Sorpresas y paisajes

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Ofrenda a unas diosas

Posted by Pele Camacho en 7 junio, 2013

En los orígenes de la mitología griega, de la unión de Urano -el Cielo- y Gea -la Tierra- nacieron seis titanes y seis titánides. Una de las titánides era Themis, responsable de mantener el orden, las leyes y las buenas costumbres en el entorno divino.  En aquel grupo tan reducido, dioses y diosas se emparejaron a gogó, y así, el todopoderoso Zeus, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, se emparejó con su tía Themis (*) y nació Dice, a la que los romanos llamaron Iustitia, y así llegó a nuestra cultura la enemiga de todas las falsedades y defensora de las leyes y de la Justicia a la que dio nombre.

Con aquella mezcla de divinidades tan prêt-a-porter, cada mitógrafo contó el asunto a su manera y, en nuestros días, parece que el concepto romano de Justicia se asocia a la diosa Themis, mientras que Iustitia y Dice han quedado en un segundo plano.

Desde la noche de los tiempos, los homosapiens han querido estar a bien con dioses y diosas. Para ello, según los tiempos y culturas, ofrendaron a sus dioses desde doncellas y donceles hasta modestos cestos con frutas y flores… y hasta fotografías de libélulas hembras, que llevan el nombre de Themis, como un honor a la dignidad de los objetivos que representa esta titánide o diosa titánica.

(*) En la mitología hebrea  -hasta donde yo sé- Caín y Abel no tenían hermanas, ni tías ni primas, entonces… ¿cómo se continuó la especie?

IMGP4781_1200_729KN_SM A  Themis, diosa madre, una hembra madura de  Crocothemis erythraea

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Como si fuera la más hembra de todas las libélulas, en las hembras de Crocothemis erythraea (Brullé, 1832) hay un elemento que destaca al final del abdomen: la prominente espina vulvar con la que se enganchan a la genitalia secundaria de sus machos. Es una libélula rubia y llamativa, hermosa y fuerte, como podría imaginarse a Themis.

El origen del sufijo “-themis” en el nombre de algunas libélulas no está claro: es posible que se aplicara a un género concreto con el origen mitológico comentado y que se continuara en otros géneros con algunas características comunes, como se aplicaron, por ejemplo, los sufijos “etrum” o “cnemis” a otras familias.

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A  Iustitia, la diosa romana con venda en los ojos, una hembra joven de Brachythemis leucosticta

Se suele representar a la Justicia como una dama con ojos vendados para no dejarse influir por el aspecto de los “presuntos”. Las hembras de Brachythemis leucosticta  (Burmeister, 1839) presentan en sus ojos unas bandas que recuerdan, en su aspecto y en su grafía, la venda que cubre los ojos de la Justicia. Podría servir como ofrenda para aquella diosa romana de segunda generación.

IMGP8919_1200_1432KN_SMA Dice, diosa de la justicia en el mundo humano: una hembra de Selysiothemis nigra sobre una dura roca

Las  hembras de Selysiothemis nigra (Vander Linden, 1825) posan frecuentemente en el duro suelo o en hierbas casi rastreras, como si buscaran su sustento a baja cota, un hecho comprobado en sus primas Brachythemis;  “Dura lex, sed lex”, dice un latinajo clásico en muchos recintos donde fiscales, jueces y juezas, supuestamente, deben preparar e impartir la Justicia: “La Ley es dura, pero es la Ley”, como si de una roca se tratara.  Pero, injustamente, en el mundo humano parece que la ley no es igual de dura para todos: es más dura para algunos y, sobre todo, muy leeeeentaaaaa… para otros, tan lenta que, a veces, el delito prescribe o el “presunto delincuente” se muere sin terminar de ser juzgado, después de mucho-marear a la Justicia aunque ésta llevara venda.

En sus representaciones artísticas, Themis tiene una balanza en una mano para medir el desequilibrio del hecho a juzgar y una espada en la otra mano para castigar a los delincuentes.  Ya referí en una entrada anterior que libélula viene del latín libellula, un diminutivo de libella que era, a su vez, diminutivo de libra, la balanza de dos platos que lleva la Justicia. Parece que el nombre original de libellula se le puso a los odonatos porque, como las balanzas, son capaces de mantenerse en equilibrio en el aire, batiendo sus alas sin desplazarse.

IMGP9949_900_828KN_SMMacho joven de Trithemis annulata, manteniendo en equilibrio la posición de obelisco

Las poses en obelisco de algunas libélulas, como las Trithemis annulata (Palisot de Beauvois, 1807),  permiten observar una simetría, un equilibrio que recuerda el de una balanza en reposo, pero no es fácil para mi imaginación encontrar una imagen de libélula que evoque a la espada de la Justicia.

Como ser un dios debe ser chollo, algunos mortales de la variedad homolistos, con aspiraciones ambiciosas y sobrados de soberbia se endiosaron a sí mismos y, al socaire de ciertas organizaciones, surgieron individuos de “medio pelo”, aunque algunos con bigotes, patillas, melenas o medio calvos que, saltando sobre las buenas costumbres y las leyes, intercambiaron ofrendas tan variopintas como caudales públicos, coches, viajes, trajes, bolsos, “gramitos de caviar”… y hasta confetis. En estos tiempos, años después de los hechos -“en diferido”, que dicen por ahí- la Justicia, dando muchas vueltas, les busca las vueltas con su espada desenfundada, pero esas son otras historias.

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Rojo y gualdas

Posted by Pele Camacho en 19 febrero, 2011

El rojo es un color que abunda en los odonatos.  Hay varias especies cuyos machos tienen un intenso color rojo que les hace destacar entre los colores del entorno donde se mueven. De todos ellos, quizás, el más notable es el macho de Crocothemis erythraea (Brullé, 1832) que, con un abdomen ancho y una envergadura que se acerca a los 45mm, luce un rojo intenso y vivo, extenso “de cabo a rabo”, es decir, de cabeza a patas y cercoides anales.  Como si fueran conscientes de su tamaño, suelen tener un vuelo “suficiente”, agresivo, rápido… como muy seguro de sus capacidades. Para darles un toque aún más atractivo, en la parte posterior de sus ojos resalta una fina línea azul clarita, que contrasta agradablemente con los rojos circundantes, y en la base de sus alas hialinas tienen unas transparencias azafranadas no muy extensas, pero suficientes para ser visibles a simple vista y para darles nombre: “crocus” es el nombre latino del azafrán que, en griego latinizado, fue “crocos”; lo de “themis”, como en las otras especies de odonatos con ese mismo sufijo que ya comenté, es la evocación del equilibrio en el aire de las libélulas, del signo Libra, de la balanza de dos brazos símbolo de una diosa de la Justicia… en fin, un animal precioso hasta en el nombre.  Los angloparlantes les llaman “scarlet”, escarlata, un nombre bien puesto, tan bello como su color.

Rojo a tope,  un macho maduro de Crocothemis erythraea  (Brullé, 1832)

Como en otras especies de odonatos, las hembras de Crocothemis tienen colores más discretos, marcando diferencia con sus machos en un dimorfismo sexual que sería casi increíble si no lo demostraran con sus rápidos tándems amorosos, que ejecutan en vuelo con una maestría asombrosa y que, en su combinación de colores, recuerdan los ”rojo y gualda de la enseña nacional”.  Si yo tuviera que ponerles un nombre vernáculo y celtibérico, posiblemente, les llamaría “españolas”, por evocación y porque sí.

“Gualdas” en evolución, amarillos en una hembra adulta de de Crocothemis erythraea

Lo de “gualda” es un color que, mayormente, los hispanos asociamos al amarillo de nuestra bandera, pero antes que el de la bandera,  “gualda” era, como-todo-el-mundo-sabe, el nombre vernáculo de la Reseda luteola, una planta silvestre de la que, al parecer, se sacaban tintes amarillos antes de que la síntesis química arrasara las costumbres ancestrales… De suyo, luteola, como el adjetivo lúteo, viene del latín “luteus”, que significaba amarillo, y es una raíz latina que se aplica a muchas palabras y conceptos relacionados al amarillo, por ejemplo, la “mácula lútea” que aloja la fóvea con la que distinguimos los colores.  El amarillo de nuestra bandera, sin tonos ni detalles, se definió allá por tiempos de Carlos III, a finales del siglo XVIII, pero en lo de “gualda” me “pieldo”, o sea, que no sé a quién se le ocurrió…

“Gualdas pálidos”,  en una hembra jovencita de Crocothemis erythraea

Pero, sabido es, el color de los odonatos es algo cambiante, normalmente, más en ellos que en ellas, que también.  Los “gualdas” de las hembras de Crocothemis son unos amarillos que, de jovencitas, como en tantas otras libélulas, son pálidos, unos tonos marfileños que,  poco a poco, evolucionan a medida que sus cutículas se tintan con los pigmentos que generan en su hipodermis y van oscureciéndose, de forma que, cuando pasan a ser Crocothemis muy maduras y veteranas, cuando en castizo se dice que “saben latín”, parece que aumentara su belleza;  sus colores son más intensos, sus ojos más azules, y después de tanto sol veraniego parecen haberse bronceado y su color cuticular pasa a ser un amarillo tostado, un color indefinido que habría que identificar por alguna referencia del catálogo Pantone, para no confundir.

La culminación de los “gualdas”, amarillos oscuros en una hembra veterana de Crocothemis erythraea

De manera inconfundible, a simple vista, lo que desde jovencitas permite identificar a cualquier hembra de Crocothemis y distinguirlas de otra hembra de libélula que pudiera parecérsele, es su prominente lámina o apéndice vulvar, casi perpendicular al segmento S9 donde acaban.  En castizo, se podría decir también que las hembras de Crocothemis, son unas hembras “de bandera”.

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