Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Sílfides y sírfidos

Posted by Pele Camacho en 12 enero, 2015

En las culturas primitivas, el aire fue uno de los cuatro elementos considerados para explicar el origen del Universo y la humanidad. Esas ideas perduraron hasta que los alquimistas del siglo XVI fueron descomponiendo partes del cuarto elemento -la tierra- con la ayuda del tercero -el fuego-, contaminando suavemente a los primeros, es decir, al agua y  al aire, mientras buscaban su piedra filosofal.  Y así, entre mitos, magias y humos físicos, de los humos mentales de aquellos alquimistas medievales surgieron las sílfides, unas criaturas etéreas, casi vaporosas, unos espíritus femeninos asociados al aire que algunos homosapiens imaginaron según sus ideas artísticas, musicales por ejemplo, tal como usted puede ver y escuchar si pica en este enlace→ Las sílfides de Chopin .

Los japoneses, que no disponen del sonido “ele” en su fonética, al pronunciar palabras foráneas como “sílfide” usan una especie de “ere” suave que las transforma en “sírfides”, recordando a los sírfidos, unos dípteros de vuelo casi mágico que algún fotógrafo asocia con el  cadencioso e imaginario vuelo de las sílfides.

IMGP4425_1200_798KNScaeva mecogramma (Bigot, 1860),  en la mágica quietud de un rápido batir de alas

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Aunque solo disponen de dos alas  y, casi ocultos bajo ellas, un par de balancines cuya función apenas se conoce,  una característica de muchos sírfidos es su impresionante capacidad para volar velozmente en cualquier dirección y sentido, o para quedar como suspendidas en el aire, lo que les ha merecido el calificativo de “moscas cernidoras”.

IMGP2600_1200_1041KNEristalinus taeniops (Wiedemann, 1818), con unos ojos a rayas que facilitan su identificación

La familia Syrphidae (Latreille, 1802), o de los sírfidos, según la ordenación taxonómica actual, contiene varias subfamilias que integran a unos 200 géneros donde hay más de 5000 especies. No es fácil identificar algunas especies sin observar sus detalles al microscopio, en el supuesto de que se tienen conocimientos para hacerlo. Pero también es cierto que hay aspectos morfológicos como tamaño, colores y otros detalles espectaculares de su anatomía que permiten identificar algunas especies que, de vez en cuando, se dejan ver en nuestro entorno.

IMGP6374_1200_1048KNXanthogramma marginale (Loew, 1854),  camuflada de avispa

Los sírfidos son un ejemplo de mimetismo batesiano, un fenómeno que se observa en muchas especies y, particularmente, en algunos dípteros inofensivos cuyo aspecto recuerda al de himenópteros más agresivos, mayormente avispas, que disponen de un aguijón con el que atacan o se defienden de otros depredadores. Ese mimetismo, posiblemente, sea el resultado de la evolución de algunas especies para evitar así el ataque fácil de otras, temerosas de las consecuencias letales de un aguijonazo defensivo. 

IMGP7211_1200_873KNMyathropa florea (Linnaeus, 1758),  una visitante de flores en plena faena libadora

Es frecuente ver a los sirfidos libando entre las flores y, por eso, se las conoce también como “moscas de las flores”;  su importancia como polinizadores complementa la de otros insectos libadores mucho más famosos, sobre todo en áreas donde la escasez de flores no atrae a esas famosas melosas que buscan una mayor productividad en sus procesos extractivos.

IMGP6369_1200_839KNEristalis similis (Fallén, 1817), mostrando su probóscide chupadora

Aunque no producen miel como las abejas Apis mellifera, los sírfidos necesitan néctar para reponer sus reservas de la energía que necesitan para volar y vivir; además, las hembras necesitan polen para el proceso metabólico que consigue la maduración de los huevos de los que saldrá la siguiente generación. A diferencia de la glosa o lengua de aspecto triangular de muchos himenópteros, muchos dípteros disponen de una especie de trompa o probóscide chupadora, fácilmente observable en la mosca doméstica que, aunque díptero, no es sírfido, sino múscido

Los chinos, que no disponen del sonido “ere” en su fonética, al pronunciar sírfidos, los transforman en unos  “sílfidos” que pueden inducir a confusión, porque el masculino de sílfide no es sílfido, sino silfo, como ya matizó alguno de aquellos imaginativos alquimistas medievales. Pero esas son otras historias…

Disfrute usted de un feliz 2015, y que dípteros, himenópteros y otros bishos inofensivos le ayuden a pasar ratos agradables sin acordarse de peligrosos bichos bípedos, de manos largas y guantes blancos.

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Imaginando conocimientos

Posted by Pele Camacho en 5 diciembre, 2014

“La imaginación es más importante que el conocimiento”, dijo Albert Einstein en una extensa entrevista que le hicieron en 1929. El sentido de la frase tiene que ver con hipótesis científicas pendientes de demostrarse con hechos, pero que pueden establecer bases para el avance del conocimiento en áreas donde solo es posible hacer conjeturas.  Einstein publicó su famosa Teoría de la relatividad en 1915 y algunos consideraron entonces que era una hipótesis con riesgo de ser errónea. Fue galardonado con el premio Nobel de Física en 1921, pero no por su Teoría de la relatividad, sino por sus aportaciones científicas sobre la luz, los fotones y  la fotoelectricidad.  La luz es el estímulo funcional de los sistemas de visión biológica y, también, de los modernos sistemas de visión artificial y de energía fotovoltaica, que no son poca cosa…

Entre los sistemas de visión biológica, algunos destacan por su sensibilidad, otros por su agudeza o su capacidad adaptativa  y otros, simplemente, por su llamativa estructura, como aquella de los ojos compuestos de muchos insectos y, particularmente, los espectaculares ojos de los odonatos, pero… ¿cómo ven o qué ven los odonatos?  Esas son preguntas de muy difícil respuesta aún después de muchos estudios, pero cabe hacer hipótesis.

IMGP0903_1200_811KNVista superior de los ojos, vertex y ocelos de una hembra de Trithemis annulata

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Además de los enormes ojos compuestos, los odonatos disponen de tres ocelos mucho más pequeños que delimitan una especie de triángulo frontal prominente conocido como vertex; dos ocelos están en los extremos laterales del vertex, como mirando hacia los lados, mientras un ocelo frontal, anterior o algo más adelantado, apunta hacia delante; parece como si la prominencia del vertex -o el relativo hundimiento de los ocelos- sirviera para evitar luces de zonas fuera del área de visión del ocelo respectivo. Desde hace más de un siglo, el estudio de los ocelos reveló que tienen, básicamente, una especie de lente corneal y una retina formada por células visuales que conectan con un nervio óptico ocelar. Las características de esas lentes corneales y las distancias a sus retinas indican que los objetos visibles por los ocelos deben estar muy próximos, apenas un par de centímetros. Sin embargo, hay disparidad de opiniones -hipótesis- acerca de cuál es la función o funciones que tienen los ocelos en la vida de los odonatos.

IMGP2026_1200_1056KNOjo compuesto de Anax parthenope, con casi 30.000 omatidios

En la entrada “Ojo, que la vista engaña”picar para ver– presenté una descripción simple de la estructura de los omatidios y su disposición o apilamiento en un ojo compuesto.  Los omatidios no tienen una estructura muscular que permita ensanchar o contraer los conos ópticos -equivalentes a los cristalinos– que contienen; puede decirse que cada omatidio tiene una lente con distancia focal fija, sin ninguna capacidad de acomodación; supondría una complejidad enorme acomodar elementos con focales variables en los más de 25.000 omatidios que, como promedio aproximado, tienen los ojos de las libélulas y, además, sería una función casi inútil por el rápido cambio de posición y distancias a objetos durante el vuelo.

IMGP1837_1200_840KNVista frontal de los ojos y ocelos de un macho adulto de Trithemis annulata

La percepción de movimientos lejanos parece ser la principal función de los ojos compuestos. Se ha comprobado que algunas libélulas se espantan al agitar objetos distantes más de diez metros. Sin embargo, las mismas especies tienden a permanecer quietas si se hace una aproximación hacia ellas -mejor por detrás- sin movimientos bruscos, lo que indica que su forma de visión es más sensible o detecta mejor el movimiento que las formas. Estos conceptos de detección, percepción y reacción solapan las funciones del sistema óptico y las del cerebro: las libélulas, como la mayoría de los animales, reaccionan por instintos de defensa o ataque cuyos mecanismos de disparo se desconocen. El funcionamiento del cerebro sigue siendo la gran incógnita del reino animal, con muchas más hipótesis que conocimientos.

IMGP3093_1200_937KNVista lateral del ojo compuesto de un macho inmaduro de Sympetrum fonscolombii

Los fotorreceptores retinales convierten la luz en impulsos eléctricos que se envían al cerebro a través de los nervios ópticos. La conversión se realiza por un proceso químico que se inicia en las opsinas, unas macromoléculas fotosensibles a distintas longitudes de las ondas luminosas: parece que en el ojo humano hay opsinas sensibles a la gama de radiaciones azules, verdes y rojas, es decir, a las “radiaciones visibles”; sin embargo, algunos investigadores concluyeron -vía hipótesis- que los ojos compuestos de algunos odonatos tienen zonas sensibles a radiaciones ultravioletas e, incluso, sensibilidad a la polarización de la luz, una propiedad de la luz y concepto físico evidente cuando se usan gafas polarizadas, por ejemplo. Pero no está claro qué utilidad tiene o puede tener esa detección de la polarización de la luz en la vida de los odonatos.  Parece más claro, sin embargo, al observar las diferencias en el aspecto de las facetas y zonas de un ojo compuesto que, probablemente, cada zona tenga una capacidad de visión especial, es decir, que sea responsable de una particular función visual con un propósito específico.IMGP2776_1200_887KNNFacetas superiores del ojo compuesto de un macho joven de Trithemis annulata

En cuanto a la forma de visión del ojo compuesto existen dos teorías fundamentales: una es la de Visión en mosaico, que supone que la parte fotosensible del omatidio está solamente en su extremo final, donde proyecta lo que el cono óptico ve en el estrecho campo visual frente a él. Esto supone que la visión del ojo compuesto proyecta la escena que observa en una especie de mosaico con tantos puntos sensibles como omatidios integran el ojo compuesto. Con esta teoría de “aposición”, la imagen que se llevaría al cerebro recuerda al mosaico de píxeles de una cámara fotográfica y, sin entrar en detalles complejos de percepción, se adapta bien a experiencias para detección de movimientos rápidos. La otra teoría, conocida como Visión dióptrica, supone que el omatidio es sensible en toda su longitud posterior a la lente corneal y que, como consecuencia, recoge luz con un ángulo de visión más ancho que el supuesto en la teoría del mosaico y hace “superposición” de los campos visuales de omatidios adyacentes, creando en la retina una imagen continua, sin el efecto de imagen pixelada que implica la teoría del mosaico, aunque algo menos nítida por efecto de la superposición.

IMGP0164_1200_1147KNVista lateral del ojo compuesto de una hembra joven de Orthetrum cancellatum

¿Qué teoría sobre la visión con ojos compuestos es más verosímil?  Para dar respuesta coherente, posiblemente, hay que echar imaginación para buscar y conseguir un conocimiento mucho más ancho y profundo de la estructura funcional de los omatidios y de su conexión al cerebro…

Largos trabajos de investigación suelen preceder a los planteamientos de las hipótesis que dan lugar a los nuevos conocimientos: se puede creer o confiar en la intuición y la inspiración -como también decía Einstein- pero no es fácil que solo con ellas surjan ideas útiles.   Algunos ministros y ministras irresponsables pasan de estos asuntos con poca intuición y menos imaginación… ¡qué error y qué coste!

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Asuntos espinosos

Posted by Pele Camacho en 8 noviembre, 2014

Hay temas muy relacionados con creencias y sentimientos que, según la vehemencia con la que se plantean o discuten, podrían calificarse como temas “espinosos”, porque “pinchan” la sensibilidad de ciertas personas y les hacen “saltar”. Uno de esos temas es el relacionado al origen y evolución de las especies.

La evolución biológica de las especies es un hecho constatado e incontestable, formulada como una teoría por algunos filósofos griegos hace más de veinte siglos y, más recientemente, planteada como una hipótesis por científicos de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, el “evolucionismo” surge con la publicación en 1859 de la obra “El origen de las especies” de Charles Darwin (1809-1882), que considera causas naturales para la evolución de las especies por fenómenos que podrían resumirse en mutaciones genéticas. De esos conceptos se deriva la actual teoría científica de la evolución biológica, que colisionó frontalmente con los planteamientos religiosos englobados en lo que se denomina “creacionismo” que, ante cualquier asunto con origen desconocido o sin una explicación científica convincente, atribuye la acción divina de un Ser superior que crea seres o cosas. Crea usted  lo que le parezca mejor y no intente discutirlo conmigo, porque no voy a entrar aquí en ese asunto espinoso. Punto.

IMGP7046_1200_1183KNOruga de Zerynthia rumina con una mutación particular: es hipocrómica ¿por qué? ¿cómo afectó al imago que surgió de ella?

Una especie de evolución biológica evidente y en corto plazo es la que se puede observar en las metamorfosis, unos cambios profundos que, a partir del desarrollo embrionario, afectan a muchísimas especies conocidas: en los insectos hay ejemplos de metamorfosis hemimetábola -en tres etapas- como es el caso de los odonatos, y de metamorfosis holometábola o completa, con las cuatro fases que se observan en los lepidópteros. Hasta donde yo sé -muy poco, realmente-  hay fases cuyos cambios no tienen aún ninguna teoría científica que justifique o explique los procesos de esa evolución o transformación, pero el reto atrae como moscas a muchos científicos ávidos de descubrimientos que en el futuro serán, probablemente, merecedores de algunos premios Nobel.

IMGP4919_1000_1021KNCrisálida de Zerynthia rumina: apenas se intuye la forma de la larva y, mucho menos, de la mariposa

Resulta especialmente enigmática la transformación que se produce en la tercera fase de las metamorfosis holometábolas, es decir, el cambio que tiene lugar dentro de una crisálida que, en un estado de aparente reposo, sin alimentarse siquiera, transforma una voraz larva u oruga con aspecto poco amigable, en un imago o individuo adulto de admirable belleza dotado de espiritrompa chupadora.

IMGP0566_1200_1068KNImago de Zerynthia rumina: ¿Qué fue de aquellas espinas,  patas y aparato masticador de su oruga?

Dentro de la crisálida tienen lugar complejos y desconocidos procesos de apoptosis, palabra moderna con raíces griegas antiguas, para referirse a destrucciones celulares programadas o previstas dentro de ciertas células que desaparecen porque en la nueva fase son innecesarias, siendo absorbidos sus restos de manera natural para constituir nuevas células con funciones completamente diferentes pero necesarias en la fase sucesiva.

IMGP6775_1200_658KNLarva de Nymphalis polychloros, erizada de agudas púas que no invitan a acercarse a ella

Muchas orugas o larvas de lepidópteros están recubiertas de espinas o agudas púas que les dan un aspecto amenazador: es su única defensa ante predadores que podrían atacarles o devorarlas si no tuvieran esa apariencia. Sin embargo, la mariposa en la que se transforman después de su fase de crisálida es una criatura de aspecto frágil e inocente, sin ninguna clase de espinas ni elementos defensivos: las células de las espinas o púas han desaparecido, se han disuelto, han muerto y han sido absorbidas para transformarse ordenadamente en no se sabe qué órganos, células o elementos del nuevo individuo que vuela en lugar de arrastrarse…

IMGP1729_1200_997KNReverso de un individuo adulto de Nymphalis polychloros

La apoptosis puede entenderse como una muerte celular con beneficio, necesaria para el éxito de la evolución y continuidad de la vida: las células de los seres vivos no son de vida ilimitada, necesitan renovarse de manera ordenada, sin que la desaparición de unas dificulte la acción de las nuevas.

IMGP1508_1200_1374KNEl éxito de una evolución con apoptosis: anverso de un imago de Nymphalis polychloros

El avance del conocimiento, en su acepción o sentido más amplio, es el resultado del estudio, la observación, la investigación… después de muchos años de relacionar ideas y, a veces, también, de serendipias, de encuentros casuales, de descubrir algo que no se buscaba pero de lo que se supo ver su relevancia porque ya se tenían otros conocimientos para juzgarlo de interés. El premio Nobel de Medicina de 2002 fue concedido a los científicos Sydney Brenner, Robert Horvitz y John Sulston por sus descubrimientos en relación al “desarrollo de órganos y muerte celular programada”.

Otro asunto espinoso es, también, la reducción de recursos para la investigación. No hace falta ir muy lejos para ver gobiernos y ministros erizados de púas y enrocados como crisálidas, que redujeron los presupuestos de investigación para sufragar los derroches y corrupciones de sus afines. Pero esas son otras historias que ustedes ya conocen…

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Protocolos de mojaculos

Posted by Pele Camacho en 14 octubre, 2014

Odonata es el nombre científico acuñado por Johan Christian Fabricius (1745-1808) al final del siglo XVIII para el “orden” que, dentro de la “clase” Insecta, engloba a libélulas y caballitos, nombres vernáculos ampliamente aceptados que surgieron por asociaciones de ideas con raíces muy antiguas. Aún así, es posible que haya sitios cercanos donde no sepan qué es “un caballito” ni, tal vez, qué es “una libélula”, pero tendrán otros nombres vernáculos para referirse a esos llamativos animalejos que son acuáticos en la mayor parte de sus vidas: frente a  las pocas semanas -pocos meses, como mucho- que dura su vida aérea como adultos o imagos, las primeras etapas de sus vidas son acuáticas y comienzan con la puesta de huevos u oviposición que, salvo escasas excepciones, las hembras de los odonatos llevan a cabo en medio acuático o muy cerca de él (*).

IMGP3867_1200_877KNUna pareja de Platycnemis acutipennis, iniciando una nueva generación

Frente a los nombres científicos de la nomenclatura binomial, utilizados en la ordenación o clasificación biológica de las especies, algunos nombres vernáculos son apelativos de rango corto y su significado suele perderse poco más allá de la zona donde surgieron. Son nombres antiguos, casi motes o apodos, transmitidos “localmente” de generación en generación y, solamente aquellos “mejor puestos”, los que casi no necesitan explicación, llegan a sobrepasar los límites geográficos del lugar donde surgieron. Este es el caso de “mojaculos”, un nombre poco científico que quizás usted conozca y, probablemente, bastante más antiguo que el de Odonata, además de ser mucho más comprensible y comunicativo.

IMGP3791_1200_1223KNUna pareja de Sympetrum fonscolombii, mostrando la presa inicial del protocolo reproductor

En el reino Animalia, término que acuñó Carlos Linneo (1707-1778) -maestro de Fabricius- para englobar a todos los animales, no hay ningún orden con especies dotadas de genitalias secundarias como las que tienen y usan los machos de odonatos. Como consecuencia de ello, el protocolo reproductor de los odonatos es único en la naturaleza y se desconoce completamente su evolución; es un “completo misterio”, como decía R.J. Tillyard , el gran experto en odonatos, en su obra “The Biology of Dragonflies”.

IMGP0967_1200_1219KNEl “tándem” exclusivo del Orden Odonata, mostrado con una pareja de Sympetrum fonscolombii

Pero, aunque todos los odonatos hacen ese peculiar “tándem copulativo”, no es única la forma de llevar a cabo las puestas de huevos: unas son endofíticas, es decir, los huevos se insertan en el tejido vegetal de algunas plantas, otras son epifíticas, y ponen los huevos en la superficie de plantas acuáticas y, finalmente, las exofíticas depositan los huevos en la tierra o el agua.

IMGP2011_1200_1398KNRefracción y reflexión de la luz, con una pareja de Anax parthenope, haciendo una puesta con presa

Las puestas más vistosas y espectaculares son, sin duda, las acuáticas: en algunas especies, el macho suele sujetar a la hembra hasta que deposita los huevos fecundados, evitando que otro macho haga tándem con ella y anule la fecundación anterior. Hay especies que hacen puestas en estado de reposo que, todo sea dicho, favorece la tarea de apunte y enfoque fotográfico…

IMGP2553_1200_802KNPareja de Sympetrum fonscolombii, mojando el final del abdomen con ritmo marchoso…

Otras veces, la puesta es dinámica y la pareja vuela dando una exhibición de ritmo y una precisión con la que intentan competir algunos aficionados a la fotografía de naturaleza viva…

IMGP1370_1200_1265KNHembra de Anax imperator, haciendo una puesta tranquila

En algunas especies, la hembra sigue ovipositando después de verse libre de la presa del macho, sumergiendo su ovipositor que está pocos milímetros más arriba que su apertura anal… pero eso es un detalle accidental, aunque sea el que les da ese nombre vernáculo de “mojaculos”, bien puesto donde los haya…

(*) Después de la oviposición, en algunas especies se inicia una diapausa o retraso del desarrollo embrionario que puede durar hasta cinco meses, para adaptarse a las estaciones y a una climatología favorable. En otras especies la maduración del embrión se inicia de modo inmediato, con una duración variable de 1 a 8 semanas que determina el inicio de la fase larvaria, cuando surge la prolarva al eclosionar el huevo.  Las prolarvas de aquellas especies que hacen puestas fuera del agua, buscan inmediatamente el medio acuático para desarrollarse como larvas y evolucionar en estadios sucesivos, con más de 10 mudas de cutículas o ecdisis que permiten el crecimiento de las larvas, en periodos que van desde 1 año hasta 3 en regiones frías, con excepciones de especies polivoltinas en zonas cálidas, donde puede haber más de una generación al año.

 

 

 

 

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Angelitos negros

Posted by Pele Camacho en 21 septiembre, 2014

… Pintor de santos de alcoba 

siempre que pintas iglesias

pintas angelitos bellos

pero nunca te acordaste

de pintar un ángel negro

                                                        (De “Angelitos negros”,  Antonio Machin, 1903-1977)

En el tema de los ángeles hay algo de confusión. Parece que hubo “angeólogos” que estudiaron “la naturaleza y ordenación de los ángeles”, pero no dejaron claro el aspecto o los colores de los ¿nueve? órdenes, grados o coros angélicos; de ahí, posiblemente, la polémica entre artistas del pincel y de la música. Entre los órdenes angélicos, los angeólogos establecieron que los máximos niveles jerárquicos corresponden a querubines y serafines, que yo imaginaba rubitos y pequeñines -no sé por qué, quizás por la rima- , mientras que los niveles más bajos eran los de ángeles y arcángeles, que en ciertas representaciones son suficientemente corpulentos como para blandir espadas e imponer su autoridad angelical a los humanos o a otros ángeles malos  -también llamados “ángeles caídos”- que algunos artistas representan en color negro o rojo y, a veces, con alas de murciélago, cuernos, tridente y cola acabada en punta de flecha, de donde, quizás, sale ese dicho de “cuando el demonio no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo” …y como mis conocimientos de Angeología son, prácticamente, nulos, dejo aquí  esta introducción al título de esta entrada.

IMGP1956_1200_1007KNEl Orthetrum trinacria, casi negro, se dejó caer como un ángel exterminador y devoró la mosca en apenas un minuto

En algunas épocas y culturas, también las libélulas han soportado el estigma de animales malignos o demoníacos y, aunque parezcan creencias superadas, algunos restos de ellas deben quedar en los subsconscientes, si no ¿por qué se me ha ocurrido este título?…quizás porque tienen alas y porque algunas especies son negras o casi…y, tal vez, porque tienen un vuelo “diabólico”, en su sentido o acepción figurada de complejo, difícil, inimitable…mezclado con el concepto más estricto y relativo al “diablo”, el ángel caído y negro por excelencia, “achuscarrado” de estar en los infiernos por maligno… aunque ya no sé, tampoco, si esa idea del maligno terrorífico es aún mantenida por los herederos de aquellos que la crearon.

IMGP1467_1200_1131KNNegro por excelencia, un macho de Diplacodes lefebvrei, el angelito más negro de todos, en su medio preferido de hierbas acuáticas

Las Diplacodes lefebvrei (Rambur, 1842) son pequeñitas, unos 25 mm. de longitud y “negras como un zapato”, expresión cuyo origen desconozco.  El nombre genérico Diplacodes significa “con dos láminas”, en referencia a la forma de sus apéndices genitales, difícilmente apreciables en las fotos que se dejan hacer en vivo y en directo, porque parece que tuvieran sobredimensionado su aparato volador en relación al peso y dimensiones del cuerpo: su vuelo es rápido, imprevisible y, aparentemente, inagotable, como si fueran incapaces de permanecer quietas durante unos pocos segundos; me refiero a los machos, porque de las hembras apenas puedo decir que creo haber visto un par de ellas, aunque de lejos. El nombre específico “lefebvrei” es en honor del entomólogo francés Alexander Lefebvre (1797-1868).

IMGP1980_1200_1037KNDiplacodes lefebvrei jovencito, con restos de colores recentales

Otros “angelitos negros” son los machos adultos de Selysiothemis nigra (Vander Linden, 1825), pertenecientes a un género monoespecífico nombrado en honor del barón Edmond Selys de Longchamp (1813-1900), entomólogo belga que desarrolló una enorme actividad en el orden de Odonatos. El nombre especifico, nigra, justifica por sí solo parte del título de esta entrada. Es una especie atípica, al menos, en su distribución geográfica, pues está ausente en zonas próximas de características, supuestamente, muy similares a las de aquellas zonas donde se las suele ver. También cabe decir que, aparentemente, desaparece de algunas zonas por periodos de decenas de años, sin que haya hechos o circunstancias que pudieran explicar el fenómeno.

IMGP1575_1200_878KN

 La hermosa cabezota, los ojazos, de un macho adulto de Selysiothemis nigra

Parecidas, de lejos, a las Diplacodes lefebvrei, las Selysiothemis son también pequeñitas, entre 25 y 30 mm. pero tienen una característica particular: su gran cabezota, es decir, sus enormes ojos de un color granate oscuro, muy grandes en relación a su delgado cuerpo de un color azul oscuro por efecto de la pruína que suele recubrirlos, que en las hembras se queda en unos tonos pardos que solo se aprecian en días de mucha suerte fotográfica.

IMGP1851_1200_742KNMacho de Selysiothemis nigra, sobre un brote de adelfa Nerium oleander, un arbusto maligno por su toxicidad

Para terminar con algo relacionado al inicio de esta entrada, citaré un episodio que presencié, personalmente, en una pescadería  de un mercado, donde se mostraban unas magníficas japutas, un pescado sabroso de aspecto negruzco, que suscitó el interés de dos monjas que pasaban por allí y mantuvieron con el pescadero el diálogo que sigue:

  • Pónganos dos “angelitos negros”,  dijo una de ellas mientras señalaba con el dedo a las japutas
  • ¿Dos de estos? ,  dijo el pescadero con una sonrisa que no sabría calificar
  • Sí, sí… dos de esos,  afirmó la monja

Y el pescadero les vendió las dos japutas.

En fin, que el concepto de “angelitos negros” es muy amplio, incluso en ámbitos “angelicales” que yo imaginaría más exclusivos.

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Remirando en diferido

Posted by Pele Camacho en 3 septiembre, 2014

Lo de remirar no quiere decir que mirara dos o tres veces cuando las vi, porque fueron muchas más, bastantes más… y lo de “en diferido” –sintagma que antes apenas se usaba más que en retransmisiones futboleras y que hoy es sinónimo de confusión-  lo uso ahora porque he vuelto a remirar algunas fotos primaverales cuando ya raya el otoño.

IMGP7068_1200_781KNSerapias lingua “despeñapérrica”, en una vista lateral

Hacer fotos de flores es un reto que me hace dudar, me confunde y me lleva a “diferir” la acción de echar a la papelera unas fotos que nunca sé si rayan el umbral de aceptables.

IMGP7130_1200_865KNSerapias lingua “despeñapérrica”, en una vista casi cenital

Cuando tropiezo con una belleza de poco más de un centímetro que no sale corriendo o volando, la miro, la remiro por delante, por detrás, por arriba… y foto va, foto viene, sin saber cual quedará “mejor” porque, en muchos casos, no solo hay que enfocar una zona sino también desenfocar otras, para que el fondo no destaque mucho o desgraciar pétalos vecinos porque la óptica no da para más.

IMGP5508_1200_739KNOrchis papilionácea “malagueña” e hipocrómica, en una vista lateral

Y eso de presentar desenfocada una parte que podía ser protagonista, deja una cierta sensación de impotencia fotográfica.  Chungo.

IMGP5440_1200_797KNOrchis papilionácea “malagueña” e hipocrómica, en una vista casi cenital

Las orquídeas ibéricas  -tengo dudas, también, de la necesidad o idoneidad del calificativo geográfico- son un caso particular de las dificultades fotográficas que me plantea la flora: muchas de ellas apenas levantan 10 cm. sobre el suelo, están entre otras hierbas que conviene apartar para que no salgan en la foto y, además, aguantar las chinas o los chinorros, los ñoscos o los peñascos que hay en la zona donde se ha de practicar el “tumbing”, para poner los cachivaches foteros a la altura de las protagonistas.

IMGP6901_1200_840KN Cephalanthera longifolia “despeñapérrica”,  de unos 20 cm de altura

Algunas de ellas aparecen aisladas, o casi, otras en un mogollón apretado donde unas parecen arropar a otras y, finalmente, aparecen en racimos más o menos “sueltos” que, si se quieren ver enteros, es necesario alejarse para dar una perspectiva de la planta, sacando unas fotos en las que se ve todo, o casi todo, dejando las bellezas individuales  “difuminadas en la lontananza” que deja fuera el macro.

IMGP6867_1200_815KNDetalle macro de una Cephalanthera longifolia

Cuando se desea ver detalles hay que acudir al “macro”, recortar el encuadre y dejar desenfocada alguna parte para que resalten otras que, a simple vista, nuestros ojos no pueden apreciar.

IMGP6296_1200_1150KNOrchis champagneuxii “despeñapérrica”,  una variante de la Orchis morio

Otra cosa es “la color”, el color, los colores, las luces y las sombras, con o sin flashes que no me gusta usar,  mantener esa sensación de lo natural que siempre pierde “algo” en las fotos que aparecen en “mi” cámara y que, luego, en la pantalla de “mi” ordenata cambian otro “algo”, y ya no sé lo que se perderá en la nube, hasta que lleguen a las pantallas de otros ordenatas como ese en el que estás leyendo esto…

IMGP6313_1200_1010KNOrchis “no sé qué”, quizás morio hipocrómica y “despeñapérrica”

 … y todo eso sin entrar en las pérdidas naturales de pigmentos que se engloban en un concepto de “hipocromía” de amplio espectro, porque así es el espectro de los colores “blancos” donde hay tantísimos colores.

Por eso dije antes que lo de “en diferido” supone confusión, tanto por parte de quien lo dice o dijo, el momento en que lo dijo, la intención con que lo hizo y la forma en que parece o aparece.

Que ustedes tengan buen otoño y disfruten de bellas flores -que también las hay- y de ricas setas, que suele haber si llovió como debió…

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Conocer sin placer

Posted by Pele Camacho en 8 agosto, 2014

“Encantado de conocer…” y “Es un placer…” son expresiones formales, algo protocolarias, relativas al hecho de conocer a una persona en el sentido más habitual del verbo, porque lo del “encanto” o “placer” puede ser más o menos sincero, según el caso o la persona. En sentido figurado, lo de conocer personas puede extenderse a conocer vegetales o animales y, en lo del “placer”, mejor sustituirlo por “interesante” o “importante”, por ejemplo, un amigo muy aficionado a las setas me decía: “Es muy importante conocer la Amanita phalloides, para “reconocerla” y evitar las posibles consecuencias de cogerla”. Y con algunos bichejos se podría decir lo mismo, porque hay poco placer con ellos, como es el caso con el protagonista que esta entrada pretende presentarles para que lo conozcan y puedan reconocerlo, si llega el caso.

IMGP0635_1200_922KNUn macho errante de Loxosceles rufescens, (Dufour, 1820), mostrando sus ocho patas y sus dos pedipalpos

Entre las arañas celtibéricas, quizás la más “importante” sea la Loxosceles rufescens (Dufour, 1820) que, sin ser una de las más “impresionantes” por su tamaño o color, sí podría serlo por su “picor”. Su cuerpo mide algo menos de 10 mm. y sus patitas extendidas unos 40 mm., o sea, que no pasa desapercibida cuando se deja ver, pero es huidiza y le gusta estar oculta por escondrijos domésticos porque, según dicen por ahí, es una de esas arañas que pueden calificarse de “caseras”, aparte de peligrosas.

IMGP9935_1200_635KN

¡Ténganse todos,  todos envainen,  todos se sosieguen,  óiganme todos,  si todos quieren quedar con vida! 

(“El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Tomo I, Capítulo XLV)

Las Loxosceles rufescens  tienen un color tostado variable, que suele ser algo oscuro en sus cefalotórax o prosomas,  y a veces, algo más claro en sus abdómenes u opistosomas.  Las patitas son relativamente gruesas y algo más cortas que  las de esas otras arañas patilargas, pero inofensivas, que suelen verse por algunos rincones de las casas. La llaman araña violín, porque dicen que la parte más oscura de su cefalotórax recuerda ¿? la forma de ese instrumento. Precisamente, en el extremo delantero de ese supuesto “violín” es donde están ocultos los quelíceros…

IMGP0674_1200_768KN Un violín entre dos pinchos alarmantes, aunque no son los peligrosos

¿Y cómo de peligrosa puede ser la criatura?  Pues, mire usté, depende de en qué parte “pique”,  o de cómo “muerda” -que así dicen algunos-  con sus quelíceros casi imposibles de ver en cualquier foto que se haga a una araña viva, porque las uñas ponzoñosas están ocultas en esos quelíceros retraídos delante de la boca de la araña: sólo se pueden ver y fotografiar con óptica especial -normalmente microscopios- y con la araña preparada al efecto, es decir, anestesiada o muerta. Hay personas muy sensibles a las picaduras de algunos invertebrados pero, en cualquier caso, las picaduras de las Loxosceles pueden ser problemáticas, aunque no mortales, ni mucho menos, con las rufescens que se encuentran en España.  Si ustedes leen por la interné -como están haciendo ahora-  pueden encontrar informaciones alarmistas y sacar conclusiones equivocadas relativas a especies americanas, de mayor tamaño que éstas, y de las que aquí no hay ningún registro porque nadie las ha visto.

IMG_P1070238_1200_1422KNEntre luces y sombras, una hembra muestra sus pedipalpos sin extras engañosos.

Esas “uñas” de aspecto terrorífico que se ven en esas como patitas delanteras -los pedipalpos– mucho más cortas que cualquiera de las auténticas patitas de los cuatro pares posteriores, no son más que “órganos copuladores” solo presentes en los machos, con los que inyectan su esperma a las hembras que, lógicamente, carecen de tales apéndices a cambio de tener unos receptáculos adaptados a aquellos inyectores.

En fin, ha sido un placer mostrar esas fotos de un bisho que conviene conocer, aunque sin placer, por si acaso le place aparecer.

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Los Trinacria

Posted by Pele Camacho en 13 julio, 2014

Los Trinacria tienen algo en común con los Soprano y los Corleone: sus orígenes sicilianos, por lo menos.

Hollywood y la interné han difundido ampliamente, hasta un nivel exotérico, las historias de las dos últimas familias, pero no ha ocurrido lo mismo con la primera, aunque su nombre toponímico es tan antiguo como las culturas mediterráneas en las que surgió lo de Trinacria que, según dicen, significa “con tres esquinas o picos”, como algo triangular. Eso fue así porque, ya en aquellos tiempos remotos de hace más de veinte siglos, sin satélites ni instrumentos sofisticados, los tres cabos o abombamientos en la geografía de Sicilia fueron detectados por los navegantes de entonces: el situado al sur no tiene ciudades o parajes relevantes, pero sí los tienen el occidental, donde está Marsala -“Scallopini Marsala”-  y el oriental de Mesina, que da nombre al estrecho que la separa de Calabria, la punta de la peninsular bota italiana donde residen los calabreses, algunos de los cuales compiten con los sucesores de Sopranos y Corleones.

IMGP9771_1200_1047KNUn capo di capi: Un macho en plenas facultades

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

Los trinacrias de esta entrada -a nivel odonatológico Orthetrum trinacria, (Selys, 1841)– fueron identificados por primera vez en Sicilia y de ahí les cayó el nombre que, aparte de biensonante, les da matices esotéricos más o menos creíbles. Sus tamaños destacan por encima de la media libelulera; son superestilizados, con un abdomen delgado y  largo, y unas alas que, por el contrario, son largas y relativamente anchas, lo que les confiere una capacidad de vuelo sobresaliente. En cuanto a su aspecto, sobre todo el de los machos, y el color azul oscuro de todo su cuerpo, les da un matiz algo siniestro, como de matones o de “pistoleros libeluleros”…

IMGP9744_1200_936KNUna mamma:  “Se adivina con mirarla que no la han querido bien… ” (Tango porteño)

Las hembras, como en la mayoría de las especies de libelúlidos, permanecen en un “segundo plano”, apartadas de las exhibiciones de vuelo de sus machos. Son más difíciles de ver -y no digamos de fotografiar- porque apenas se las ve si no es en los momentos de cópulas o sus “desenganches”; son más claritas, tienen manchas amarillentas en sus libreas y sus ojos más glaucos, aunque no menos bellos que los impresionantes ojos azules de los machos.

IMGP8132_1200_797KN Il ragazzo:  Jovencito mostrando aún parte de sus colores marfileños

Como en casi todos los odonatos jovencitos, hembras y machos de la misma especie se parecen, dejando aparte los detalles de las genitalias secundarias -los apéndices anales– que marcan diferencias desde sus emergencias.

Y retomando aquello de los matices esotéricos de las Trinacrias, se podría empezar por el símbolo o icono –la Trinacria– que figura en la actual bandera de Sicilia: una cabeza femenina que parece ocultar un cuerpo del que surgen tres piernas que apuntan un triángulo superpuesto a los triángulos rojo y gualda de la bandera. Indudablemente, el icono tiene “gancho”, porque también figura en la bandera de la isla de Man, pero con menos gracia que en la siciliana, “como-no podía-ser-de-otra-manera”

IMGP9821_1200_1024KNOcchi sbarrati di capo:  ojos descomunales de un jefe. De su visión dependen muchas cosas…

Más allá en la simbología relacionada a “trinacrias” y triángulos, están los “ojos que todo lo ven”, donde se mezclan dioses, mitologías y sectas que la literatura esotérica ha utilizado con no poco éxito comercial, aunque con dudosa veracidad, pues por y para eso es esotérica.

IMGP9750_1200_896KNOjos glaucos de una mamma:  “Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar…  (Gutierre de Cetina)

Yo no sé cuánto, cómo y qué ven los ojos de los trinacria, pero cuando veo sus colores y sus facetas,  se me quedan cortas las ópticas con las que yo los miro y los guardo para recuerdo.

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Como Marcial

Posted by Pele Camacho en 29 junio, 2014

Una cosa es que me gusten los pasodobles toreros y otra sería que me gustara el espectáculo taurino que, respetando el gusto de los que sepan apreciarlo, solo me gusta en sus comienzos, cuando lo único rojo son los colores de los capotes; después me resulta difícil soportar la mezcla de sentimientos con otros rojos. Y así las cosas, al cuento de lo que va esta entrada, la letra de uno de los pasodobles más populares y escuchados en tardes de toros empieza así:

Voy a los toros

porque esta tarde Marcial torea,

que es el más grande…

 

Pues como Marcial, el maestro Marcial Lalanda, el más grande, los Anax imperator (Leach, 1815)  son los odonatos más grandes de por aquí, con alas y cuerpos de unos 8 cm. de longitud, de lo más largo que se ve en el orden Odonata y en la clase Insecta. A veces, cuando me encuentro con ellos me traen recuerdos de momentos musicales inolvidables, con personas que siempre recordaré, porque con bandurria, guitarra y voces, me enseñaron el estribillo del pasodoble que repite:

Marcial, eres el más grande…

rítmico y marchoso, pegadizo y hasta “marcial”, forzando la acepción del adjetivo e imaginando el paseillo de las cuadrillas.

IMGP8197_1200_983KNEl encuentro más frecuente con los Anax imperator

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

El vuelo de los Anax imperator, por su envergadura y filigranas, es un espectáculo de acrobacia y maestría difícil de explicar: rápido, con quiebros bruscos o paradas imprevisibles y “reprises” sorprendentes, de duraciones inimaginables y desesperantes para el fotógrafo que desea llevarse el recuerdo de esos ases del vuelo acrobático. No es fácil apuntar, enfocar y disparar con resultados fotográficos medianamente presentables, pero algunas veces hay suertecilla y se quedan medio parados en el aire, décimas de segundo, y si estabas preparado y esperando, algo queda para recordar.

IMGP4527_1200_974KNOjos claros, serenos… en un descanso cercano

Pero también descansan, algunas veces en un sitio cercano y accesible al que intenta llegar el fotógrafo sin dejar de mirarlos, echando los pies a ciegas, tropezando con pedruscos y agujeros hasta llegar a ellos con el máximo sigilo que el entorno permite, para empezar a disparar 10, 20, 30 fotos… las que nos deje hacerle, desde un ángulo, desde otro que parece mejor, hasta que se cansa de descansar y se va. Se acabó la suerte y la sesión de fotos, quizás hasta el año que viene y, mientras tanto, ¿qué es de ellos y ellas?

IMGP8044_1200_1212KNPuesta de una hembra de Anax imperator: el posible comienzo de una vida

A los Anax imperator les cabe el honor de haber sido objeto de amplio estudio, por ejemplo, la publicación “The Life-History of the Emperor Dragonfly Anax Imperator”, de Philip S. Corbet, una autoridad en odonatos, con publicaciones de referencia mundial, como “Dragonflies: Behavior and Ecology of Odonata” y “A Biology of  Dragonflies”, donde también dedica muchas páginas al emperador de las libélulas. Sus vidas empiezan con una puesta de huevos en medio acuático, donde estarán hasta dos años como ninfas devoradoras de bichejos, cambiando varias veces de cutícula en procesos de muda o ecdisis, hasta que la naturaleza les pide la emergencia necesaria para salir al medio aéreo.

IMGP7572_1200_876KN Una exuvia de Anax imperator: donde terminó una vida acuática y empezó otra aérea

Como recuerdo de la vida acuática, en alguna parte queda “el último traje”, la exuvia vacía de la que salió la libélula en algún amanecer, para estar apenas un par de horas estirando sus alas, como “calentando motores”, para iniciar sus impresionantes vuelos que pueden durar hasta poco más de dos meses, una corta vida aérea si se compara con la que tuvieron en la charca donde su madre hizo la puesta.

IMGP5521_1200_1139KNEl final de una hembra de Anax imperator

En los estudios de Philip Corbet se dice que los Anax imperator tienen escasos predadores; sus vidas terminan muchas veces por hambre, por no poder alimentarse en condiciones atmosféricas adversas que no les permitan cazar las presas que necesitan para subsistir, o en las luchas que tienen entre ellos, casi siempre relacionadas con los “enganches” de sus procesos reproductivos, por ejemplo, cayendo al agua de donde salieron y de la que les resulta muy difícil escapar cuando son adultos: cuatro alas grandes y un cuerpo en proporción requieren mucho esfuerzo para despegarse de la tensión superficial del líquido que les retiene. De adultos vuelan de manera maravillosa, pero de nadar, nada de nada…

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Tres cosas de Inés

Posted by Pele Camacho en 4 junio, 2014

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso.    

                                                                                                        (Baltasar de Alcazar,  1530- 1606)

IMGP1251_1200_1155KNLa primera: el reverso de una Melanargia ines  que parece mirar con ocelos acaramelados

(Picar en las imágenes para verlas con más resolución)

 

Mis recuerdos de aquella Inés de Baltasar de Alcázar (1530-1606) se refrescan algunas veces cuando veo alguna Ines como esta Melanargia ines (Hoffmannsegg, 1804) revoloteando por esos campos.  Los versos donde aparece Inés me suelen transmitir una sensación de la felicidad y buen vivir que, posiblemente, disfrutó don Baltasar en buena parte de sus 76 años de vida, muy por encima de la media de aquellos tiempos del siglo XVI.  A lo que parece, debió ser un buen “triperas”, una persona aficionada al buen yantar que -imagino yo- compartió con la Inés de sus versos

…pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta…

 porque los placeres suelen ser mayores cuando son compartidos, aunque no sé si Inés fue esposa, compañera, hermana…  o una Dulcinea gastronómica a la que recurría en muchas de sus poesías, como en aquella de la famosa “cena jocosa”.

IMGP1940_1200_1536KN
La segunda: el anverso “medioluto” de una Melanargia ines descansando sobre una roca de sílice

La Melanargia ines es una mariposa que revolotea por buena parte de la península ibérica y parte del Magreb. Es bastante inquieta, con un vuelo que parece inagotable, aunque si se la observa durante un tiempo se ve que suele repetir posadero y permitir que el fotógrafo le haga algún retrato, por usar como referencia otros versos de don Baltasar:

Mostróme Inés, por retrato
de su belleza los pies;
yo la dije: –Eso es, Inés,
buscar cinco pies al gato.
Rióse, y como eran bellos,
y ella por extremo bella,
arremetí por cogella,
y escapóseme por ellos   (“Salir por pies”)

Sin embargo, las sesiones fotográficas con la Melanargia ines suelen terminar pronto porque la protagonista, como es lógico,  suele escaparse “por alas” cuando el fotógrafo “arremete por cogella”.

IMGP5989_1200_913KNLa tercera:  “medioluto” sobre la cromática sensualidad de una Scabiosa atropurpurea

 

Y en fin, para terminar esta entrada, como hizo don Baltasar,  llamo de nuevo a Inés…

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

De la “ines” con alas  -y sin acento- ya comenté algo en un cuento pasado que titulé “Melanargias mediterráneas… (picar para ver)” en el que, mirando hacia atrás con gusto, veo que salieron matices gastronómicos, quizás, por influencia de los versos de don Baltasar, sevillano de nacimiento y –diría yo- de sentimientos.  Sin embargo, el nombre de la alada tiene origen granadino, pues allí la vio el entomólogo Herr Hoffmannsegg que, influenciado por otra Inés que le acompañaba, inmortalizó su nombre en esta criatura.

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