Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 31 marzo 2011

Veneno en la piel

Posted by Pele Camacho en 31 marzo, 2011

“Dicen que tienes veneno en la piel
y es que estás hecha de plástico fino.
Dicen que tienes un tacto divino
y quien te toca se queda con él… “

Así empezaba “Veneno en la piel”,  “top-hit” en los 90 de Radio Futura, uno de los grupos rompedores de aquellos tiempos, como la canción que puedes escuchar si haces “click” aquí →“Veneno en la piel”

Uno de los venenos más tóxicos es el ácido cianhídrico o ácido prúsico, el cianuro de hidrógeno de fórmula HCN que algunos homosapiens usan en las cámaras de gas; pero no hay que irse tan lejos para olerlo peligrosamente, pues se huele moderadamente en las almendras amargas, por ejemplo, donde está presente.  Y también en las Zygaenas que, aunque no sé si huelen, gracias a un metabolismo sui generis tienen en su cuerpo ese ácido prúsico que tomó nombre de un tinte llamado “azul Prusia” o “Blau Berlin”, porque allí se descubrió, casualmente, mientras se buscaban otros colores, como se descubrió América mientras se buscaban otras tierras. También fue casual el hallazgo del cianuro en las Zygaenas, cuando algunos entomólogos intentaron gasear a unas cuantas para llevar a cabo sus estudios, pero al tener las Zygaenas el producto como propio, se quedaron tan panchas y los entomólogos tan estupefactos.

Zygaena sarpedon  (Hübner, 1790), alas parcialmente transparentes y cíngulo rojo abdominal

Las Zygaenas son como brujitas en el mundo mariposil, unas preciosas y vivarachas mariposillas del suborden Heterocera, nombre que suena menos mal que el de polillas, incorrectamente usado por algunos como sinónimo de heteróceros;  pequeñitas ellas, apenas 20mm de longitud alar, con unos colores vivos  que van más allá de una simple casualidad cromática: son combinaciones aposemáticas, es decir, una mezcla de colores llamativos, fáciles de ver y recordar como una advertencia de “Peligro, mantenerse lejos”.  El aposematismo es como un antónimo del mimetismo: unos animales se protegen mimetizándose, confundiéndose con el entorno, mientras que otros se “aposematizaron” en su evolución adoptando unos colores que resaltan su presencia alarmante -la RAE me puede anatematizar por decir eso-;  es una estrategia relativamente frecuente en el reino animal, como mecanismo de defensa de algunas especies ante posibles predadores que, supuestamente, recuerdan desagradables experiencias previas al atacar a individuos “aposematizados“. Parece que esa alarma se transmite por los genes, es decir, que los supuestos atacantes saben de nacimiento eso de “nene, caca” con algunas combinaciones aposemáticas. Aunque la RAE no reconoce lo aposemático ni sus derivados, muchos depredadores sí reconocen sus efectos.  La inteligencia de los seres inferiores es así de simple.

Posiblemente, Zygaena fausta (Linnaeus, 1767), con rojos-anaranjados, pálidos, quizás, por vejez

El color más llamativo de las Zygaenas es el rojo, más o menos vivo, del naranja al grana, porque varía entre las 22 especies de Zygaenas que hay nominadas en España, aunque la diferenciación de algunas de ellas sea casi imposible sin ayuda de un microscopio para observar sus genitalias.  Los lunares, manchas y bandas distribuidas por las alas y abdómenes de las diferentes especies destacan sobre fondos oscuros, algunos con brillos azulados más o menos patentes.  No se debe pensar que los colores azulgranas o blaugranas sean tóxicos per se, aunque últimamente parezcan serlo, al menos,  en ambientes deportivos, pero eso son otras historias…

Zygaena fausta (Linnaeus, 1767),  mostrando ligeros tintes azulgranas

“… Te crees que eres una bruja consumada
y lo que pasa es que estás intoxicada;
y eso que dices que ya no tomas nada,
pero me dicen por ahi: “Que sí, que sí, que sí, que sí”…

Y así terminaba “Veneno en la piel”, antes del pegadizo estribillo…

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Ojos de caramelo

Posted by Pele Camacho en 25 marzo, 2011

La familia Libellulidae, o de los libelúlidos, es la más numerosa dentro del orden de Odonatos.  Dicen que tiene más de 1000 especies, porque comprende subfamilias -o géneros- tan importantes y famosísimas como las Sympetrum, Crocothemis, Trithemis… y así, hasta 15, entre ellas la subfamilia Libellula (Linnaeus, 1758), una de las más antiguas y de recio abolengo, como corresponde y merece el patriarca Carl Linnaeus (1707-1778) que la apadrinó.

Libellula depressa (Linnaeus, 1758), macho adulto, mostrando una gruesa capa de pruina resquebrajada

Con sus cuatro especies en Europa, se podría decir que la subfamilia Libellula sería familia numerosa, pero en España no llegaría al mínimo exigible porque solo dos de tales especies tienen representantes en la peninsula:  Libellula quadrimaculata (Linnaeus, 1758), la más escasa, que se encuentra mayormente bordeando cordilleras y aledaños, allende la ancha franja de Galicia a Cataluña, y Libellula depressa (Linnaeus, 1758), ampliamente distribuida por la península ibérica, pero aquende Andalucía, hay bastante zonas  donde no se la ve.

El mismo ejemplar macho de Libellula depressa, mostrando más en planta su ancho abdomen

Su nombre describe lo que parece: una señora libélula de anchas caderas y mucho carácter. Es una Libellula más bien grandota, con un abdomen ancho, como aplastado, o sea, depressa, dicho en latín paladino. También parece que, consciente de su envergadura, tiene un carácter peleón, de pocos amigos, como para disfrutar espantando a cualquier pariente que pueda haber en las proximidades del posadero que haya elegido; porque, aunque no sea exclusivo de ella, suele actuar en sus patrulleos de forma repetida:  permanece vigilante…, levanta vuelo…, vuelve al mismo sitio…, y repite la secuencia  varias veces, y aunque la ruta del patrulleo varíe, el posadero queda como punto fijo en propiedad, hasta que se cansa de demostrar que aquel entorno es suyo y lo deja con su vuelo rápido y potente.

Macho de Libellula depressa vigilando desde un junco, donde parece disfrutar meciéndose

En lo de “posadero” -ya lo dije en la entrada Azul oscuro, casi negro –  la RAE mantiene pose y pierde paso: no tenemos sustantivo para referirnos al lugar donde se realiza la acción del verbo “posar” que es, “dicho de un ave u otro animal que vuela, o de un avión o un aparato astronáutico: Situarse en un lugar o sobre una cosa después de haber volado”, y aunque el mal-usado “posadero” suene a dueño de posada -lugar de reposo-, posiblemente, será mejor entendido que el sustantivo “percha” que ya he leído varias veces al describir lo que, en sentido libelulero, llamo “posadero”.  ¿De dónde salen o están esas “perchas”?  pues, mire usté, qué casualidad, supongo que vienen de “Percher”, nombre que algunos angloparlantes dan, precisamente, a las especies de la familia Libellulidae, sustantivando el verbo “to perch” que significa “posarse”, y aunque “perch” también signifique “percha”, las libélulas posan, o se posan, pero no se cuelgan como una camisa, una falda…, o sea, que lo de “percha”, como que no… aunque también me queda una duda:  ¿Cómo se referirán tales angloparlantes a las libélulas que “se posan”,  pero que no son “perchers”?

Ojos de caramelo, manchas alares de color café… un bisho sugerente

Con su cuerpo azul-pruinoso  y sus ojos, pardos y brillantes, como de caramelo, los machos de Libellula depressa recuerdan a los adultos veteranos de Orthetrum brunneum -entrada Morena clara -;  pero su ancho corpachón no engaña,  y sobre todo, las manchas de la base de sus alas, como restos de un café derramado en ellas, son suficientes para identificarla de manera inconfundible.   Es un bisho hermoso, precioso y con personalidad… de esos a los que gusta ver volar… y posar.

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In illo tempore

Posted by Pele Camacho en 18 marzo, 2011

In illo tempore, hace ya, como no había interné y casi no había TV, los chavales nos divertíamos jugando con los amiguetes y leyendo.  Uno de los primeros libros que leí fue “Veinte mil leguas de viaje submarino”, de Julio Verne.  Se desbocaba la imaginación con libros como aquel;  recuerdo que me impresionaron aquellas descripciones del capitán Nemo, “nadie” en latín, y el submarino “Nautilus”, de nombre latino, empitonando a otros barcos con un espolón de proa que yo imaginaba como el “pincho” de un pez espada…

Libythea celtis (Laicharting, 1782),  unos ojos enigmáticos  y un morrito de espolón

In illo tempore, hace casi dos años, tuve la suerte de ver por vez primera y hasta ahora única, a la Libythea celtis  (Laicharting, 1782), la única representante en Europa de la subfamilia Libytheinae (Boisduval, 1833), que antes se conocía como Libytheidae. Me impresionó ver su famoso morrito prominente y me acordé del espolón del “Nautilus”.  En la portada de la “Guía de Mariposas de España y Europa“, el famoso libro de Mr. Tolman, sobre el título del libro está el dibujo que Mr. Lewington hizo de ella.  Categoría que tiene la criatura.  Dentro del libro, se dice de ella que es “muy esporádica y normalmente rara”, como su morrito y su nombre, digo yo; el apellido mucho menos,  muy bien puesto y bonito como el árbol del que lo tomó, el Celtis australis o almez, su planta nutricia preferente. Creo que le hubiera sentado muy bien que le hubieran puesto Nautilus celtis, por ejemplo, mucho más que el nombre de género que tiene, un nombre insípido que no dice nada.  Johann Nepomuk von Laicharting (1754-1797), entomólogo austriaco, fue quien les dio nombre. El año pasado intenté volverla a ver por los mismos sitios del PN Montes de Málaga donde entonces la vi, pero solo había madroños, con un sabor fuerte, único, exclusivo, que me recuerda las sierras y bosques a donde iba con mis amiguetes a coger castañas, bellotas, majoletas, algarrobas, madroños… no estoy seguro de lo qué nos gustaba más, si las frutas silvestres o si escaparnos al campo, quizás por aquello del placer de lo prohibido.

In illo tempore, gustara o no, era obligatorio estudiar Latín en el bachillerato. A más de uno, aquello de la lengua muerta le costó esfuerzos y alguna colleja, pero ningún trauma. Ninguno. Los traumas, escasos, si acaso, al caerse de algún árbol mientras se intentaba alguna proeza recolectora de frutos o de bishos.

Libythea celtis, en bellota, a cuatro patas, como corresponde a su carácter de ninfálida

Su morrito, palpos labiales exclusivos que ninguna otra mariposilla de por aquí iguala, su reverso parduzco de alas “repicoteadas” con perfil atípico y aspecto de hoja seca que las mimetizaría de manera perfecta si se estuvieran quietas, su excéntrica presencia y ocurrencia que las convierte casi en trofeo fotográfico, les dan un carácter de brujitas del bosque, poco menos que de ninfas de coleccionista. Sin embargo, su anverso con manchas anaranjadas es más alegre y delata su presencia que, después de todo, en la corta experiencia de mi encuentro con un par de ellas, me pareció que fueran algo más tolerantes con el fotógrafo, tranquilas a un nivel por encima de la media de su familia de Nymphalidae (Swainson, 1827), la de las cuatro patitas, del orden de Lepidópteros.

Libythea celtis,  brujita y ninfa de los bosques, la de alas “repicoteadas”

In illo tempore, hoy hace un año, lancé a las nubes de interné la primera entrada de este blog.  Me ha divertido seleccionar y recordar bishos y paisajes, escenas y sensaciones del campo donde me olvido de cosas que, a veces, traumatizan sin caer de ningún árbol, aunque pueda tener sentido aquello de caerse del árbol… Si, además, las entradas hubieran servido de entretenimiento y divertimento de internautas, amantes de la naturaleza y de sus bishos, poco más podría pedir, después de desear que sigan viéndolas y  “pasando buenos tempores” que, con mi escasos recuerdos de Latín, no sé como se diría in illo tempore.

 

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Marcando estilo

Posted by Pele Camacho en 11 marzo, 2011

Recordando los orígenes comentados en la entrada anterior del género Erythromma (Charpentier, 1840), al que actualmente pertenece la especie de esta entrada, es claro que nada tiene que ver ese nombre con el intenso color azul turquesa de los ojos de machos de Erythromma lindenii  (Selys, 1840).  De hecho, su primer nombre de género fue Cercion, un nombre compuesto de dos nombres truncados: uno hacía referencia a la forma curva y horquillada, distintiva de los cercoides de esta especie y, el otro, a la semejanza de sus colores con aquellos del género Agrion de entonces, actualmente redenominado Coenagrion.  El género Cercion fue siempre monoespecífico, solo de esta especie, y ya se sabe que los géneros monoespecíficos están en el ojo del huracán, es decir, en los ojos de los entomólogos-investigadores, que buscan la posible asociación con otras especies para fundirlas en un género común.  Ni-que-decir-tiene que hay otros investigadores que buscan lo contrario, o sea, desasociar especies, tratando de encontrar suficientes características diferentes que justifiquen la separación en dos especies o, incluso, dos géneros, aunque esto cada día es más difícil.  No es la tendencia actual de los taxonomistas.

Los odonatos tienen un origen acuático y, por tanto, es normal que muchas escenas donde aparecen estos artistas del vuelo acrobático sean acuáticas; que lo hagan con más o menos originalidad, marcando estilo –que se dice- y que el fotógrafo capte esas curiosas escenas es, en buena parte, cuestión de suerte.  Los protagonistas de esta entrada son dos individuos machos de Erythromma lindenii, ya que dentro de la suerte que este fotógrafo ha tenido hasta ahora no hubo un encuentro fotográfico digno con sus verdosas hembras, tan estilizadas y hasta más bellas que ellos.

Macho de Erythromma lindenii (Selys, 1840), caminando peligrosamente sobre burbujas

En cuanto al nombre especifico lindenii (Selys, 1840), es en honor del entomólogo flamenco Pierre Leonard Vander Linden (1797-1831), de cuya corta vida son cortas o escasas las referencias al alcance del fotógrafo aficionado sin acceso fácil a la cultura de Flandes.  Resulta curioso que, tanto la denominación de la especie por Selys de Longchamp como la del género por Toussaint de Charpentier (1797-1847) fueran hechas en el mismo año 1840.  También resulta llamativo que, a pesar de la apariencia francesa de su nombre,  Herr Charpentier fue alemán, nacido en Freiberg,  Sajonia, que cae bastante lejos de Francia. Y no menos curioso que la entomología fuese para él un hobby, pues su profesión activa, en Alemania, fue la de geólogo e ingeniero de minas,  aunque escribio un importante tratado sobre libélulas, Libellulinae europaeae descriptae e depictae (1840)  y algún otro similar de ortópteros, Orthoptera descripta et depicta, subastado en Christie´s de Londres en 2004. También se interesó en mariposas y escribió una parte de Die europäischen Schmetterlinge. Por supuesto, también escribió sobre minerales y metalurgia, pero eso son otras historias…

Marcando estilo: Un macho de Erythromma lindenii posando en una balsa-flor de adelfa –Nerium oleander

No es frecuente ver odonatos posados en flores; parece como si no les gustasen los colores vivos de los pétalos y prefirieran los tonos pardos de tallos, los verdes clorofílicos de las hojas o el medio acuático y sus circunstancias más o menos singulares, como aquella costra de burbujas cuyo origen desconozco, aunque daban la sensación de estar a punto de estallar -lo que suele pasar a las burbujas- pensaba yo, por causa de las agudas garras que las patitas de los odonatos tienen en sus extremos.  No fue el caso: los lindenii deben saber cómo tocar en las burbujas sin que estallen, a diferencia de esos Homo sapiens que revientan burbujas y dan lugar a crisis globales.

Dado que las burbujas no suelen ser estéticamente atractivas -aparte pompas de agua jabonosa- ni hidrodinámicamente resistentes, el fotógrafo intentó espantar al lindenii para prevenir posibles estallidos y, para ello, acudió a lo que tenía más a mano, unas flores de adelfa  –Nerium oleander– que había junto a la charca; el lindenii aceptó lo que supondría invitación y saltó a ella, marcando un estilo infrecuente, para suerte del fotógrafo.

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Rojos y verdes

Posted by Pele Camacho en 7 marzo, 2011

En los Erythromma viridulum (Charpentier, 1840), el color que más destaca es el rojo de los ojos de los machos, resaltando frente al resto de su cuerpo recubierto de azules y detalles negros que, por sus forma , algunos dicen que son como “puntas de flecha”; quizás también por su vuelo rápido y directo, como flechas, sin ondulaciones, aunque a veces permanecen como quietos, en cortos intervalos de vuelo estático.

Macho de Erythromma viridulum (Charpentier, 1840),  en su hábitat preferido

Erythromma es el nombre de un género de odonatos que rezuma su origen griego: está compuesto por el prefijo “eritro”, que se refiere al color rojo de sus ojos, los “omma”, sufijo aquí, pero parte relevante del nombre de los ojos elementales, los omatidios, que integran los ojos compuestos de multitud de insectos.  Dentro de ese género hay tres especies en Europa: viridulum, lindenii y najas, aunque de esta última apenas existen colonias en la península ibérica.

Pareja de Erythromma viridulum, mostrando los colores relevantes de su nombre

Preferentemente, habitan cerca de aguas estancadas donde existen plantas acuáticas superficiales o flotantes, sobre las que suelen descansar de sus vuelos y acrobacias aéreas, manteniendo las alas agrupadas y pegadas al cuerpo, como la mayoría de los zigópteros.

Hembra de Erythromma viridulum, descansando en la punta de una hoja de adelfa

La segunda parte del nombre, viridulum, tiene que ver con las hembras de la especie: sus ojos son verdes, como la parte inferior de su abdomen. El único color que comparten con los machos es el azul del tórax, algo más pálido y menos extenso en ellas que en ellos. La longitud de los individuos de esta especie oscila entre 25-30 mm, siendo algo más grandes las hembras que los machos.

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