Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 31 mayo 2012

Activos tóxicos

Posted by Pele Camacho en 31 mayo, 2012

Dice el diccionario web de la R.A.E:

eufemismo (Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός)  “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante

Sorprende en este vocablo la limitación de acepciones que ofrece ese diccionario web tan popular y, en general, suficientemente explicativo. Yo pediría a los académicos de la RAE que, en la próxima edición del diccionario, intentaran ser algo más explícitos con el uso y propósito moderno de ese concepto. Pienso que estaría bien decir que ciertos eufemismos modernos, como “activos tóxicos”, por ejemplo, se emplean con una intención que yo -que no soy académico- prefiero expresar con disfemismos, es decir, con lo contrario de eufemismos, por ejemplo, “darla con queso”, “dorar la píldora”, “colar goles”… y otras expresiones más sutiles o indignantes que en castellano se entienden claramente. El lenguaje permite comunicarse y entenderse, pero puede utilizarse para disimular o escamotear algo vergonzoso con pamplinas “políticamente correctas” como esa de “activos tóxicos” que disfraza, simplemente, pérdidas multimillonarias que afectarán largo tiempo a los dolientes paganos de siempre. Un disfemismo asociado al eufemismo sería, por ejemplo, “taimados hijoputas”, para referirse a los especuladores y gestores de desastres financieros que reventaron la economía de algunos países, pero hablemos de bishos menos dañinos…

En el contexto zoológico de estas páginas, escribir “activos tóxicos” es un disfemismo coyuntural para referirse a bishos venenosos de manera activa o pasiva, porque un bisho puede tener un veneno muy activo aun siendo él muy pasivo, frente al atrevido que lo coge o se lo come y queda inactivo, trastornado o muerto. Esta entrada muestra algunos ejemplos que vienen al caso.

 Zygaena hilaris, con cianuro al rojo

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La Zygaena hilaris (Ochsenheimer, 1808) es una mariposa heterócera de un género con más de veinte especies en la península ibérica, todas ellas con una característica común: en su fase nutricia metabolizan cianuros, uno de los venenos que –disfemísticamamente hablando- “pasaportan” a los vertebrados de manera fulminante. No se puede negar que su aspecto avisa que tienen algo especial, comentado en una entrada que titulé ”Veneno en la piel -pica para verla-”  recordando una canción de Radio Futura que me gustó y puedes oír en el enlace.

Utetheisa pulchella, glamourosa y venenosa

La Utetheisa pulchella (Linnaeus, 1758) es otra de esas heteróceras mariposillas a las que no me gusta llamar polillas, por sus aspectos tan vistosos y glamourosos;  en su fase de oruga metaboliza alcaloides tóxicos que siguen activos en la fase de imago, aunque con sus colores aposemáticos advierte de su peligro a posibles predadores, algo que la ennoblece, a diferencia de los taimados gestores tóxicos que no advirtieron de nada, sino todo lo contrario, actuaron en silencio, con premeditación y alevosía dolosas.

 Zerynthia rumina,  con hemolinfa rica en aristoloquina

La Zerynthia rumina (Linnaeus, 1758), la mariposa Arlequín, es una ropalócera preciosa: sus alas son un mosaico de colores contrastados que permiten verla de lejos, pero aunque algunos bishos no aprecian la belleza cuando el hambre les aprieta, para muchos otros ese contraste de manchas negras, rojas y amarillas es una especie de STOP impreso en sus neuronas como aviso de peligro. La clave de su activa toxicidad está en sus plantas nutricias, las Aristolochias, que en sus extrañas flores -puedes verlas picando “Tres fases y una flor”– parecen advertir sobre algo fuera de lo corriente: unos cuantos compuestos extraídos de ellas motivaron su uso medicinal en tiempos pasados, hasta que se vio que, para muchos pacientes, era peor el remedio que la enfermedad. Algo parecido está ocurriendo con la economía: entre los taimados causantes de los problemas y los curanderos de sus efectos están dejando a países y paisanos en un estado cada día más preocupante, tanto como para pensar, también, que hay taimados curanderos aquende y allende los Pirineos que podrían decir como aquel cirujano del chiste: “La operación ha ido muy bien, pero el enfermo se muere”.

 Larva de Papilio machaon, aposemática y con osmeterios pestilentes

Por si no fuera suficiente con los colores aposemáticos, algunas especies recurren a olores repelentes: es el caso, por ejemplo, de las orugas de Papilio machaon (Linnaeus, 1758), otra belleza que destaca tanto en su fase de larva como de imago. La oruga devora con ansia tallos tiernos de hinojo, una planta que huele a anís, pero su metabolismo transforma ese aroma en algo desagradable o pestilente que esparce con los osmeterios, una especie de cuernecillos flexibles y húmedos de color naranja que saca cuando se siente amenazada. No he llegado a sentir ese tufo repelente que, supongo, debe ser similar al sentimiento que provocan los taimados que tanto daño han hecho y que, muchos de ellos, siguen impunes ante las injusticias de la justicia -con minúscula-  y la inactividad de los politicastros, pero esas son otras historias.

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Indignadas para indignados

Posted by Pele Camacho en 24 mayo, 2012

En los últimos tiempos, y en muchas partes, hay muchísimas personas indignadas. Y tienen muchísimas razones para estarlo, porque mentecatos, ineptos, corruptos y sinvergüenzas de toda índole y condición, abusaron y abusan de su estatus socavando el bien común.  Ahora, bajo la soberbia intransigente de algunos gerifaltes que cabalgan como Atila en instituciones y centros de poder, otros pretenden remediar despropósitos de manera injusta y mendaz, con el esfuerzo y sufrimiento de los que no participaron en desatinos, dispendios y delitos que siguen impunes. Porque, además, la justicia -con minúscula- parece mirar hacia otro lado o hace “semana caribeña”, mientras se habla de una “generación perdida” que lo único que puede hacer es indignarse, enfurecerse y manifestarse, si les dejan… por eso, por esos indignados, por sus derechos y razones, subo indignado esta entrada de Furias libres, que de indignadas solo tienen el nombre.

Lasiommata megera, una inocente criatura con vello erizado y nombre de Furia

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Los antiguos griegos, con su facilidad para mitificar dioses y demonios, imaginaron tres deidades femeninas a las que llamaron Erinias, o perseguidoras,  que actuaban como juezas implacables para castigar y vengar los abusos que cometían los malos de entonces. En la mitología romana, heredera directa de la griega, a las Erinias se las llamó Furias, porque desarrollaban su función con furor, con indignación extrema.  Las Erinias surgieron de la sangre que derramó Urano al ser castrado con una hoz de pedernal por su hijo Cronos. Imaginando la indignación de Urano, es fácil imaginarse también el carácter de las Erinias que surgieron de aquella sangre enfurecida, o mala sangre, dicho en castizo. Las furibundas eran tres:  Alecto, “la implacable”, castigadora de los delitos morales, Tisífone, “la vengadora de asesinados” y Megera, “la celosa”, vengadora de infidelidades y la peor de las tres.

Con nombre de indignada, mostrando tranquila su docena de ocelos

No es fácil saber qué estado de indignación pudo tener  Linnaeus  cuando puso el nombre de Lasiommata megera (Linnaeus, 1767) a esta inocente mariposilla, que no es mejor ni peor que otras de su condición mariposil.  No es una especie gregaria y su oruga se nutre de hierbas silvestres de baja estofa, por lo que ni daña cultivos ni en su corta vida de apenas tres semanas afecta a otras especies. Así pues, las razones para tan indigna denominación permanecen ocultas, como las que injustamente permiten la indignante impunidad de algunos delincuentes.  Las Lasiommatas son especies relativamente huidizas, a las que hay que aproximarse con cierto sigilo para poder fotografiarlas, aunque hay situaciones en las que es más fácil hacerlo, si se tiene la suerte de avistarlas en esos momentos en que su naturaleza requiere más atención al congénere que a los depredadores o fotógrafos molestos.

Las Lasiommata megera pueden tener varias generaciones en un año cálido

El nombre del género Lasiommata (Westwood, 1841) se refiere una vellosidad  –lasios– que sus individuos tienen entre los omatidios de sus ojos –omma– compuestos, un detalle difícil de apreciar en fotografías que no estén hechas con técnicas de supermacro; pero esa vellosidad en los ojos compuestos no es algo exclusivo de este género, pues hay otras mariposas que también lo presentan. Solo hay dos especies de este género en nuestras latitudes peninsulares: la megera, a la que algunos llaman “saltacercas”, y la maera, a la que también llaman “pedregosa”, porque suelen revolotear por pedregales aislados en zonas marginales de algunos bosques.

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La vuelta al mundo con dos mariposas

Posted by Pele Camacho en 18 mayo, 2012

Tal vez “con” no sea la preposición más apropiada para ese título que me ha salido en recuerdo de una película famosa, pero eso fue lo que pensé en poco menos de 300 metros cuadrados, bajo “condiciones controladas” y viendo lo fácil que era saltar -con la imaginación, claro- de un continente a otro, leyendo la procedencia de algunas exóticas mariposas, fascinantes ellas, como si fueran unas “vampirosas” de belleza despampanante…

Hay muchas mariposas “multinacionales”, pero hay pocas “multicontinentales”, así que, la única forma de hacer un rápido y barato safari fotero de “vampirosas” espectaculares de otros continentes, es yendo a un mariposario y soportando, durante un par de horas, el nivel de humedad de esa especie de invernadero zoológico donde viven prisioneras por culpa de su exótica belleza.

Iridiscencias azules de un macho de Morpho peleides, sediento de zumos de frutas

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Apenas entré en aquel recinto, sentí una bocanada de ambiente tropical y me saludaron unos aletazos azules, grandes, no muy rápidos, quizás porque con unas alas de casi 10 cm. no hace falta moverlas mucho para tener el impulso de un vuelo suficientemente veloz.  Era la Morpho peleides (Kollar, 1850), un bellezón centroamericano que vuela, normalmente, y “en condiciones descontroladas”, desde México a Paraguay.  Fue como si hubiera cruzado el Atlántico, pero no había salido del Mediterráneo.

Una escena algo violenta entre una pareja de Papilio memnon 

No había terminado de mirar a la Morpho con el regodeo que merece, cuando otra “superfortaleza volante” se cruzó ante mi vista disparando movimientos sacádicos de mi sistema atencional: intenté seguirla, pero paraba poco y, cuando lo hacía, sus alas temblaban como si batieran para evitar un enfriamiento de los músculos que las propulsan… no había manera de enfocarla, pero… ¡Aahh! el impulso feromónico se cruzó en su camino y ¡por fin! la quietud de su amor permitió captar la escena: el macho azulnegro de la Papilio memnon (Linnaeus, 1758) casi escondió a la hembra pardo-listada entre las hojas de una especie de helecho gigantesco que, seguramente, también será de origen tropical, como el de las memnon, porque ellas vuelan allá por las humedades monzónicas del sudeste asiático, desde Indonesia hasta el sur de Japón. Fue como cruzar el Pacífico para ver una escena violenta… ¡qué paradojas!

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Adjetivos subjetivos

Posted by Pele Camacho en 4 mayo, 2012

Es difícil substraerse a la sensación que algunos animales pueden producirnos, y así, en algunos casos o con algunas criaturas, se pierde la objetividad y se cae en la subjetividad provocada porque su aspecto sea, como resumió un famoso, “en dos palabras, Im Presionante”.

Ooteca de mantodeo: no todo en aquella oliva eran aceitunas…

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Uno puede ir por tierra olivarera, por ejemplo, y encontrarse algo como una especie de aceituna rara, con aspecto poroso, esponjoso, hojaldrado, incitante… y equivocarse, claro, al confundir objetos botánicos con sujetos zoológicos de aspecto pastelero, como son las ootecas de mantodeos, o de Mantodea, un orden de insectos con aspecto de Mantis, aunque no todos los mantodeos son mántidos, por ejemplo, pues hay algunos que son empúsidos…

Ninfa de Empusa pennata, colgada de una flor de Scorzonera hispanica

La Empusa pennata (Thunberg, 1815) es una criatura objetivamente impresionante, desde esas ootecas de las que pueden salir docenas de ninfas, pero… ¿puede haber ninfas de Empusa? pues sí, porque así llaman a las pequeñas criaturas que salen de las ootecas. Las ninfas mitológicas eran “diosas menores”, hijas del todopoderoso Zeus, presentes como animadoras en las reuniones de los dioses del Olimpo y asociadas a la naturaleza, donde hacían de ayudantes o azafatas de dioses y diosas mayores. Los artistas las imaginaron siempre como seres felices, alegres y de belleza singular, tan singular como subjetiva pueda ser la belleza de una ninfa de Empusa o de una Empusa adulta.

Belleza singular de una hembra adulta de Empusa pennata… con “lifting” de garganta pendiente

La Empusa mitológica era una criatura polimórfica, una especie de bruja que cambiaba de aspecto, de perro, de vaca, de mujer con una pata de bronce, de “vampira”… porque se dedicaba a camelar jovenzuelos y a “vampirearlos” a tope, hasta devorarlos… era una guardiana del Hades, el inframundo que incluía los Campos de asfódelos a donde iban las almas después de la muerte, y el Tártaro, una especie de infierno para un castigo eterno frío y desangelado, a diferencia del infierno que algunos enseñaron en nuestra cultura, con ángeles malos y llamas inextinguibles, posiblemente más cálido, pero no más confortable que el Tártaro, por lo que de uno y otro contaban sus creyentes.

 Hembra adulta de Empusa pennata , sobre unos frutos de asfódelo o gamón,  Asphodelus spp.

Las Empusas de seis patas pertenecen y dan nombre a la familia Empusidae, o de los empúsidos, dentro del orden Mantodea. Son criaturas subjetivamente fascinantes: hay por ahí foros donde se compran, cambian y crían mántidos de todo tipo, hay quienes disfrutan contemplándolas… y nada hay que objetar si no las dañan, aunque no estoy seguro de que las ninfas que surjan de esas ootecas “de criadero” se sientan felices y alegres; supongo que algún día las llevarán a alguna parte y las liberarán antes de ser adultas, supongo…

Bajo la “peineta” característica, la tímida mirada vidriosa y unas garras en guardia amenazadora

Y, sin embargo, a pesar de su aspecto impresionante y -subjetivamente- terrorífico y del proceso mental que nos lleve a imaginar a la criatura mitológica que les dio nombre, las empusas de nuestros campos de asfódelos son insectos totalmente inofensivos para los humanos, cosa que no podrían decir muchos otros insectos que son víctimas de sus instintos carnívoros y de la efectividad de sus patas delanteras, certeras y veloces garras con las que cazan a sus presas, como hacen tantas y tantas criaturas de la naturaleza.

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