camacho en 8 julio, 2010

Hasta hace apenas diez años, el género Melanargia correspondía a unas mariposas de la familia Satyridae, desaparecida y transformada en la subfamilia Satyrinae, que ahora está dentro de la familia Nymphalidae renovada con los cambios que introdujo el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica -CINZ-, vigente desde el principio del siglo XXI.  Dentro del género Melanargia hay varias especies, de las que en la península ibérica hay cinco diferentes – galathea, ines, lachesis, occitanica y russiae -, con una distribución geográfica irregular y solapamiento parcial de algunas de ellas.  La referencia en el nombre de la denominación más antigua, Melanargia galathea – (Linnaeus 1758), aunque hace referencia a la ninfa Galathea, no aclara mucho acerca del nombre Melanargia,  que pudo ser un vocablo compuesto para describir los colores aparentes “negro y blanco” de las mariposas de estas especies.

Anverso de Melanargia lachesis, con sus colores típicos, blancos y marrones

Como en tantos casos más, las denominaciones populares de las especies tienen un origen de lo más variopinto, pero sin dejar de tener alguna causa justificativa, o lo que es lo mismo, un nombre más razonable que el correspondiente científico.  Las variaciones aparentes entre las distintas especies son pequeñas, como se puede ver en las fotos adjuntas y, por tanto, los apelativos populares vinieron a ser los mismos, con algún adjetivo, si acaso, para diferenciar una especie de otra y, así, todas las Melanargias son conocidas como “Medioluto”…  ¿Por qué?

Anverso de Melanargia ines, con los colores que dieron origen al apelativo de “medioluto”

La cultura del luto es, o era, típicamente mediterránea; había un protocolo doliente que se reflejaba en la negrura de las vestimentas y en el tiempo que debían llevarse, antes de cambiar a unos tonos menos severos, un luto suave o “medio luto” que mezclaba negros y blancos, como anunciando un más o menos inmediato fin del luto.  Para ejemplos, en francés, “demi-deuil” y en italiano “mezzo-lutto”, o sea, lo mismo. Pero la cultura es como un “hipertexto” que relaciona temas dispares y nuestros vecinos transpirenaicos también tienen en su cultura una “poularde au demi-deuil”, que en plan pobre sustituye la “poularde” por una gallina o cualquier otro volátil de tamaño medio, siempre que tenga el pellejo típico de esas especies, grueso y rico en colesterol, y susceptible de rajar para introducir bajo la piel rodajas de trufa negra que, al hornear, difunde su aroma hacia la carne del ave así trufada, pues aquel pellejo colesterólico actúa como pantalla que impide que los aromas se pierdan en el horno… una sutil delicadeza gastronómica que, cuando se sirve, deja ver bajo la piel amarillenta, más o menos churruscada, las manchas negras de la trufa que visten de “medio luto” al protagonista de la mesa.   Los ingleses, siempre un poco diferentes, llaman  a las Melanargias “Marbled White”, o sea, algo así como “blancas marmóreas”.  En sus islas, el luto no era en una costumbre tan arraigada como en las culturas mediterráneas.  Ni tampoco las buenas costumbres gastronómicas.

Dejando el nombre genérico, cabe un análisis de los nombres de las especies y, de nuevo, preguntarse por qué fueron los que fueron.  El entomólogo alemán Jacob Hübner  (1761-1826), autor del  Sammlung Europäischer Schmetterlinge, un famoso tratado sobre mariposas europeas, tuvo un detalle de poco gusto, diría yo, con la  Melanargia lachesis -(Hübner, 1790) , porque  ¿a cuento de qué vendría acordarse de Láquesis?

Reverso de Melanargia lachesis, alias “Medioluto ibérica”

Láquesis era una de las tres Moiras griegas, representadas como mujeres de rostro severo, decidiendo con una cuerda sobre la vida de los mortales. La primera era Cloto, que con una rueca hilaba la cuerda de las vidas; luego le seguía Láquesis, que decidía cómo de larga era la cuerda o la vida de cada mortal, o sea, era la que nos “daba cuerda”  (ahora se diría la que nos ponía pilas pues ya no hay chismes con cuerda y casi todos van con pilas)  y finalmente estaba  –no-lo-digo–  (a los griegos le daba yuyu decir su nombre, y a mí, también) , y esa última era la que, cuando se acababa el ovillo de cada uno, con unas tijeras cortaba la cuerda y se acababa su historia.  Así imaginaron los antiguos griegos eso de la vida más o menos larga que a cada uno le toca…  luego vinieron los romanos y copiaron los mitos griegos con otros nombres y las Moiras pasaron a ser las Parcas, en plural, porque cuando se dice en singular, la Parca, se hace referencia a la de las tijeras.  A mí no me gusta mucho pensar en esas cosas, pero hay quien, como Serrat, les da sonoridad, poesía y hasta una música de Mediterráneo, encantadora e inolvidable:

… Si un día para mi mal
viene a buscarme la Parca,
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desgüace sus alas blancas…

La puedes escuchar aquí: www.youtube_Serrat_Mediterráneo

Reverso de Melanargia ines,  alias “Medioluto Inés”

Con nombre más humano, poético, o como cada cual se lo imagine,  la  Melanargia ines (Hoffmannsegg, 1804) , fue denominada así en honor a Inés, doncella  -que se decía entonces-  del entomólogo, también alemán,  Johann Centurius Hoffmann (1766- 1849), Graf von Hoffmannsegg, o conde Hoffmannsegg,  que encontró a la mariposa en un viaje que hizo a Granada.  Un buen detalle el del conde y un precioso nombre el de Inés, mucho más bonito que aquel de “lachesis”.

Yo creo que en la cultura castellana hay una Inés que sobresale, especialmente en Noviembre, aquella   “Doña Inés del alma mía, luz de donde el sol la toma, hermosísima paloma …   ¡Oh! Sí, bellísima Inés, espejo y luz de mis ojos …”

Aunque también muchos hemos oído una cancioncilla que decía:    Inés, Inés, Inesita, Inés…  que a más de una Inés no le gustaba que se la cantaran.  Pero eso son otras historias.

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