Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 30 marzo 2012

De amarillo-paella

Posted by Pele Camacho en 30 marzo, 2012

De manera algo informal, dentro de la numerosa familia Pieridae se hicieron dos grupos: las blancas y las amarillas, aunque ya dije en la entrada anterior que en todas ellas hay matices y manchas multicolores. De manera más formal, la subdivisión es en cuatro subfamilias, si bien en las subfamilias Pierinae (Duponchel, 1835) -la de blancas-  y  Coliadinae (Swainson, 1827)  -la de amarillas- están casi el 90% de los géneros de la familia. Como es habitual, dentro de cada subfamilia hay tribus y, así, dentro de las amarillas están la tribu de los Goniopterygini –que contiene las Gonepteryx de alas con “Piquitos” y la tribu Coliadini, que toma nombre de las Colias (Fabricius, 1807), el género más representativo de la tribu.

Hembra de Colias crocea, una rubia de ojos verdes

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El género Colias lo integran algo más de 80 especies distribuidas por todo el mundo, aunque solo una docena de ellas vuela por Europa y apenas cuatro de ellas tienen representantes más abajo de los Pirineos que-nos-separan-de-Francia.

Así pasó la noche, agarrada a un tallo de Phlomis purpurea

El origen del nombre Colias está algo difuso o, quizás, confuso: parece que se perdieron los apuntes de Fabricius que fue quien hizo la subdivisión en “blancas” y “amarillas”. Lo que se considera como más probable es que Colias proviene del nombre de un promontorio en la costa de Ática -la península donde está Atenas- porque allí existía un templo de Afrodita, diosa de la belleza, y en eso creo que la referencia es acertada, pues aunque el tema de la belleza sea subjetivo y relativo, las Colias son unas mariposas de gran belleza.

Macho joven, con todo el color de su amarillo azafrán

Probablemente, la más amarilla de nuestras mariposas es la Colias crocea (Fourcroy, 1785), toda una belleza que fascina tanto por su color como por su vuelo rápido, casi acelerado, en el que apenas deja ver las manchas negras que bordean los anversos de sus alas, que casi nunca muestra abiertas mientras liba o descansa de sus vuelos. El apelativo crocea  -que antes fue edusa y croceus– es un derivado de crocus, género de plantas bulbosas cuya representante más famosa y cara es la Crocus sativus, el azafrán, joya gastronómica con delicadas flores violáceas, de las que se extraen sus estigmas rojos para obtener la especia que da ese color amarillo-paella tan característico.

Sobre unas flores de Trachelium caeruleum, la flor de la viuda

Para los británicos, la Colias crocea es una especie inmigrante en sus islas a la que dan el nombre vernáculo Clouded yellow, cuya traducción correcta no sé si debería ser Nublado amarillo -que no me suena bien- o Nube amarilla, que me suena a “Gran jefe piel-roja”.  El origen de la británica denominación son las  “cloud of yellows” que se ven algunos años en que las emigrantes continentales hacen agrupamientos masivos, como “enjambres amarillos”, para cruzar pacíficamente el Canal de la Mancha que, con su tradicional e imperial punto de vista, los británicos llaman “The English Channel”. Parece que, en años de especial bonanza climática, suele haber generaciones que después de emerger en las islas, al igual que algunos de sus habitantes, vuelan hacia el sur en busca de ambientes otoñales más agradables.

Una hembra de la variación  forma “helice” con reversos pálidos

Las hembras de Colias crocea –como en la mayoría de las mariposas- son ligeramente más grandes que los machos y tienen una serie de manchas blancas dentro de los gruesos márgenes negros de los anversos de sus alas, márgenes que en los machos no tienen manchas. Aunque no suelen mostrar los anversos, algo de esas manchas se transluce cuando se observan sus reversos, pero no siempre, por lo que la distinción de sexos se hace difícil para profanos.

Y si entre las “blancas” había una especie minoritaria y parecida, entre las “amarillas” también existe una variación importante cuyo número se estima en algo más de un 10% de su población femenina. Se las denomina forma helice y la variación consiste en que el amarillo-azafrán de los reversos cambia a un crema-pálido que les hace parecer de otra especie, pero solo es un cambio de color que podía imaginarse equivalente a la existencia de Colias crocea “rubias” y “albinas”, simplemente. Los anversos también son diferentes pero, como apenas los enseñan, pues no tengo fotos en esa pose.

¿Colias alfacariensis  o Colias crocea f.helice?   La confusión está servida…

Una especie diferente es la Colias alfacariensis (Ribbe, 1905) cuyo nombre específico proviene de Alfacar, municipio muy próximo a Granada, famoso por la alta calidad de sus aguas y de su pan artesano, una delicia gastronómica que, en muchos sitios, ha bajado en calidad mientras ha subido en precio, argucia de algunos para aprovecharse con eso de “Todo necio, confunde valor con precio”.  Por otros motivos, es fácil confundir a la Colias alfacariensis con la Colias crocea helice, sobre todo observando los reversos; por los anversos es más fácil diferenciarlas, pero como no acostumbran a mostrarlos, el asunto con reversos queda para expertos.

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Las Piérides

Posted by Pele Camacho en 24 marzo, 2012

Las mariposas son criaturas fascinantes que atrajeron la atención de los homosapiens desde siempre, hasta tal punto que el origen de sus nombres es una incógnita perdida en la noche de los tiempos de muchas culturas: no parece muy convincente, por ejemplo, la supuesta etimología facilona de “mari_posa” para su nombre castellano y tampoco está claro el origen de “butter_fly” en inglés, con otra etimología simplista relacionada a la mantequilla –butter– que poco tiene que ver con los hábitos biológicos de las británicas butterflies, dejando aparte la amplitud del concepto fly, aplicado tanto a verbo como a sujetos.

Pieris rapae (Linnaeus, 1758)  posando, “Mari-posa” o “butter_fly”,  blanquita con amarillo-mantequilla

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Es innegable el hechizo que provocan las mariposas con los aletazos de sus vuelos de rumbos aparentemente caóticos, la elasticidad y elegancia supergeométrica de su espiritrompa, la variedad multicolor de sus enormes alas tirando de cuerpos diminutos…  así que, con ese estilo suyo de no-pasar-desapercibidas, no es extraño que los homosapiens tengan en su memoria el recuerdo de alguna mariposa popular por su frecuente presencia en el tiempo y lugares donde habitan. Sin embargo, si se hiciera una encuesta con un amplio muestreo a nivel geográfico acerca de qué colores de mariposas se han visto más frecuentemente, quizás, la respuesta fuera “blancas”. Y sería una respuesta consecuente con la amplísima distribución y polivoltinismo de algunas mariposas de la familia Pieridae.

Hembra de Pieris brassicae (Linnaeus, 1758),  “Blanca de la col” moteada en el reverso verdoso de sus alas traseras

La familia Pieridae (Duponchel, 1835), o de los piéridos, es una de las familias más numerosas entre las de mariposas; la mayoría de ellas tienen colores claros, predominando el blanco y el amarillo, aunque con manchas o tonos sutiles que determinan las diferencias entre sus más de mil especies.  Su envergadura alar es relativamente grande, similar a la de los ninfálidos, pero uno de los detalles identificativos de los piéridos es la presencia de los tres pares de patitas, mientras los ninfálidos solo muestran dos por tener atrofiado el primer par.

Algunos dicen -con poca convicción y escasos argumentos- que el origen de la palabra butterfly surgió del color amarillo-mantequilla de alguna Gonepteryx, uno de los géneros de la familia Pieridae cuyos miembros europeos más significativos están en la entrada  “Piquitos”.

…  libando en una florecilla de Dittrichia viscosa

Las Piérides eran las nueve hijas del rey Píero de Macedonia, tan bellas y agraciadas para la música y la poesía que se atrevieron a retar en unas “justas poético-musicales” a las Musas griegas, divinidades inspiradoras de las artes que, también en número de nueve, nacieron en Pieria, al pie del monte Olimpo, siendo hijas del rayopoderoso y radiante Zeus.  Después de la artística contienda, las derrotadas Piérides fueron convertidas en urracas y las Musas absorbieron el nombre de Piérides para ellas, a modo de botín de victoria o como referencia de su Pieria nativa. Al igual que los nombres taxonómicos de las mariposas, los nombres de las Musas tuvieron muchos cambios desde las primeras Piérides hasta las últimas Musas, a las que Hesíodo puso el nombre que ahora tienen.

Macho de Pieris rapae, la blanquita Small White”, posando en una flor del cardo Galactites tomentosa

En la actual clasificación taxonómica del orden de los Lepidópteros, dentro la gran familia Pieridae hay cuatro subfamilias,  siendo la más numerosa la Pierinae (Swainson, 1820), en la que se integran tres tribus que contienen los cincuenta y ocho géneros de la subfamilia. La tribu mayor es la Pierini (Duponchel, 1835) con cuarenta y seis géneros y más de 700 especies, como las Pieris de esta entrada.

Macho de Pieris brassicae: ápices negros en alas delanteras, sin manchas internas

¿Quién no ha visto una mariposa blanca con pintas negras? Pues, probablemente, vio una Pieris brassicae (Linnaeus, 1758),  o tal vez, una Pieris rapae (Linnaeus, 1758), aunque vistas de cerca, por la gracia del macro se aprecian manchas y colores que revelan detalles identificadores hasta del sexo de las dos especies.

Una hembra de Pieris brassicae, ovipositando en una planta indeterminada

Las Pieris brassicae, conocidas como “Blanca de la col”, son polivoltinas y frecuentemente son plaga en cultivos de crucíferas como la col, pues realizan puestas múltiples de las que surgen larvas gregarias que pueden causar daños importantes en los cultivos.  Otro tanto sucede con la Pieris rapae, cuyo nombre especifico se refiere al nabo Brassica rapa; la rapae o “Blanquita de la col”, es algo más pequeña que la brassicae, pero tan peligrosa como ella para los cultivos de brasicaceas.

Un ejemplar “albino” de Pieris rapae, una variedad relativamente frecuente en campo y en ciudad

Las distribuciones de brassicae y rapae se extienden de manera continua desde el Magreb hasta el Cabo Norte, más allá de la recientemente famosa Laponia. Por supuesto, existen híbridos y variantes menos conocidos -como Laponia– aunque una de ellas ha sido reconocida como especie, la Pieris cheiranthi (Hübner, 1808), que vuela de manera exclusiva en algunas de nuestras afortunadas Islas Canarias.

Es lógico pensar que, en especies tan extendidas como ellas, haya otros bishejos que las parasiten de forma parecida a como ellas parasitan a las coles: hay un género de himenópteros, el de los Apanteles, entre los que destacan las Apanteles glomeratus, unas avispillas que parasitan tanto a larvas de brassicaes como a rapaes, pero eso son otras historias de las que ya conocemos algún caso más en los himenópteros, relativamente aficionados a ese tipo de prácticas que, en algunos casos, los homosapiens aprovechan para controlar plagas indeseadas.

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Chocolate con naranja

Posted by Pele Camacho en 18 marzo, 2012

Es fácil ser pecador chocolatero, engolosinarse con algunas de las combinaciones y recetas del chocolate -el derivado del cacao, por supuesto- porque el chocolate es una de esas cosas buenas que, además de casi cumplir las tres condiciones de “engorda, es pecado o está prohibido”, tiene un plus de “rico” hasta en el colesterol. El toque mágico del chocolate -“alimento de dioses”, para los aztecas- está en la teobromina, un alcaloide similar a la cafeína del café y la teofilina del té, estimuladores todos ellos del sistema nervioso central a unos niveles agradables y tolerables para los humanos, si no se pasan mucho de dosis.

Por esa afición casi pecaminosa, me encantan, por ejemplo, en plan rápido y sin ir más lejos, unas onzas de Orange intense -no digo marca- que suelo tener en el cajón de mi escritorio para dar buen sabor a los momentos cibernáuticos y fotográficos.  Chocolate y naranja combinan bien, tanto al gusto como a la vista, porque el “pardo-chocolate” puede considerarse un “naranja subexpandido”, pues en análisis cromático se dice que los pardos no son más que unos naranjas mal iluminados que en fotografía se denominarían subexpuestos. Así que, con ese dulce amargor de sabor anaranjado en mi subconsciente, considero casi normal que algún que otro bishejo me recuerde esos placeres casi prohibidos, cuyos efectos, de vez en cuando, me encienden algunas alarmas en las analíticas.

Una hembra de Pyronia bathseba (Fabricius, 1793), con pardos claros en las bases de sus alas delanteras

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En el mundillo mariposil hay una especie que es casi puro chocolate con naranja: la Pyronia bathseba (Fabricius, 1793), con una distribución que se extiende a casi toda la península ibérica, Francia mediterránea y una franja estrecha del Magreb. Los británicos -que no disfrutan de ella en sus islas de la metrópoli- la llaman “spanish gatekeeper”, un apelativo cuyo sentido no he podido averiguar, pero que refuerza el hecho de esa territorialidad mayormente hispana. El británico Mr. Tolman, en su libro “Guía de mariposas de Europa”, le endosa el nombre vernáculo de “lobito listado”, que no sé si algún paisano hispano asocia a la anaranjada criatura, que no es licénido, sino ninfálido satirino, como indican sus cuatro patitas.

En el reverso de la Pyronia bathseba se funden chocolates, naranjas, cremas, burbujas con ocelos…

El nombre específico de bathseba es honor de Betsabé, el gran amor de David, rey de Israel. La historia cuenta que el amor prendió en un pecador rey David cuando éste presenció ¿casualmente? como Betsabé se bañaba. Muchos años después, el histórico baño encendió la ardorosa imaginación de varios pintores, como Rembrandt, y de rebote inspiró a  entomólogos como Fabricius, llegando hasta Hollywood que, a su manera, fundió la historia que empezó en aquel baño en un peliculón con Gregory Peck y Susan Hayward encarnando a David y Betsabé. Una delikatesse para el caso puede ser la cáscara de naranja recubierta de chocolate fundido: la preparación de la cáscara puede ser más o menos almibarada o caramelizada y el recubrimiento más o menos dulce o amargo, suave o intenso… dando resultados, claro está, más o menos conseguidos, como los de aquellos peliculones históricos.

Al contemplar los anversos de las alas de bathsebas, resulta relativamente fácil distinguir machos de hembras: éstas suelen tener colores más suaves, mientras aquellos muestran tonos más contrastados, sobre todo en las alas delanteras, donde las manchas androconiales de las androconias las emisoras de las feromonas que encienden sus pasiones- tienen un intenso color achocolatado, destacando sobre el fondo anaranjado en el que parecen flotar los ocelos casi negros haciendo guiños con sus diminutas pupilas blancas.

Un macho jovencito de Pyronia bathseba, con toda su fuerza y colores a tope

Cuando son jovencitos, los machos de Pyronia suelen mostrar colores más vivos, como anunciando su ardor juvenil: sus chocolates son casi negros y sus naranjas casi sanguinas, con tonos “incendiarios”, que es lo que en griego antiguo significaba πυρόν (pyron); colores fuertes, como el sabor de “Cherry & Chili”, una variante gourmet de onzas rellenas de crema de cereza con un ligero toque de chile picante, para reforzar el sabor del chocolate y dejar un regustillo más duradero…

Un macho veterano de Pyronia bathseba, con pardos amortiguados después de una vida intensa

Como el tiempo no perdona, en las pocas semanas que duran sus vuelos, las Pyronias van perdiendo escamas, colores y consistencia, como le pasa a la fondue de chocolate después de una sesión en la que familias o amigos han rebozado en chocolate fundido, espeso y calentito, múltiples bolas de melón, trozos de frutas… o tacos de naranja -siempre cortados, nunca en gajos-  pasando un rato agradable de sabor, calor y color… ¡Placer de dioses para humanos pecadores!

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Las cínicas

Posted by Pele Camacho en 7 marzo, 2012

Después de la muerte del maestro Sócrates, sus discípulos llamados “socráticos menores” montaron por allí sus propias escuelas filosóficas. Así fue como Antístenes creó la escuela cínica, un apelativo que nada tiene que ver con el adjetivo que merecen esos cínicos modernos que, cursis y encorbatados, trincan cuota de pantalla en todos los telediarios y otras cosas fuera de ellos. El origen del nombre de aquellos cínicos no está muy claro: unos lo relacionan a Cinosarges, lugar donde los primeros cínicos conversaban, mientras otros dicen que a Antístenes se le llamó cínico por vivir toda su vida “como un perro”, que en griego antiguo se escribía “κυνικος” y se pronunciaba parecido a “cínicos”.

Aquel cinismo, más que una escuela filosófica, fue un estilo de vida. El cinismo actual, en cierto modo, también lo es. Lo de vivir “perramente” -con aspecto harapiento- ha sido una corriente contracultural que ha surgido varias veces en la historia de la humanidad: cínicos, bohemios, clochards, beatniks, hippies… tuvieron algo común en sus vestimentas desaliñadas y en su forma de pensar, un deseo primordial de Libertad por encima de todo, libres de condicionamientos impuestos por la sociedad de su tiempo. Ese era el principio filosófico básico de la escuela cínica, uno de cuyos más famosos representantes fue Diógenes, el que vivía dentro de un tonel. De él se cuentan múltiples anécdotas, como su encuentro y corto diálogo con Alejandro Magno:

– Yo soy Alejandro Magno ¿Quién eres tú?
      – Diógenes el Perro
– Pídeme lo que desees
      – Que te apartes, que me tapas el sol …

Casi un siglo después de Diógenes, aparecen en la Historia los últimos cínicos famosos: Crates, Hiparquia y Metrocles, marido, mujer y cuñado en una familia de cínicos. Hiparquia -la única filósofa de aquellos tiempos- debía ser bella, pero renunció a todos sus pretendientes y a los lujos que le ofrecían por tal de estar con el maestro Crates, mucho mayor que ella, de aspecto mugriento y “cínico a tope”, máxima aspiración de Hiparquia, que pasó su cínica vida enfundada en un saco andrajoso lleno de lamparones. Como Diógenes, la cínica pareja dio mucho que hablar por aquel entonces. Los cínicos modernos  también, pero de forma más asquerosa que sus homónimos de hace veinticuatro siglos.

 Hipparchia statilinus (Hufnagel, 1766), en su pose de cripsis sobre un suelo pedregoso

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De aquella filósofa cínica, cuyo nombre en griego se escribía Ιππαρχια y en latín pasó a Hipparchia, salió el nombre de un género de mariposas de colores pardo-grisáceos, poco glamourosas ellas, pues viven casi en la sombra, preferentemente, buscando un efecto de camuflaje en el terreno y posando en troncos de árboles o en el suelo, antes que en las flores donde suelen posar otras especies de su orden. Son casi veinte especies de las que algunas han sido cambiadas de un género a otro recientemente. Ahora están clasificadas dentro de la de la familia Nymphalidae, como subfamilia Satyrinae, que no hace mucho fue familia Satyridae. Todas muestran solo cuatro patas, porque el par delantero está oculto, como atrofiado. Su distribución es muy variable y solo cinco de ellas vuelan en algunas sierras de España que, como era de esperar, no son siempre las mismas.

Hipparchia statilinus, tomando el sol sobre una roca recubierta de líquenes

La Hipparchia statilinus (Hufnagel, 1766), de amplia distribución en España y otros países mediterráneos, es una especie cuya oruga se alimenta de gramíneas silvestres. Suele volar en los meses de más calor y, dados sus colores más bien oscuros, no es extraño que se resguarde entre sombras de árboles, para resguardarse de posibles calentones y hacer más difícil su fotografía, casi siempre con las alas plegadas. Cuando se hace preciso el uso del “flash”, su reacción al fogonazo suele ser desplazar las alas delanteras para mostrar el ocelo presente en ellas, como tratando de asustar al intruso que la molesta. El nombre statilinus era un diminutivo latino de Stator, uno de los sobrenombres que en la mitología romana se le dio a Zeus, el de los rayos y las centellas.

Hipparchia semele (Linnaeus,1758), una especie en honor de la madre del dios Baco

La Hipparchia semele (Linnaeus, 1758) es la cínica que tiene una distribución más amplia en Europa, pero no en Grecia, aunque su nombre, cómo no, tiene origen griego: Semele era una amante del todopoderoso Zeus, pero Hera, su siempre celosa esposa, además de poderosa y truculenta, hizo dudar a Semele de quien era su amante, animándola a pedirle a Zeus que se mostrara ante ella con todo su esplendor divino. Aunque Zeus se resistió, la insistencia de Semele debió ser tan grande como pequeña su inteligencia y, cuando Zeus se puso en plan dios, los rayos y relampagos que emitió abrasaron a Semele. Dado que estaba entonces embarazada de Dioniso, los efectos colaterales habrían sido terribles para los amantes del vino si no hubiese intervenido Hermes, que lo extrajo de Semele con una especie de cesárea, insertándolo después en un muslo de Zeus de donde nació meses después y de ahí viene ese nombre de Dioniso -nacido dos veces- para ser luego el simpático dios del vino. Está claro que lo de “tener padrinos” era ya válido en aquellos tiempos de los antiguos griegos.

Según observaciones de expertos, el ritual del cortejo de la Hipparchia semele es particularmente interesante, por ello, fue objeto de los estudios de Etología del profesor Nikolaas Tinbergen, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1973, compartido con los profesores Konrad Lorenz y Karl von Frisch, considerados padres de ese campo científico que estudia el comportamiento animal.

Hipparchia alcyone (Denis & Schiffermüller, 1775), en una pose soleada entre pedruscos

La Hipparchia alcyone (Denis & Schiffermüller, 1775)  tiene colores más contrastados que su “primas” statilinus y semele, y un comportamiento y envergadura alar muy similar, unos 50 mm, que casi nunca despliega porque suele posar con alas plegadas, un estilo muy cínico. Aunque quizás no sea la Hipparchia más bella, posiblemente sea la de nombre más bello, un nombre mítico que gustó y sigue gustando. Alcyone era una de las siete Pléyades, hijas de la ninfa Pléyone y del titán Atlas y, por eso, ninfas Atlántidas, nombres que evocan montañas, islas, océanos…

Hipparchia alcyone, con un nombre de cuatro estrellas

Si queremos ver a Alcyone tenemos que hacer algo que arranca suspiros: mirar a las estrellas del cielo y buscar a las Pléyades, un cúmulo de unas 200 estrellas a la derecha de la constelación de Tauro.  A simple vista, las Pléyades son poco más que una mancha brillante, pero con unos prismáticos sencillos ya se ven separadas las siete ninfas y sus dos progenitores. Alcyone es la más brillante de las nueve, porque no es una simple estrella, sino una estrella cuádruple, un alineamiento o superposición de cuatro estrellas cuyos brillos se suman para dar esa sensación de estrella mayor.  Es una estrella de “cuatro estrellas”.

Hipparchia fidia (Linnaeus, 1758), posiblemente, la más glamourosa de todas las cínicas

La Hipparchia fidia (Linnaeus, 1767) es, quizás, la más hermosota y vistosa de todas ellas, con unos colores contrastados relativamente claros en los reversos de sus alas, que son los que suele mostrar. Tienen una envergadura alar de casi 60mm. que solo se intuyen cuando se las ve volar, porque posan casi siempre con las alas plegadas. Su distribución se limita a la península ibérica -salvo zona cantábrica- Francia mediterránea y el Magreb. Se la puede ver en Julio-Agosto y, como mostré en la entrada “Néctares de bellotas”, le gusta volar alto, entre encinas y alcornoques, donde posa para libar lo que pille por allí, aunque sus plantas nutricias son gramíneas silvestres y otras hierbas de baja altura. A la vista de sus colores y comportamiento, podría decirse que es la menos “cínica” de todas. Posiblemente, le pusieron su nombre en honor de Fidias, el célebre escultor de dioses, diosas, griegos y griegas.

La quinta cínica hispana es la Hipparchia fagi (Scopoli, 1763), de aspecto muy similar a sus otras “primas” peninsulares, aunque reserva sus vuelos ibéricos a escasas zonas del tercio norte del país, aledañas a los Pirineos que nos separan de Francia. Como no he ido tan lejos a fotografiar mariposas, no la he visto nunca.

 

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Mariposa de la sierra

Posted by Pele Camacho en 2 marzo, 2012

Con este día de un inverno como debió ser y no fue, hoy no tengo muchas ganas de escribir.  Pero recuerdo los días que vendrán por esas Sierras y he recordado, también, a mi poeta preferido, imaginando que escribió este Elogio a mi mariposa preferida, a la que un día elegí como mi “Miss Mariposas”.  Así que, ahí van unas preferencias juntas.  Todo un honor para la Charaxes jasius.

Charaxes jasius (Linnaeus , 1758) sobre unos brotes secos de chaparro

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¿No eres tú, mariposa,
el alma de estas sierras solitarias,
de sus barrancos hondos
y de sus cumbres agrias?

Observando a través de los enigmáticos pentágonos de sus ojos, desde unas hojas de encina

Para que tú nacieras,
con su varita mágica
a las tormentas de la piedra, un día,
mandó callar un hada,
y encadenó los montes
para que tú volaras.

Reponiendo líquidos donde apenas se podían imaginar

Anaranjada y negra,
morenita y dorada,
mariposa montés, sobre el romero
plegadas las alillas o, voltarias,
jugando con el sol, o sobre un rayo
de sol crucificadas.

Los pentágonos de sus globos oculares recuerdan balones de futbol

¡Mariposa montés y campesina,
mariposa serrana,
nadie ha pintado tu color; tú vives
tu color y tus alas
en el aire, en el sol, sobre el romero,
tan libre, tan salada! …
Que Juan Ramón Jiménez
pulse por ti su lira franciscana.

Sierra de Cazorla, 28 de mayo de 1915                         (A Juan Ramón Jiménez, por su libro Platero y yo)

Una pose de despegue para una despedida

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