Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 14 julio 2010

La familia Cordulegaster

Posted by Pele Camacho en 14 julio, 2010

Suena bien la palabreja, cuya segunda parte recuerda a los moluscos gasterópodos o de “pie ventral” que, con pimienta y caldillo de hierbabuena, tanto gustan-gustan tanto a muchos de por aquí abajo, aunque luego les den gastritis, retortijones de tripas o problemillas gástricos que, casualmente, de eso iba la palabra griega “gaster-gastros”, que significaba vientre, abdomen, estómago… etc. etc.
 
La primera parte, lo de “cordule”, no está tan claro por culpa de esa “c” latina que unas veces suena como “z” y otras como “k”, letra a la que suplanta en una antigua palabra griega que se escribiría como “kordule”.  Pero como en la interné hay gente pa’tó, en un diccionario de griego-antiguo  a inglés encontré que “kordule” equivale a “club”, no de “night-club”, sino de “stick”, garrote de atizar golpes a algo o alguien, que es otro significado de “club” en inglés.  De hecho , ese “club” inglés -que podía ser también de futbol holandés-  deriva del latín “clava” y en latín moderno, o sea, en italiano, la palabra “clava”, según el diccionario sapere, significa:  bastone robusto con punta arrotondata, con un’estremità più grossa dell’altra, usato come arma dai popoli primitivi, que traducido al castellano castizo significa “cachiporra”, Palo enterizo que termina en una bola o cabeza abultada,  según la RAE.  Resumiendo, que esa palabra tan bien sonante, “cordulegaster”, significa, ni más ni menos, “abdomen en forma de cachiporra”.  Así que, dejamos las cosas como estaban y hablamos del género Cordulegaster.

 

Cordulegaster boltonii,  ssp. immaculifrons,   Despeñaperros,  Santa Elena,  (Jaén),  verano 2009

El género Cordulegaster (Leach, 1815) pertenece a la familia de los cordulegástridos (Cordulegastridae), odonatos anisópteros de cuerpo grande, negro y con marcas amarillas. Solo dos especies se han citado en la península ibérica, la Cordulegaster bidentata (Selys, 1843), rara ella y solo en la zona pirenaica, y la Cordulegaster boltonii (Donovan, 1807),  presente por toda la península. De ésta última, Dijkstra distingue cuatro subespecies: la ssp. boltonii, la más común, la ssp. immaculifrons (Selys, 1843), la ssp. algirica (Morton, 1916) y la ssp. ibérica (Boudot & Jacquemin, 1995).    La subespecie immaculifrons, que carece de las delgadas marcas amarillas que las otras especies tienen al final de los segmentos, se  puede encontrar, según Dijkstra, en una amplia zona del centro de España. De hecho, el ejemplar de la foto fue encontrado y visto una sola vez en Despeñaperros, Santa Elena (Jaén), el pasado verano, en un pinar relativamente alejado de zonas húmedas.

Las cuatro subespecies están aceptadas y reconocidas como tales en el Catalog of Life   http://www.catalogueoflife.org/ , de la asociación ITISIntegrated Taxonomic Information System  http://www.itis.gov/.

 

Cordulegaster boltonii, ssp. algirica,  vista al noroeste de la provincia de Málaga, Junio 2010

La subespecie ssp. algirica, cuyo nombre parece derivar de Argelia, está localizable en el norte de África y algunas zonas de Andalucía, y se caracteriza por el perfil en forma de W del anillo amarillo presente en el segmento S7 y porque, en general, las marcas, más que anillos amarillos son más anchas que en cualquier otra subespecie. El ejemplar de la foto fue visto en una zona del noroeste de la provincia de Málaga, apenas hace un mes.
De la primera y más común de las subespecies, la C. boltonii, ssp. boltonii, aún no he tenido la oportunidad de hacerle una foto, pero sus líneas amarillas son más estrechas que aquellas de la immaculifrons o la algirica. De la última de las cuatro subespecies, la C. boltonii, ssp. ibérica aún no he visto ni una foto.

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La Roja y una roja

Posted by Pele Camacho en 12 julio, 2010

Después de casi un mes de emociones fuertes, nuestros paisanos de “la Roja” consiguieron ayer que la selección se trajese de Sudáfrica la copa de Campeones del mundo.  Han conseguido ilusionar a muchos millones de españoles, futboleros y no futboleros, con un sentimiento común algo infrecuente en la sociedad moderna. Un sentimiento hermoso y muy, muy gratificante, que a muchos le arrancó lágrimas.  Gracias, rojillos, gracias por dar a tanta gente esa alegría de lágrimas. Ojalá seáis el ejemplo para otros con altas responsabilidades en metas más importantes.

Casi mes y medio después de haber visto ejemplares inmaduros de Trithemis kirbyi, con mucho menos mérito que los paisanos de “la Roja”, anteayer conseguí hacer las primeras fotos de un macho adulto de esta especie,  que ha sido vista tan lejos como en Namibia, cerca de Sudáfrica.  Ayer, domingo 11 de Julio de 2010, fui a repetir faena y conseguí hacer una segunda serie de esta pequeña roja.  Fue una ilusión para el fotógrafo, más libelulero que futbolero, que sintió como un aviso de que iba ganar “La Roja” a “la naranja”.  Y lo hizo.

Vista lateral de un macho adulto de Trithemis kirbyi  – Vista cerca de Málaga, el 10-07-2010

La primera vez que vi a una roja de estas fue el 19-6-2010.  Me castigó con el látigo de su indiferencia desde lejos, sin dejar que me acercara a menos de 3 o 4 metros, mientras ella volaba y yo saltaba de risco en risco por el cauce seco de un río.  Ayer y anteayer empezó con la misma táctica, pero yo la seguía y la volvía a seguir porque esta vez no tenía el terreno tan en contra, pues me movía en el borde de una charca sin rocas en su orilla.  No sé si se acostumbró a la persecución y fue perdiendo miedo  -o que supe ganarme su confianza- y terminó dejándome hacerle unas cuantas con el cogote del zoom estirado a tope de sus 300mm.

Vista cenital de un macho adulto de Trithemis kirbyi, cerca de Málaga, el 11-07-2010

La cosa siguió y pude incluso hacerle algunas tomas cenitales, con el zoom recogido al mínimo de sus 190mm, y así  me dejo ver su roja espalda y la base ambarina de sus alas, como manchadas de ese azafrán manchego, de la tierra de Andrés Iniesta, que ayer dejó con ronquera a más de uno después de gritar  un ¡¡¡Gooooo…oool !!! desbocado y contenido durante casi dos horas.

Pose en “obelisco”,  para reducir la incidencia del sol en su cuerpo – Cerca de Málaga 10-07-2010

Y como hacía un calorcito de mediados de Julio y eran las 13:46, tuvo a bien hacer una pose de obelisco, esa posturita tan exclusiva de algunos odonatos que levantan “la popa”, según dicen los odonatólogos para ofrecer menos superficie a las radiaciones solares que los calientan a tope.  Verla así de cerca fue casi tan emocionante como algunas jugadas de “La Roja”.
Parece que la especie, como otras inmigrantes africanas, tiene probabilidad de extender pronto sus colonias en España. Sus primeras citas en la península son de 2007 y ya se ha detectado su presencia en puntos distantes más de 100 Km. Sus larvas, según he podido saber del Profesor Miguel A. Conesa, uno de los primeros que han estudiado su distribución en Andalucía, muestran una gran agresividad que emplean para atacar incluso a otras larvas de odonatos.

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Melanargias mediterráneas, cocina, música y teatro

Posted by Pele Camacho en 8 julio, 2010

Hasta hace apenas diez años, el género Melanargia correspondía a unas mariposas de la familia Satyridae, desaparecida y transformada en la subfamilia Satyrinae, que ahora está dentro de la familia Nymphalidae renovada con los cambios que introdujo el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica -CINZ-, vigente desde el principio del siglo XXI.  Dentro del género Melanargia hay varias especies, de las que en la península ibérica hay cinco diferentes – galathea, ines, lachesis, occitanica y russiae -, con una distribución geográfica irregular y solapamiento parcial de algunas de ellas.  La referencia en el nombre de la denominación más antigua, Melanargia galathea – (Linnaeus 1758), aunque hace referencia a la ninfa Galathea, no aclara mucho acerca del nombre Melanargia,  que pudo ser un vocablo compuesto para describir los colores aparentes “negro y blanco” de las mariposas de estas especies.

Anverso de Melanargia lachesis, con sus colores típicos, blancos y marrones

Como en tantos casos más, las denominaciones populares de las especies tienen un origen de lo más variopinto, pero sin dejar de tener alguna causa justificativa, o lo que es lo mismo, un nombre más razonable que el correspondiente científico.  Las variaciones aparentes entre las distintas especies son pequeñas, como se puede ver en las fotos adjuntas y, por tanto, los apelativos populares vinieron a ser los mismos, con algún adjetivo, si acaso, para diferenciar una especie de otra y, así, todas las Melanargias son conocidas como “Medioluto”…  ¿Por qué?

Anverso de Melanargia ines, con los colores que dieron origen al apelativo de “medioluto”

La cultura del luto es, o era, típicamente mediterránea; había un protocolo doliente que se reflejaba en la negrura de las vestimentas y en el tiempo que debían llevarse, antes de cambiar a unos tonos menos severos, un luto suave o “medio luto” que mezclaba negros y blancos, como anunciando un más o menos inmediato fin del luto.  Para ejemplos, en francés, “demi-deuil” y en italiano “mezzo-lutto”, o sea, lo mismo. Pero la cultura es como un “hipertexto” que relaciona temas dispares y nuestros vecinos transpirenaicos también tienen en su cultura una “poularde au demi-deuil”, que en plan pobre sustituye la “poularde” por una gallina o cualquier otro volátil de tamaño medio, siempre que tenga el pellejo típico de esas especies, grueso y rico en colesterol, y susceptible de rajar para introducir bajo la piel rodajas de trufa negra que, al hornear, difunde su aroma hacia la carne del ave así trufada, pues aquel pellejo colesterólico actúa como pantalla que impide que los aromas se pierdan en el horno… una sutil delicadeza gastronómica que, cuando se sirve, deja ver bajo la piel amarillenta, más o menos churruscada, las manchas negras de la trufa que visten de “medio luto” al protagonista de la mesa.   Los ingleses, siempre un poco diferentes, llaman  a las Melanargias “Marbled White”, o sea, algo así como “blancas marmóreas”.  En sus islas, el luto no era en una costumbre tan arraigada como en las culturas mediterráneas.  Ni tampoco las buenas costumbres gastronómicas.

Dejando el nombre genérico, cabe un análisis de los nombres de las especies y, de nuevo, preguntarse por qué fueron los que fueron.  El entomólogo alemán Jacob Hübner  (1761-1826), autor del  Sammlung Europäischer Schmetterlinge, un famoso tratado sobre mariposas europeas, tuvo un detalle de poco gusto, diría yo, con la  Melanargia lachesis -(Hübner, 1790) , porque  ¿a cuento de qué vendría acordarse de Láquesis?

Reverso de Melanargia lachesis, alias “Medioluto ibérica”

Láquesis era una de las tres Moiras griegas, representadas como mujeres de rostro severo, decidiendo con una cuerda sobre la vida de los mortales. La primera era Cloto, que con una rueca hilaba la cuerda de las vidas; luego le seguía Láquesis, que decidía cómo de larga era la cuerda o la vida de cada mortal, o sea, era la que nos “daba cuerda”  (ahora se diría la que nos ponía pilas pues ya no hay chismes con cuerda y casi todos van con pilas)  y finalmente estaba  –no-lo-digo–  (a los griegos le daba yuyu decir su nombre, y a mí, también) , y esa última era la que, cuando se acababa el ovillo de cada uno, con unas tijeras cortaba la cuerda y se acababa su historia.  Así imaginaron los antiguos griegos eso de la vida más o menos larga que a cada uno le toca…  luego vinieron los romanos y copiaron los mitos griegos con otros nombres y las Moiras pasaron a ser las Parcas, en plural, porque cuando se dice en singular, la Parca, se hace referencia a la de las tijeras.  A mí no me gusta mucho pensar en esas cosas, pero hay quien, como Serrat, les da sonoridad, poesía y hasta una música de Mediterráneo, encantadora e inolvidable:

… Si un día para mi mal
viene a buscarme la Parca,
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desgüace sus alas blancas…

La puedes escuchar aquí: www.youtube_Serrat_Mediterráneo

Reverso de Melanargia ines,  alias “Medioluto Inés”

Con nombre más humano, poético, o como cada cual se lo imagine,  la  Melanargia ines (Hoffmannsegg, 1804) , fue denominada así en honor a Inés, doncella  -que se decía entonces-  del entomólogo, también alemán,  Johann Centurius Hoffmann (1766- 1849), Graf von Hoffmannsegg, o conde Hoffmannsegg,  que encontró a la mariposa en un viaje que hizo a Granada.  Un buen detalle el del conde y un precioso nombre el de Inés, mucho más bonito que aquel de “lachesis”.

Yo creo que en la cultura castellana hay una Inés que sobresale, especialmente en Noviembre, aquella   “Doña Inés del alma mía, luz de donde el sol la toma, hermosísima paloma …   ¡Oh! Sí, bellísima Inés, espejo y luz de mis ojos …”

Aunque también muchos hemos oído una cancioncilla que decía:    Inés, Inés, Inesita, Inés…  que a más de una Inés no le gustaba que se la cantaran.  Pero eso son otras historias.

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Calopteryx virgo: una especie brillante

Posted by Pele Camacho en 4 julio, 2010

Hace unos días estuve en un lugar casi idílico, un bosque de esos con perfumes y silencios que solo se encuentran en sitios apartados. Algunos de los bichejos que por allí se pueden ver son también de avistamiento poco habitual fuera de esos parajes, quizás porque buena parte de ellos son exigentes de una calidad de vida que no se encuentra en cualquier sitio, porque la especie Homo sapiens los fue reduciendo poco a poco, quizás también, sin darse cuenta de lo que se está cargando en sus procesos de civilización del medioambiente.

Calopteryx virgo, macho maduro, en su pose típica con las alas juntas

Los Calopteryx virgo, probablemente unos de los animales con más bellos y atractivos colores, parecen ser de esos bichejos que, como diría Fray Luis,  “huyen del mundanal ruido y se van por las escondidas sendas  -en su caso arroyos-  a donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido…” y, como algunos otros odonatos de “alto standing”, quiero decir difíciles de encontrar, ver y fotografiar en sitios normales,  viven su corta vida de apenas cinco semanas, en el caso de los machos,  un poco más ocultos que los otros odonatos.
Los colores de tonos metálicos verdes y azules de los machos adultos les hacen llamativos en reposo y aun más cuando se les ve volar con un estilo diferente a la mayoría de odonatos pues, quizás por el tamaño y forma de sus espectaculares alas, recuerda más el vuelo de las mariposas que el de las libélulas. Los machos jóvenes, o inmaduros, suelen vivir aparte su periodo de maduración sexual que se alcanza a la  ¿temprana?  edad de nueve o diez días. Tienen coloraciones que parecen más de hembras que de machos, algo relativamente frecuente entre los odonatos.

Calopteryx virgo, hembra adulta, con sus colores y pose más típicos

Las hembras adultas tienen, al parecer, una vida algo más corta que los machos y unos colores bastante diferentes de los de aquellos.  Destacan en ellas, no solo por el tamaño sino también por el color, las alas de tono acaramelado que parecen hacer juego con el color superior de sus ojos bicolores, mientras la vena del borde de sus alas, la costal,  de color verde claro, contrasta con el tono ambarino que tinta sus alas, donde se aprecian unos pteroestigmas blancos, ausentes en los machos, otra rareza en las alas de este género de odonatos.
Las Calopteryx virgo  -de cuyo significativo nombre no he conseguido saber nada acerca de su origen-  como todas las especies, intentan perpetuar la suya a su manera y…  ¿qué mejor manera de llamar la atención de sus posibles parejas que aireando esas alas de las que casi cualquier animal volador, o sin alas, sentiría admiración?  Porque si con las alas cerradas ya son de una belleza suma, cuando posando las despliegan, casi un parpadeo alar de apenas un par de segundos, los reflejos que dejan ver casi hipnotizan.

Macho de Calopteryx virgo, mostrando sus alas abiertas en una pose poco habitual

Al parecer, esta belleza de sus alas no solo atrae a las hembras de su especie sino que también lo hace con hembras de otra especie similar, la Calopteryx splendens, que no vuela por las latitudes ibéricas -una autentica pena- y lo hace más allá de los montes Pirineos que nos separan de Francia, donde también lo hace la C. virgo. Hay publicaciones recientes que afirman la existencia de una apreciable hibridación entre las especies de Calopteryx, particularmente entre la C. splendens y la C. virgo.  La hibridación es principalmente atribuida a las hembras, como sexo que elige pareja y cuya cooperación es necesaria para una cópula exitosa, pero también depende de la disposición o decisión de los machos para realizarla o forzarla. En este aspecto, los investigadores afirman que en un estudio de siete casos, con un ratio de cinco a dos, los machos de C. splendens son menos restrictivos que los machos de C. virgo, o sea, más propensos a hibridar, algo que parece ser coherente con los que K. Dijkstra dice en su famoso libro “Field guide to the Dragonflies of Europe”, acerca de las numerosas variaciones conocidas de la C.  splendens.  No obstante, parece que una de las causas de hibridación es una reducida capacidad de reconocimiento por parte de ambos cooperantes a la hora de distinguir entre individuos conespecíficos, o sea, de la misma especie, y heteroespecíficos, es decir, de la especie a la que confunden con la suya.  Y como el que suscribe no es una especialista, sino un simple observador o lector sorprendido, el asunto de la hibridación queda así, como una sorpresa más en algún paisaje de los que cada día hay menos…

Estas preciosas criaturas fueron vistas el 26 de Junio de 2010, en un bosque en los confines de la provincia de Málaga.

 

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