Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 27 septiembre 2010

No es bueno que estén solos…

Posted by Pele Camacho en 27 septiembre, 2010

Después de la entrada anterior, solo de machos, me dije que la siguiente debía ser solo de hembras, porque las hembras, sean de libélula o no, son tan importantes como los machos en la naturaleza, o incluso más, si se piensa en la partenogénesis o los inventos y clones de la biología moderna.

Pensé un “Falta algo si los machos están solos…” y me acordé de aquella frase bíblica “No es bueno que el hombre esté solo…del origen de la creación, según dice el Génesis, libro anónimo y primero del Antiguo Testamento, cimiento común de la religión hebrea y la cristiana.  La frase, supuestamente pronunciada por el creador del hombre, parece decir que el creador hubiese dejado algo pendiente en su primera faena –como el autor de estas entradas-  aunque  ¿le dijo alguien a los anónimos autores que la frase fue dicha por el creador o se lo inventaron ellos? ¿Por qué el hombre fue creado antes que la mujer? con lo fácil que habría sido que la primera mujer pariera al primer hombre o hacer a los dos de una tacada y del mismo barro, en lugar de aquello de la costilla de Adán de la que salió Eva… pero como no quiero meterme en barrizales dejó el asunto bíblico aquí. Amén.  Pero la famosa frase tiene su aquel y se ha “clonado” en novelas, películas, canciones…como aquella de Víctor Manuel que decía:

No es bueno que el hombre esté solo
se vuelven igual que los lobos
que caigan, que crezcan, que sangren, que duela
que no se sometan, que escapen, que metan.


Y parece que a los libélulos también les va la letrilla de la canción porque, cuando están solos, se enredan en grescas que, probablemente, no serían tantas si por allí tuvieran compañeras con las que hacer sus “ruedas del amor”, esos tándems únicos en la naturaleza conocida desde los tiempos del Génesis. Por cierto, menos mal que la RAE define tándem como “Conjunto de dos elementos que se complementan”, porque antes de leer eso solo me sonaba a bicicleta de dos plazas.

Si es fácil la confusión de machos al intentar identificarlos por sus colores, no lo es menos con las hembras, pues ellas suelen tener colores menos intensos que los machos maduros de sus respectivas especies.  Compare el lector algunas fotos de la entrada anterior con las respectivas de ésta y verá…

Crocothemis erythraea, hembra adulta, mostrando su espina vulvar en el extremo del abdomen

Así surge de nuevo la relevancia identificadora de las genitalias, prominencias que los machos muestran en los bajos de sus segmentos S2, mientras que las hembras parecen ocultar las suyas, las espinas vulvares, entre S8 y S9.

Crocothemis erythraea, hembra de emergencia reciente, mostrando ya su espina vulvar prominente

Algunas hembras, como las de Crocothemis erythraea,  muestran su espina prominente desde muy jovencitas. Casi recuerda un gatillo disparador. Podría decirse que es una espina vulvar “conspicua”, muy conspicua…

Hembra adulta de Sympetrum meridionale, con espina vulvar apenas visible

En otras especies, como la Sympetrum meridionale, apenas se aprecia en sus hembras un mínimo relieve de sus genitalias, lo que también es suficiente para identificar “por omisión” u “ocultación”. Tienen una espina vulvar “inconspicua”, o sea, casi inapreciable, como si no tuvieran…

Hembra adulta, vieja, de Sympetrum striolatum, mostrando una espina vulvar de tamaño mediano

Y entre esos máximos y mínimos, toda una gama de espinas vulvares con tamaños, formas y colores difícilmente apreciables a simple vista y, muchas veces, invisibles en las fotos.

Hembra joven, de  Sympetrum striolatum, muy diferente de la anterior, pero casi igual espina vulvar

Pero dado que parecen conservar la forma y el tamaño relativo de la espina vulvar, desde sus primeros días hasta su vejez, aunque sus colores difieran de manera que induzcan a pensar que son especies diferentes, la observación de ese apéndice, junto con algún otro dato de color o forma, puede ser la clave complementaria para identificar la especie, sobre todo en fases juveniles que es cuando más despistan.

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Rojos con Morse

Posted by Pele Camacho en 20 septiembre, 2010

Cómo son
En este post no están todos los que son, porque son una familia numerosa con bastantes géneros; pero son todos los que están: todos son Sympetrums, odonatos todos ellos con unas características, tamaño, colores, etc. que permiten identificar con relativa facilidad su pertenencia a la familia, pero no tanto al preguntarse de qué especie son, pues según la época en que se les ve, es decir, el momento de su desarrollo, tienen colores muy similares y sutiles diferencias entre ellos que pueden llevar a errores de identificación.  Recuerdo a los abueletes del pueblo que, a veces, preguntaban a los críos que les incordiaban con un “¿De quién eres tú?”, muy aplicable también a los Sympetrums.

Después de las emergencias, en sus fases juveniles, no solo se parecen bastante algunas especies, sino que incluso también hay parecido entre los sexos y las identificaciones se hacen difíciles si las observaciones de los individuos recentales o tenerales -en el argot anglofilo generalmente aceptado- no permiten ver con claridad las genitalias. Luego, a medida que evolucionan, la diferencia de color es suficiente para distinguir machos adultos, cuando éstos adquieren un color rojo predominante, más o menos intenso,  por la pruina que recubre progresivamente el color marfileño de la cutícula del exoesqueleto, que apenas sufre un ligero oscurecimiento. Son Sympetrums y son machos, pero ¿de qué especie?.

El problema y la alternativa
La identificación de especies más fiable, tanto de machos como de hembras, es la que se deduce al examinar sus genitalias pero, aunque de forma inconsciente por su parte, en la fotografía de campo no suelen dejar  ver el detalle de sus partes.  Entonces, dado que los colores de ojos, cuerpos y extremidades pueden confundir, imaginé la posibilidad alternativa de buscar caracteres secundarios acromáticos que proporcionen información “aproximada” de la especie que es. Entre tales detalles acromáticos podríamos decir  -imaginar, más bien-  que los individuos maduros llevan encima una especie de mensajes Morse de rayas y puntos que “podrían” ayudar a su identificación como si fueran “códigos de barras”.  Lo importante no es el “mensaje”,  que varía con la imaginación que se eche  en la lectura del supuesto “código”, sino la presencia o ausencia en él de ciertas rayas o puntos. Veamos algunos ejemplos que, por supuesto, varían ligeramente con la edad de los rojillos y la capacidad discriminante del examinador.

Sympetrum sinaiticum. Rayas negras laterales en S2 y S3,  raya negra en S8 y punto al comienzo de S9

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

En el Sympetrum sinaiticum, que tantos años costó nominar, se observan dos rayitas laterales en los segmentos S2 y S3 del abdomen. Eso en Morse es la “m”. Luego, también lateral en el segmento S8 se ve otra rayita aislada, que sería la “t” Morse, pero si se fuerza un poco el examen, se podría decir que al principio de S9 hay un punto. En ese caso, podría decirse que sobre S8 y S9 hay una “n”.

Sympetrum meridionale.  Raya negra en S3 y puntos negros en S4, S5, S6 y S7

El Sympetrum meridionale tiene una rayita aislada en S3. Una “t”. Luego, de S4 a S7 hay cuatro puntitos, uno en cada segmento, que podrían interpretarse como  cuatro “e” o, si los imaginamos como un grupo de cuatro puntos, darían una “h”.


Sympetrum striolatum. Rayas negras laterales en S7 y S8, punto gordo en S9. Rayas dorsales en S8 y S9

El Sympetrum striolatum no porta ningún mensaje en S2-S3, solo lleva rayitas en S7 y S8, a veces muy tenues, seguidas de una mancha  -o punto gordo- en S9. Esos hacen una “g”.  Pero, además, en la parte dorsal de S8 y S9 lleva dos rayitas, una “m” dorsal, que no llevan los sinaiticum ni los meridionale.

Sympetrum fonscolombii. Rayas negras laterales en S6, S7, S8 y S9.  Rayas negras dorsales en S8 y S9

Finalmente, Sympetrum fonscolombii porta las rayitas dorsales en S8-S9, igual que  el striolatum, pero además lleva una serie de dos, tres y hasta cuatro rayas laterales que empiezan en S9. Para el ejemplar de la foto de esta especie he elegido uno de cuatro rayas, la “ch”, un código que, como la “ñ”, solo se usaba en Morse español, donde esas letras son imprescindibles en algunas palabras de uso frecuente y castizo.

Breve apunte histórico

Samuel Morse (1791-1872), considerado inventor del telégrafo, no era un científico, ni mucho menos, pero supo aprovechar las ideas de alguno como Joseph Henry (1797-1878),  que en 1835 había tenido, demostrado y perfeccionado la idea del telégrafo, pero que no tuvo la de patentarlo.  Morse, que aunque no fuera científico debía de ser muy listo, aplicó su famoso código de puntos y rayas a unos cachivaches eléctricos de los que sabía poco, desarrollados por Henry, uno de los padres del electromagnetismo y los electroimanes, es decir, las bobinas eléctricas que fueron el soporte físico de los primeros telégrafos. Henry, aunque no fuera tan listo como Morse, fue un científico muy trabajador y muy inteligente, con un prestigio mundialmente reconocido. Precisamente, en su honor se llama “henrio” o “henry” a las unidades físicas que indican la inductancia de las bobinas.   La idea de los puntos y las rayas es tan antigua que no se sabe qué  homosapiens fueron los primeros en utilizarla; se sabe, por ejemplo, que en la antigua Grecia utilizaron escudos con superficie pulida para reflejar el sol y enviar mensajes a larga distancia. Se puede decir que fueron los primeros “heliógrafos”.  Y también unos contemporáneos de Morse y Henry, los “pieles rojas” de las pelis del oeste, transmitían señales de humo largas y cortas, con una fogata  y una manta.  A saber si no fueron ellos los que dieron a Morse la idea de los puntos y las rayas…

Pero Morse fue quien hizo la patente, la número 1647 de USA, en Junio de 1840. Y como era muy listo,  se forró con la explotación de la misma. El telégrafo clásico se usó durante más de cien años, siendo reemplazado con los teletipos y la red de “telex”, hace unos cincuenta años.  Pero eso ya es otra historia.

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