Sorpresas y paisajes

Fotografías de lo que veo por esos campos…

Archive for 30 enero 2012

Amigas de las hormigas

Posted by Pele Camacho en 30 enero, 2012

La Laeosopis roboris (Esper, 1789) es una especie de mariposa de la familia lycaenidae, o de los licénidos, con una distribución limitada a la península ibérica y sureste de Francia. Sin embargo, no se observa su presencia en toda esa extensión y a lo largo de su periodo univoltino -limitado también a los meses de Junio y Julio- sino que presenta amplias discontinuidades geográficas que son, tal vez, por falta de entorno apropiado o de observadores con costumbre de registrar su existencia en las pocas horas de la mañana en que suele estar libando.

Laeosopis roboris, en vista de babor, libando con acompañante

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Quizás por ese reducido biotopo, la información sobre el género Laeosopis (Rambur, 1858) es también algo escasa, o no tiene fácil acceso desde la web. En cualquier caso, aunque existen o se citan varias subespecies, la especie roboris es única en su género, lo que hace dudar del futuro de esa denominación taxonómica, separada de otros licénidos con los que, seguramente, tiene muchos de sus caracteres en común. Del nombre del género Laeosopis parece como si se hubiera perdido el rastro de su origen, mientras que el nombre de la especie  –roboris– se asocia al roble, lo que es extraño, porque su observación casi siempre se asocia al fresno  –Fraxinus angustifolia– como planta nutricia habitual de sus larvas, pero con pocas flores que ofrecer a los adultos de la especie, que se mueven por las ramas altas desde las horas calurosas del mediodía hasta poco después del amanecer, cuando con sol suave se dejan ver mientras revolotean a baja cota.

Laeosopis, en vista de estribor, libando en las umbelíferas preferidas de aquel lugar

La localización peninsular, aunque discontinua, ha determinado su apelativo anglosajón de Spanish Purple Hairstreak, es decir, “pelijosa púrpura española”, lo que tiene su lógica y razón  si se mira el color de sus anversos alares, más o menos violetas en machos y algo menos intensos en hembras. Lo de “pelijosa” -una traducción personal del que escribe- es un rasgo algo común a muchos licénidos de la subfamilia Theclinae, llamados “hairstreak” por las vellosidades o mechones visibles en la parte baja de sus alas. No conviene olvidar que, siendo Lepidópteros, el color de las escamas que recubren sus alas es, en algunas especies, dependiente del ángulo de observación e iluminación: son como vidrios tintados que juegan con la radiación de la luz que las ilumina, dando sensaciones cromáticas variables. Ese es el caso que se aprecia en algunas fotos de Laeosopis.

Los colores de las escamas de muchos lepidópteros dependen del ángulo con que se miran

Así, en base a esos anversos manchados de violeta, le encaja bien a la Laeosopis roboris ese apelativo de moradilla del fresno, frecuente en los entornos “mariposiles” hispanos. Pero una cosa es dónde crecen sus larvas -u orugas- y reposan sus pupas -o crisálidas- y otra cosa es donde liban los adultos -o imagos- cuyas hembras pondrán sus huevecillos en los fresnos. Los fresnos son árboles amigos de los arroyos, donde suelen estar las fresnedas, muchas veces mezcladas con los alisos de las alisedas. Cerca de los arroyos la vegetación es exuberante y caprichosa; no en todos los arroyos se tiene cerca el mismo tipo de vegetales y, quizás por ello, la distribución geográfica de la moradilla se ciñe a los biotopos donde coexisten fresnos y florecillas donde libar al gusto, que en el suyo son ciertas umbelíferas, plantas más o menos aromáticas, como el hinojo, el comino, el anís … y algunas otras más tóxicas que aromáticas, como la cicuta, con umbelas de florecillas blancas, que convendría conocer para evitar aquello de Sócrates

Un macho de Laeosopis, con violetas intensos, y una umbelífera de dudosa confianza

Dentro de las pocas peculiaridades que se citan de la Laeosopis roboris, una común con otros licénidos es su carácter mirmecófilo. La mirmecofilia, que podría traducirse como “afinidad por las hormigas”, es una relación mutualista relativamente frecuente en la naturaleza, entre algunos vegetales y animales que establecen una especie de simbiosis que beneficia a las hormigas y a las especies mirmecófilas. Varias especies de licénidos confían la protección de sus larvas a ciertas hormigas que cuidan de ellas porque segregan sustancias azucaradas que son para ellas un gustoso alimento, mientras otros licénidos establecen esa atracción de hormigas en su fase de crisálida, como parece ser el caso de las Laeosopis que, entre sus rarezas difíciles de ver, está la de ser “amigas de las hormigas”.

Estas moradillas revoloteaban una mañana de Junio, por unas fresnedas del PN de Despeñaperros, cerca de Santa Elena, (Jaén).

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Lobos solitarios

Posted by Pele Camacho en 24 enero, 2012

La influencia del lobo se extiende ampliamente en el filo de los artrópodos, al menos en la clase Arachnida con las arañas lobo y en la clase Insecta, donde el orden Lepidoptera tiene familias, géneros y especies con referencia directa a los lobos. No es extraño que en el orden Hymenoptera, con casi 200.000 especies entre abejas, avispas y hormigas, haya apelativos que recuerden al Canis lupus, con su fama de bisho malo que vive su vida unas veces en manadas, con una cierta jerarquía social y otras veces de manera solitaria, “por libre”, a su aire…

Dentro de los himenópteros, en la familia vespidae, o de los véspidos, se subdivide a sus integrantes -las avispas- de una manera algo simplista en grupos eusociales y solitarios: los primeros viven en colonias con una cierta organización, similar a las abejas, mientras los segundos van más “por libre”, sin reinas ni panales, reproduciéndose y viviendo de forma individual; es el subgrupo más numeroso, lo que parece lógico, si se piensa en lo difícil que es organizar cualquier sociedad dentro del mundo animal y los frustrantes resultados que se observan en alguna especie donde se supone un nivel de ¿inteligencia? superior…

Avispa lobo Philanthus triangulum -el lobo de las abejas- transportando a una abeja Apis mellifera

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Un ejemplo de esos “lobos solitarios” es el Philanthus triangulum  (Fabricius, 1775), una especie de la familia crabronidae , o de los crabrónidos, en la que se incluyen varios miles de especies. Son avispas solitarias predadoras y sus presas son las Apis mellifera, las abejas, de ahí el nombre común que se les ha colgado: el lobo de abejas. El modus operandi de sus hembras consiste en apresar a las abejas esperándolas por las flores donde liban, abrazándolas para clavarles su aguijón en el abdomen, paralizarlas e inocularles un huevo del que saldrá una larva que se alimentará en su estado inicial de la abeja que paralizó su solitaria madre. No haría falta decir que es una especie odiada por los apicultores.

Pero no todas las avispas -que son muchas- actúan de manera tan odiosa, sino más bien en sentido contrario porque su carácter predador es algo bueno o malo según interese o no al homosapiens. Muchos de los insectos que son considerados plaga en alguna parte del planeta, suelen tener algún predador que actúa como especie de control en algún eslabón de la cadena trófica, manteniendo el equilibrio ecológico del ecosistema. En ese aspecto, algunas avispas solitarias juegan un papel fundamental al utilizar a otras especies como alimento propio o como anfitrión de las larvas parasitarias que emergerán y se nutrirán de ellas. Ni que decir tiene que esas avispas solitarias, como insecticida ecológico y selectivo, son seres queridos y cuidados por algunos agricultores, que llegan a “cultivar” a ciertas avispas solitarias para proteger y sacar adelante sus cosechas. A esas especies solitarias, claro está, no se les llama lobos.

Hembra de Dasyscolia ciliata, con su característica vellosidad anaranjada

Otra avispa solitaria es la Dasyscolia ciliata (Fabricius, 1787) un himenóptero de la familia scoliidae, o de los escólidos, cuyas hembras suelen ser parasitoides idiobiontes, es decir, que en el momento de realizar la puesta, la hembra parasitoide paraliza con el veneno de su aguijón el desarrollo del individuo hospedador donde se desarrollará la larva, o sea, casi igual que las hembras de Philanthus triangulum. Mientras las hembras de esas avispas solitarias realizan individualmente todas las tareas de caza, puesta y ocultación de la presa parasitada, algunos machos realizan labores un tanto sorprendentes e inesperadas que, afortunadamente, sirven para la multiplicación de otras especies que, desde un punto de vista taxonómico, nada tienen que ver con la suya.

Grupo de Ophrys speculum, el espejo de Venus, la belleza del labelo azul

Los machos de la Dasyscolia ciliata, por ejemplo, son atraídos por el aroma de las flores de la orquídea ibérica Ophrys speculum, el espejo de Venus, una de las flores más bellas de la primavera. Su labelo azul, rodeado de cilios rojizos que recuerdan la pilosidad del abdomen de las hembras de Dasyscolia ciliata o, tal vez, la fragancia de la orquídea que parece recordar las feromonas a las que son sensibles, provocan la feliz coincidencia que permite la polinización de la orquídea, cuyos polinios difícilmente caerían en la cavidad estigmática si no fuera porque algún bisho como el macho de Dasyscolia los transportara al sitio apropiado, mientras cree fecundar a una hembra de su especie.

Ophrys speculum mostrando  sus dos polinios  bajo el sépalo dorsal

La mayoría de las orquídeas del género Ophrys y algunas orquídeas entomófilas de otros géneros, como el Orchis, tienen una avispa concreta cuyos machos son sexualmente atraídos hacia sus bellas flores e inducidos a un acoplamiento sobre el labelo (pseudocópula). Aunque la forma y disposición de los polinios sea similar en todas las Ophrys y muchas orquídeas sean polinizadas por varias especies, algunas de ellas lo son solamente por un único insecto polinizador de talla precisa, que se adapta a la forma y características de la orquídea, como ocurre en la pareja Ophrys speculum y Dasyscolia ciliata.

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Lobos miméticos

Posted by Pele Camacho en 17 enero, 2012

Las “lobas bailaoras” de la última entrada me hicieron recordar unos “lobos” de impresionante aspecto que he visto algunas veces por pura casualidad: la Hogna radiata (Latreille, 1817), un licósido, de la familia Lycosidae (Sundevall, 1833), nombre derivado del antiguo griego ”λύκος” que significa lobo. Es un miembro de la familia de “arañas lobo” que incluye a las tarántulas que provocan respeto y escalofríos a quienes sienten algún tipo de aracnofobia. Son arañas relativamente grandes -hasta 25mm. de envergadura, sin contar la longitud de sus ocho patas- que, a pesar de su temible aspecto, no son tan fieras como se las imaginan: pueden morder si se las acosa y provoca, pero su reacción ante los homosapiens no es atacar, sino huir. La mordedura puede ser dolorosa, pero poco más. Hay por estos pagos bishos y mordeduras mucho más tóxicas y dañinas que las de estos lobitos de ocho patas y ocho ojos: cuatro en una fila frontal, dos más hermosotes algo más arriba, a modo de faros frontales, y otros dos menos visibles algo más atrás, casi en el lateral de su cefalotórax, esa parte de sus cuerpos sin cuello de donde salen los cuatro pares de patas y otro par frontal que parecen patitas y que no lo son, los pedipalpos, responsables de otras funciones vitales ajenas al desplazamiento.

  En Septiembre, al levantar una piedra, se puede encontrar una Lycosa fasciiventris

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Dicen los expertos en visión biológica que hay dos funciones básicas de percepción: una es estática, o casi, que consiste en la apreciación de formas, colores o, si se quiere, las características del objeto que normalmente permiten reconocer, por ejemplo, a una araña lobo que aparece al levantar una piedra;  la otra percepción es dinámica, la detección visual que capta ‘algo’ móvil sobre un fondo más estático, por ejemplo, un bisho que se mueve rápido y, aunque no se llegue a reconocer lo que es, el cerebro puede activar un proceso de seguimiento del objeto móvil o ‘mirada selectiva’, con movimientos rápidos, o sacádicos, de los globos oculares o la cabeza. Esos procesos de visión dinámica suelen arrancar respuestas en los organismos vivos denominadas reacciones presa-predador, disparando cadenas de procesos complejos para defensa, ataque, u otros similares como girar la cabeza, mover el enfoque-zoom, apretar un disparador, etc.

La capacidad humana para percibir de una forma u otra es variable, aunque parece que somos más sensibles para detectar movimientos:  “… El ojo humano percibe los movimientos mucho antes que las formas y las siluetas.  Muévete despacio cuando estés reconociendo el terreno…”, dice, por ejemplo, el capitán Adolfsson,  en la pág. 474 de Los hombres que no amaban a las mujeres, –primer volumen de la trilogía Millennium de Stieg Larsson  Tal vez por eso, algunos seres vivos intentan pasar desapercibidos quedándose quietos. A otros, la evolución les ha permitido desarrollar formas y colores de su exoesqueleto que hacen difícil su detección en el entorno donde están mimetizados, pero sus movimientos pueden delatarlos, como a otros con peores intenciones que practican la mímesis con traje de camuflaje…

En Octubre, una detección por exceso de confianza en un supuesto mimetismo de una Hogna radiata

Los sistemas de visión artificial intentan emular los procesos biológicos de ataque-defensa, pero cuando toda esa ristra de procesos encadenados se intenta realizar en un robot, por ejemplo, la cosa presenta dificultades muy gordas pues se requieren sistemas complejos de sensores electrónicos, cachivaches, hardware, software… que suelen ser caros, lentos, voluminosos o una mezcla de esos tres defectos. Cuando se piensa en la rapidez e inteligencia de una araña o de una mosca que huyen de algo que las amenaza, se manifiesta lo poco que se sabe de cómo son y cómo funcionan unos cerebros que podemos considerar pequeños y lo difícil que es imitarlos con cachivaches artificiales. La cadena percepción-reacción se suele llamar Visión Activa, un área donde la ciencia tiene mucho camino por delante, aunque no siempre con intenciones pacíficas y en favor de la humanidad, porque algunos homosapiens pueden ser unos bishos muy peligrosos, aunque no muerdan, algo que los latinos expresaban con un “Homo homini lupus“, que en castizo sería algo como “El hombre es un lobo para el hombre“.

Que ustedes perciban y detecten bien y que reaccionen rápidamente ante cualquier lobo “malo de verdad”, los realmente peligrosos, mucho más que los Canis lupus o las Hogna radiata.

Los lobos de esta entrada fueron vistos, por casualidad, en el otoño del PN Montes de Málaga

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Bailando con lobos

Posted by Pele Camacho en 9 enero, 2012

Para desgracia de los lobos desde tiempos remotos, los hechos y la apariencia de los Canis lupus han revuelto los sentimientos de los homosapiens que, salvo excepciones como aquella de Rómulo y Remo, los incluyeron en historias y culturas con un halo de bisho malo del que Félix Rodríguez de la Fuente casi los rescató en buena parte de España. De allende los mares, me gustó -y me sigue gustando- ver las miradas y amagos de “Calcetines”, un lobo famélico y amigable que dio nombre sioux –Sunkmanitu Tanka Ob Waci– a la película “Bailando con lobos” y al protagonista que quería ser su amigo, entre pielesrojas buenos y rostrospálidos malos.

Lycaena phlaeas (Linnaeus, 1761),  una mariposa con nombre de loba flamigera

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El mundo de las mariposas es una de las manifestaciones culturales donde las referencias a lobos son abundantes, tanto a nivel de especies como de familias: la Lycaenidae (Leach, 1815), o de los licénidos, es una familia que tiene más de 70 especies en España, de un total mundial que, según cuentan por ahí, sobrepasa las 4.000: se mire donde se mire, una familia numerosa cuyas maris son más bien pequeñitas, incluso algunas muy pequeñitas y, a veces, muy inquietas o nerviosas, por lo que hacerles una foto requiere que el fotógrafo se tenga que encoger y estirar, ir y venir de allá para acá, como si bailara al ritmo que ellas marcan, escenificando un “bailando con lobos”…

Loba con lunares de escamas azules -variación caeruleo punctata- en flor de jaguarzo Cistus albidus

Como la taxonomía es casi un arte donde caben múltiples opiniones y criterios clasificatorios, de vez en cuando las subfamilias y tribus de cada familia son sacudidas por revisiones que hacen bailar, también, a las maris que fueron clasificadas con apuros en revisiones anteriores. Dentro de la familia Lycaenidae cabe mencionar las subfamilias Polyommatinae y Lycaeninae, las dos más numerosas y aceptadas desde hace años, aunque no estén totalmente aceptados los criterios que permiten incluir a ciertas especies, pero no a otras, dentro de una subfamilia. Actualmente, se considera que dentro de la subfamilia Lycaeninae están perfectamente clasificadas, al menos, todas aquellas especies del género Lycaena, que pertenece a la tribu Lycaenini, en la que el afán clasificatorio ha definido otros cuatro géneros mucho menos conocidos.

Loba sobre florecilla de un diente de león Taraxacum officinale

En España tenemos casi media docena de especies del género Lycaena, pero solo la Lycaena phlaeas (Linnaeus, 1761) está distribuida por todo el territorio peninsular porque, al igual que la Callophrys rubi de la entrada anterior, es una “todoterreno” conocida en toda Europa, Asia, norte de América y África. Hay pocas mariposas que hayan conquistado islas y continentes de tal manera. Las plantas nutricias de sus larvas son especies del género Rumex y alguna más de la familia vegetal de las Polygonaceae, o poligonáceas, tan numerosa y extensa como el área de distribución de la mariposa. Los lobos de verdad -los Canis lupus– son mucho más melindrosos, pues solo comen rumiantes y, raramente, abuelitas y Caperucitas, razones por las que los persiguieron los homosapiens y los exterminaron de muchos territorios.

Loba sobre una inflorescencia de cardo corredor Eryngium campestre

La Lycaena phlaeas es una mariposilla de tamaño mediano, cuyas alas extendidas apenas llegan a los 25 mm. Lycaena es un nombre derivado de la palabra griega “λυκαινα“, con escritura muy diferente pero sonido muy similar, que significa “loba”, mientras phlaeas tiene un origen menos claro, aunque parece provenir de otro vocablo griego que, latinizado, sería phlego, con significado de flash, fogata, llamarada…, que parece apropiado para describir los colores anaranjados-rojizos del anverso de sus alas. Los angloparlantes la llaman Small Copper, porque para ellos son Copper -cobre- todas las Lycaenas, por sus colores anaranjados y rojizos, que interpretan como cobrizos, supongo yo… en cualquier caso, tiene unos colores llamativos que contrastan con los verdes y amarillos de las plantas donde suelen posar y como, además, es vivaracha, destaca su presencia en escenas primaverales del campo silvestre.

 El reverso de la Lycaena phlaeas, la loba flamigerasobre una cabezuela de cardo corredor

Según la bonanza del clima del lugar que habitan, pueden ser vistas durante todo el año -polivoltinas- por tener hasta cinco generaciones al año, o tener solo una -univoltinas- en las zonas más frías del norte. Suelen hibernar como larvas, despertando al comienzo de primavera para evolucionar a crisálida y, unas tres semanas después, emerger como imago e iniciar sus alegres bailoteos.

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Bishoverde 100

Posted by Pele Camacho en 1 enero, 2012

Dando por buenos los contadores de categorías del margen izquierdo, con este suman 100, aunque no todos los bishos fueron verdes…

Así pues, buscando algún representante suficientemente verde para esa circunstancia tan redonda, recordé a una criatura injustamente olvidada en los recovecos del disco duro: la Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758), una verdosa con un bonito nombre genérico, casi tanto como ella, pues significa “de bellas cejas”, que en su caso serían esos bordes blancos de sus negros ojos. El apellido específico se refiere al género de una de sus plantas nutricias, las “Rubus”, plantas de la familia de las rosáceas, con tallos espinosos como las zarzamoras, frambuesos y otras de estilo pinchoso. Aunque con ese verdor no lo parezca, es una auténtica “todoterreno”: su área de distribución es una de las más extensas de los Lepidópteros, cubriendo toda Europa, Norte de África y parte de Asia, tal vez, porque su gama de plantas nutricias es tan amplia como su geografía, adaptándose a tantos sitios con una especie de “donde quiera que fueres, come lo que hubieres”.  Por nuestra geografía más cercana solo existe otra “de bellas cejas”, la Callophrys avis, que tiene las cejas rubias, de un color ladrillo, pero es muy escasa ella, tal vez por ser muy melindrosa, pues parece que sus plantas nutricias se reducen al madroño Arbutus unedo y muy pocas más.

Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758),  vista por babor

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Siempre posan con las alas plegadas, dejando ver ese color verde casi exclusivo del género Callophrys y ocultando sus anversos mucho menos vistosos, de un pardo casi uniforme que apenas se ve cuando revolotean. Los angloparlantes, aficionados ellos a dar un nombre popular a cualquier bisho, la llaman Green Hairstreak, es decir, “pelijosa verde”, o “mechones verdes”, aunque los pelillos de sus mechones sean blanquecinos y lo verde sean escamas. Ese color verde del que presumen y muestran en las fotos, suele cambiar de tono con la edad y con el ángulo de incidencia de la luz que las ilumina o la que reflejan, porque las escamas que recubren sus alas tienen una estructura semitransparente que da lugar a efectos ópticos de refracción y reflexión, dependientes de esos ángulos de la luz que permite observarlas.

Callophrys rubi  (Linnaeus, 1758) , vista por estribor

A pesar de su amplia distribución y su pertenencia a la extensa familia Lycaenidae o de los licénidos, famosos en su mayoría por su peculiar mirmecofilia o simbiosis con hormigas, las larvas u orugas de Calloprhys no tienen esa característica en común con otras especies de la familia de remembranza lobuna; sin embargo, parece que la crisálida o pupa sí tiene una extraña relación con ciertas hormigas por estridulación  -generación de sonidos chirriantes y, posiblemente, desgradables- y por la secreción de sustancias dulzonas que atraen a unas hormigas golosas que, después de rechupetearlas, entierran a las crisálidas, tal vez para que dejen de dar el “cante”, al tiempo que les proporcionan así una especie de protección frente a posibles predadores.  Verdaderamente, qué complicado es todo eso del equilibrio ecológico, mucho más que el económico… pero esas son otras historias.

Libres de predadores de cualquier clase, disfruten felices en este bisiesto 2012 recién iniciado y, si algún bisho malo aparece en lontananza, no olviden ni pierdan aquel bishito verde que quedó en la caja de Pandora que, también, hasta el nombre tenía bonito: Esperanza

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