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Indignadas para indignados

Posted by Pele Camacho en 24 mayo, 2012

En los últimos tiempos, y en muchas partes, hay muchísimas personas indignadas. Y tienen muchísimas razones para estarlo, porque mentecatos, ineptos, corruptos y sinvergüenzas de toda índole y condición, abusaron y abusan de su estatus socavando el bien común.  Ahora, bajo la soberbia intransigente de algunos gerifaltes que cabalgan como Atila en instituciones y centros de poder, otros pretenden remediar despropósitos de manera injusta y mendaz, con el esfuerzo y sufrimiento de los que no participaron en desatinos, dispendios y delitos que siguen impunes. Porque, además, la justicia -con minúscula- parece mirar hacia otro lado o hace “semana caribeña”, mientras se habla de una “generación perdida” que lo único que puede hacer es indignarse, enfurecerse y manifestarse, si les dejan… por eso, por esos indignados, por sus derechos y razones, subo indignado esta entrada de Furias libres, que de indignadas solo tienen el nombre.

Lasiommata megera, una inocente criatura con vello erizado y nombre de Furia

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Los antiguos griegos, con su facilidad para mitificar dioses y demonios, imaginaron tres deidades femeninas a las que llamaron Erinias, o perseguidoras,  que actuaban como juezas implacables para castigar y vengar los abusos que cometían los malos de entonces. En la mitología romana, heredera directa de la griega, a las Erinias se las llamó Furias, porque desarrollaban su función con furor, con indignación extrema.  Las Erinias surgieron de la sangre que derramó Urano al ser castrado con una hoz de pedernal por su hijo Cronos. Imaginando la indignación de Urano, es fácil imaginarse también el carácter de las Erinias que surgieron de aquella sangre enfurecida, o mala sangre, dicho en castizo. Las furibundas eran tres:  Alecto, “la implacable”, castigadora de los delitos morales, Tisífone, “la vengadora de asesinados” y Megera, “la celosa”, vengadora de infidelidades y la peor de las tres.

Con nombre de indignada, mostrando tranquila su docena de ocelos

No es fácil saber qué estado de indignación pudo tener  Linnaeus  cuando puso el nombre de Lasiommata megera (Linnaeus, 1767) a esta inocente mariposilla, que no es mejor ni peor que otras de su condición mariposil.  No es una especie gregaria y su oruga se nutre de hierbas silvestres de baja estofa, por lo que ni daña cultivos ni en su corta vida de apenas tres semanas afecta a otras especies. Así pues, las razones para tan indigna denominación permanecen ocultas, como las que injustamente permiten la indignante impunidad de algunos delincuentes.  Las Lasiommatas son especies relativamente huidizas, a las que hay que aproximarse con cierto sigilo para poder fotografiarlas, aunque hay situaciones en las que es más fácil hacerlo, si se tiene la suerte de avistarlas en esos momentos en que su naturaleza requiere más atención al congénere que a los depredadores o fotógrafos molestos.

Las Lasiommata megera pueden tener varias generaciones en un año cálido

El nombre del género Lasiommata (Westwood, 1841) se refiere una vellosidad  –lasios– que sus individuos tienen entre los omatidios de sus ojos –omma– compuestos, un detalle difícil de apreciar en fotografías que no estén hechas con técnicas de supermacro; pero esa vellosidad en los ojos compuestos no es algo exclusivo de este género, pues hay otras mariposas que también lo presentan. Solo hay dos especies de este género en nuestras latitudes peninsulares: la megera, a la que algunos llaman “saltacercas”, y la maera, a la que también llaman “pedregosa”, porque suelen revolotear por pedregales aislados en zonas marginales de algunos bosques.

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